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domingo, 15 de septiembre de 2019

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (VI) Una actitud “integra” ante las Enseñanzas de Jesús.


I.                 VI.    Una actitud “integra” ante las Enseñanzas de Jesús.
“Arrimar la ascua a su sardina”, este refrán se refiere a aprovecharse de las circunstancias favorables o hacer un uso egoísta de determinada situación. Denota la inclinación que todos tenemos a defender lo que nos pertenece o en ocasiones lo que nos acomoda, que no es lo mismo.
Esta situación es común entre los predicadores de la actualidad: dejan a un lado la correcta interpretación de la Palabra de Dios ya sea por desconocimiento u omisión de los principios fundamentales de la interpretación bíblica; la gran mayoría solo busca lo que es más propicio para ellos, situación que está determinada por el conocimiento que se tiene de las enseñanzas primigenias del Maestro de Nazaret y la intencionalidad de inferir o inducir en la aplicación de ellas.
Es común escuchar “así me enseñaron”, “así lo predicaba mi pastor”, “es parte de la sana doctrina”, “lo he escuchado de varios predicadores”, etc., pero este tipo de predicadores nunca se han dado la tarea de indagar y menos estudiar si el texto bíblico está interpretado de acuerdo con lo que quiso escribir el autor, debido a que no tienen la diligencia ni la nobleza de depurar la tradición recibida con la sana interpretación y como un fiel dispensador de la Palabra de verdad.
En la sociedad actual, muchos de los que se autoproclaman predicadores acomodan la interpretación a sus propios intereses: para ser el más famoso, el más empático, el más aceptado socialmente, el que llena emocionalmente lo que se desean escuchar sus seguidores; tienen como finalidad  complacer las masas religiosas en sus demandas espirituales utilizando el espiritualismo, emocional místico y coyuntural lúdico de la fe, producto de la aculturación imperante en la mayoría de los que asisten a un culto religioso.
Los mercantiles de la fe han crecido exponencialmente con el individualismo y el consumismo, con el relativismo moral y el sincretismo religioso humanista, circunstancias que han aprovechado para saciar sus propias concupiscencias, dedicándose a los deleites de este mundo más que de Dios.
Con relación a los creyentes sincréticos en cuanto a la fe, son aquellos que han adoptado asimilarse a las circunstancias sociales en busca de espacios alternativos ajenos a los principios morales que rigen a los verdaderos Discípulos de Jesús, y de aquellos que han optado por el proceso de aculturación, fusionándose con tendencias contrarias a los fundamentos de la Iglesia de Cristo.
¿Cuál debería ser la actitud de aquellos que mantienen fieles a las enseñanzas primigenias del Mesías? Asumiendo como concepto que el término “primigenius” llegó a nuestra lengua como primigenio, un adjetivo que se aplica sobre aquel o aquello que es nativo u originario. Lo primigenio suele hacer referencia a un primer estado o a una etapa inicial de algo, o sea, que aquellos que mantienen la fidelidad a las enseñanzas de Jesús de Nazaret deben mantener una integridad  a  la “Palabra de Dios” revelada o enseñada desde el inicio por el “Movimiento de Galilea”, que el apóstol Pablo lo define como el “fundamento apostólico”; estar dispuesto a comportarse u obrar de acuerdo como un fiel transmisor de las enseñanzas del Maestro Jesús.
Para eso debe: estar en la posición de un verdadero convertido; tener la vocación, o sea consciente de las capacidades, intereses, potencialidades, recursos, producto del llamamiento divino; ser seguidor fiel, leal y de alta confiabilidad del camino de Jesús; alcanzar un acabado conocimiento del amor de Dios, comprensión del alcance del sacrificio de Jesús en la cruz, conocedor de la forma de obrar de la gracia de Dios; interpretar y enseñar rectamente la palabra de verdad, porque sabe analizar y exponer lo que Dios ha rebelado y que su hijo Jesús ha enseñado.
El intérprete de la Palabra de Dios debe vivir la fe, de fundamentar su conducta moral sobre la voluntad de Dios. Los criterios más importantes y fundamentales de los Predicadores que se mantienen en la sana doctrina son: recuperar y cuidar la ortodoxia de la doctrina apostólica; exponer el mensaje ético más cercano al Evangelio de la gracia de Dios; cultivar la verdadera koinonía dentro de las reglas de oro del evangelio de Cristo; aprender hacer solidario, este principio apunta a tener una obligación moral de buscar el bienestar común, sin egoísmos.
Los Predicadores de la sana doctrina, son una élite minoritaria, deben estar comprometidos con la causa de Cristo y no involucrados; debido a que son miembros del cuerpo de Cristo, llamados a “ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo”, por lo que “también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.” (Ro. 12:1, 5). El ser parte del cuerpo de Cristo exige un comportamiento ético, no sólo con otros cristianos, sino con las personas fuera de la iglesia. Como embajadores de Cristo, hemos sido enviados para reconciliar al mundo con Dios en Cristo (2 Co. 5:19-20). Estamos llamados a vivir vidas dignas del pacto que nos concedió la buena gracia de Dios. De esta manera daremos testimonio a Dios, que es amor que se entrega (1 Jn. 4:14-16). 
Aquellos que solo adoptan la actitud de “Arrimar la ascua a su sardina”, subvierten la causa del Ungido de Dios que servimos cuando explotamos o traicionamos la confianza de los hermanos en la fe; además desprestigian la honra de la Iglesia y corroen el fundamento apostólico.
El Dios eterno y santo, llama a todos los miembros que se comprometan de interpretar la sana doctrina, a vivir con los altos estándares éticos defendidos en las Escrituras y conforme a los principios primigenios de las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 5 de agosto de 2019

La Invasión y usurpación en los Púlpitos “CRISTIANOS”. (I) I. La comisión, el mensaje y el predicador.

