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martes, 19 de mayo de 2020

Dios y el perdón de pecados. (Parte II)


Lectura bíblica Hechos 2:37-39; 3:19

 Objetivo: valorar el perdón de nuestros pecados efectuados por Dios.

II. La condición del ser humano ante Dios.
Una de las mas grandes problemáticas que el ser humano tiene hoy, es vivir en una sociedad globalizada y con valores relativista, donde los valores éticos y morales no se sustentan bajo principios del bien común, sino mas bien del personalismo humanista hedonista que predomina en la actual sociedad.  

Esta condición trae complejas situaciones en las comunidades cristianas donde los parámetros valoricos son perenne a través de los siglos; un alto porcentaje de fieles en las diferentes y diversas comunidades congregaciones han sincretizado sus valores cristianos por alcanzar un sitial o éxito que ofrece la sociedad bajo otros principios que son el antesis del servicio a Dios y la Fe en Jesucristo.

Debemos saber que los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas dentro de un marco social y de convivencia colectiva por un bien común.
Desde una cosmovision cristiana, (teniendo en cuenta que una cosmovisión ofrece un marco de referencia para interpretar la realidad, el cual contiene creencias, perspectivas, nociones, imágenes y conceptos), el verdadero creyente o seguidor de Cristo debe vivir y desarrollar su vida en pro de amar a Dios, hacer su voluntad y amar al prójimo como al mismo, bajo los valores que determina la Palabra de Dios, la cual es eterna por lo tanto no muda.
En esa perspectiva, la tendencia exponencial del pecado en el ser humano lo han alejado del abrigo del Altísimo, su condición contractual, como lo escribió el apóstol Pablo,  está “destituido de la gloria de Dios”, o sea, dejar de, o no alcanzar el bienestar que ofrece Dios a aquellos que hacen su voluntad hasta alcanzar la eternidad; bajo esta premisa, para aquellos que persisten en el camino del pecado, solo les espera una condenación eterna.
El rey David, explicaba está condición de la siguiente forma “en verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre”(Sal. 51:5), un reconocimiento de su condición humana, de la cual nadie se puede considerar ajena; el apóstol Pablo nos indica en su carta a los Romanos, que todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. (3:23). Agrega "como esta escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles. Sepulcros abierto es su garganta; Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura.  Hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre. Quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos (3:9-11)

Tan funesta condición trae como consecuencia que la separación de Dios y el ser humano se hace mas distante; esta separación quedo implantada de los tiempos de Adán, por medio de él el pecado entró en el mundo, la muerte mediante el pecado y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos seguimos en el camino del pecado. (Ro. 5:12), trajo consigo la muerte, que es el salario que el pecado paga (Ro. 6:23).
El carácter del ser humano de los últimos tiempos está llegando a su clímax, esta situación es irreversible, vendrán tiempos muy difíciles a causa de las desviaciones que provoca con sus concupiscencia, situación similar al carácter de los hombres antediluviano que los llevo a una catástrofe, que se manifestaron en conductas de inclinación al mal e injusticias, pecados de carácter sexual y una actitud arrogante hacia Dios, manifestada en la impiedad y la violencia, produciendo la merma de sus años de vida, ademas que se hicieron merecedores de un castigo ejemplar, borrados del mundo. (Gn. 6-7), como en los tiempo de los jueces donde cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio. (Jue. 21:25).
El apóstol Pablo describe a los seres humanos de los últimos tiempos diciendo: “Pues la gente sólo tendrá amor por sí misma y por su dinero. Serán fanfarrones y orgullosos, se burlarán de Dios, serán desobedientes a sus padres y malagradecidos. No considerarán nada sagrado. No amarán ni perdonarán; calumniarán a otros y no tendrán control propio. Serán crueles y odiarán lo que es bueno. Traicionarán a sus amigos, serán imprudentes, se llenarán de soberbia y amarán el placer en lugar de amar a Dios.  Actuarán como religiosos pero rechazarán el único poder capaz de hacerlos obedientes a Dios.” (2 Ti. 3:2-5 Parafraseada).
De esta condición el ser humano no puede salir ni conseguir el perdón de pecado por méritos propios, ante tal situación, Job se pregunta. “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie.” (14:4). “¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio,  Y para que se justifique el nacido de mujer?” (15:4).
Juan Salgado Rioseco

jueves, 14 de mayo de 2020

Dios y el perdón de pecados. (Parte I)


Lectura bíblica Hechos 2:37-39; 3:19
“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:  Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo:  Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. (Hechos 2:37-38)
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado:” (Hechos 3:19-20).

Objetivo: valorar el perdón de nuestros pecados efectuados por Dios.

