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martes, 4 de febrero de 2020

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (VII) “No todos los dedos de la mano son iguales.”

VII “No todos los dedos de la mano son iguales.”
Este refrán se usa para indicar que de unos mismos padres salen hijos de muy diferentes procederes, actitudes y forma de pensar.
Con relación a los “predicadores” en el contexto evangélico o protestantes la situación es similar, tenemos un Padre en común, el Dios Eterno y Santo; un Maestro, Jesús de Nazaret; una fuente primigenia, el fundamento apostólico, sin embargo, los “predicadores, “transmisores de la enseñanza fundamental del cristianismo”, tienen una diversidad de enseñanzas o dogmas y en muchos casos divergente a la fuente originaria del movimiento del Galilea.
La situación de los que asumen el rol como “predicador” en la diversidad de las comunidades es crítica, uno de los problemas es la merma considerable de confianza y credibilidad a lo que se desean transmitir o enseñar, por lo cual la gran mayoría se convierten en un simple timbalo que resuena al viento.
Uno de los aspectos cardinales es la friabilidad la cual domina en gran porcentaje el accionar y el conocimiento bíblico de estos autodominados “mensajeros de la Palabra de Dios”, más bien maniobran como “propagandistas de sus propias convicciones, ideas o autocreencias”, basados en el conocimiento autodidacto que han logrado, muchos de sus mensajes han alcanzado un nivel de profanación del mensaje primigenio del maestro de Galilea, piedra angular del fundamento apostólico.
¿Por qué hemos llegado a esta situación? Cuando utilizamos una fuente común “la Biblia”, una enseñanza que proviene directamente de Jesús, trasmitido por los testigos de los dichos, acciones o sucesos acaecidos en el período terrenal del Hijo de Dios, denominado habitualmente el “fundamento apostólico”.
Será por complacencia a la vida que llevamos; acostumbramiento o rutina religiosa; ignorancia de la Palabra de Dios; displicencia en escudriñar la Biblia hasta alcanzar el primitivo conocimiento; o simplemente utilizamos el tiempo de nuestra asistencia a los cultos como terapia para decrecer nuestras ansiedades o alcanzar los deseos de nuestro corazón bajo un espiritualismo basado en la carnalidad, o para ocultar nuestras inatenciones en el servicio de Dios y su iglesia; o los responsables de enseñar y conducir la transmisión del mensaje encargado a la Iglesia no son aptos, no están preparados, han usurpado el puesto o están esclavizados por los dogmas impuesto por las instituciones al cual pertenecen. La lista de motivos o justificaciones suma y sigue, existe un dicho “la excusa agrava la falta” …
Enunciemos algunas formas de comportamiento o accionar de estos individuos que han usurpado o están utilizando los pulpitos con “fuego extraño”:
Existen aquellos que se creen una “eminencia teológica”, utilizando un lenguaje escolástico no entendible para la mayoría de sus oidores, exponiendo su mensaje con una frialdad racional humanista ajena al sentido espiritual originario del movimiento de Galilea.
Están aquellos que rellenan sus mensajes con las consabidas “muletillas”, repiten con insistencia una palabra o frase que resulta molesta, autocreen que mientras más repiten son más espirituales, o es el camino para llegar al clímax espiritual deseado, excusando que son utilizados por el Señor, sin mensaje ni poder espiritual.  
Coexisten los “circenses”, que utilizan su tiempo, que está destinado a honrar, adorar y transmitir la voluntad de Dios, narrando situaciones divertidas, chistes, humoradas para lograr un ambiente eufórico para satisfacer la liviandad de los asistentes a estos cultos.
Cohabitan los “decretistas”, se autoconfieren un poder o autoridad que es una exclusividad de la soberanía de Dios, con su peculiar frase “Yo decreto”, más basado en una aspiración humana que en la voluntad de Dios, omitiendo lo que está escrito en el libro de Isaías “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová…”, nuestra fe se cimienta, no en el poder del hombre, sino en el poder de Dios.
Conviven los “showman”, convierten en espectáculo el culto donde se debe honrar y glorificar a Dios, se mudan como presentadores o animadores con motivo de ser él el centro o la estrella y no Jesucristo que es la cabeza de la Iglesia de Dios.
Pululan los “milagreros o chamanes”, que utilizan creencias y prácticas tradicionales similares al animismo que aseguran la capacidad de diagnosticar y de curar el sufrimiento del ser humano, fingiendo sanidades milagrosas o inventando enfermedades no existentes con la finalidad de obtener fama y lucrarse de la invalidez espiritual en que se encuentran las personas.
Proliferan los “profetas y maestros falsos”, aquellos que de manera arrogante intentan crear nuevas interpretaciones de las Escrituras y direccionar la fe de sus oidores de acuerdo con sus propias estratagemas para desviar y engañar empleando con astucia sus errores.
Existen los “dogmáticos, sectarios, discriminadores”, moralistas que mantienen o imponen como estandarte reglas farisaicas, en busca de una extraña santidad ajena a la voluntad de Dios; constructores de muros, que levantan para impedir o discriminar aquellas personas que responden el llamado y buscan la salvación de Jesús para sus vidas.
Abundan los “amadores” de los placeres de este mundo, para satisfacer sus concupiscencias, reflejando una careta de piedad, aunque su accionar y comportamiento este distante de las exigencias de un integro propagador de la fe en Cristo.
Están instalados los usurpadores “diotrefistas” (3 Juan), aman el primado de la comunidad, ejerciendo con despotismo, autoritarismo el gobierno de su comunidad el cual trae como consecuencia el accionar dictatorial y egocéntrico del liderazgo imperante, omitiendo las palabras de Jesús “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”
Los “mercantiles y lúdicos”, que se aprovechan y juegan con los más desvalidos espirituales, sacando proveyó de las necesidades o aspiraciones de los crédulos, tratando de conseguir prebendas con el afán de lucrar de la fe, acomodando la Palabra de Dios a su conveniencia.
Los “sincretistas”, paulatinamente acomodan, asimilan o fusionan diversas creencias no bíblicas con las bíblicas uniéndolas o adoptan costumbres extrañas con los principios fundamentales del cristianismo, haciéndolos parecer de la misma procedencia.
Los “ilusionistas espirituales”, entregan satisfacciones temporales, sus aseveraciones son como el tamo que arrebata el viento, provocan frustraciones y desilusiones en la fe de aquellos que solo viven de los espejismos religiosos.
Los “místicistas”, manipulan a los creyentes en busca de la unión del alma con Dios por diversos medios, sustituyendo la verdadera comunión con Dios por una experiencia mística que embota el entendimiento, produciendo una sensación espiritual engañosa.
Estas formas y otras suelen estar lejos de los propósitos y objetivos del genuino predicador del mensaje entregado a la Iglesia para su propagación; las enseñanzas bíblicas nos señalan cual es el camino que debemos transitar para mantenernos dentro de la voluntad de Dios. No debemos nunca omitir lo que leemos en el Evangelio de Mateo 7:21 (RVA) “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: más el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”
En estos tiempos debemos ser celosos con las personas que tienen el honor de subir al púlpito; exigir que deben ser diligentes al preparar de antemano los que Dios ha elegido como “Mensajes de Buenas nuevas”, comprobar su real conocimiento, estar seguro de su comportamiento; que su carácter sea de un convertido; que tenga una trayectoria enraizada en la comunidad; es nuestra responsabilidad y deber de efectuar nuestra labor con excelencia ante Dios en el cuidado del Cuerpo de Cristo.