El apóstol Pablo escribía que había “predicadores” que: “se han desviado algunos y se han apartado a palabrerías sin sentido; pretenden ser doctores de la ley, aunque no entienden lo que dicen ni lo que afirman.” (1 Ti. 1:6-7), haciendo una “Predicción de la apostasía”, “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, …” (1 Ti. 4:1-2); prevenía “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.” (1 Ti. 6:3-5); advertía “que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos…  que resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. Más no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos,… más los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.” (2 Ti. 3:1, 8-9, 13); aconsejaba a Timoteo “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Ti. 4:2-4).
Estos consejos del apóstol Pablo a Timoteo, tienen una gran validez en los tiempos actuales, al cual debemos tener presente, debido a que los “púlpitos” están siendo invadidos por una diversidad de tendencias que traen consigo unas series de “fuego extraño” desvirtuando la esencia del “Pulpito”, situación que los responsables de mantener la integridad primigenia de la doctrina que se debe transmitir no asumen sino omiten con displicencia, la realidad contractual o con sus decisiones aportan que los “pulpitos” sigan siendo invadido por inescrupulosos que van deteriorando el poder de la Iglesia de Cristo. 
I.                   La comisión, el mensaje y el predicador.
La Iglesia de Dios en Cristo Jesús tiene un mandato especifico de parte de su cabeza  “Id, por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Mr. 16:15),  el apóstol Mateo escribe “Id, y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:19-20). Estos dos imperativos siguen plenamente vigente; desde Jesús, el misterio de Dios ha sido revelado y reunido en Cristo, como consecuencia los judíos y gentiles han sido unidos en él, una revelación que no fue impartida a las generaciones anteriores; Dios se revela como un Dios que salva no solo a un pueblo sino a todos los que creen en su Hijo; desde Jesús la revelación es la plena participación de los gentiles en los propósitos  y privilegios de Dios como participes de la misma herencia con los judíos a través de la gracia de Dios.
Los propósitos de esta revelación es predicar a los gentiles las riquezas de Cristo y dar a conocer la sabiduría de Dios a los gobernantes y autoridades celestiales. Por lo tanto la responsabilidad de la Iglesia es proclamar las buenas nuevas de las inescrutables riquezas de Cristo sin mirar la condición étnica de los oyentes y hacer entender a las personas la responsabilidad ante tal revelación. Así lo explica el apóstol Pablo en su carta a los Efesios. 
La Iglesia de Efesios 3:1-13, es diferente a la Iglesia actual, a esta última se le considera una institución cada vez menos irrelevante e ineficaz en el cumplimiento de la responsabilidad encomendada por diversos factores, uno de los componentes esenciales es la ausencia de la Gracia de Dios y la unidad dentro de los propios cristianos. En esto último, el gran responsable de esta realidad son los liderazgos que han usurpado la autoridad de Cristo dentro de su Cuerpo, en vez de unir han proliferado la desunión, en vez de enseñar han implantado  un sistema donde la gran mayoría de los creyentes son incultos e iletrados de la Palabra de Dios, como consecuencia han debilitado los púlpitos para poder gobernar sin tropiezo. Una de las medidas que debe tomar la genuina Iglesia de Dios en Cristo Jesús es fortalecer el “púlpito” a través de hombres y mujeres que tienen la Gracia de Dios para compartir el Evangelio comisionado por el Maestro y la capacitación del Espíritu Santo.
El elemento esencial para esta labor son los llamados “Predicadores” o “Mensajeros de la Palabra”, los cuales deben estar aptos espiritualmente para cumplir su labor con dignidad con el solo propósito de cumplir la comisión entregada a la Iglesia.
Debemos tener presente que “Predicar” es anunciar, proclamar, llevar, compartir las buenas noticias de salvación, la cual debe ser guiada por el Espíritu Santo.
El Predicador debe tener presente en todo momento el ejemplo del apóstol Pablo, quien les anuncio el plan secreto de Dios a los Corintos, sin usar palabras elevadas ni de gran sabiduría; mientras estuvo con ellos se olvidó de todo, excepto de Jesucristo e hizo énfasis en su muerte en la cruz; no utilizo palabras astutas como las que se usan para convencer o manipular a la gente al anunciar el mensaje; reconoció que fue el Espíritu Santo quien con poder demostró que lo que les dijo era verdad con el propósito que la fe de los corintos convertidos se apoyaran en el poder de Dios y no en la sabiduría humana. Este ejemplo, nos enseña que el Predicador debe apoyarse en el conocimiento de las Escrituras, en el poder del Espíritu Santo y en el temor de Dios.
La Palabra de Dios, no debe ser interpretada ni enseñada de acuerdo con estratagema ni intereses humanos, ya sea, por desconocimiento u omisión o adulteración de ella. ¿quiénes son los responsables de transmitir la Palabra? Aquellos que han efectuado su profesión de fe, cumplen con la voluntad de Dios, creen en las verdades reveladas y enseñadas por la Iglesia, conocen el fundamento apostólico, se mantienen firmes, sin fluctuar en el camino trazado por Jesús, dispuesto a transmitir el mensaje  de salvación ordenado por el Maestro.
Es deber y obligación de la Iglesia de instruir que es Dios quien tiene que hablar a través de la Predicación y crear todos los medios necesarios para que el conocimiento, el desarrollo y la capacitación del ministerio de la Palabra alcance la eficacia que Dios requiere. La gente que vive sin la Palabra de Dios, aunque se congregue, son como tamo que arrebata el mundo, es por eso, que el Heraldo de Dios debe tener como primer requisito ser un convertido y consagrado a Dios; debe haber sido preparado en forma bíblica y haber sido capacitado sobre la composición, reglas de elaboración, contenidos, estilos, y correcta predicación, con la finalidad de que llegue a ser un Predicador de la Palabra eficaz.
Uno de los deberes del Predicador es efectuar con gran exactitud y precisión una interpretación de acuerdo a lo que inspiro el Espíritu Santo y comunicar con fidelidad el mensaje basado en las Sagradas Escrituras y en las enseñanzas de Jesucristo; uno de los principios fundamentales es no alterar o adulterar el contenido del mensaje, con la finalidad de mantener rigurosamente el mandato del Maestro de Galilea “de enseñar que guarden todas las cosas que él mando”, debido que la calidad de los seguidores de Jesús depende de la calidad de la enseñanza que le ha sido transmitida.
Una predicación debe provocar un cumulo de sentimientos y estímulos los cuales deben converger en un encuentro personal con Dios, provocar Fe, vivir en obediencia al Eterno, estimular amor al prójimo y a realizar buenas obras de acuerdo con la voluntad de Dios.
Una predicación que no está basada íntegramente en la Palabra de Dios es vacía, conduce a la proclamación de un “evangelio diferente” o al anuncio de “otro evangelio”; los predicadores de Dios, no deben basar sus argumentos en lo dicho por Lutero, Calvino, Wesley, Barth, Bultmann, Tillich, Dietrich Bonhoeffer u otros, sino deben “Predicar de lo que enseñó Jesucristo”, primero, porque somos de Cristo, segundo, nuestras predicaciones deben ser “cristo céntrico”. El apóstol de los gentiles en su tiempo insto a no ser de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas, sino de Cristo.
El mensaje debe ser claro, entendible y sobre todo fiel a las Sagradas Escrituras, teniendo presente la necesidad de los oyentes que se encuentran presente: de ser evangelizado, de ser edificado y preparado para su ministerio. También tiene la finalidad de ser un medio   para presentar defensa de la fe ante falsas enseñanzas, las fabulas, los dogmas humanos.
Todos los que confíen en el Señor serán salvos, sin embargo, ¿cómo van a confiar en el Señor si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír de él si no hay quien les proclame el mensaje fiel y verdadero? ¿Y cómo van a transmitir el mensaje eficaz si no hay quien les haya enseñado con fidelidad a la Palabra de Dios? Qué hermosa son las palabras de los que proclaman las buenas noticias de salvación con fundamentado en la enseñanza del Maestro Jesús. La Enseñanzas de Jesús deben ser guardadas y transmitida con fidelidad.