I.             Yo soy el que soy: Creador, Santo y su aversión al Pecado.
Dios es definido como el Creador del universo, como declara el primer versículo de las Escrituras: "En el principio Dios creó los cielos y la tierra" (Gn. 1:1). Asimismo, dijo: “Yo soy el SEÑOR, que ha hecho todas las cosas, yo solo desplegué los cielos y expandí la tierra. ¿Quién estaba conmigo?” (Is. 44:24 NVI). Sus Escrituras agregan: “Tu reino es reino de todos los siglos y tu señorío en todas las generaciones.” (Sal. 145:13). 
La Creación es el fundamento de todos los designios salvíficos de Dios; manifiesta su amor omnipotente y lleno de sabiduría. Es el comienzo de la historia de la salvación, que culmina en el Mesías.
La palabra “Kadosh” (santo) significa algo que es “otro” (separado), exactamente lo opuesto de algo que es común. La palabra refleja el sentido de santidad y consagración. Una de las peculiaridades del Creador es su santidad, está característica quedó indeleblemente inscrito en el corazón del profeta Isaías como consecuencia de su visión inaugural (6.3). Así como a Amós se lo ha llamado el profeta de la justicia, y a Óseas el profeta de la benignidad, a Isaías se lo ha denominado el profeta de la santidad.
Dios es el Santo, esto significa que está tan por encima de sus criaturas que es totalmente diferente a ellas: (a) no sólo en su perfección moral. (6:5), sino también en su poder, su ira, su amor, su fidelidad y todas sus virtudes. (29:16; 31:3). (b) Dios es nuestro santuario. (8:14), es es llama de santidad. (10:17), será santificado con justicia. (5:16).
En el libro del profeta Isaías, Dios es frecuentemente llamado el Santo de Israel, o solamente el Santo, para denotar el Dios de Israel, o el Verdadero Dios (1:4, 5:19). Los devotos se apoyan en el Santo de Israel. (10:20), se gozan porque el Santo está en medio suyo.  (12:6), miran solo al Santo de Israel. (17:7; 29:23, 24).
En Ezequiel, Dios se hace conocer como Jehová, como el Dios poderoso y verdadero, al manifestar Su santidad (20:41; 28:22; 36:23 ). Es preciso señalar que Dios jura por Su santidad, como jura por Sí mismo (Amos 4:2; Sal. 89:36; Gn. 22:16; Éx. 32:13; Is. 45:23; Jer: 22:5). El profeta Samuel dijo: “No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro” (1 Sam. 2:2).
La santidad de Dios indica que Él no acepta lo que no es santo. El temor a Dios es el resultado de estar conscientes de Su santidad, también es la fuente de todo lo que es bueno. El temor es el comienzo de la sabiduría y la enseñanza (Prov. 1:7), hace que odiemos el pecado (8:13: 16:6); también es la base para tener una confianza firme (14:26); es fuente de vida (14:27).
Dios es santo (Is. 6:3; Ap. 4:8), los servidores de Dios son Su pueblo, también deben ser santos; el llamado es la santidad (Ef. 1:4; Ro. 8:29; 1 Tes. 4:3). El pueblo de Dios  debe practicar y proclamar al mundo Sus excelencias (1 Pe. 2:9) y lo prominente entre las excelencias de Dios, es Su Santidad. Su santidad satura completamente su ser. Su santidad personifica su perfección moral y la completa ausencia de cualquier contaminación (Sal. 89:35; 92:15; Ro. 9:14).
En relación al pecado, toda transgresión provoca ira al Santo de Israel. (Is. 1:4; 5:24), los pecadores vituperan y blasfeman contra el Santo. (Is. 37:23), buscan apoyo humano y no confían en el Santo de Israel. (Is. 31:1-2). La "transgresión "era" contra Jehová" (Nm. 5:6), aunque a veces también contra el prójimo (Gn. 31:26; 50:17). Algunas transgresiones requerían que se presentara una ofrenda en expiación por el pecado (Lv. 5:6, 7). Jesús aconsejó que si algún transgresor confesaba al ofendido su pecado, éste lo perdonara (Mt. 6:14; Ef. 4:32; Col. 3:13), para lograr así la reconciliación.
El rey David escribió: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación” (Sal. 24:3-5). El profeta Habacuc agregó: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio (con indulgencia)” (Hab. 1:13a).
El Santo de Israel odia o aborrece el pecado porque es opuesto a su naturaleza. El salmista escribió: “Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti.” (Sal. 5:4).  
Las Escrituras nos hacen ver que la actitud del Santo con relacion al pecado es de hostilidad, indignación y de una  aversión absoluta, debido a que lo figura como una llaga podrida (Is. 1:6), una carga muy pesada sobre el ser humano (Sal. 38:3-8), Pablo escribe que es una contaminación ( Tit. 1:15; 2 Co. 7:1), algo que nos ata e impide la manifestación divina (Mt. 6:12-15), el ser humano vive en tinieblas (1 Jn. 1:6), el pecado ha contagiado profundamente al ser humano (Is. 1:18), (el sentido fundamental del término “grana” en hebreo es: “teñido dos veces”. Tan profundamente fijado está el pecado en el corazón que no bastan las lágrimas para lavarlo).
Dios odia el pecado debido a que nos separa de Él: “Empero vuestros pecados separan en medio de vosotros y en medio de Dios; y por vuestros pecados apartó el rostro de vosotros, para no apiadarse.” (Is. 59:2  Septuaginta). “Sus transgresiones han tergiversado las reglas de la naturaleza, sus pecados han retraído el bien para ustedes. y visitaré a los perversos por sus pecados. Terminaré con la arrogancia de los transgresores, y derribaré la insolencia de los altaneros.” (Jer. 5:25 Kadosh). El Santo de Israel ha decidido: "Castigaré al mundo entero por su maldad,…” (Is. 13:11 Kadosh), lo que el ser humano gana del pecado es la muerte. (Ro. 6:23).
                                            Juan Salgado Rioseco 



martes, 4 de febrero de 2020

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (VII) “No todos los dedos de la mano son iguales.”

