miércoles, 18 de julio de 2012

Trazando bien la Palabra de verdad

En el relato del Señor resucitado camino a Emaús, Lucas narra que Jesús recriminó a dos discípulos por no creer lo que habían dicho los profetas. “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc. 24:27).


La palabra “declaraba”, es el griego diermeneuo, que significa “ir presentando el significado de lo que se dice; explicar, exponer, traducir a la lengua nativa de uno”. La raíz de estas palabra es Hermes era el dios de la ciencia, la invención, la elocuencia, la oratoria, la escritura y el arte. Hermes traía los mensajes de los dioses a los mortales. De esta palabra se deriva “hermenéutica”, la ciencia de la interpretación bíblica, el término se deriva del verbo griego hermenéuo, que significa interpretar.


Segunda de Pedro 1:20 dice que hay una sola interpretación a cualquier pasaje dado de la Escritura, y ésta es la propia interpretación que hace la Biblia. Hay cristianos confundidos sobre interpretación bíblica en parte porque no saben lo que significa la palabra “interpretar”.


En el idioma español “interpretar” tiene varios significados, uno es “explicar o declara el sentido de una cosa, principalmente el de textos faltos de claridad”. Este es el sentido en que aplicamos  esta palabra comúnmente y así es como la aplicamos al estudio bíblico. La primera meta, es determinar lo que Dios quiso decir cuando habló por medio de la Escritura, en esto consiste la interpretación bíblica. “Es la primera responsabilidad de un intérprete”, dijo Juan Calvino, “dejar que su autor diga lo que dice, en lugar de atribuirle lo que creemos que debiera decir”.


Los inicios de interpretación bíblica se registran a partir del escriba Esdras, según asienta Nehemías 8:1-8, quien en compañía de otros, leía las Escrituras ante todo el pueblo de Israel congregado al aire libre; y dice: “ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura”.


La hermenéutica debe tener como base una exégesis, íntimamente ambas ciencias están muy ligadas, la exégesis es el ente regulador de la interpretación bíblica. La ciencia de la hermenéutica es aquella que aplica todas las reglas necesarias para la explicación de algún pasaje literario, pero especialmente del texto de la Biblia. Todas las reglas derivadas de cualquier fuente que ayudan a entender y explicar la Biblia, constituyen la materia de este estudio.


Obesrvaciones preliminares sobre la interpretacion biblica
1.      Idiomas de la Biblia
Todo lenguaje humano tiene su propio genio e idiosincrasias que no se prestan a la traducción literal en otros idiomas. Modismos, proverbios, peculiaridades gramaticales, referencias a costumbres o circunstancias locales, podrán causar problemas de interpretación para todo aquel que procura entender el significado original que su autor quiso comunicar, a través  de otro idioma; dificultades que subsisten aun para el nativo de aquel idioma en ciertos casos.
Las Escrituras esta compuesta de idiomas ahora muertos y no de la familia lingüística del nuestro. Los hebreos no nos han dejado escritos en su antiguo idioma sino los sagrados y algunos de los apócrifos. El  hebreo moderno no contribuye a entender los escritos sagrados por la sencilla razón que el idioma de la actualidad está basado en esos mismos escritos.
En el griego existen abundantes manuscritos del idioma popular en que fue escrito el Nuevo Testamento. Estos documentos se llaman “los papiros” (por razón de ese antiquísimo papel inventado por los egipcios). El estudio de los papiros ha arrojado mucha luz sobre las características del griego popular (Koiné) en que fue escrito el Nuevo Testamento.
Además se debe tener presente que las Escrituras, fueron transmitidos por diferentes medios de comunicación: oral, mensajes, narraciones, diálogos, poemas, cánticos, profecías, etc.


2.      Respecto a el Lugar de los escritos
Los Escritos Sagrados, fueron escritos en épocas y lugares tan diferentes como; el centro de Asia, en los montes del Sinaí, los desiertos de Judea, en las puertas del Templo, en la escuelas de los profetas de Betel y Jericó, en la cautividad de Babilonia, en las orillas de Chebar, en medio de las civilizaciones del imperio romano, tomando el lenguaje vernáculo, sus figuras, símbolos y expresiones, de los usos, costumbres y escenas que ofrecían tan variados tiempos y lugares.
Debido a esta situación, el predicador, intérprete o expositor bíblico debe ser muy cuidadoso al interpretar la Biblia.