Cuando los que se han consagrado a Dios para servir a su Iglesia comprendan que son Heraldos del Rey de reyes y Señor de señores, cumplan fielmente su labor, serán más eficaces en arrebatar almas a satanás y traerá consigo que habrá menos renegados dentro de la familia del Cuerpo de Cristo, o sea, que la puerta giratoria dentro de la iglesia se ira deteniendo porque todos estarán siendo fundamentados por la Predicación de la Palabra de Dios.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 16 de abril de 2018

“COLABORADOR O UNA LABRANZA EN LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA”.



“…sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1 Timoteo 3:15)
La RAE define como columna a “Persona o cosa que sirve de amparo, apoyo o protección.”, y baluarte se refiere como “a aquello que, en sentido figurado, sirve de amparo o defensa de algo”. Podemos definir que la casa de Dios, son los llamados y justificados del Dios viviente, que sirven para amparar, apoyar y proteger al sediento de la fe verdadera, además de defender la verdad de Cristo.
El término en la Biblia que se usa para referirse a la acción de desarrollar el crecimiento espiritual es "edificación”, en el sentido literal, esta palabra se emplea para describir un edificio (Mt. 24:1; Mr. 13:1,2). Edificación es la traducción española de la palabra griega "OIKODOME", esta palabra se compone de dos partes: “OIKOS”, una casa, y “DEMO”, construir. En el sentido figurado, la edificación se refiere a lo que promueve el crecimiento espiritual de la iglesia (Vines, vol. 2, p. 10), la cual es la casa de Dios.
El Nuevo Testamento nos enseña que el Señor Jesús prometió edificar su propia Iglesia con la promesa que ni las puertas del Sheol no podrían vencerla (Mt. 16:18); Él es el verdadero cimiento, Pedro mismo lo declaró que Jesús el Mesías era la Roca de fundamento, (1 Pe. 2:4-8), Pablo lo afirmaba categóricamente “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesús el Mesías” (1 Co. 3:11); profetizada cientos de años antes por Isaías “por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.” (28:16).
Una de las acepciones de la palabra “cimiento” es “Principio u origen en que se asienta una cosa no material.” como sinónimo “fundamento, base, raíz, origen, principio”, podemos declarar que El Señor Jesús, el Mesías, es el cimiento de la Iglesia del Dios viviente.
Dios, el creador, es el constructor y el primer edificador de su pueblo por excelencia (He. 3:4), en el Sal. 127:1 dice: "Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia."; El es el que da el crecimiento (1 Co. 3:7), los hombres y mujeres que han propuesto sus vidas para servirle solamente son simples colaboradores (1 Co. 3:9), a los cuales les ha encomendado la sobre edificación de su iglesia (1 Co. 3:10-15), por lo cual recibirán su recompensa conforme a su labor (3:8); “El mismo”, por su poder supremo, “él es quien dio” la forma de capacitación para equipar a los Santos de Dios para la obra de servicio que edifica al cuerpo del Mesías (Efesios 4:11-13); los miembros de este cuerpo son una comunidades de iguales donde no existe la acepción de personas, el apóstol Pablo así lo escribió “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Ga. 3:28). “Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.” (1 Co. 12:12-14). 
La Iglesia como “edificio” espiritual está en continua construcción, “…Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo…” (1 Pe. 2:5), es un proceso continuo en el que toda la iglesia debe estar involucrada. Pablo, llamó a este proceso “el perfeccionamiento de los santos” (Ef. 4:12) “…A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio…”, en el cual debemos tener cuidado como construimos (1 Co. 3:10b).
La Iglesia debe edificarse en la excelencia y la integridad, “debe llevar fruto en toda buena obra y crecer en el conocimiento de Dios”. (Col. 1:10); debe vivir en plena convicción de esta siendo edificado por Jesucristo (Mt. 16:18), como cumplimiento de una promesa divina (Is. 55:11), con un propósito glorioso (Ef. 5:25-27), por lo tanto, ninguno puede colocar otro fundamento, debido a que la base de todo ya está construida y nadie puede construir otra porque esa base es Jesucristo (1 Co. 3:11).