Juan Salgado Rioseco.

lunes, 13 de mayo de 2019

Dios es el santo, sus servidores deben ser santos.



 “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.”
Isaías 57:15
Dios es santo por esencia, alejado de todo pecado y de toda imperfección, plenitud de vida y perfección. Como origen de la santidad Dios exige a sus seguidores a que vivan en santidad para que puedan verlo en su manifestación eterna.

Dios es santo, tal como esta escrito en la declaración de Levítico 20:3, 22:2, 32. La Santidad es algo exclusivo de Dios, es la fuente primigenia de donde se deriva a las santidades de personas o cosas.


Fuente primigenia de la Santidad.

ü  Cántico de Moisés, Éxodo 15:11:
“¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?”

ü  Cántico de Ana,(madre del profeta Samuel), 1 Samuel 2:2:
“No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro.”

ü  Cántico de los Serafines, Isaías 6:3:
“Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.”

Significado de la palabra Santidad: Puro, Separado. 
·         Hebreo (AT)= KADOSH= separado, puesto aparte, pureza física, moral y espiritual. 
·         Griego (NT)=HAGIOS=Separado, Consagrado, puesto aparte. 
·         Otras palabras griegas, hosios, y hagnos, significan ser libre de mancha o de maldad. (1 Ti. 5:22 “Consérvate puro,” y 1 Jn. 3:3 “...se purifica a sí mismo”).

El término bíblico hebreo para santidad es “kodesh”.
Aunque el nombre designa acciones, cualidades o estados y que no tienen existencia física propia, sólo existen en la concepción de la mente, es probable que la percepción de la santidad no era completamente abstracta. De hecho, kodesh tenía varios significados, incluyendo “lugar sagrado, santuario, ofrenda sagrada.”
En la concepción bíblica de santidad no es tanto una idea, sino una cualidad, identificando ambas con lo que es real y perceptible en la tierra y con Yahweh.
De hecho, el único contexto en el que se expresa una noción algo abstracta de “santidad” se relaciona con la santidad de Elohim. Se dice que Elohim jura por Su santidad, tal como Él jura por Su vida, Su fidelidad y Su poder. Cuando se habla de Elohim, se reconoce que la santidad es inseparable de su ser; es un constante atributo divino.
En la Biblia la palabra y el significado de Santidad o Santo es: 
  • ·         Una cualidad fundamental de Dios y de Su Espíritu. 
  • ·         Una virtud indispensable de todo verdadero creyente. 
  • ·         Un atributo de ciertos lugares, objetos, fechas o días. 

Por lo tanto, la Santidad es el atributo o cualidad divina de ser puro, limpio, apartado de lo malo, pecaminoso o contaminación.
“No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro.” 1 Samuel 2:2.
Las cosas santas en la Biblia:
1.        Adoradores santos. “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.” (Levítico 20:7)
2.        Separación se emplea en un sentido ritual.  
a.      Un objeto es separado (santificado) para un determinado oficio.
b.      Siendo santo, una persona u objeto es separado de una cosa (el uso normal, o el pecado),
c.       y separado a Dios y un uso especial y sagrado. 2 Ti. 2:21).
Siguiendo la idea de separación, el cristiano debe separarse continuamente de tres enemigos:
a.      El diablo (1 Pe. 5:8; Ap. 20:2) El “dragón” es asesino; la “serpiente antigua” es engañador; el “diablo” significa “acusador” en griego, y “Satanás” significa “adversario” en hebreo.
b.      El mundo (1 Jn. 2:17) Estamos en el mundo, pero no del mundo (Jn. 17:14-19) Nuestra fe vence al mundo (1 Jn. 5:4).
c.       La carne (Ro. 13:14; Gá. 5:16-17; Ro. 8:13) Se nota la obra del Espíritu Santo en todo esto.