VII “No todos los dedos de la mano son iguales.”
Este refrán se usa para indicar que de unos mismos padres salen hijos de muy diferentes procederes, actitudes y forma de pensar.
Con relación a los “predicadores” en el contexto evangélico o protestantes la situación es similar, tenemos un Padre en común, el Dios Eterno y Santo; un Maestro, Jesús de Nazaret; una fuente primigenia, el fundamento apostólico, sin embargo, los “predicadores, “transmisores de la enseñanza fundamental del cristianismo”, tienen una diversidad de enseñanzas o dogmas y en muchos casos divergente a la fuente originaria del movimiento del Galilea.
La situación de los que asumen el rol como “predicador” en la diversidad de las comunidades es crítica, uno de los problemas es la merma considerable de confianza y credibilidad a lo que se desean transmitir o enseñar, por lo cual la gran mayoría se convierten en un simple timbalo que resuena al viento.
Uno de los aspectos cardinales es la friabilidad la cual domina en gran porcentaje el accionar y el conocimiento bíblico de estos autodominados “mensajeros de la Palabra de Dios”, más bien maniobran como “propagandistas de sus propias convicciones, ideas o autocreencias”, basados en el conocimiento autodidacto que han logrado, muchos de sus mensajes han alcanzado un nivel de profanación del mensaje primigenio del maestro de Galilea, piedra angular del fundamento apostólico.
¿Por qué hemos llegado a esta situación? Cuando utilizamos una fuente común “la Biblia”, una enseñanza que proviene directamente de Jesús, trasmitido por los testigos de los dichos, acciones o sucesos acaecidos en el período terrenal del Hijo de Dios, denominado habitualmente el “fundamento apostólico”.
Será por complacencia a la vida que llevamos; acostumbramiento o rutina religiosa; ignorancia de la Palabra de Dios; displicencia en escudriñar la Biblia hasta alcanzar el primitivo conocimiento; o simplemente utilizamos el tiempo de nuestra asistencia a los cultos como terapia para decrecer nuestras ansiedades o alcanzar los deseos de nuestro corazón bajo un espiritualismo basado en la carnalidad, o para ocultar nuestras inatenciones en el servicio de Dios y su iglesia; o los responsables de enseñar y conducir la transmisión del mensaje encargado a la Iglesia no son aptos, no están preparados, han usurpado el puesto o están esclavizados por los dogmas impuesto por las instituciones al cual pertenecen. La lista de motivos o justificaciones suma y sigue, existe un dicho “la excusa agrava la falta” …
Enunciemos algunas formas de comportamiento o accionar de estos individuos que han usurpado o están utilizando los pulpitos con “fuego extraño”:
Existen aquellos que se creen una “eminencia teológica”, utilizando un lenguaje escolástico no entendible para la mayoría de sus oidores, exponiendo su mensaje con una frialdad racional humanista ajena al sentido espiritual originario del movimiento de Galilea.
Están aquellos que rellenan sus mensajes con las consabidas “muletillas”, repiten con insistencia una palabra o frase que resulta molesta, autocreen que mientras más repiten son más espirituales, o es el camino para llegar al clímax espiritual deseado, excusando que son utilizados por el Señor, sin mensaje ni poder espiritual.  
Coexisten los “circenses”, que utilizan su tiempo, que está destinado a honrar, adorar y transmitir la voluntad de Dios, narrando situaciones divertidas, chistes, humoradas para lograr un ambiente eufórico para satisfacer la liviandad de los asistentes a estos cultos.
Cohabitan los “decretistas”, se autoconfieren un poder o autoridad que es una exclusividad de la soberanía de Dios, con su peculiar frase “Yo decreto”, más basado en una aspiración humana que en la voluntad de Dios, omitiendo lo que está escrito en el libro de Isaías “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová…”, nuestra fe se cimienta, no en el poder del hombre, sino en el poder de Dios.
Conviven los “showman”, convierten en espectáculo el culto donde se debe honrar y glorificar a Dios, se mudan como presentadores o animadores con motivo de ser él el centro o la estrella y no Jesucristo que es la cabeza de la Iglesia de Dios.
Pululan los “milagreros o chamanes”, que utilizan creencias y prácticas tradicionales similares al animismo que aseguran la capacidad de diagnosticar y de curar el sufrimiento del ser humano, fingiendo sanidades milagrosas o inventando enfermedades no existentes con la finalidad de obtener fama y lucrarse de la invalidez espiritual en que se encuentran las personas.
Proliferan los “profetas y maestros falsos”, aquellos que de manera arrogante intentan crear nuevas interpretaciones de las Escrituras y direccionar la fe de sus oidores de acuerdo con sus propias estratagemas para desviar y engañar empleando con astucia sus errores.
Existen los “dogmáticos, sectarios, discriminadores”, moralistas que mantienen o imponen como estandarte reglas farisaicas, en busca de una extraña santidad ajena a la voluntad de Dios; constructores de muros, que levantan para impedir o discriminar aquellas personas que responden el llamado y buscan la salvación de Jesús para sus vidas.
Abundan los “amadores” de los placeres de este mundo, para satisfacer sus concupiscencias, reflejando una careta de piedad, aunque su accionar y comportamiento este distante de las exigencias de un integro propagador de la fe en Cristo.
Están instalados los usurpadores “diotrefistas” (3 Juan), aman el primado de la comunidad, ejerciendo con despotismo, autoritarismo el gobierno de su comunidad el cual trae como consecuencia el accionar dictatorial y egocéntrico del liderazgo imperante, omitiendo las palabras de Jesús “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”
Los “mercantiles y lúdicos”, que se aprovechan y juegan con los más desvalidos espirituales, sacando proveyó de las necesidades o aspiraciones de los crédulos, tratando de conseguir prebendas con el afán de lucrar de la fe, acomodando la Palabra de Dios a su conveniencia.
Los “sincretistas”, paulatinamente acomodan, asimilan o fusionan diversas creencias no bíblicas con las bíblicas uniéndolas o adoptan costumbres extrañas con los principios fundamentales del cristianismo, haciéndolos parecer de la misma procedencia.
Los “ilusionistas espirituales”, entregan satisfacciones temporales, sus aseveraciones son como el tamo que arrebata el viento, provocan frustraciones y desilusiones en la fe de aquellos que solo viven de los espejismos religiosos.
Los “místicistas”, manipulan a los creyentes en busca de la unión del alma con Dios por diversos medios, sustituyendo la verdadera comunión con Dios por una experiencia mística que embota el entendimiento, produciendo una sensación espiritual engañosa.
Estas formas y otras suelen estar lejos de los propósitos y objetivos del genuino predicador del mensaje entregado a la Iglesia para su propagación; las enseñanzas bíblicas nos señalan cual es el camino que debemos transitar para mantenernos dentro de la voluntad de Dios. No debemos nunca omitir lo que leemos en el Evangelio de Mateo 7:21 (RVA) “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: más el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”
En estos tiempos debemos ser celosos con las personas que tienen el honor de subir al púlpito; exigir que deben ser diligentes al preparar de antemano los que Dios ha elegido como “Mensajes de Buenas nuevas”, comprobar su real conocimiento, estar seguro de su comportamiento; que su carácter sea de un convertido; que tenga una trayectoria enraizada en la comunidad; es nuestra responsabilidad y deber de efectuar nuestra labor con excelencia ante Dios en el cuidado del Cuerpo de Cristo.

