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domingo, 20 de marzo de 2016

La iglesia ha sido intervenida por los religiosos carnales.


“Y todo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,” (Efesios 1:22, LBLA).
 “y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.” (1 Corintios 3:23, LBLA).
 “sino que, hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo,” (Efesios 4:15, LBLA).
“y habéis sido hechos completos en El, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad; …” (Colosenses 2:10, 19, LBLA).
“Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.” (1 Corintios 11:3, LBLA).
La Palabra de Dios nos enseña que Jesús, “el Cristo”, es la autoridad máxima de la congregación de Dios en la tierra, no hay autoridad terrenal que este al mismo nivel y menos superior a la autoridad de Jesucristo, “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” (Mt. 28:18) y “nadie puede colocar otro fundamento además del que está colocado, el cual es Jesucristo.” (1 Co. 3:11), el Todopoderoso en su voluntad y soberanía “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Flp. 2:9-11). En las horas más amargas Jesús “Retirándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa.  Pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (Mt. 26:39, Peshitta). El mismo lo enseñó “Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió.” (Jn. 6:38 NVI). La soberanía de Dios representa la capacidad de poner en práctica su santa voluntad o supremacía. Es deber de todo adorador en espíritu y en verdad someterse a la voluntad del Creador y acatar la soberanía del Todopoderoso y Eterno.
En las Escrituras leemos “Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos.” (Mt. 22:14 RVG), este texto nos da a entender que existe tres grupos de personas a los ojos de Dios: los no llamados, los llamados y de estos los escogidos. En los escritos del apóstol Pablo encontramos estos tres grupos identificados como: el hombre natural (1 Co. 2:14), el hombre carnal (1 Co. 3:1) y el hombre espiritual (1 Co. 2:15).
El hombre natural vive de acuerdo con lo natural. Su intelecto y sus emociones lo gobiernan, es inconverso. No percibe las cosas del Espíritu de Dios; porque le son insensatez; ni las puede conocer, por cuanto se disciernen espiritualmente. El “hombre natural” es completamente incapaz para entender las cosas reveladas, porque no ha recibido al Espíritu que es de Dios. Jesús dijo, "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn. 3:3).
La frase "hombre carnal" fue usada por primera vez en el texto bíblico de 1 Co. 3:1, se refiere a cristianos que no han crecido espiritualmente, o personas inmaduras espirituales, o sea, un hombre carnal es un niño en las cosas espirituales, propenso a cometer errores. El cristiano carnal es uno que no ha nacido en el Espíritu, está dominado aun por los deseos de la carne, vive de acuerdo a la vieja naturaleza, no obedece a la voluntad de Dios, no crece espiritualmente, no madura y no se puede cuidar a sí mismo, por lo tanto, no puede agradar a Dios, (Romanos 8). No sabe distinguir entre el bien y el mal, se guía más por las intenciones del hombre natural, dejando a un lado las cosas espirituales.
Un corazón no transformado y una vida de carnalidad llevará a los hombres o mujeres al infierno. “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Ef. 5:6).  La carnalidad del hombre no es removida por medio de la conversión, debe ser removida por medio de la obra de santificación, Pablo dice, "pues la voluntad de Dios es vuestra santificación" (1 Ts. 4:3). El hombre o mujer carnal esta siempre en conflicto con la Voluntad de Dios (Gá. 5:17, Ro. 8:7); es la fuente del pecado (Jer. 17:9, Mr. 7:21-23); se desvía constantemente de Dios (Jer. 8:4-5); siempre está al borde de lo prohibido (Ro. 7:5-8, 14-25).