Colaborando en la edificación de la iglesia de Dios.
“Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.” (1 Corintios 3:9).
El término usado por Pablo para colaboradores es “sunergos”. El prefijo “sun”, significa “juntamente”. Y “ergos”, es, de por sí, más importante pues se refiere a “la energía de Dios”. Así, para Pablo no solo hacemos con Dios, sino que lo hacemos animados y fortalecidos por la energía divina; es decir, movidos, fortalecidos y guiados por el poder de su Espíritu Santo. De “sunergos”, deriva la palabra “sinergia” que significa literalmente: acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales.
En la edificación de la iglesia de Dios en Cristo Jesús, en la cual todos los santos participan colaborando conforme al fortalecimiento de Dios, quien nos la razón, dirección y contenido a nuestra vida; la colaboración que realizamos debe hacerse “para edificación.” (1 Co. 14:26). Los colaboradores prestan su servicio en el campo de cultivo de Dios, en la construcción que pertenece a Dios. Por lo tanto, en el Cuerpo de Cristo, algunos son colaboradores y otros son simplemente labranza en el edificio de Dios.
El servicio de los colaboradores, es una obra común y mutua, en la que cada uno edifica al otro dándole su pleno valor en el edificio y recibiendo del otro ayuda y fuerza (Ro. 14:19; 15:2; 1 Ts. 5:11; Judas 20); utilizando el discernimiento de los carismas (1 Co. 14:12, 14-15), lo que implica que debemos permanecer “arraigados y edificado” en Cristo (Col. 2:6); el fuego probará el último día la calidad de los materiales empleados (1 Co. 3:12-15).
Es responsabilidad y deber de todos los “colaboradores santos” hacer realidad la comunión a través del amor fraternal y de trabajar en equipo en una tarea común, infundiendo en otros con el buen ejemplo, para edificar a la Iglesia (1 Ti. 3:7; 1 Co. 10:32), debido a que no son extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19). Estos “santos” son llamados a seguir construyendo sobre una base sólida que fue edificada inicialmente por apóstoles, profetas y los padres de la Iglesia aun con su propia sangre, teniendo siempre presente que Cristo es la piedra angular de esta construcción, por lo tanto, en unión con El, el edificio completo y bien coordinado crece hacia el templo santo de morada en Dios, en el cual los “santos” llegan a formar parte de esa morada donde Dios vive mediante su Espíritu. (Ef. 2:20-21).
Los materiales que se utilizan en la edificación de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús son: animación y edificación los unos a otros (1 Ts. 5:11); preocupación que ninguna palabra corrupta salga de nuestras bocas, sino la que sea buena para edificar según la necesidad, palabras que beneficien a aquellos que las oyen. (Ef. 4:29); obrar con justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Ro. 14:17-19); agradar a su prójimo en lo que es bueno, según lo que es para edificación, (Ro. 15:2); buscar anhelantemente los dones del Espíritu Santo, especialmente lo que edifique a la Iglesia.  (1 Co. 14:12).
Una labor primordial en la edificación de la iglesia, es mantener el “espíritu primigenio”, en la transmisión de la enseñanza de Jesucristo, enseñando a obedecer todo lo que Jesús ordenó (Mt. 28:20); discipular en los primeros rudimentos de la Palabra de Dios, la “leche espiritual pura” a los recién convertidos (1 Pe. 2:2); instruir a los fieles que sigan la verdad en amor (Ef. 4:15-16); instar que no sean perezosos ni flojos ni tardos para oír las cosas de Dios (He. 5:11), o serán personas inexpertas, que no podrán reconocer el bien (He. 5:13) y se podrán en una posición de peligro para ser arrastrado por estratagemas de hombre, como un barco a la deriva arrastrados por cualquier nueva enseñanza de quienes buscan engañarnos con sus trampas (Ef. 4:14).
La iglesia de Dios se edifica a través del conocimiento, este trabajo debe ser perseverante y constante hasta que estemos todos unidos en lo que creemos y conocemos acerca del Hijo de Dios. La edificación es especialmente necesaria a los nuevos conversos (Hch. 11:22-23, 26; 14:21-22), no olvidemos que somos edificados por la Palabra de Dios (Hch. 20:32) y por el amor (1 Co. 8:19). Nuestra meta es convertirnos en gente madura, vernos tal como Cristo y tener toda su perfección (Ef. 4:13). 
Uno de los propósitos en el crecimiento es que genuino creyente alcance la “madurez espiritual”, esto se logra a través de parecernos cada vez más a Jesucristo. Después de la salvación, cada cristiano comienza el proceso de crecimiento espiritual, con la intención de ser más maduro espiritualmente. Según el apóstol Pablo, es un proceso continuo que nunca terminará en esta vida (Fil. 3:12-14). La clave de la madurez es la coherencia y la perseverancia en hacer aquellas cosas que sabemos que nos acercan a Dios. Estas prácticas son conocidas como las disciplinas espirituales e incluyen cosas tales como lectura y el estudio de la biblia, la oración, la comunión con los hermanos, el servicio y la administración. Debido a lo anterior, a los creyentes que demuestran vocación de servir a Dios, deben ser equipados con los conocimientos y las capacidades del hombre nuevo, en el aprendizaje, enseñanza, capacitación y especialización; instruidos a servir fraternalmente por el bien de la iglesia (1 Co. 3:5-8; Fil. 4:2) con la finalidad de edificar la iglesia como casa espiritual y sacerdocio santo.  (1 Pe. 2:5), con un Liderazgo que tenga autoridad positiva en beneficio de la iglesia. (2 Co. 10:8: 13:10). Por lo tanto, todos los miembros del Cuerpo de Cristo deben congregarse continuamente en el Cuerpo de Cristo. (He. 10:24-25; Mt. 6:33) para crear hábitos de orden, respeto, reverencia, entusiasmo. (1 Co. 14:26, 40). La esencia de la madurez espiritual es el ser eficaces y fructíferos en el conocimiento del Señor Jesús.

Acciones para la Edificación del Cuerpo de Cristo.

“Acción”, originado en el vocablo en latín “actio”, el concepto de acción se refiere a dejar de tener un rol pasivo para pasar a hacer algo o bien a la consecuencia de esa actividad. Encierra un significado que traduce dejar de encontrarse en un estado pasivo, por lo cual, al dejar de estar en pasividad, se dice que se está activo, que se encuentra haciendo, sea cual sea la acción o acto que se esté haciendo, por ejemplo, “dejó de dormir para levantarse y luego ir a trabajar”. Según lo definió el filósofo Max Weber, puede ser denominada así toda conducta humana cuyo motor sea subjetivamente significativo y que tenga como efecto cambios valiosos en el medio en que se desenvuelve, trabaja, estudia o habita.

Antes de analizar o evaluar el tipo de acciones que podemos emprender para edificar la Iglesia de Jesucristo, debemos saber el significado de “discernir”, según las palabras griegas, discernir es la habilidad de distinguir o separar con el fin de investigar y examinar exhaustivamente. El discernimiento es considerado un rasgo de espiritualidad y madurez (1 Co. 2:14,15). El escritor de Hebreos explica que las personas son maduras “por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He. 5:4).

Debemos discernir, en su definición más simple, el discernimiento es la habilidad de poder decidir entre la verdad y el error, lo bueno y lo malo. El discernimiento es el proceso de hacer distinciones cuidadosas en nuestra mente sobre la verdad. En otras palabras, la habilidad de pensar con discernimiento es sinónimo a la habilidad de pensar bíblicamente. Para poder tener buenos resultados en los procesos de discernimiento que nos vemos implicados, nuestra base debe estar fundamentada en la Palabra de Dios.

Por lo consiguiente, debemos entrar en un proceso de discernimiento con respecto a nuestras acciones donde está involucrada la edificación de la Iglesia de Jesucristo. ¿Qué es prioritario la edificación de templos o la iglesia de Jesucristo? La iglesia del Señor Jesucristo se edifica en vidas transformadas por su obra redentora, en logro de la madurez espiritual de sus miembros, en la capacidad que estos asuman con responsabilidad sus deberes como servidores de Cristo, tengan la eficacia de expandir el reino de los cielos de acuerdo con la voluntad de Dios.

Sin embargo la realidad en las diversas comunidades cristianas, se puede contactar que un gran porcentaje de sus miembros son meros espectadores, sin responsabilidad espiritual, sin identidad de siervos de Jesucristo, sin capacidad de asumir tareas espirituales debido a que sus cimientos no son sólidos, duermen en la indiferencia religiosa, legalista, dogmáticas; sus líderes están más abocados en buscar títulos lisonjeros (Job 32:21 SRV) que realizar acciones donde debe comprometerse un genuino siervo de Dios. (Ro. 12:1-2; 2 Co. 3:5; Fil. 2:3-4; 1 Pe. 5:5-6).