Juan Salgado Rioseco.

sábado, 7 de septiembre de 2019

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (V) El camino o por las sendas en la Interpretación Bíblica.



I.                  V.   El camino o por las sendas en la Interpretación Bíblica.

“LOS ARBOLES NO DEJAN VER EL BOSQUE”, esta frase proverbial se utiliza cuando alguien no puede ver un asunto o una situación en su conjunto porque está prestando atención a los detalles; cuando nos vemos rodeados de muchos detalles, es fácil perderse en puntos pequeños, al grado que nos confundimos con las cuestiones más grandes e importantes. Así que, en situaciones confusas, debemos detenernos y dar un paso atrás para mirar el panorama completo.
La mayoría de los que tratan de interpretar las Sagradas Escrituras, les dan importancia a los detalles secundarios y pierden el camino primario de la interpretación bíblica, originándose confusiones, adulteraciones, inexactitudes en relación con el verdadero significado del Texto que se trata de interpretar.
Lo anterior nos advierte que nunca debemos perder el panorama completo de la Sagradas Escritura, para eso necesitamos conocer y tener siempre presente las perspectivas que unifican desde el Génesis hasta el Apocalipsis; esa unicidad nos advertirá de las confusiones que podemos originar con interpretaciones incompletas o que se han desviados de la verdad primigenia.
Una sana interpretación bíblica nos obliga a aprender mucho más de lo que podemos pensar, nos presiona a cumplir determinados procesos sin dejarnos posibilidad de elegir caminos racionales humanos. Téngase presente que “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.” (Pr. 14:12), “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Is. 55:8-9).
Los pensamientos o conclusiones del hombre son muy diferentes a los de Dios, pues nuestra mente es limitada, nuestros conocimientos finitos, a la vez, la mayoría de estos conocimientos pertenecen a este mundo con sus influencias e intereses, lo que provoca inexactitudes en la aplicación de la interpretación bíblica.
Para prevenir esta situación: debemos investigar formas para extraer el significado interpretativo de los textos bíblicos escogidos acorde a lo que Dios quiso dar a conocer; a tener una autodisciplina para mejorar nuestra capacidad de entendimiento de la Biblia; conocer en primer lugar la terminología más importante utilizada que nos lleven a un correcto procedimiento y no provocar confusiones; efectuar un exhaustivo estudio exegético a los textos seleccionados; que las aplicaciones sean conforme a la verdad primigenia del autor del libro seleccionado.
El proceso interpretativo tiene tres fases: preparación – investigación – aplicación; la preparación personal es vital, tanto en el área espiritual, como cognitiva (en especial la ciencia bíblica); realizar una investigación exegética gramática – histórica al texto bíblico, los que nos llevara a una compresión acabada de las situaciones que inciden directamente en la correcta explicación o aclaramiento del significado, especialmente un texto que está poco claro; la aplicación equivale a conectar correctamente el significado original con audiencias contemporáneas, en otras palabras, en la aplicación, reflexionamos sobre las formas en las que las Escrituras deben aplicarse a nosotros como pueblo de Dios.
El intérprete de las Sagradas Escrituras debe impedir que los árboles los obstaculicen la visión completa del bosque, es decir, que los detalles secundarios no deben desviarlos del plan de Dios para el hombre.
Juan Salgado Rioseco