El hombre o la mujer espiritual crucifica continuamente los deseos de la carne, ha recibo al Espíritu Santo y está viviendo bajo su dirección, es un ser espiritual, lo discierne todo, anda en el Espíritu, todo lo hace bajo el control del Espíritu, busca la perfección en el diario vivir y va alcanzando la madurez a medida que su amor por Dios crece hasta lograr la aprobación de Dios. Se esmera en agradar al Eterno y Soberano, se esfuerza vivir conforme al corazón de Dios.
Casi al termino del sermón del monte, Jesús dijo lo siguiente “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mt. 7:21-23).
En las palabras de Jesús, podemos notar, que existen dos clases de creyentes en el interior del Cuerpo de Cristo: los que HACEN LA VOLUNTAD DEL PADRE, son los que por esencia hacen de la obediencia su norma de vida y los que se GUIAN POR SU PROPIA VOLUNTAD, son aquellos que acomodan los ritos o prácticas religiosas a sus intereses personales.
Este segundo grupo, por sus manifestaciones son los que tienen cierta notoriedad entre los neófitos de la fe o los incautos, debido a que encandilan a estos últimos por la falta de experiencia en cuanto al discernimiento entre el bien y el mal; manipulan los sentimientos de las personas que buscan solucionar una crítica necesidad, estas personas desvalidas son atraídas por una falsa expectativa de fe y la mantienen en una burbuja del falso espiritualismo. Este tipo de personas se han minimizado en el interior del Cuerpo de Cristo para satisfacer sus propias concupiscencias o deseos de la carne, y sacar ganancias personales de acuerdos a sus intereses que van desde el poder autoritarista a la usura económica, desde subyugación de las personas al culto céntrico de su persona; Se visten de religiosidad, aparentan piedad, sin embargo, son lobos rapaces que hurtan, dañan y dividen el Cuerpo de Cristo. Todas estas obras, son hechas por los “hacedores de maldad”.
Con sus obras descreditan la Iglesia de Dios en Cristo Jesús en la tierra y no permiten que el mundo crea en el verdadero Mensaje de Jesús, más que servidores de Dios son discípulos de satanás. 
Teniendo en cuenta esta realidad de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, el hombre carnal ha intervenido la soberanía de Dios en los asuntos de la Iglesia, relegándolo a asuntos secundarios, posicionándolo en un segundo plano; se deleitan en hacer su propia voluntad, imponiendo su irritante autoritarismo humanista a conveniencia propia; distorsionan el Mensaje de Jesús por las migajas del relativismo moral imperante; acomodan los principios primarios de la enseñanza del Maestro de Galilea por la liviandad de un espiritualismo sin fundamento, que satisface el exterior de los que acuden a ellos pero nunca solucionan los problemas interiores del hombre o mujer; han farandulizado los cultos de adoración, con reuniones que solo embrollan, con la que se pretende engañar o confundir a los que están buscando con corazones confundidos y contritos a Dios; se han vueltos activistas o simples proveedores religiosos, terminan disfrazando la verdadera misión y propósito de la iglesia con acciones individuales o una institucionales de manera cotidiana, como parte de sus obligaciones, tareas o funciones que su final es desviar a los adoradores del centro de su fe que es Cristo.
Son expertos para imponer dogmas sectarista y hábitos seculares con ropaje de religiosidad que van corroyendo los principios fundamentales de la fe en Cristo; se han instalado cómodamente, han convertido los dones espirituales en una trata comercial, han olvidado que para prosperar en la Iglesia de Cristo, primero hay que negarse a sí mismo y segundo hay que tener un espíritu de servir antes de ser servido; omiten o se olvidan de la enseñanza suprema del Maestro Jesús “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” (Jn. 13:14-17).
No olvidemos que Dios, está buscando personas que tengan las mismas cualidades que Él halló en David, hombres y mujeres “conforme a su corazón” (1 Sa. 13:14), “Porque los ojos de Dios contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.” (2 Cr. 16:9).