La voluntad de Dios con respecto a la santidad:
ü  “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación;” (1 Ts. 4:3).
ü  “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”  (He. 10:10).
ü  “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,” (Ef. 1:4-5).
ü  “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” (Ro. 6:22).
Resumen de las ideas fundamentales y relacionadas con la “Santidad”:
·           Ser santo, como Dios es santo; Dios insiste al respecto “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.” (Lv. 19:2; 20:26).
·           Ser perfecto como el Padre celestial es perfecto; Jesús nos dice “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que esta en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48).
·           Somos llamados a ser santos todos los que invocamos el nombre de nuestro Señor Jesucristo; Pablo escribe “a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:” (1 Co. 1:2).

La triada de la santidad en el verdadero adorador es:
1.        Limpieza de toda inmundicia: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1)
2.        Separación del pecado: “Por lo cual salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor y no toquéis lo inmundo y yo os recibiré” (2 Co. 6:17); “Pues la Voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación” (1 Tes. 4:3).
3.        Dedicación para Dios: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” (1 Pe.1:15-16)

Responsabilidad y deber del Creyente:
·           Presentar su cuerpo santo. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Ro. 12:1-2)
·           Seguir la santidad. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” (He. 12:14)
·           Limpiar toda inmundicia. “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.” (1 Ti. 4:7)
·           Ser irreprensibles en santidad. “para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.” (1 Ts. 3:13)
·           Conservarse puro. “ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” (1 Ti. 5:22)

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación” (Salmo 24:3-5).
La santidad es un camino de vida que no se alcanza de una vez por todas; pues requiere un fuerte deseo renovado cada día, en cada instante, dejándonos santificar y modelar por la acción del alfarero divino.
La santidad es un proceso que nos va perfeccionando y uniendo cada vez más a Cristo, y en Cristo quedamos transformados en la perfecta vasija que Dios ha soñado para su pueblo y para cada uno de sus hijos.

La santidad de Dios significa que nunca se muestra neutral ante la desobediencia de sus hijos. El llamamiento a ser santo como Dios es santo perdura para los llamados en el nuevo Pacto (1 Pe. 1:15-16).

El cristiano debe caminar por la senda de la santidad, para alcanzar las moradas celestiales.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 19 de noviembre de 2018

Vivir con un compromiso de servicio a Dios.



Lectura Bíblica 1 Corintios 4:1-2.
“Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.”

Algunas de las acepciones de “vivir” son: permanecer algo en el tiempo; tener un estilo de vida; tener un comportamiento permanente Cuando se refiere a Dios es estar en la memoria, voluntad o consideración y asistir a alguien de manera particular con sus inspiraciones.
El concepto cristiano de vida sostiene que Cristo, el prototipo de la vida verdadera (1 Co. 15:23), es la fuente de esta (1 Co. 15:45; Jn. 14:6). Pablo tan magistralmente nos escribe: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Ga. 2:20).
El vivir para Cristo, nos vincula con un servicio a Dios, nos sujeta a la voluntad del Padre eterno y santo (Mt. 7:21). Ser un Discípulo de Jesucristo es vivir en compromiso permanente con Dios.

COMPROMISO
Se dice que una persona se encuentra comprometida con algo cuando cumple con sus obligaciones, con aquello que se ha propuesto o que le ha sido encomendado.
Para que exista un compromiso es necesario que haya conocimiento. No podemos estar comprometidos a hacer algo si desconocemos los aspectos de ese compromiso, es decir, las obligaciones, derechos, responsabilidades que supone.
El Compromiso se prueba con la acción, con las actitudes del diario vivir. La única medida real del compromiso es la acción.
"Nada es más fácil que hablar palabras. Nada es más difícil que vivirlas día tras día".

SERVICIO:
Un Servicio representa un conjunto de acciones las cuales son realizadas para servir a alguien, algo o alguna causa.
El servicio que Dios debe ser efectuado con excelencia y dárselo con todo el corazón. Debe estar basado en su Palabra, si el servicio que hacemos no está basado en la Palabra no vale nada.

SER SIERVOS DE DIOS, ES SERVIR A OTROS DE CORAZÓN.
El servicio que exige Dios no se limita a un culto ritual; se extiende a toda la vida mediante la obediencia a los mandamientos.
Quien quiere ser “Servidor”, tiene que prepararse a servir a los demás
Dios nunca ha evaluado el servicio cristiano por la calidad de la obra sino por la actitud del corazón del que le sirve.

FIDELIDAD
El estilo de vida de un convertido a Jesucristo, está enmarcado en comportamiento permanente, de en cuenta la voluntad del Eterno y santo Creador, teniendo como paradigma a su bien amado Hijo Jesucristo, acorde a sus mandamientos, preceptos o mandamientos, eso implica una conexión permanente, una comunicación fluida, una obediencia vinculada a las enseñanzas primigenias; con una lealtad y atención al deber cristiano insoslayable, o sea que no se puede dejar a un lado, omitir o eludir la voluntad del Padre que está en los cielos.
Así se demuestra la “fidelidad”, palabra que en una de sus denotaciones significa “servir a un Dios”. La fidelidad es la capacidad espiritual, el poder o la virtud de dar cumplimiento a las promesas. Debe ser demostrada no solo en culto, sino en todas las áreas de nuestra forma de vida.  
Tal es el sentido del precepto de Fidelidad, unidos a él se acumulan los sinónimos del servicio de Dios: «Seguiréis a Yahveh, le temeréis, guardaréis sus mandamientos, le obedeceréis, le serviréis y os allegaréis a él» (Dt. 13:4-5).