La palabra de Dios nos da las directrices por donde procesar nuestras acciones en la edificación de la Iglesia de Jesucristo: 
  1. Edificar sobre el fundamento apostólico (Ef. 2:19-21), el fundamento de Dios está firme. (2 Ti. 2:19), la base de todo ya está construida y nadie puede construir otra porque esa base es Jesucristo. (1 Co.3:11).
  2. Discipular a los recién convertidos (Mt. 28:19), el verdadero discípulo de Jesús es aquel que permanece en su Palabra. (Jn. 8:31) y es idóneo para enseñar también a otros (2 Ti. 2.2), en cumplimiento al mandato dado por nuestro Maestro Jesús (Mt. 28:20).
  3. Perfeccionar a los Santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo (Ef. 4:12, 13), el N.T. enseña que el creyente es perfecto y que se halla en el proceso de ser perfeccionado (Fil. 1:6; 3:12, 15; He. 10:1; 11:40; 12:23; Stg. 1:4), a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. (Col.1:28).
  4. Fomentar una relación fraternal entre los santos (Ro. 15:2), para la ayuda mutua (Ef. 4:16, 29; Ro. 12:13), negándose a sí mismo. (1 Co. 10:24). El salmista en 133:1 escribió “Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía.”, una de las características del amor fraternal es la armonía.”
  5. Instar a buscar dones espirituales (1 Co. 14:12), porque cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común (1 Co. 12:7), deseando ardientemente los mejores dones. (1 Co. 12:31; 14:12).  La iglesia fue edificada sobre la base del poder de Dios (1 Co. 2:1-5) manifestándose dentro de su pueblo; lo que demostró que Jesús vivía y estaba presente (Jn. 15:5; 14:20).
  6. Ejercitar los dones espirituales (1 Co. 14: 4, 5, 26), no descuidando el don espiritual. (1 Ti. 4:14), avivando el don de Dios. (2 Ti. 1:6).
  7. Evitar el legalismo religioso (1 Ti. 1:4), no cargar a la gente con reglas más difíciles de lo que ellos pueden cumplir (Mt. 23:2-4; Lc. 11:46), evitando las discusiones profanas e inútiles, y los argumentos de la falsa ciencia. (1 Ti. 6:20).
  8. Promover el amor que edifica a la iglesia (1 Co. 8:1), es mandado por Jesús, y es el distintivo de los verdaderos discípulos. (Jn. 13:33-34), si los hermanos se aman unos a otros, se hacen el bien entre ellos, la iglesia se edifica (1 Pe. 1:22).
  9. Cultivar la Comunión en la iglesia (Hch. 2:42), animando actitudes individuales que contribuyan a la unidad y edificación (Ef. 4:1-3), impulsando los valores de respeto, consideración y fraternidad (Fil. 2:1-4), fomentando la fraternidad, el compañerismo, el solidarismo (Hch. 2:44-46; 4:32), no haciendo acepción de personas (Col. 3:1), hablando positivamente de la iglesia y de sus miembros (Fil.2:14).
  10. Servir a nuestros hermanos en la fe con los talentos que el Señor nos ha dado (1 Pe. 4:11), con orden. (1 Co. 14:26, 40), promoviendo todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación. (Ro. 14:19).
  11. Reconocer a quienes trabajan y dirigen en esta forma, edifica a la iglesia, y es señal de edificación, crecimiento y madurez, (1 Tes. 5:12-13), ponerse a disposición de aquellos que se han dedicado a servir a los creyentes (1 Co. 16:15-16), expresar reconocimiento (1 Co. 16:17-18).
  12. Hacer realidad las prácticas que son fundamentales en el Reino de Dios (Mt. 25:42-45), la actitud debe ser como la de Cristo Jesús. (Fil. 2:5), lo más importante es ser siervo de los demás (Mt. 23:11), demostrando así que somos ejemplo viviente de la enseñanza de Jesús.
  13. Los santos en Cristo necesitan crecer en Cristo (He. 5:12), para presentar defensa de la fe. (1 Pe. 3:15), hasta que estemos todos unidos en lo que creemos. (Ef. 4:13), creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pe.3:18).

Estas y otras acciones debemos tener en cuenta al edificar la iglesia de Jesucristo, tener cuidado de que tanto el fundamento, como la calidad de los discípulos sean aprobados delante de la presencia de Dios. Que nuestras acciones sean los que Dios estipula para así recibir la aprobación divina. Todas nuestras acciones deben estar orientadas a desarrollar el crecimiento espiritual en forma integrada. 

Promover el crecimiento espiritual de la iglesia a través de la edificación mutua. Así lograremos una edificación saludable de la Iglesia de Jesucristo