La iglesia de Dios, en Cristo Jesús, debe cumplir imperiosamente la voluntad del Padre que está en los cielos, Él ha establecido que la única cabeza de su iglesia es Cristo Jesús (Ef. 1:22), además, El mismo “y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia.” (Jer 3:15), para que las apacienten, no teman, ni se amedrenten, ni sean menoscabadas (Jer, 23:4). El hombre nunca debe olvidar que es un simple colaborador de Dios y los miembros de cada iglesia local “labranzas de Dios, edificio de Dios”. (1 Co. 3:9); por lo tanto, “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.” (1 Co 4:2). El deber del genuino servidor de Dios es “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pe. 5:2-4). 

viernes, 11 de diciembre de 2015

La Edificación del Cuerpo de Cristo (Parte IV)

¿Cuáles deben ser nuestras acciones para edificar la Iglesia de Jesucristo?

Antes de analizar o evaluar el tipo de acciones que podemos emprender para edificar la Iglesia de Jesucristo, debemos saber el significado de “discernir”, según las palabras griegas, discernir es la habilidad de distinguir o separar con el fin de investigar y examinar exhaustivamente. El discernimiento es considerado un rasgo de espiritualidad y madurez (1 Corintios 2:14,15). El escritor de Hebreos explica que las personas son maduras “por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:4).
Debemos discernir, en su definición más simple, el discernimiento es la habilidad de poder decidir entre la verdad y el error, lo bueno y lo malo. El discernimiento es el proceso de hacer distinciones cuidadosas en nuestra mente sobre la verdad. En otras palabras, la habilidad de pensar con discernimiento es sinónimo a la habilidad de pensar bíblicamente. Para poder tener buenos resultados en los procesos de discernimiento que nos vemos implicados, nuestra base debe estar fundamentada en la Palabra de Dios.
Por lo consiguiente, debemos entrar en un proceso de discernimiento con respecto a nuestras acciones donde está involucrada la edificación de la Iglesia de Jesucristo. ¿Qué es prioritario la edificación de templos o la iglesia de Jesucristo? La iglesia del Señor Jesucristo se edifica en vidas transformadas por su obra redentora, en logro de la madurez espiritual de sus miembros, en la capacidad que estos asuman con responsabilidad sus deberes como servidores de Cristo, tengan la eficacia de expandir el reino de los cielos de acuerdo a la voluntad de Dios.
Sin embargo la realidad en las diversas comunidades cristianas, se puede contactar que un gran porcentaje de sus miembros son meros espectadores, sin responsabilidad espiritual, sin identidad de siervos de Jesucristo, sin capacidad de asumir tareas espirituales debido a que sus cimientos no son sólidos, duermen en la indiferencia religiosa, legalista, dogmáticas; sus líderes están más abocados en buscar títulos lisonjeros (Job 32:21 SRV) que realizar acciones donde debe comprometerse un genuino siervo de Dios. (Romanos 12:1-2; 2 Corintios 3:5; Filipenses 2:3-4;  1 Pedro 5:5-6).
La palabra de Dios nos da las directrices por donde procesar nuestras acciones en la edificación de la Iglesia de Jesucristo:  
1.    Edificar sobre el fundamento apostólico (Efesios 2:19-21), el fundamento de Dios está firme. (2 Timoteo 2:19),  la base de todo ya está construida y nadie puede construir otra porque esa base es Jesucristo. (1 Corintios 3:11).
2.    Discipular a los recién convertidos (Mateo 28:19), el verdadero discípulo de Jesús es aquel que permanece en su Palabra. (Juan 8:31) y es  idóneos para enseñar también a otros (2 Timoteo 2.2), en cumplimiento al mandato dado por nuestro Maestro Jesús (Mateo 28:20).
3.    Perfeccionar a los Santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo (Efesios 4:12, 13), el N.T. enseña que el creyente es perfecto y que se halla en el proceso de ser perfeccionado (Filipenses 1:6; 3:12, 15; Hebreos 10:1; 11:40; 12:23; Santiago 1:4), a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. (Colosenses 1:28).