Los creyentes en Cristo, que han optado por servir a Dios, son:
  • Servidores de Dios; como hijos y no como esclavos (Ga. 4), pues sirven en la novedad del Espíritu (Ro. 7:6).
  • Servidores de La Palabra. (Hch. 6:4), para anunciar el evangelio (Ro. 15:16), con humildad, incluso con sacrificio. (Hch. 20:19) 
  • Servidores de Cristo y de la Justicia; que es la libertad (Jn. 8:31-36, Ro. 6-7, 1 Co. 7:22, Ef. 6:6).
  • Servidores de la Comunidad (Hch. 6:1.4); Pablo les enseña en qué condiciones este servicio será digno del Señor (Ro. 12:7.9-13). 
  • Servidores bajo la Gracia de Dios; cambiando su condición de servidores a la de amigos de Cristo (Jn. 15:15) les da poder servir tan fielmente a su Señor que están ciertos de participar en su gozo (Mt. 25.14-23, Jn. 15:10).

El Maestro señaló el camino.
La actitud más destacada del don de servicio es la que manifestó nuestro Señor Jesucristo durante su ministerio.
Siguiendo ejemplo de Jesús:
  El Señor Jesús exige un servicio de excelencia.
Excelencia viene del griego “juperbole”, literalmente significa “sobrepasar”, “arrojar más allá”, “Más allá de toda medida”.
“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (Eclesiastés 9:10).

El apóstol Pablo nos motiva a tener una manera de pensar acorde al Maestro:
“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.” (Flp 2:5-7 NVI).

El pensar del Apóstol Pedro (1 Pe. 4:10-11)
Servir al prójimo: Con el don recibido; administrar bien el don de servicio.
Al servir: debemos hacerlo conforme al poder que Dios da y la capacitación con que el Espíritu Santo equipa al convertido.
Así Dios: será alabado por medio de Jesucristo.
Cualidades del servidor de Dios: Humilde, vivir en santidad, aprobado, preparado, estar dispuesto, sobrio, llenos del Espíritu Santo.
Honesto, Transparente, tener una actitud positiva, Cortez, espíritu de colaboración, optar por una vida de compromiso, tener fidelidad en todas sus acciones, alto sentido del deber y dispuesto al sacrificio.

LAS RECOMPENSAS POR EL “SERVICIO”
Las recompensas del servicio se reciben en el cielo, no en la tierra, donde:
ü “la obra de cada uno se hará manifiesta”, cada uno “recibirá su recompensa” (1 Co. 3:13, 14).
ü “nuestro trabajo en el Señor no es en vano”. (1 Co. 15:58).
ü “a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Ga. 6:9, 10).
ü “recibirá del Señor” (Ef. 6:7, 8) 

COMPROMISO CON DIOS.
Según el diccionario dice que “Compromiso” es:
Una obligación mantenida de manera voluntaria, en la cual debemos tener todas nuestras capacidades comprometidas para sacar adelante todas las cosas cabalmente; ejemplos tenemos muchos: el matrimonio, los estudios, la santidad, el servicio.
Cuando aceptamos un compromiso es porque estamos dispuestos a dar el todo por el todo, con el propósito por el cual nos hemos comprometido.

¿Está Ud.: Comprometido o Involucrado?

·        Comprometido: Apuestan su vida por un objetivo.
·        Involucrado: Son los que se alquilan temporalmente.

Los servidores de Dios, a través de la Iglesia de Jesucristo, deben seguir sus pasos, (1 Juan 2:6), no importando las posibles consecuencias nefastas que puede conllevar sus actitudes como cristiano frente a una sociedad relativista en la cual nos desenvolvemos. El compromiso es con Dios y no una mera forma de vida mística o emocional; el cual debe estar presente en todas las áreas en el cual desarrollamos nuestras actividades cotidianas y espirituales.
El mismo espíritu de servicio que había en Jesucristo debe existir en el corazón de aquellos que aman a Jesús.

¿Qué es compromiso? Conocimiento, voluntad, adhesión, participación, interacción.

Clases de compromiso: Individual, Colectivo.

¿Cuáles son los beneficios de comprometerse con Dios?
Desarrolla el carácter, identidad, sentido de pertenencia, madurez espiritual, convicción en los logros, conducción a la casa celestial.

El compromiso del siervo de Dios es:
  • ·        Ser y haced discípulos (Mt. 18:19).
  • ·        Predicar el Evangelio (Mr. 19:15).
  • ·        Enseñar lo que el Maestro enseñó. (Mt. 18:20).
  • ·        Servir y atender a los necesitados (Mt. 25:35-40).
  • ·        Buscar la comunión (Jn. 13:14).
  • ·        Vivir en santidad (1 Pe. 1:15-16).


¿Cuál es tu compromiso individual?

ü Digno a la vocación en la cual fuimos llamados. (Ef. 4:1; Filp. 1:27).
ü Esforzarse y poner mano a la obra” (Esd. 10:4b).
ü Hacer sendas derechas a nuestros pies. (He. 12:13).
ü Conscientes de la misión de proclamar el mensaje de Jesús. (Is. 50:4-9ª).
ü Ser fiel hasta la muerte. (Ap. 2:10)

¿Cuál es tu compromiso colectivo?
ü Estimularnos al amor y a las buenas obras; (He. 10:24)
ü Levantar las manos caídas y las rodillas paralizadas. (He. 12:12)
ü Seguir la paz con todos y la santidad. (He. 12:14).