domingo, 18 de agosto de 2019

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (IV) Inferir o inducir en la “Interpretación Bíblica”.



I.                  IV.  Inferir o inducir en la “Interpretación Bíblica”.
La evidencia de la interpretación bíblica se remonta al Antiguo Testamento, en donde aparece una explicación clara en la figura de Esdras, sacerdote y escriba que vivió en el siglo V a.C.: “Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que comprendieran la lectura” (Nehemías 8:8).
Las dos vías que utiliza un Intérprete o Predicador:   ¿Usted “Infiere” o “Induce” el Texto que va a predicar? Hay dos actitudes que habitualmente nos acercamos a un texto para interpretarlo, ellas son: “infiriendo” o “induciendo” al texto bíblico.
“inferir” algo del texto, es que tomamos elementos que se encuentran presente para que a través de ellos saquemos otro elemento que no está presente en forma explícita, sin embargo, lo que comúnmente hacen los intérpretes o predicadores es “inducir” al texto, o sea, influir para fundamentar una acción, avalar lo que creemos que puede significar o lo que se desea que se conozca, con objeto malicioso o por ser neófito en las Escrituras.
Cuando usted está “infiriendo”, asume una actitud de escudriñamiento de las Escrituras, o sea, está efectuando una “acción y resultado de examinar una cosa o averiguar sobre ella.”, hasta lograr con los elementos explícitos en el texto el correcto significado lo que el autor escribió.
Cuando usted está “induciendo”, tiene una conclusión predeterminada de lo que a su juicio significa o desea que avale su postura, con esa actitud solo se logra “vislumbrar” lo que posiblemente puede significar el “texto”, lo que produce un conocimiento imperfecto o conjeturas provocadas por la falta de rigurosidad en el estudio del texto o por tratar de influir con el propósito de “inducir” a los receptores a hacer o a creer lo que usted persigue, a eso se llama manipulación con el objeto de obtener un control ilegitimo, practicando un Evangelio diferente. Cuando no se logra la forma correcta y profundizada interpretación bíblica, se transmiten enseñanzas distorsionadas o superficiales.
Debemos siempre tener presente que en la Biblia encontramos textos: claros, semioscuro y oscuros en su interpretación; estos dos últimos si no logramos entenderlos bajo los principios de una correcta interpretación, difícilmente conseguiremos entender lo que quiere decir, nos quedaremos sin saber su aplicación para nuestras vidas y al transmitirlos estaremos provocando distorsiones o desviaciones de la Palabra de Dios.
El auténtico y legítimo interprete de la Escrituras que solo desea “inferir” el texto, debe:
a.      Erradicar el misticismo del texto sagrado, debido a que los misterios ya están revelados por Dios, a través de Jesucristo.
b.      Arrancar toda influencia humanista racional de la interpretación bíblica, debido a que solo a los que andan en espíritu, el Espíritu de Dios los ilumina.
c.       Aplicarse en el estudio de la Palabra de Dios, con una actitud de extraer lo más preciado de ella para aplicarla en nuestras vidas y tener la legitimidad de enseñarla.
d.      Ser experto en las doctrinas rudimentarias de la fe, pues de lo contrario, tendremos dificultades en entender e interpretar la Palabra de Dios.
e.      Ser disciplinado, metódico y sistemático en el aprendizaje y conocimiento de la Palabra de Dios.
f.        Ser sobre todo “humilde” en adquirir o entregar el conocimiento iluminado por el Espíritu Santo.
g.      No ser autodidacta, debido a que existe un alto porcentaje de envolverse en pensamientos sectarios, con llevarnos a un literalismo exacerbado y actitudes legalistas contrarias a las enseñanzas primigenias de Jesucristo.
La mayor grandeza del siervo de Dios es aprender, aplicar, enseñar y transmitir la auténtica y legitima Palabra de Dios; la mayor gracia del intérprete de la Palabra de Dios es ser “LIBRE” de poder hablar lo que el Maestro de Nazaret nos enseñó y no volvernos esclavos por predicar solo para agradar al hombre o manipularla para lograr lucros indeseados a nuestra condición de personas de Fe.
Nuestra diligencia debe estar puesta al servicio de Dios, efectuando una excelente interpretación conforme a la voluntad de Dios.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 12 de agosto de 2019

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (II) El recurso: La Interprecion Biblica