4.    Fomentar una relación fraternal entre los santos (Romanos 15:2), para la ayuda mutua (Efesios 4:16, 29; Romanos 12:13), negándose a sí mismo. (1 Corintios 10:24). El salmista en 133:1 escribió “Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía.”, una de las características del amor fraternal es la armonía.
5.    Instar a buscar dones espirituales (1 Corintios 14:12), porque cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común (1Corintios 12:7), deseando ardientemente los mejores dones. (1 Corintios 12:31; 14:12).  La iglesia fue edificada sobre la base del poder de Dios (1 Corintios 2:1-5) manifestándose dentro de su pueblo; lo que demostró que Jesús vivía y estaba presente (Juan 15:5; 14:20).
6.    Ejercitar los dones espirituales (1 Corintios 14: 4, 5, 26), no descuidando el don espiritual. (1 Ti 4:14), avivando el don de Dios. (2 Timoteo 1:6).
7.    Evitar el legalismo religioso (1 Timoteo 1:4), no cargar a la gente con reglas más difíciles de lo que ellos pueden cumplir (Mateo 23:2-4; Lucas 11:46), evitando las discusiones profanas e inútiles, y los argumentos de la falsa ciencia. (1 Timoteo 6:20).
8.    Promover el amor que edifica a la iglesia (1 Corintios 8:1), es mandado por Jesús, y es el distintivo de los verdaderos discípulos. (Juan 13:33-34), si los hermanos se aman unos a otros, se hacen el bien entre ellos, la iglesia se edifica (1 Pedro 1:22).
9.    Cultivar la Koinonia en la iglesia (Hechos 2:42; 4:32), animando actitudes individuales que contribuyan a la unidad y edificación (Efesios 4:1-3), impulsando los valores de respeto, consideración y fraternidad (Filipenses  2:1-4), fomentando la comunión, el compañerismo, (Hechos 2:44-46; 4:32). no haciendo acepción de personas (Colosenses 3:1), hablando positivamente de la iglesia y de sus miembros (Filipenses 2:14).
10. Servir a nuestros hermanos en la fe  con los talentos que el Señor nos ha dado (1 Pedro 4:11), con orden. (1 Corintios 14:26, 40), promoviendo todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación. (Romanos 14:19).
11. Reconocer a quienes trabajan y dirigen en esta forma, edifica a la iglesia, y es señal de edificación. (madurez, crecimiento) (1 Tesalonicenses 5:12-13), ponerse a disposición de aquellos que se han dedicado a servir a los creyentes (1 Corintios 16:15-16), expresar reconocimiento (1 Corintios 16:17-18).
12. Hacer realidad las prácticas que son fundamentales en el Reino de Dios (Mateo 25:42-45), la actitud debe ser como la de Cristo Jesús. (Filipenses 2:5), lo más importante es ser siervo de los demás (Mateo 23:11), demostrando así que somos ejemplo viviente de la enseñanza de Jesús.
13. Los santos en Cristo necesitan crecer en Cristo (Hebreos 5:12),  para presentar defensa de la fe. (1 Pedro 3:15), hasta que estemos todos unidos en lo que creemos. (Efesios 4:13), creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pedro 3:18). 
Estas y otras acciones debemos tener en cuenta al edificar la iglesia de Jesucristo, tener cuidado de que tanto el fundamento, como la calidad de los discípulos sean aprobados delante de la presencia de Dios. Que nuestras acciones sean los que Dios estipula para así recibir la aprobación divina. Todas nuestras acciones deben estar orientadas a desarrollar el crecimiento espiritual en forma integrada. Promover el crecimiento espiritual de la iglesia a través de la edificación mutua. Así lograremos una edificación saludable de la Iglesia de Jesucristo
La iglesia crece, cuando todos sus componentes cumplen con lo estipulado por Dios a través de las Escritura, lo hacen con responsabilidad y dedicación en el lugar para lo cual fue llamado.
Algunas consideraciones para que prospere la obra de una iglesia:
1) Deben despertar los dormidos.
2) Cada uno debe ocupar su lugar de acción de acuerdo a su capacitación dada por el Espíritu Santo.
3) Actuar como un siervo de Dios.
4) Tener un espíritu de servicio, para engrandecer la obra de Cristo.