El compromiso con Dios implica lo siguiente:
ü Decisión de seguir al Señor para siempre.
ü Autoridad para enfrentarnos a nuestros temores.
ü Valentía para permanecer en el lugar donde Dios nos pone.
ü Sacrificio, esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir las metas propuestas por Dios.

El Gran “DESAFÍO”: Tengo un compromiso:

  •       Con Cristo.
  •       Con su obra.
  •        Con su Iglesia
O solamente estoy involucrado:

  • Por costumbre.
  • Por ocupar lugares de privilegio.
  • Para conocer personas o lugares.
  • Para tener mas vida social.

Conclusión:
“Vivir con un compromiso de servicio”, significa que debemos tener una actitud de efectuar un “servicio” de excelencia y realizarlo con todo el corazón, es más allá de todas nuestras limitaciones y capacidades.

“Vivir con un compromiso de servicio”, es una obligación mantenida de manera voluntaria con el objetivo de engrandecer la obra de Dios de acuerdo con su voluntad.

“Vivir con un compromiso de servicio”, es un pacto que con celebramos con el Eterno en relación de mantener nuestra santidad hasta lograr las moradas celestiales.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 16 de abril de 2018

Edificando casas “espirituales”.


"Vosotros también, como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo." (1 Pedro 2:5 RVG).

La iglesia crece, cuando todos sus componentes cumplen con lo estipulado por Dios a través de las Escritura, lo hacen con responsabilidad y dedicación en el lugar para lo cual fue llamado.

Que profundo es el consejo de Pablo, el apóstol de los gentiles, a su hijo espiritual Timoteo “para que, si me retraso, sepas cómo debe portarse uno en la familia de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, la cual sostiene y defiende la verdad.” (1 Ti. 3:15 parafraseado). Al maduro o sabio espiritual le llega y le penetra muy adentro. 

Los servidores de Cristo deben procurar con ansias el pleno conocimiento de la voluntad del Padre, alcanzar la sabiduría y comprensión espiritual; para lograr una forma de vida que honre siempre y agrade al Señor, entonces estarán produciendo toda clase de buenos frutos; para lograr lo anterior el que edifica casa espiritual debe ir creciendo a medida que persevere en el aprender a conocer a Dios más ya más. (Col 1:9-10).

Era la constante preocupación en sus rogativas de Pablo el apóstol de los gentiles por aquellos que servían a Dios a través de la Iglesia de Cristo “Pido en mi oración que su amor siga creciendo más y más todavía, y que Dios les dé sabiduría y entendimiento, para que sepan escoger siempre lo mejor. Así podrán vivir una vida limpia, y avanzar sin tropiezos hasta el día en que Cristo vuelva; pues ustedes presentarán una abundante cosecha de buenas acciones gracias a Jesucristo, para honra y gloria de Dios.” (Fil. 1:9-11 DHH). 

De la misma forma Pedro, el apóstol de los judíos (Ga. 2:6-9), en los últimos días de su vida escribía que aquellos que le han dedicado su vida a Dios y han recibido el llamado, están viviéndolas promesas preciosas, valiosas y confiando en ellas serán semejantes a Dios, entonces podrán escapar del mundo, para lograrlo, deben esforzarse por mejorar su vida espiritual teniendo una buena conducta, conocimiento, dominio propio, constancia, servicio a Dios con excelencia, afecto y amor por todos. Si todas estas cosas están presentes en la vida de los servidores de Dios y lo aumentan, entonces no serán gente inútil y no habrán conocido en vano a nuestro Señor Jesucristo. Si a alguien le faltan estas cosas, no puede ver bien, está ciego y ha olvidado que sus pecados fueron perdonados. Dios los llamó y los escogió, hay que esforzarse por demostrarlo en vida, así nunca caerán, sino que recibirán una grandiosa bienvenida al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pe 1:3-11).

Hasta su último aliento Pedro les recordaría “Por eso les seguiré recordando siempre todo esto, aun cuando ya lo saben y permanecen firmes en la verdad que les han enseñado. Mientras yo viva, creo que estoy en el deber de llamarles la atención con estos consejos. Nuestro Señor Jesucristo me ha hecho saber que pronto habré de dejar esta vida; pero haré todo lo posible para que también después de mi muerte se acuerden ustedes de estas cosas.” (2 Pe. 1:12-15 DHH). 

Los motivaba “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad.  Amén.” (2 Pe. 3:18).

Algunas consideraciones para que prospere la obra de una iglesia:

1)      Deben despertar los dormidos.
2)      Dejar de ser inexperto, incapaz de juzgar rectamente.
3)      Cada uno debe ocupar su lugar de acción de acuerdo con su capacitación dada por el Espíritu Santo.
4)      Actuar como un siervo de Dios.
5)      Tener un espíritu de servicio, para engrandecer la obra de Cristo.

El apóstol Pedro no indica que, como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno sirva a los demás según lo que haya recibido. Cuando alguien hable, sean sus palabras como palabras de Dios. Cuando alguien preste algún servicio, préstelo con las fuerzas que Dios le da. Todo lo que hagan, háganlo para que Dios sea alabado por medio de Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el poder para siempre. (1 Pe. 4:10-11).
Juan Salgado Rioseco

“COLABORADOR O UNA LABRANZA EN LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA”.