II.                   El recurso: La Interpretación Bíblica.
Una de las máximas en la Interpretación de la Palabra de Dios es: “La Biblia se interpreta con la Biblia.” Esto quiere decir, que no hay ningún otro libro al mismo nivel o por sobre la Biblia, aunque el autor tenga un testimonio renombrado o una erudición sobresaliente, estos escritos son solamente libros de consulta.
Cada día aparecen nuevos movimientos o se fundan nuevas iglesias, cada una de las cuales afirma poseer la interpretación correcta de la Biblia, trayendo consigo nuevos iluminantes, con una serie de extravagancias interpretativas.
La Biblia es la Palabra de Dios y la base de las creencias cristianas, por consiguiente, el intérprete debe ser riguroso y disciplinado al aplicar las enseñanzas bíblicas a tiempo de hoy, estas deben ajustarse al sentido primario, o sea, lo que Dios inspiro a través de su Espíritu Santo a los autores de los libros de la Biblia. Es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo, de los usos y costumbres; de los aspectos culturales, sociales, políticos y religiosos.
El apóstol Pedro escribió: “Pablo escribe sobre estos temas en todas sus cartas, pero a veces hay en ellas cosas difíciles de entender. Los ignorantes y los débiles en la fe cambian el significado de las enseñanzas de Pablo y de las otras Escrituras, causando así su propia destrucción.” (2 Pe 3:16 PDT).
Un ejemplo se encuentra en 1 Tesalonicenses 5:21 donde el apóstol Pablo escribe: “Examinadlo todo, retened lo bueno”, esto no implica que debemos oír a todos, aun aquellos que están interpretando erróneamente o desviando las Escrituras, tratando de obtener algo bueno de dicha enseñanza o predicación. La advertencia Paulina dice que debemos tener discernimiento conforme a la Palabra de Dios, identificar los espurios intérpretes o enseñadores y desecharlos; escuchando y reteniendo solo aquellos que se apegan estrictamente a la Palabra del Todopoderoso y Santo; recordando que Jesucristo enseño “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.” (Mt. 7:17-19 RVR 1960). La óptima forma de dar cumplimiento a este pasaje bíblico es tener conocimiento acabado de la Palabra de Dios para poder tener discernimiento y así tener la convicción de lo que está recibiendo y atesorando en nuestros corazones se ajusta a la Palabra de Dios revelada. 
Es vital que interpretemos la Biblia de manera correcta, para interpretarla bien, hay que conocer y respetar una serie de principios. ¿Cuáles son esos principios?
  1. La interpretación de la Biblia es una tarea espiritual.
  2. Prestar una gran atención "al contenido y a la unidad de toda la Escritura".
  3. Hay que empezar buscando el sentido más natural.
  4. Cada parte de la Biblia debe ser interpretada a la luz de las Analogías de las Escrituras.
  5. Hay que interpretar cada texto dentro de su contexto histórico.
  6. Hay que interpretar cada texto dentro de su contexto literario.
  7. Hay que tener en cuenta el tipo de lenguaje de cada texto.
  8. Hay que tener en cuenta las palabras de conexión.
  9. Hay que interpretar los textos menos claros a la luz de otros más claros.
  10. Hay que tener en cuenta la versión original de cada texto.
  11. Hay que tener en cuenta la dimensión cristológica.
Estos principios nos ayudarán a “[usar] bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).
Condiciones de un Intérprete de la Palabra de Dios:
  1. Ser un convertido. (Haber nacido de nuevo).
  2. Acepta que la Biblia es la Palabra inspirada por Dios.
  3. Que la Palabra de Dios es inerrante y autoritativa.
  4. Depender del Espíritu Santo.
  5. Aprender a obedecer la Palabra de Dios.
  6. Tener un constante proceso de Enseñanza. (El que deja de aprender, deja de enseñar).
  7. Objetividad.  (dejar que el texto hable).
  8. Espíritu científico. (aplicar las reglas de la interpretación bíblica).
  9. Paciente en el estudio. (Saber usar los métodos de la interpretación).
  10. Comportarse como Hombre de Dios (de oración, Humildad, Amante a la verdad de Dios).

“Una sana interpretación de la Palabra de Dios, traerá consigo que muchos de los males que aquejan hoy a las iglesias sean subsanados, evitando los yerros que provocan los seudos predicadores. Los Predicadores de Cristo tienen que demostrar integridad al transmitir el mensaje de nuestro Señor Jesucristo, conforme con los propósitos y el corazón de Dios”.
Juan Salgado Rioseco

sábado, 10 de agosto de 2019

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (III) Los cuidados que debe tener el Predicador.