Juan Salgado Rioseco

domingo, 22 de octubre de 2017

El Arte de Predicar


Predicar es anunciar, proclamar, llevar, compartir las buenas noticias de salvación, la cual debe ser guiada por el Espíritu Santo.
El Predicador debe tener presente en todo momento el ejemplo del apóstol Pablo, quien les anuncio el plan secreto de Dios a los Corintos, sin usar palabras elevadas ni de gran sabiduría; mientras estuvo con ellos se olvidó de todo, excepto de Jesucristo e hizo énfasis en su muerte en la cruz; no utilizo palabras astutas como las que se usan para convencer o manipular a la gente al anunciar el mensaje; reconoció que fue el Espíritu Santo quien con poder demostró que lo que les dijo era verdad con el propósito que la fe de los corintos convertidos se apoyaran en el poder de Dios y no en la sabiduría humana. Este ejemplo, nos enseña que el Predicador debe apoyarse en el conocimiento de las Escrituras, en el poder del Espíritu Santo y en el temor de Dios.
Uno de los medios que tiene la Iglesia es la Proclamación de la Palabra, cual no debe ser interpretada ni enseñada de acuerdo a estratagema ni intereses humanos, ya sea, por desconocimiento u omisión o adulteración de ella. Los servidores de Dios, que han efectuado su profesión de fe, creen en Dios, en las verdades reveladas y enseñadas por la Iglesia, las cuales deben ser transmitida de acuerdo al fundamento apostólico, manteniéndose firme, sin fluctuar en el camino trazado por Jesús.
Es deber del Predicador efectuar con gran exactitud y precisión una interpretación de acuerdo a lo que inspiro el Espíritu Santo y comunicar con fidelidad el mensaje basado en las Sagradas Escrituras y en las enseñanzas de Jesucristo; uno de los principios fundamentales es no alterar o adulterar el contenido del mensaje, con la finalidad de mantener rigurosamente el mandato del Maestro de Galilea “de enseñar que guarden todas las cosas que él mando”, debido que la calidad de los seguidores de Jesús depende de la calidad de la enseñanza que le ha sido transmitida.
Una predicación debe provocar un cumulo de sentimientos y estímulos los cuales deben converger en un encuentro personal con Dios, provocar Fe, provocar obediencia al Eterno, estimular amor al prójimo y a realizar buenas obras de acuerdo a la voluntad de Dios.
Una predicación que no esta basada íntegramente en la Palabra de Dios es vacía, conduce a la proclamación de un “evangelio diferente” o al anuncio de “otro evangelio”; los predicadores de Dios, no deben basar sus argumentos en lo dicho por Lutero, Calvino, Wesley, Barth, Bultmann, Tillich, Dietrich Bonhoeffer u otros, sino deben “Predicar de lo que enseñó Jesucristo”, primero, porque somos de Cristo, segundo, nuestras predicaciones deben ser “cristo céntrico”. El apóstol de los gentiles en su tiempo insto a no ser de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas, sino de Cristo.
El mensaje debe ser claro, entendible y sobre todo fiel a las Sagradas Escrituras, teniendo presente la necesidad de los oyentes que se encuentran presente: de ser evangelizado, de ser edificado y preparado para su ministerio. También tiene la finalidad de ser un medio   para presentar defensa de la fe ante falsas enseñanzas, las fabulas, los dogmas humanos.
La gente que vive sin la Palabra de Dios, aunque se congregue, son como tamo que arrebata el mundo, es por eso, que el Heraldo de Dios debe tener como primer requisito ser un convertido y consagrado a Dios; debe haber sido preparado en forma bíblica y haber sido capacitado sobre la composición, reglas de elaboración, contenidos, estilos, y correcta predicación, con la finalidad de que llegue a ser un Predicador de la Palabra eficaz. Es deber y obligación de la Iglesia de instruir que es Dios quien tiene que hablar a través de la Predicación y crear todos los medios necesarios para que el conocimiento, el desarrollo y la capacitación del ministerio de la Palabra alcance la eficacia que Dios requiere.
Todos los que confíen en el Señor serán salvos, sin embargo, ¿cómo van a confiar en el Señor si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír de él si no hay quien les proclame el mensaje fiel y verdadero? ¿Y cómo van a transmitir el mensaje eficaz si no hay quien les haya enseñado con fidelidad a la Palabra de Dios? Qué hermosa son las palabras de los que proclaman las buenas noticias de salvación con fundamentado en la enseñanza del Maestro Jesús. La Enseñanzas de Jesús deben ser guardadas y transmitida con fidelidad.
Cuando los que se han consagrado a Dios para servir a su Iglesia comprendan que son Heraldos del Rey de reyes y Señor de señores, cumplan fielmente su labor, serán mas eficaces en arrebatar almas a satanás y traerá consigo que habrá menos renegados dentro de la familia del Cuerpo de Cristo, o sea, que la puerta giratoria dentro de la iglesia se ira deteniendo porque todos estarán siendo fundamentados por la Predicación de la Palabra de Dios.

Juan Salgado Rioseco

martes, 8 de noviembre de 2016

PASTORES: ética ministerial (Parte II)


Las faltas a la ética ministerial más comunes.

No es ético desarrollar un ministerio pastoral, si no se cumple con todos los requisitos impuesto por Dios.

Es ético tener un llamado divino y estar dotado con los dones del Espíritu Santo.

Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos) … (Gálatas 1:1)

No es ético autonombrarse pastor, ni ejercer el pastorado sin la capacitación y los dones correspondientes.
El pastorado es una vocación dada por Dios y no como una actividad para lograr fines personales.

Es ético, de capacitarse sistemáticamente para ejercer la labor ministerial.

Todo pastor de capacitarse espiritual, emocional e intelectualmente para ejercer su apostolado.
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” 2 Timoteo 2:15

Es ético que el pastor practique la sujeción pastoral.
El pastor debe erradicar toda falta de auténtica obediencia y sujeción a la autoridad pastoral. 
“Someteos unos a otros en el temor de Dios”. Efesios 5:21.
 “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, ¿y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6: 46).

Es ético que el pastor sea un modelo de vida.

Hoy más que nunca la Iglesia y la sociedad necesita un modelo de vida, por lo cual todo pastor debe serlo.
“Más tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, …” (1Ti 6:11- 14)

Es ético que los pastores ejerzan su autoridad con tacto y cuidado.

NO AL AUTORITARISMO
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” (1 Pe. 5:2-3).

¿Por qué se produce el AUTORITARISMO eclesiástico?
·                Por ser un NEÓFITO. (1 Timoteo 3:6).
·                Por el EGOCENTRISMO. (3 Juan 9-10).
·                La falta de SABIDURÍA. (Santiago 3:13 – 4:3).
·                Por los que buscan SEÑORÍO. (Ezequiel 34:4; 1 Pedro 5:3).
·                Por el ORGULLO Y LA SOBERBIA. (Proverbios 16:18).
·                Por el amor al dinero o la codicia. (1 Timoteo 6:9-10; Tito 1:11).
No es ético que el pastor ejerza su labor sin CONVERSIÓN.

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma” (Salmo 19:7).
Nosotros “éramos por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2:3). 

SI NO HAY CAMBIO vida, NO HAY CONVERSIÓN.

Hay Pastores que dicen que se han convertido al Señor, pero con sus hechos lo niegan.
Dios necesita “Un pueblo propio, (PASTORES) celoso de buenas obras” (Tito 2:14). 
Los Pastores deben ser conocidos por sus frutos.

Una clave crítica que Dios usa para escoger a sus ministros se encuentra en Mateo 7: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (vs. 17-20).

Dios elige a sus colaboradores
Jesucristo dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16).

Los frutos que debe mostrar el pastor son:

1.      Testimonio Personal
1Ti 3:7 “También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.”
2Co 6:3 “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado;”
Col 4:5 “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.”

2.      Desarrollo Ministerial
·         Cultivando nuestra Relación con Dios. (Éxodo 20:3; Mateo 22,37-38).
·         Cultivando nuestra relación Familiar. (Efesios 5:22-24 y   5:25-31).
·         Sirviendo al Pueblo de Dios. (Hechos 20:28).
El desarrollo ministerial, viene de práctica regular de la oración, del estudio bíblico, la adoración y el servicio cristiano.

3.      Crecimiento de la Obra
“Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno miré cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” (1Co 3:9-11)

SUPERVISIÓN PASTORAL

 Los líderes de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús son responsables de analizar cuidadosamente los frutos de los ministros que están sirviendo a Dios EN FORMA CONSTANTE.