3.      El intérprete.
El lector de la Biblia como intérprete, debe tener siempre en consideración su cultura, y su naturaleza, debido a que ellas influyen en la interpretación bíblica, en algunas oportunidades nos hacen extraviar inconscientemente el camino.
La interpretación adecuada está al alcance de la persona que se empeña por enterarse de las reglas de esa ciencia, adiestrándose en su aplicación. Esto será aun más evidente cuando se comprenda que uno de los requisitos básicos del arte o ciencia de la interpretación es que el intérprete mismo emprenda su trabajo, siendo él mismo preparado espiritualmente para ello.
Además, todo intérprete de las Escrituras deberá poseer al espíritu de Cristo, morando personalmente en él. El buen intérprete de la Biblia, es aquel que tiene la capacidad de "oír lo que los autores sagrados oyeron".


Requisitos del intérprete:


1)      Objetividad  (dejar que el texto hable).
2)      Espíritu científico  (aplicar las reglas de la interpretación bíblica).
3)      Humildad.
4)      Hombre de Dios (de oración).
5)      Amante de la verdad de Dios.
6)      Paciente en el estudio. (Saber usar los métodos de la interpretación).


4.      El libre examen de las Escrituras.
La intención de Dios, es que todos los hombres estuvieran atentos al mensaje de la Biblia, de manera que el  hombre no sólo tiene el derecho de leer y entender la Biblia para sí, sino que es su obligación ante Dios leerla y entenderla lo mejor posible.
Esta obligación incluye la lectura personal y el estudio, siempre que estén a su alcance, dicha afirmación no elimina la necesidad de maestros en la Iglesia de Cristo. Nunca  fue la intención de Dios que la Biblia sola dirigiera a la Iglesia, sin la necesidad de quien la enseñara y predicara. El Espíritu Santo elige a determinados creyentes para ser maestros de la Palabra de Dios, pero la razón  principal por la que todo hombre debe leer y entender para sí las Escrituras, es que ellas mismas lo enseñan en lenguaje inequívoco:


§  “Escrudiñad las Escrituras...” (Juan 5:39).
§  “Y fueron éstos más nobles... escudriñando cada día las Escrituras” (Hch. 17:11).
§  “Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17).


Este principio halló expresión en el comienzo de la reforma, recibiendo el nombre de “el libre examen” (de las Escrituras). Toda confesión evangélica afirma o da por sentado este principio, que consiste en el derecho de examinar las Escrituras personalmente.
Debemos notar, que el principio no se llama “libre interpretación” sino “libre examen”, esta libertad existe para todo hombre, porque Dios se la ha dado, y porque ningún hombre tiene la autoridad para prohibírsela, ni tener señorío sobre la fe de otro (2 Co. 1:25).
La libertad que tiene el hombre para examinar las Escrituras, es respecto a los demás hombres, don respecto a Dios, el hombre tiene la obligación de examinarlas, pero no la libertad de interpretarlas a su gusto. Esto sabemos por aquella palabra de Pedro: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la escritura es de particular interpretación... sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).


5.      Responsabilidad personal.
Cada uno responderá por sí ante el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10), y si hemos sido falsos en el manejo de su Palabra, tendremos mayor condenación (Stgo. 3:1).
La interpretación bíblica requiere interpretaciones reverentes, hechas en el temor de Dios, guiadas por el Espíritu Santo, quien fue dado por el Maestro divino. Si como creyentes hemos seguido el principio del “libre examen”, y especialmente como estudiantes preparándose par el ministerio de la Palabra de Dios, nos vemos en la obligación de aprender el uso de la hermenéutica para poder desempeñar esta noble tarea lo mejor posible, iluminados y ayudados por el Espíritu Santo.


6.      Aplicación de las reglas.
En la interpretación bíblica, cabe observar que no todas las reglas presentadas tendrán aplicación en todo caso. Las varias reglas se aplicarán al juicio del intérprete para resolver el problema de interpretación que existe, o formarán parte del equipo intelectual para guiarlo en el manejo del texto sagrado.
No todos los textos necesitarán alguna interpretación especial, ya que la gran mayoría de ellos serán perfectamente comprensibles a personas de normal inteligencia. Algunos requerirán una interpretación sólo para algunos cuyo fondo cultural no será adecuado para permitirles captar el sentido del pasaje. Otros presentarán problemas para la gran mayoría; y tal vez algunos serán enteramente incomprensibles aun para los intérpretes más peritos.


7.      Dos grandes divisiones.
La hermenéutica se divide usualmente en dos grandes divisiones: la general y la especial.


a. La general incluye todas aquellas reglas que tienen aplicación en la interpretación de toda la Biblia en general.
b. La especial abarca aquellas reglas y consideraciones necesarias para interpretar categorías especiales de literatura, que puede contener lenguaje figurado, poesías o profecía, o que presente problemas de varios tipos.