III.  Los cuidados que debe tener el Predicador.
Nunca debemos olvidar que los depositarios de la “Palabra de Dios” fueron los Israelitas, todos a excepción de Lucas, el griego medico amado, fiduciarios del “mensaje del Santo de Israel”, con su cultura, tradiciones, costumbres, lenguaje, en sus aspectos sociales, políticos, económicos, en medio de las bonanzas y tragedias individuales y nacionales; en “La Torah y Tanak” emanan la instrucción individual, tribal y nacional que identifican y obtiene la identidad el judaísmo. La raíz de la palabra hebrea Torah es ירה (Yaráh) que significa literalmente “disparar una flecha” y por lo tanto etimológicamente se refiere a aquello que “da en el blanco” o “da el propósito“. Cuando alguien le dispara al blanco, trata de dirigir la flecha, así el significado de la raíz es “la correcta dirección” y por eso la palabra significa “enseñanza”, “o “instrucción”. Conocerlo es primordial para un Predicador eficaz.
Uno de los cuidados primordiales del Predicador o Intérprete de las Sagradas Escrituras es conocer el contexto y contorno de los textos bíblicos escogidos como las peculiaridades de los idiomas bíblicos si existen en dicho texto para realizar una correcta interpretación, en especial con los dichos o hebraísmos.
¿Porque es imperioso conocer identificar los modismos, figuras, símbolos que se encuentran en la Biblia? Debido a que, por desconocimiento, especialmente gramaticales de los idiomas originales, se corrompe o adultera el texto bíblico.
De acuerdo a esto último, el intérprete o predicador debe tener siempre presente las advertencias que nos hacen algunos textos bíblicos al respecto: Moisés da advertencias en Dt. 4:1-2, donde él ordena a los israelitas a escuchar y obedecer los mandamientos del Señor, sin añadir y quitar nada de su Palabra; en Pr. 30:5-6 contiene una admonición similar para todo aquel que añada a las palabras de Dios: “Para que no sea reprendido y hallado mentiroso.”; aunque la advertencia en Ap. 22:18-19 concierne específicamente al libro de Apocalipsis, su principio debe ser aplicado a toda la Palabra de Dios.
Una de las premisas que debe tener el predicador es no distorsionar el mensaje, no contaminar la interpretación con deducciones falsas que nos pueden llevar a una mentira o una adulteración de la Palabra de Dios. Los más graves problemas en la interpretación bíblica corresponden el no tener en cuenta el idioma original, la cultura hebrea y a una traducción no muy acertada.
Ejemplos: (Dt. 6:4) “Oye, Israel, El Señor nuestro Dios, El Señor es uno”, en hebreo transliterado dice: "Shemá Ysrael, Yahweh Eloheinu, Yahweh Ejad".
La expresión “oye”, en hebreo significa escuchar y obedecer (Strong H8085), de hecho, la palabra se traduce de ambas formas según el contexto.  Oír se interpreta como dirección, poner atención o una acción (hebreo=shemá). Por eso Santiago insiste en que seamos hacedores y no solamente oidores (Stgo. 1:22). Cuando Jesús decía, el que tenga oídos para oír ¡oiga! (Lc. 8:8), está usando un hebraísmo, una llamada de atención, en el concepto original es "el que tenga oídos, obedezca". El Apóstol Pablo dice que la fe viene “por el oír y por el oír la Palabra de Dios”, asumiendo que, para un rabino judío del primer siglo, esta expresión significa lo mismo, tiene más sentido concluir que el texto dice "la fe viene por el oír y por el obedecer la Palabra de Dios.”
En (Lc. 10:9) "se ha acercado a vosotros, el reino de Dios." La palabra acercado (egiken g1448) en el griego difiere de la palabra en el hebreo (karav). Ésto significa algo que ya aconteció, se cumplió, ya llegó y no algo futurista como se interpreta en la cristiandad. El reino (basileia g932 = reglas) para los hebreos significa aquellos que son gobernados por las reglas (leyes) de Dios. Entre los seguidores de Jesús, se conocía como el reino de los cielos. Cielos era una palabra que se usaba para evitar la pronunciación de Yahwéh, ej. jurar por el cielo.
Por lo tanto, el intérprete de la Biblia debe ser responsable, prolijo, cuidadoso, capacitado y riguroso en la exegesis del texto bíblico, para que sus palabras sean acordes a lo que Dios quiso decir.
Cuando los intérpretes o predicadores de la Palabra son neófitos, frívolos o displicentes en sus enseñanzas o predicaciones, sus oyentes no crecen ni maduran en lo espiritual ni en el servicio del cuerpo de Cristo; la liviandad espiritual en gran parte es provocada por la ligereza, la frivolidad, la liberalidad o poca importancia que se le da a la interpretación o predicación bíblica. El apóstol Pablo al respecto nos dice “Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (He. 5:13-14). 
Es deber de todos cuidar los púlpitos o lugares donde se enseña o transmite la Palabra de Dios; es deber de todos exigir una exegesis y aplicaciones correctas del texto bíblico acorde a lo que Dios dejo registrado en Las Escrituras.

Juan Salgado Rioseco

lunes, 13 de mayo de 2019

Dios es el santo, sus servidores deben ser santos.



 “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.”
Isaías 57:15
Dios es santo por esencia, alejado de todo pecado y de toda imperfección, plenitud de vida y perfección. Como origen de la santidad Dios exige a sus seguidores a que vivan en santidad para que puedan verlo en su manifestación eterna.

Dios es santo, tal como esta escrito en la declaración de Levítico 20:3, 22:2, 32. La Santidad es algo exclusivo de Dios, es la fuente primigenia de donde se deriva a las santidades de personas o cosas.


Fuente primigenia de la Santidad.

ü  Cántico de Moisés, Éxodo 15:11:
“¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?”

ü  Cántico de Ana,(madre del profeta Samuel), 1 Samuel 2:2:
“No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro.”