El escoger a hombres para que se conviertan en ministros de Dios requiere una cuidadosa deliberación durante un largo período de tiempo. Dios hace responsables a los líderes de la Iglesia. Ellos necesitan ser cuidadosos y cautos en asuntos tan vitales.

ELEGIR PASTORES CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS

Sea un PASTOR según el corazón de DIOS.

Dios, para proteger a su rebaño, requiere que los PASTORES cumplan con ciertas calificaciones a fin de enseñar y guiar apropiadamente a los futuros creyentes y discípulos con la finalidad que sean miembros del reino de los cielos.

Debe haber un proceso de selección, evaluar los frutos y el historial de los potenciales candidatos ministeriales, conforme a las normas bíblicas establecidas y no a las necesidades terrenales de la iglesia.

El pastor debe guiarse por las ESCRITURAS, la cual exige a los que tienen el ministerio pastoral, mantengan un estándar de carácter más elevado, no solo al interior de la comunidad, también a los de afuera.

Juan Salgado Rioseco.

domingo, 20 de marzo de 2016

La iglesia ha sido intervenida por los religiosos carnales.


“Y todo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,” (Efesios 1:22, LBLA).
 “y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.” (1 Corintios 3:23, LBLA).
 “sino que, hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo,” (Efesios 4:15, LBLA).
“y habéis sido hechos completos en El, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad; …” (Colosenses 2:10, 19, LBLA).
“Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.” (1 Corintios 11:3, LBLA).
La Palabra de Dios nos enseña que Jesús, “el Cristo”, es la autoridad máxima de la congregación de Dios en la tierra, no hay autoridad terrenal que este al mismo nivel y menos superior a la autoridad de Jesucristo, “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” (Mt. 28:18) y “nadie puede colocar otro fundamento además del que está colocado, el cual es Jesucristo.” (1 Co. 3:11), el Todopoderoso en su voluntad y soberanía “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Flp. 2:9-11). En las horas más amargas Jesús “Retirándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa.  Pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (Mt. 26:39, Peshitta). El mismo lo enseñó “Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió.” (Jn. 6:38 NVI). La soberanía de Dios representa la capacidad de poner en práctica su santa voluntad o supremacía. Es deber de todo adorador en espíritu y en verdad someterse a la voluntad del Creador y acatar la soberanía del Todopoderoso y Eterno.
En las Escrituras leemos “Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos.” (Mt. 22:14 RVG), este texto nos da a entender que existe tres grupos de personas a los ojos de Dios: los no llamados, los llamados y de estos los escogidos. En los escritos del apóstol Pablo encontramos estos tres grupos identificados como: el hombre natural (1 Co. 2:14), el hombre carnal (1 Co. 3:1) y el hombre espiritual (1 Co. 2:15).
El hombre natural vive de acuerdo con lo natural. Su intelecto y sus emociones lo gobiernan, es inconverso. No percibe las cosas del Espíritu de Dios; porque le son insensatez; ni las puede conocer, por cuanto se disciernen espiritualmente. El “hombre natural” es completamente incapaz para entender las cosas reveladas, porque no ha recibido al Espíritu que es de Dios. Jesús dijo, "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn. 3:3).
La frase "hombre carnal" fue usada por primera vez en el texto bíblico de 1 Co. 3:1, se refiere a cristianos que no han crecido espiritualmente, o personas inmaduras espirituales, o sea, un hombre carnal es un niño en las cosas espirituales, propenso a cometer errores. El cristiano carnal es uno que no ha nacido en el Espíritu, está dominado aun por los deseos de la carne, vive de acuerdo a la vieja naturaleza, no obedece a la voluntad de Dios, no crece espiritualmente, no madura y no se puede cuidar a sí mismo, por lo tanto, no puede agradar a Dios, (Romanos 8). No sabe distinguir entre el bien y el mal, se guía más por las intenciones del hombre natural, dejando a un lado las cosas espirituales.
Un corazón no transformado y una vida de carnalidad llevará a los hombres o mujeres al infierno. “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Ef. 5:6).  La carnalidad del hombre no es removida por medio de la conversión, debe ser removida por medio de la obra de santificación, Pablo dice, "pues la voluntad de Dios es vuestra santificación" (1 Ts. 4:3). El hombre o mujer carnal esta siempre en conflicto con la Voluntad de Dios (Gá. 5:17, Ro. 8:7); es la fuente del pecado (Jer. 17:9, Mr. 7:21-23); se desvía constantemente de Dios (Jer. 8:4-5); siempre está al borde de lo prohibido (Ro. 7:5-8, 14-25).
El hombre o la mujer espiritual crucifica continuamente los deseos de la carne, ha recibo al Espíritu Santo y está viviendo bajo su dirección, es un ser espiritual, lo discierne todo, anda en el Espíritu, todo lo hace bajo el control del Espíritu, busca la perfección en el diario vivir y va alcanzando la madurez a medida que su amor por Dios crece hasta lograr la aprobación de Dios. Se esmera en agradar al Eterno y Soberano, se esfuerza vivir conforme al corazón de Dios.
Casi al termino del sermón del monte, Jesús dijo lo siguiente “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mt. 7:21-23).
En las palabras de Jesús, podemos notar, que existen dos clases de creyentes en el interior del Cuerpo de Cristo: los que HACEN LA VOLUNTAD DEL PADRE, son los que por esencia hacen de la obediencia su norma de vida y los que se GUIAN POR SU PROPIA VOLUNTAD, son aquellos que acomodan los ritos o prácticas religiosas a sus intereses personales.
Este segundo grupo, por sus manifestaciones son los que tienen cierta notoriedad entre los neófitos de la fe o los incautos, debido a que encandilan a estos últimos por la falta de experiencia en cuanto al discernimiento entre el bien y el mal; manipulan los sentimientos de las personas que buscan solucionar una crítica necesidad, estas personas desvalidas son atraídas por una falsa expectativa de fe y la mantienen en una burbuja del falso espiritualismo. Este tipo de personas se han minimizado en el interior del Cuerpo de Cristo para satisfacer sus propias concupiscencias o deseos de la carne, y sacar ganancias personales de acuerdos a sus intereses que van desde el poder autoritarista a la usura económica, desde subyugación de las personas al culto céntrico de su persona; Se visten de religiosidad, aparentan piedad, sin embargo, son lobos rapaces que hurtan, dañan y dividen el Cuerpo de Cristo. Todas estas obras, son hechas por los “hacedores de maldad”.
Con sus obras descreditan la Iglesia de Dios en Cristo Jesús en la tierra y no permiten que el mundo crea en el verdadero Mensaje de Jesús, más que servidores de Dios son discípulos de satanás. 
Teniendo en cuenta esta realidad de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, el hombre carnal ha intervenido la soberanía de Dios en los asuntos de la Iglesia, relegándolo a asuntos secundarios, posicionándolo en un segundo plano; se deleitan en hacer su propia voluntad, imponiendo su irritante autoritarismo humanista a conveniencia propia; distorsionan el Mensaje de Jesús por las migajas del relativismo moral imperante; acomodan los principios primarios de la enseñanza del Maestro de Galilea por la liviandad de un espiritualismo sin fundamento, que satisface el exterior de los que acuden a ellos pero nunca solucionan los problemas interiores del hombre o mujer; han farandulizado los cultos de adoración, con reuniones que solo embrollan, con la que se pretende engañar o confundir a los que están buscando con corazones confundidos y contritos a Dios; se han vueltos activistas o simples proveedores religiosos, terminan disfrazando la verdadera misión y propósito de la iglesia con acciones individuales o una institucionales de manera cotidiana, como parte de sus obligaciones, tareas o funciones que su final es desviar a los adoradores del centro de su fe que es Cristo.
Son expertos para imponer dogmas sectarista y hábitos seculares con ropaje de religiosidad que van corroyendo los principios fundamentales de la fe en Cristo; se han instalado cómodamente, han convertido los dones espirituales en una trata comercial, han olvidado que para prosperar en la Iglesia de Cristo, primero hay que negarse a sí mismo y segundo hay que tener un espíritu de servir antes de ser servido; omiten o se olvidan de la enseñanza suprema del Maestro Jesús “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” (Jn. 13:14-17).
No olvidemos que Dios, está buscando personas que tengan las mismas cualidades que Él halló en David, hombres y mujeres “conforme a su corazón” (1 Sa. 13:14), “Porque los ojos de Dios contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.” (2 Cr. 16:9).