Juan Salgado Rioseco

martes, 8 de diciembre de 2015

Edificación del Cuerpo de Cristo (Parte III)

¿Cómo debe ser nuestra acción por la Edificación del Cuerpo de Cristo?

Acción, originado en el vocablo en latín “actio”, el concepto de acción se refiere a dejar de tener un rol pasivo para pasar a hacer algo o bien a la consecuencia de esa actividad. Encierra un significado que traduce dejar de encontrarse en un estado pasivo, por lo cual, al dejar de estar en pasividad, se dice que se está activo, que se encuentra haciendo, sea cual sea la acción o acto que se esté haciendo, por ejemplo, “dejó de dormir para levantarse y luego ir a trabajar”. Según lo definió el filósofo Max Weber, puede ser denominada así toda conducta humana cuyo motor sea subjetivamente significativo y que tenga como efecto cambios valiosos en el medio en que se desenvuelve, trabaja, estudia o habita.
Los seguidores de Cristo deben ser entes activos en el lugar que se encuentran, deben ser el agente determinante para expandir y transformar las personas para que lleguen a ser discípulos del Maestro de Nazaret, (1 Pedro 2:9). Las actividades del Cuerpo de Cristo no dependen solo del liderazgo eclesiástico o de un grupo exclusivo excluyente, (al decir que algo es excluyente significa decir que ese algo no incluye a todo lo que posiblemente podría incluir), sino es deber de todos de producir acciones  incluyentes, una condición indispensable para promover el derecho a la igualdad y no discriminación entre los miembros del Cuerpo de Cristo (Romanos 2:11); la iglesia de Cristo necesita imperiosamente acciones incluyentes donde todos estén involucrados en la proclamación del evangelio de Cristo con el único propósito de dar cumplimiento en forma cabal la gran Comisión (Marcos 16:15; Mateo 28:19-20).
Si Dios no hace acepción de personas (Deuteronomio 10:17), porque entonces, conscientes o inconscientes, está presente en las acciones de sus seguidores, por lo consiguiente, actitud que produce más daño en las interrelaciones en el interior del Cuerpo de Cristo; la palabra utilizada para acepción en el nuevo testamento es la palabra griega # 4381 de la concordancia Strong’s  “προσωπολήπτης”: alguien que muestra parcialidad o favoritismo. De acuerdo a la real academia española, acepción de personas es: “Acción de favorecer o inclinarse a unas personas más que a otras por algún motivo o afecto particular, sin atender al mérito o a la razón.”, por qué entonces, entre los miembros de las iglesias o comunidades cristiana  existe esta condición en forma transversal. Una de la prioridades en la edificación del Cuerpo de Cristo, se debe evitar la acepción de personas entre los discípulos de Cristo o en otra forma la discriminación, que se entiende como un trato desigual, en forma de distinción, restricción y/o pertenencia, que disminuye la capacidad de acción e identificación con el Cuerpo de Cristo.
Debemos tener siempre presente los consejos las palabras de Moisés en su recordatorio al pueblo de Dios, “No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos.” (Deuteronomio 16:19), en especial los miembros que ejercen algún cargo dentro de la iglesia o los que están por eminencia, el principio fundamental entre las relaciones, es tener presente, ante el titulo o cual cargo, es que primero todos en forma incluyente somos hermanos en Cristo como lo escribió el apóstol de los gentiles a  los miembros de la iglesia de Colosas, término que utiliza 133 veces en sus cartas.
Jesús enseña que la relación espiritual es más importante que la relación carnal, o la relación que se establece por el sistema institucional por la cual se organiza y se conduce alguna comunidad cristiana; y la relación con Cristo se establece solamente por medio de hacer la voluntad de Dios: "todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano... ", esta premisa debe ser el cimiento en la edificación del Cuerpo de Cristo. Job escribió: “Él os reprochará de seguro, Si solapadamente hacéis acepción de personas.”(13:10); “No haré ahora acepción de personas, Ni usaré con nadie de títulos lisonjeros.” (32:21); recordando las palabras con respecto a nuestro modelo Jesús “Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.” (Lucas 20:21).