ü  Cántico de los Serafines, Isaías 6:3:
“Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.”

Significado de la palabra Santidad: Puro, Separado. 
·         Hebreo (AT)= KADOSH= separado, puesto aparte, pureza física, moral y espiritual. 
·         Griego (NT)=HAGIOS=Separado, Consagrado, puesto aparte. 
·         Otras palabras griegas, hosios, y hagnos, significan ser libre de mancha o de maldad. (1 Ti. 5:22 “Consérvate puro,” y 1 Jn. 3:3 “...se purifica a sí mismo”).

El término bíblico hebreo para santidad es “kodesh”.
Aunque el nombre designa acciones, cualidades o estados y que no tienen existencia física propia, sólo existen en la concepción de la mente, es probable que la percepción de la santidad no era completamente abstracta. De hecho, kodesh tenía varios significados, incluyendo “lugar sagrado, santuario, ofrenda sagrada.”
En la concepción bíblica de santidad no es tanto una idea, sino una cualidad, identificando ambas con lo que es real y perceptible en la tierra y con Yahweh.
De hecho, el único contexto en el que se expresa una noción algo abstracta de “santidad” se relaciona con la santidad de Elohim. Se dice que Elohim jura por Su santidad, tal como Él jura por Su vida, Su fidelidad y Su poder. Cuando se habla de Elohim, se reconoce que la santidad es inseparable de su ser; es un constante atributo divino.
En la Biblia la palabra y el significado de Santidad o Santo es: 
  • ·         Una cualidad fundamental de Dios y de Su Espíritu. 
  • ·         Una virtud indispensable de todo verdadero creyente. 
  • ·         Un atributo de ciertos lugares, objetos, fechas o días. 

Por lo tanto, la Santidad es el atributo o cualidad divina de ser puro, limpio, apartado de lo malo, pecaminoso o contaminación.
“No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro.” 1 Samuel 2:2.
Las cosas santas en la Biblia:
1.        Adoradores santos. “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.” (Levítico 20:7)
2.        Separación se emplea en un sentido ritual.  
a.      Un objeto es separado (santificado) para un determinado oficio.
b.      Siendo santo, una persona u objeto es separado de una cosa (el uso normal, o el pecado),
c.       y separado a Dios y un uso especial y sagrado. 2 Ti. 2:21).
Siguiendo la idea de separación, el cristiano debe separarse continuamente de tres enemigos:
a.      El diablo (1 Pe. 5:8; Ap. 20:2) El “dragón” es asesino; la “serpiente antigua” es engañador; el “diablo” significa “acusador” en griego, y “Satanás” significa “adversario” en hebreo.
b.      El mundo (1 Jn. 2:17) Estamos en el mundo, pero no del mundo (Jn. 17:14-19) Nuestra fe vence al mundo (1 Jn. 5:4).
c.       La carne (Ro. 13:14; Gá. 5:16-17; Ro. 8:13) Se nota la obra del Espíritu Santo en todo esto.

La voluntad de Dios con respecto a la santidad:
ü  “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación;” (1 Ts. 4:3).
ü  “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”  (He. 10:10).
ü  “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,” (Ef. 1:4-5).
ü  “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” (Ro. 6:22).
Resumen de las ideas fundamentales y relacionadas con la “Santidad”:
·           Ser santo, como Dios es santo; Dios insiste al respecto “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.” (Lv. 19:2; 20:26).
·           Ser perfecto como el Padre celestial es perfecto; Jesús nos dice “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que esta en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48).
·           Somos llamados a ser santos todos los que invocamos el nombre de nuestro Señor Jesucristo; Pablo escribe “a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:” (1 Co. 1:2).

La triada de la santidad en el verdadero adorador es:
1.        Limpieza de toda inmundicia: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1)
2.        Separación del pecado: “Por lo cual salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor y no toquéis lo inmundo y yo os recibiré” (2 Co. 6:17); “Pues la Voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación” (1 Tes. 4:3).
3.        Dedicación para Dios: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” (1 Pe.1:15-16)

Responsabilidad y deber del Creyente:
·           Presentar su cuerpo santo. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Ro. 12:1-2)
·           Seguir la santidad. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” (He. 12:14)
·           Limpiar toda inmundicia. “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.” (1 Ti. 4:7)
·           Ser irreprensibles en santidad. “para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.” (1 Ts. 3:13)
·           Conservarse puro. “ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” (1 Ti. 5:22)

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación” (Salmo 24:3-5).
La santidad es un camino de vida que no se alcanza de una vez por todas; pues requiere un fuerte deseo renovado cada día, en cada instante, dejándonos santificar y modelar por la acción del alfarero divino.
La santidad es un proceso que nos va perfeccionando y uniendo cada vez más a Cristo, y en Cristo quedamos transformados en la perfecta vasija que Dios ha soñado para su pueblo y para cada uno de sus hijos.

La santidad de Dios significa que nunca se muestra neutral ante la desobediencia de sus hijos. El llamamiento a ser santo como Dios es santo perdura para los llamados en el nuevo Pacto (1 Pe. 1:15-16).

El cristiano debe caminar por la senda de la santidad, para alcanzar las moradas celestiales.
Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...