“…sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1 Timoteo 3:15)
La RAE define como columna a “Persona o cosa que sirve de amparo, apoyo o protección.”, y baluarte se refiere como “a aquello que, en sentido figurado, sirve de amparo o defensa de algo”. Podemos definir que la casa de Dios, son los llamados y justificados del Dios viviente, que sirven para amparar, apoyar y proteger al sediento de la fe verdadera, además de defender la verdad de Cristo.
El término en la Biblia que se usa para referirse a la acción de desarrollar el crecimiento espiritual es "edificación”, en el sentido literal, esta palabra se emplea para describir un edificio (Mt. 24:1; Mr. 13:1,2). Edificación es la traducción española de la palabra griega "OIKODOME", esta palabra se compone de dos partes: “OIKOS”, una casa, y “DEMO”, construir. En el sentido figurado, la edificación se refiere a lo que promueve el crecimiento espiritual de la iglesia (Vines, vol. 2, p. 10), la cual es la casa de Dios.
El Nuevo Testamento nos enseña que el Señor Jesús prometió edificar su propia Iglesia con la promesa que ni las puertas del Sheol no podrían vencerla (Mt. 16:18); Él es el verdadero cimiento, Pedro mismo lo declaró que Jesús el Mesías era la Roca de fundamento, (1 Pe. 2:4-8), Pablo lo afirmaba categóricamente “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesús el Mesías” (1 Co. 3:11); profetizada cientos de años antes por Isaías “por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.” (28:16).
Una de las acepciones de la palabra “cimiento” es “Principio u origen en que se asienta una cosa no material.” como sinónimo “fundamento, base, raíz, origen, principio”, podemos declarar que El Señor Jesús, el Mesías, es el cimiento de la Iglesia del Dios viviente.
Dios, el creador, es el constructor y el primer edificador de su pueblo por excelencia (He. 3:4), en el Sal. 127:1 dice: "Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia."; El es el que da el crecimiento (1 Co. 3:7), los hombres y mujeres que han propuesto sus vidas para servirle solamente son simples colaboradores (1 Co. 3:9), a los cuales les ha encomendado la sobre edificación de su iglesia (1 Co. 3:10-15), por lo cual recibirán su recompensa conforme a su labor (3:8); “El mismo”, por su poder supremo, “él es quien dio” la forma de capacitación para equipar a los Santos de Dios para la obra de servicio que edifica al cuerpo del Mesías (Efesios 4:11-13); los miembros de este cuerpo son una comunidades de iguales donde no existe la acepción de personas, el apóstol Pablo así lo escribió “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Ga. 3:28). “Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.” (1 Co. 12:12-14). 
La Iglesia como “edificio” espiritual está en continua construcción, “…Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo…” (1 Pe. 2:5), es un proceso continuo en el que toda la iglesia debe estar involucrada. Pablo, llamó a este proceso “el perfeccionamiento de los santos” (Ef. 4:12) “…A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio…”, en el cual debemos tener cuidado como construimos (1 Co. 3:10b).
La Iglesia debe edificarse en la excelencia y la integridad, “debe llevar fruto en toda buena obra y crecer en el conocimiento de Dios”. (Col. 1:10); debe vivir en plena convicción de esta siendo edificado por Jesucristo (Mt. 16:18), como cumplimiento de una promesa divina (Is. 55:11), con un propósito glorioso (Ef. 5:25-27), por lo tanto, ninguno puede colocar otro fundamento, debido a que la base de todo ya está construida y nadie puede construir otra porque esa base es Jesucristo (1 Co. 3:11).