Que más apropiado para evitar estos conflictos de discriminación dentro del Cuerpo de Cristo, que poner por obra el consejo de Jacobo, el hermano de nuestro Señor Jesucristo “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.” (Santiago 2:1).
Juan Salgado Rioseco

martes, 26 de junio de 2012

Un Liderazgo Cristiano integro

El mundo contemporaneo en las últimas décadas ha ido generando grandes cambios, los que en este último tiempo se van acelerar con los diversos Tratados de Libre Comercio entre diversas naciones del orbe. Los diferentes estratos sociales se han visto obligado a buscar nuevas vías de liderazgo para posecionarse en mejor forma para enfrentar los cambios que se avecinan: políticos, sociales, educacionales, tecnológicos, etc. La iglesia, inserta en esta sociedad, se ha visto obligada a efectuar cambios, en algunas oportunidades con resquemores o recelos, en otras con cierto consentimiento, lo que le ha producido romper con ciertos formulismos y rituales religiosos. Pero gran parte de ella aun conserva ciertas reticencias a estos cambios por diferentes factores que en ellos inciden.

Uno de los factores que influyen en esta desconfianza, es la de no sentirse preparada y a la vez sus dirigentes no están aptos para enfrentar estos aires de cambios, debido a que el tipo de Liderazgos que los rigen, no tienen la preparación, ni capacitación necesaria, ni personalidad, ni voluntad suficiente para enfrentarlos.

El liderazgo religioso de muchas comunidades se ve enfrentado a dos disyuntivas, que imperiosamente se tienen que abordar: la educación y la acción. La educación,  a través de ella, los más aptos tendrá el privilegio de asumir roles de autoridad y representación. La acción, vía por la cual se deberán proyectar las políticas adecuadas para hacerse oír y tener la habilitación de su autoridad representativa.

La historia religiosa nos enseña que en todo tiempo y circunstancias Dios se ha valido de hombres de diferentes naturalezas y condiciones sociales, para llevar adelante su plan de redención, en lo personal, familiar y colectivo. Hombres como Abraham, José, Moisés, Josué, los Jueces, Samuel, David, los Profetas, Daniel, Nehemías. En la época neotestamentaria nos encontramos con Juan el Bautista, Pedro, Pablo, Santiago el Justo, Juan, Timoteo, Tito, entre otros. Mujeres como: Debora, Ruth, Ester, Febe, Prisca, Lidia, entre otras. Todas estas personas tenían algo en común: capacitados con un poder especial para cumplir su misión, dentro de sus respectivas sociedades y épocas.

Líder (Dirigente - Anciano "en una comunidad cristiana"), es una persona capaz de dirigir, dictar pautas, conducir grupos de personas tras ideales comunes. Un Líder es alguien que arrastra personas tras de sí, es respetado, escuchado y obedecido, posee cierto carisma lo que permite que las personas le escuchen, le obedezcan y la sigan.

Los líderes pueden hacer o deshacer una obra. Una comunidad con lideres de calidad siempre tendrá el potencial para emprender tareas con la seguridad en alcanzar las metas propuestas (Pr. 11:14; 15:22). Tendrá el vigor y la eficacia de seguir proyectándose en el futuro, utilizando estrategias y operaciones dinámicas con visión. Los líderes se forman, se capacitan, se preparan y no se improvisan o nacen, ni se imponen avalados por un autoritarismo sin fundamento bíblico.