La iglesia de Dios, en Cristo Jesús, debe cumplir imperiosamente la voluntad del Padre que está en los cielos, Él ha establecido que la única cabeza de su iglesia es Cristo Jesús (Ef. 1:22), además, El mismo “y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia.” (Jer 3:15), para que las apacienten, no teman, ni se amedrenten, ni sean menoscabadas (Jer, 23:4). El hombre nunca debe olvidar que es un simple colaborador de Dios y los miembros de cada iglesia local “labranzas de Dios, edificio de Dios”. (1 Co. 3:9); por lo tanto, “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.” (1 Co 4:2). El deber del genuino servidor de Dios es “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pe. 5:2-4). 

martes, 8 de diciembre de 2015

Edificación del Cuerpo de Cristo (Parte III)

¿Cómo debe ser nuestra acción por la Edificación del Cuerpo de Cristo?

Acción, originado en el vocablo en latín “actio”, el concepto de acción se refiere a dejar de tener un rol pasivo para pasar a hacer algo o bien a la consecuencia de esa actividad. Encierra un significado que traduce dejar de encontrarse en un estado pasivo, por lo cual, al dejar de estar en pasividad, se dice que se está activo, que se encuentra haciendo, sea cual sea la acción o acto que se esté haciendo, por ejemplo, “dejó de dormir para levantarse y luego ir a trabajar”. Según lo definió el filósofo Max Weber, puede ser denominada así toda conducta humana cuyo motor sea subjetivamente significativo y que tenga como efecto cambios valiosos en el medio en que se desenvuelve, trabaja, estudia o habita.
Los seguidores de Cristo deben ser entes activos en el lugar que se encuentran, deben ser el agente determinante para expandir y transformar las personas para que lleguen a ser discípulos del Maestro de Nazaret, (1 Pedro 2:9). Las actividades del Cuerpo de Cristo no dependen solo del liderazgo eclesiástico o de un grupo exclusivo excluyente, (al decir que algo es excluyente significa decir que ese algo no incluye a todo lo que posiblemente podría incluir), sino es deber de todos de producir acciones  incluyentes, una condición indispensable para promover el derecho a la igualdad y no discriminación entre los miembros del Cuerpo de Cristo (Romanos 2:11); la iglesia de Cristo necesita imperiosamente acciones incluyentes donde todos estén involucrados en la proclamación del evangelio de Cristo con el único propósito de dar cumplimiento en forma cabal la gran Comisión (Marcos 16:15; Mateo 28:19-20).
Si Dios no hace acepción de personas (Deuteronomio 10:17), porque entonces, conscientes o inconscientes, está presente en las acciones de sus seguidores, por lo consiguiente, actitud que produce más daño en las interrelaciones en el interior del Cuerpo de Cristo; la palabra utilizada para acepción en el nuevo testamento es la palabra griega # 4381 de la concordancia Strong’s  “προσωπολήπτης”: alguien que muestra parcialidad o favoritismo. De acuerdo a la real academia española, acepción de personas es: “Acción de favorecer o inclinarse a unas personas más que a otras por algún motivo o afecto particular, sin atender al mérito o a la razón.”, por qué entonces, entre los miembros de las iglesias o comunidades cristiana  existe esta condición en forma transversal. Una de la prioridades en la edificación del Cuerpo de Cristo, se debe evitar la acepción de personas entre los discípulos de Cristo o en otra forma la discriminación, que se entiende como un trato desigual, en forma de distinción, restricción y/o pertenencia, que disminuye la capacidad de acción e identificación con el Cuerpo de Cristo.
Debemos tener siempre presente los consejos las palabras de Moisés en su recordatorio al pueblo de Dios, “No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos.” (Deuteronomio 16:19), en especial los miembros que ejercen algún cargo dentro de la iglesia o los que están por eminencia, el principio fundamental entre las relaciones, es tener presente, ante el titulo o cual cargo, es que primero todos en forma incluyente somos hermanos en Cristo como lo escribió el apóstol de los gentiles a  los miembros de la iglesia de Colosas, término que utiliza 133 veces en sus cartas.
Jesús enseña que la relación espiritual es más importante que la relación carnal, o la relación que se establece por el sistema institucional por la cual se organiza y se conduce alguna comunidad cristiana; y la relación con Cristo se establece solamente por medio de hacer la voluntad de Dios: "todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano... ", esta premisa debe ser el cimiento en la edificación del Cuerpo de Cristo. Job escribió: “Él os reprochará de seguro, Si solapadamente hacéis acepción de personas.”(13:10); “No haré ahora acepción de personas, Ni usaré con nadie de títulos lisonjeros.” (32:21); recordando las palabras con respecto a nuestro modelo Jesús “Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.” (Lucas 20:21).

Que más apropiado para evitar estos conflictos de discriminación dentro del Cuerpo de Cristo, que poner por obra el consejo de Jacobo, el hermano de nuestro Señor Jesucristo “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.” (Santiago 2:1).
Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...