Colaborando en la edificación de la iglesia de Dios.
“Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.” (1 Corintios 3:9).
El término usado por Pablo para colaboradores es “sunergos”. El prefijo “sun”, significa “juntamente”. Y “ergos”, es, de por sí, más importante pues se refiere a “la energía de Dios”. Así, para Pablo no solo hacemos con Dios, sino que lo hacemos animados y fortalecidos por la energía divina; es decir, movidos, fortalecidos y guiados por el poder de su Espíritu Santo. De “sunergos”, deriva la palabra “sinergia” que significa literalmente: acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales.
En la edificación de la iglesia de Dios en Cristo Jesús, en la cual todos los santos participan colaborando conforme al fortalecimiento de Dios, quien nos la razón, dirección y contenido a nuestra vida; la colaboración que realizamos debe hacerse “para edificación.” (1 Co. 14:26). Los colaboradores prestan su servicio en el campo de cultivo de Dios, en la construcción que pertenece a Dios. Por lo tanto, en el Cuerpo de Cristo, algunos son colaboradores y otros son simplemente labranza en el edificio de Dios.
El servicio de los colaboradores, es una obra común y mutua, en la que cada uno edifica al otro dándole su pleno valor en el edificio y recibiendo del otro ayuda y fuerza (Ro. 14:19; 15:2; 1 Ts. 5:11; Judas 20); utilizando el discernimiento de los carismas (1 Co. 14:12, 14-15), lo que implica que debemos permanecer “arraigados y edificado” en Cristo (Col. 2:6); el fuego probará el último día la calidad de los materiales empleados (1 Co. 3:12-15).
Es responsabilidad y deber de todos los “colaboradores santos” hacer realidad la comunión a través del amor fraternal y de trabajar en equipo en una tarea común, infundiendo en otros con el buen ejemplo, para edificar a la Iglesia (1 Ti. 3:7; 1 Co. 10:32), debido a que no son extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19). Estos “santos” son llamados a seguir construyendo sobre una base sólida que fue edificada inicialmente por apóstoles, profetas y los padres de la Iglesia aun con su propia sangre, teniendo siempre presente que Cristo es la piedra angular de esta construcción, por lo tanto, en unión con El, el edificio completo y bien coordinado crece hacia el templo santo de morada en Dios, en el cual los “santos” llegan a formar parte de esa morada donde Dios vive mediante su Espíritu. (Ef. 2:20-21).
Los materiales que se utilizan en la edificación de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús son: animación y edificación los unos a otros (1 Ts. 5:11); preocupación que ninguna palabra corrupta salga de nuestras bocas, sino la que sea buena para edificar según la necesidad, palabras que beneficien a aquellos que las oyen. (Ef. 4:29); obrar con justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Ro. 14:17-19); agradar a su prójimo en lo que es bueno, según lo que es para edificación, (Ro. 15:2); buscar anhelantemente los dones del Espíritu Santo, especialmente lo que edifique a la Iglesia.  (1 Co. 14:12).
Una labor primordial en la edificación de la iglesia, es mantener el “espíritu primigenio”, en la transmisión de la enseñanza de Jesucristo, enseñando a obedecer todo lo que Jesús ordenó (Mt. 28:20); discipular en los primeros rudimentos de la Palabra de Dios, la “leche espiritual pura” a los recién convertidos (1 Pe. 2:2); instruir a los fieles que sigan la verdad en amor (Ef. 4:15-16); instar que no sean perezosos ni flojos ni tardos para oír las cosas de Dios (He. 5:11), o serán personas inexpertas, que no podrán reconocer el bien (He. 5:13) y se podrán en una posición de peligro para ser arrastrado por estratagemas de hombre, como un barco a la deriva arrastrados por cualquier nueva enseñanza de quienes buscan engañarnos con sus trampas (Ef. 4:14).
La iglesia de Dios se edifica a través del conocimiento, este trabajo debe ser perseverante y constante hasta que estemos todos unidos en lo que creemos y conocemos acerca del Hijo de Dios. La edificación es especialmente necesaria a los nuevos conversos (Hch. 11:22-23, 26; 14:21-22), no olvidemos que somos edificados por la Palabra de Dios (Hch. 20:32) y por el amor (1 Co. 8:19). Nuestra meta es convertirnos en gente madura, vernos tal como Cristo y tener toda su perfección (Ef. 4:13). 
Uno de los propósitos en el crecimiento es que genuino creyente alcance la “madurez espiritual”, esto se logra a través de parecernos cada vez más a Jesucristo. Después de la salvación, cada cristiano comienza el proceso de crecimiento espiritual, con la intención de ser más maduro espiritualmente. Según el apóstol Pablo, es un proceso continuo que nunca terminará en esta vida (Fil. 3:12-14). La clave de la madurez es la coherencia y la perseverancia en hacer aquellas cosas que sabemos que nos acercan a Dios. Estas prácticas son conocidas como las disciplinas espirituales e incluyen cosas tales como lectura y el estudio de la biblia, la oración, la comunión con los hermanos, el servicio y la administración. Debido a lo anterior, a los creyentes que demuestran vocación de servir a Dios, deben ser equipados con los conocimientos y las capacidades del hombre nuevo, en el aprendizaje, enseñanza, capacitación y especialización; instruidos a servir fraternalmente por el bien de la iglesia (1 Co. 3:5-8; Fil. 4:2) con la finalidad de edificar la iglesia como casa espiritual y sacerdocio santo.  (1 Pe. 2:5), con un Liderazgo que tenga autoridad positiva en beneficio de la iglesia. (2 Co. 10:8: 13:10). Por lo tanto, todos los miembros del Cuerpo de Cristo deben congregarse continuamente en el Cuerpo de Cristo. (He. 10:24-25; Mt. 6:33) para crear hábitos de orden, respeto, reverencia, entusiasmo. (1 Co. 14:26, 40). La esencia de la madurez espiritual es el ser eficaces y fructíferos en el conocimiento del Señor Jesús.

Acciones para la Edificación del Cuerpo de Cristo.

“Acción”, originado en el vocablo en latín “actio”, el concepto de acción se refiere a dejar de tener un rol pasivo para pasar a hacer algo o bien a la consecuencia de esa actividad. Encierra un significado que traduce dejar de encontrarse en un estado pasivo, por lo cual, al dejar de estar en pasividad, se dice que se está activo, que se encuentra haciendo, sea cual sea la acción o acto que se esté haciendo, por ejemplo, “dejó de dormir para levantarse y luego ir a trabajar”. Según lo definió el filósofo Max Weber, puede ser denominada así toda conducta humana cuyo motor sea subjetivamente significativo y que tenga como efecto cambios valiosos en el medio en que se desenvuelve, trabaja, estudia o habita.

Antes de analizar o evaluar el tipo de acciones que podemos emprender para edificar la Iglesia de Jesucristo, debemos saber el significado de “discernir”, según las palabras griegas, discernir es la habilidad de distinguir o separar con el fin de investigar y examinar exhaustivamente. El discernimiento es considerado un rasgo de espiritualidad y madurez (1 Co. 2:14,15). El escritor de Hebreos explica que las personas son maduras “por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He. 5:4).

Debemos discernir, en su definición más simple, el discernimiento es la habilidad de poder decidir entre la verdad y el error, lo bueno y lo malo. El discernimiento es el proceso de hacer distinciones cuidadosas en nuestra mente sobre la verdad. En otras palabras, la habilidad de pensar con discernimiento es sinónimo a la habilidad de pensar bíblicamente. Para poder tener buenos resultados en los procesos de discernimiento que nos vemos implicados, nuestra base debe estar fundamentada en la Palabra de Dios.

Por lo consiguiente, debemos entrar en un proceso de discernimiento con respecto a nuestras acciones donde está involucrada la edificación de la Iglesia de Jesucristo. ¿Qué es prioritario la edificación de templos o la iglesia de Jesucristo? La iglesia del Señor Jesucristo se edifica en vidas transformadas por su obra redentora, en logro de la madurez espiritual de sus miembros, en la capacidad que estos asuman con responsabilidad sus deberes como servidores de Cristo, tengan la eficacia de expandir el reino de los cielos de acuerdo con la voluntad de Dios.