Entre los diferente tipos de liderazgo, el más exigente, a la vez el que exige más, es el Líder espiritual, debido a su forma, y los objetivos plasmado en su accionar. El líder espiritual tiene que poseer ciertas características que lo distinguen del resto del pueblo, que son los factores que le permiten desarrollar principios para presidir al rebaño del Señor y conducirlo al cumplimiento del propósito de Dios: La vida eterna en el Reinado de Dios.

Las iglesias crecen en todas las áreas cuando son guiadas por líderes aprobados en todas las áreas, tanto en el conocimiento y espiritual, con el toque radiante de lo sobrenatural en su servicio. Sin dicho liderazgo la iglesia se hunde en la confusión y desazón natural. Los verdaderos líderes deben estar dispuesto a sufrir por amor a objetivos que sean suficientemente grandes como para exigir una sincera obediencia.

La diferencia entre el liderazgo natural y el espiritual:

Líder Natural                                                          Líder Espiritual

a.  Es autogobernado.                                           a. Consagrado a Dios.

b.  Confía en sí mismo.                                         b. Confía en Dios.

c.   Conoce a los hombres                                     c. Trata de conocer a Dios

d.  Hace sus propias decisiones                           d. Toma decisiones según la voluntad  
                                                                               de Dios.

e.  Es ambicioso                                                   e. Es modesto.

f.    Es egocentrista                                                f. Es Cristocentrico.

g.  Origina métodos propios                                 g. Busca los métodos de Dios y los sigue.
h.  Se dirige por propias convicciones                 h. Se deja dirigir por la Palabra de Dios.

i.    Le agrada dar órdenes                                    i. Se deleita en obedecer a Dios.

j.    Está motivado por consideraciones                j. Está motivado por el amor a Dios   

  personales                                                           y al hombre

k.   Es independiente.                                          k. Depende de Dios.

La cantidad de trabajo que conlleva el desarrollo de un liderazgo espiritual de calidad nunca tiene fin. Es un ciclo continuo de buscar líderes, prepararlos, cultivar su crecimiento espiritual, y entregarles el apoyo para que ejerzan su labor, motivarlos a continuar, a crecer con todas sus potencialidades y darles los espacios necesarios para que emprendan nuevos ministerios. Desarrollar y potenciar líderes es la mejor labor que una iglesia puede ejecutar, así la comunidad, se proyecta con gran potencial, se desarrolla saludable, crece dinámica y sé retroalimenta con nuevas perspectivas, a la vez asegura su existencia en el tiempo.

El liderazgo cristiano del punto de vista personal debe poseer  un carisma especial  que lo capacite para conducir la grey de Dios, avalada por su forma de llevar su fe en su comportamiento personal y comunitario:

   1.    Poseer idoneidad adecuada para ser un líder espiritual. (2 Tim. 2.2).

   2.    Consagración al Señor (Ro. 12:1-2)

3.    Una vida en comunión con Dios  - la hora devocional diaria- (Mc. 1:35; 1 Tm. 4:13).

   4.    Cumplir con las exigencias y responsabilidades de su cargo. (1 Ti. 3:1-7; Tit. 1:5-9 y  1 Pe. 5:1-4),

5.    Cualidades espirituales: Buscar la santificación en su propia vida (He. 12:14; 1 Ts. 4:1-8); Poseer cierta madurez espiritual  (Romanos 15:1-2);Buscar la perfección de los santos (Efesios 4:11-16); Ser ejemplos de fe (He. 13:7)

El apóstol Pablo a través de sus escritos nos entrega ciertas indicaciones para ejercer el liderazgo:

Ø  La valentía a la hora de dar testimonio (2Ti. 1:6-8).

Ø  Ser capaz de sufrir  (2 Ti. 1:8 b; 2:3; 4:5).

Ø  La fidelidad a la fe transmitida (1:13, 14; 2:15; 3:14).

Ø  El desinterés en cuanto a lo material (2:4).

Ø  Al amor al esfuerzo y al trabajo (2:5, 6).