8.      El Espíritu correcto.
El intérprete tiene la necesidad de la presencia del espíritu morando en él, sin su presencia en el alma, el individuo ni es cristiano y mucho menos deberá pretender ser guía de otros. Todo verdadero cristiano posee el Espíritu Santo, según muchas declaraciones de la Palabra de Dios. Y es con este fin principal que hemos sido hechos partícipes del Espíritu, para hacernos entender las cosas del Señor nos quiere enseñar. (Juan 14:26; 2:20 y 27; 1 Co. 2:12).
Aparte de este don inicial, el intérprete debe manifestar una actitud correcta a la hora de interpretar las Escrituras. Debe comenzar la lectura bíblica con humildad y mansedumbre. Ante Dios debe ser humilde, ya que es su Palabra, y debemos atender a su voz como criaturas ante el Creador, como siervos ante el amo, como súbditos ante el rey.
El intérprete debe ser humilde también ante los hombres, ya que en ellos también puede existir una mente dotada con el mismo Espíritu. Nunca debe pensar el intérprete que Dios le ha hecho infalible, aun cuando tenga la plena seguridad que su interpretación procede de Dios.
El apóstol Pablo nos ha dejado un ejemplo para el caso: leemos en Gálatas 1;11, 12, que Pablo recibió su evangelio directamente de Dios, sin embargo, fue a Jerusalén guiado por el mismo Espíritu, para exponer su evangelio ante los demás apóstoles. lo hizo para saber ¡si acaso había corrido en vano durante tanto tiempo! (Gá. 2:1,2). Tal actitud humilde se hace imperativa en todo intérprete de la Biblia.
Urge también un espíritu de reverencia ante la revelación divina. Con frecuencia queremos sujetar a nuestro juicio la revelación de verdades bien claras, queriendo desvanecerlas en intelectualismo e incredulidad.
El intérprete debe mantener su corazón en espíritu de obediencia, sin ella, el intérprete no podrá comunicar el mensaje divino a los oyentes; porque aun cuando pronuncie la verdad con toda precisión, su mensaje carecerá de la potencia de Dios necesaria para despertar en ellos el efecto deseado. Por otro lado, siempre habrá en el predicador la tendencia de modificar el mensaje de acuerdo con su propia desobediencia, de manera que pervertirá el mensaje en lugar de interpretarlo justamente a los requerimientos de su auditorio.
El espíritu correcto del intérprete incluirá la oración que pida la ayuda de Dios para su labor espiritual.
Ciertamente el intérprete cristiano está en posesión del espíritu para iluminar y guiar, y podrá tener las demás aptitudes necesarias para la interpretación. Pero Dios ha ordenado que recibamos sus bendiciones generalmente mediante la oración. “No  tenéis lo que deseáis”, dijo Santiago, “porque no pedís” (Stg. 4:2). Y con frecuencia no tenemos la iluminación y ayuda necesarias hasta que se las pidamos a Dios con fe. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere, y le será dada. Pero pida en fe, no dudando nada...” (Stg. 1:5,6).


En la actualidad, es imperioso que los interpretes de la Palabra de Dios, sigan el consejo del apostol Pablo a Timoteo " Delante de Dios y de Cristo Jesús, que vendrá glorioso como Rey a juzgar a los vivos y a los muertos, te encargo mucho, que prediques el mensaje, y que insistas cuando sea oportuno y aun cuando no lo sea. Convence, reprende y anima, enseñando con toda paciencia.
Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oír.
Darán la espalda a la verdad y harán caso a toda clase de cuentos.
Pero tú conserva siempre el buen juicio, soporta los sufrimientos, dedícate a anunciar el evangelio, cumple bien con tu trabajo". (DHH. 2 Ti. 4:1-5)


Una sana interpretación de la Palabra de Dios, traerá consigo que muchos de los males que aquejan hoy a las iglesias sean subsanados, evitando los yerros que provocan los seudos predicadores. Los Predicadores de Cristo tienen que demostrar integridad al transmitir el mensaje de nuestro Señor Jesucristo, conforme con los propósitos  y el corazón de Dios.


Los Predicadores con la unción de Dios llevan a las personas el mensaje de verdad, bien trazado, de acuerdo a lo enseñado y ordenado por Jesús; debido que un evangelio, sano e inalterable, que trae la salvación; y para los que creen, sean marcados con el sello del Espíritu Santo, El garantiza nuestra herencia hasta que alcancemos la redención final del pueblo adquirido por Dios.


La iglesia de Cristo tiene su fundamento en la palabra de Dios, por que ella es la piedra angular del evangelios, desde aquí se edifica, crece y se expande conforme a la voluntad de Dios.
Juan Salgado Rioseco

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