Sin embargo la realidad en las diversas comunidades cristianas, se puede contactar que un gran porcentaje de sus miembros son meros espectadores, sin responsabilidad espiritual, sin identidad de siervos de Jesucristo, sin capacidad de asumir tareas espirituales debido a que sus cimientos no son sólidos, duermen en la indiferencia religiosa, legalista, dogmáticas; sus líderes están más abocados en buscar títulos lisonjeros (Job 32:21 SRV) que realizar acciones donde debe comprometerse un genuino siervo de Dios. (Ro. 12:1-2; 2 Co. 3:5; Fil. 2:3-4; 1 Pe. 5:5-6).

La palabra de Dios nos da las directrices por donde procesar nuestras acciones en la edificación de la Iglesia de Jesucristo: 
  1. Edificar sobre el fundamento apostólico (Ef. 2:19-21), el fundamento de Dios está firme. (2 Ti. 2:19), la base de todo ya está construida y nadie puede construir otra porque esa base es Jesucristo. (1 Co.3:11).
  2. Discipular a los recién convertidos (Mt. 28:19), el verdadero discípulo de Jesús es aquel que permanece en su Palabra. (Jn. 8:31) y es idóneo para enseñar también a otros (2 Ti. 2.2), en cumplimiento al mandato dado por nuestro Maestro Jesús (Mt. 28:20).
  3. Perfeccionar a los Santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo (Ef. 4:12, 13), el N.T. enseña que el creyente es perfecto y que se halla en el proceso de ser perfeccionado (Fil. 1:6; 3:12, 15; He. 10:1; 11:40; 12:23; Stg. 1:4), a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. (Col.1:28).
  4. Fomentar una relación fraternal entre los santos (Ro. 15:2), para la ayuda mutua (Ef. 4:16, 29; Ro. 12:13), negándose a sí mismo. (1 Co. 10:24). El salmista en 133:1 escribió “Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía.”, una de las características del amor fraternal es la armonía.”
  5. Instar a buscar dones espirituales (1 Co. 14:12), porque cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común (1 Co. 12:7), deseando ardientemente los mejores dones. (1 Co. 12:31; 14:12).  La iglesia fue edificada sobre la base del poder de Dios (1 Co. 2:1-5) manifestándose dentro de su pueblo; lo que demostró que Jesús vivía y estaba presente (Jn. 15:5; 14:20).
  6. Ejercitar los dones espirituales (1 Co. 14: 4, 5, 26), no descuidando el don espiritual. (1 Ti. 4:14), avivando el don de Dios. (2 Ti. 1:6).
  7. Evitar el legalismo religioso (1 Ti. 1:4), no cargar a la gente con reglas más difíciles de lo que ellos pueden cumplir (Mt. 23:2-4; Lc. 11:46), evitando las discusiones profanas e inútiles, y los argumentos de la falsa ciencia. (1 Ti. 6:20).
  8. Promover el amor que edifica a la iglesia (1 Co. 8:1), es mandado por Jesús, y es el distintivo de los verdaderos discípulos. (Jn. 13:33-34), si los hermanos se aman unos a otros, se hacen el bien entre ellos, la iglesia se edifica (1 Pe. 1:22).
  9. Cultivar la Comunión en la iglesia (Hch. 2:42), animando actitudes individuales que contribuyan a la unidad y edificación (Ef. 4:1-3), impulsando los valores de respeto, consideración y fraternidad (Fil. 2:1-4), fomentando la fraternidad, el compañerismo, el solidarismo (Hch. 2:44-46; 4:32), no haciendo acepción de personas (Col. 3:1), hablando positivamente de la iglesia y de sus miembros (Fil.2:14).
  10. Servir a nuestros hermanos en la fe con los talentos que el Señor nos ha dado (1 Pe. 4:11), con orden. (1 Co. 14:26, 40), promoviendo todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación. (Ro. 14:19).
  11. Reconocer a quienes trabajan y dirigen en esta forma, edifica a la iglesia, y es señal de edificación, crecimiento y madurez, (1 Tes. 5:12-13), ponerse a disposición de aquellos que se han dedicado a servir a los creyentes (1 Co. 16:15-16), expresar reconocimiento (1 Co. 16:17-18).
  12. Hacer realidad las prácticas que son fundamentales en el Reino de Dios (Mt. 25:42-45), la actitud debe ser como la de Cristo Jesús. (Fil. 2:5), lo más importante es ser siervo de los demás (Mt. 23:11), demostrando así que somos ejemplo viviente de la enseñanza de Jesús.
  13. Los santos en Cristo necesitan crecer en Cristo (He. 5:12), para presentar defensa de la fe. (1 Pe. 3:15), hasta que estemos todos unidos en lo que creemos. (Ef. 4:13), creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pe.3:18).

Estas y otras acciones debemos tener en cuenta al edificar la iglesia de Jesucristo, tener cuidado de que tanto el fundamento, como la calidad de los discípulos sean aprobados delante de la presencia de Dios. Que nuestras acciones sean los que Dios estipula para así recibir la aprobación divina. Todas nuestras acciones deben estar orientadas a desarrollar el crecimiento espiritual en forma integrada. 

Promover el crecimiento espiritual de la iglesia a través de la edificación mutua. Así lograremos una edificación saludable de la Iglesia de Jesucristo

Juan Salgado Rioseco

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