Ø  La reflexión, la inteligencia (2:7).

  Ø  Una vida pura (2:19-22).

Ø  La paciencia (2:24).

Ø  La facultad de enderezar a los adversarios con suavidad (2:25).

Ø  El conocimiento de las Escrituras (3:15-17).

A través de los escritos del apóstol Pedro, podemos discernir sobre el Liderazgo cristiano:

      Ø  Tener cuidado con la grey del Señor  (1 Pe.5:2).

Ø  El liderazgo no debe ser ambicioso   (1 Pe. 5:2).

Ø  No debe ser dictatorial o autoritario.  (1 Pe. 5:3).

Ø  Debe ser ejemplo de la grey  (1 Pe. 5:3).

Ø  Revestirse con humildad  (1 Pe. 5:5).

Ø  Confiando en el Señor  (1 Pe. 5:7).

El buen Líder cristiano debe tener ciertas actitud permanente:

ü  Poner todos los aspectos de su vida subordinados a su meta.

ü  Tener una disciplina propia. (He. 12:11).

ü  Estar disponible.

ü  Estar dispuesto a tomar decisiones radicales.

Ø  El líder maduro sabe lidiar con las situaciones difíciles y poder tomar decisiones fuertes y basadas sobre principios bíblicos.

Ø  El motivo de las decisiones cruciales nunca debe ser los sentimientos negativos (enojo, envidia, orgullo, etc.), ni el legalismo, ni los personalismos. (2 Co. 2:16-23).

ü  Aprender a vivir con problemas. No desanimarse en momentos de dificultad. (Hch. 14:19-23).

ü  Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sufrir por amor a objetivos, que sean lo suficientemente grandes como para exigir una sincera obediencia. (Ro. 3:37-39)

Líder Cristiano  se debe a Jesucristo en primer lugar, a la iglesia de Jesús y a guiar personas que el Señor añade al Cuerpo de Cristo. La obligación moral – ética, debe ser siempre que la iglesia se encuentre preparada para asumir los roles que le corresponde dentro de una sociedad cambiante. La iglesia de Jesúscristo, nunca debe estar desprevenida, siempre alerta y preparada para enfrentar los peligros que la vida en sociedad le conlleva. La iglesia triunfante, es la que se enfrenta con éxito los vaivenes sociales, políticos, donde le toca actuar y desenvolverse.

Es de vital importancia para la iglesia, asumir con responsabilidad el compromiso de educar a los miembros del Cuerpo de Cristo, no como cosa necesaria, sino como deber al servicio de Dios.

Asumir la acción, con la confianza de encontrarse aprobada para el propósito que Dios les tiene asignada, dentro del lugar y el estrato social donde esta actuando.

Así la iglesia de Jesús no se verá acorralada por los abruptos sociales, morales, eticos que la sociedad en general o grupos en particular les quiera imponer o arrastar. La libertad se logra, actuando dentro de los principios de Dios, pero para actuar con seguridad, se debe primero conocer estos principios bíblicos, y no actuar en forma farisea de imponer dogmas o normas humanas a la iglesia de Jesús para mantenerla libre de estas corrientes de cambios, solo la debilitan o se amalgaman frente a ellos.

El liderazgo cristiano debe ser consecuente con sus principios, con Jesucristo y con la iglesia. Un lider que guía mal, corroe los fundamentos de la iglesia y la extravía de su caminar hacia la eternidad. Enfrentamos los cambios, pero estos deben estar de acuerdo a los principios eternos de Dios, solo sujetos a ellos la iglesia podrá llevar a cabo a su labor con exito y dignidad. Si enfrentamos los cambios con dogmas o normas humanas, la iglesia de Jesucristo será avasallada y corrompida, no solo desde afuera, sino del interior de ella misma. La iglesia debe proveeverse de Lideres aptos y aprobados por Dios, para que sea oída,  respetada e influyente.

JuanSalgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...