domingo, 8 de julio de 2012

La diáspora Evangélica


En primer lugar debemos definir ¿Qué es diáspora?

Diáspora del griego: διασπορά [diasporá], «dispersión») es la dispersión de grupos étnicos o religiosos que han abandonado su lugar de procedencia originaria y que se encuentran repartidos por el mundo, viviendo entre personas que no son de su condición. Usualmente se ha empleado el término para referirse al exilio judío fuera de la Tierra de Israel y la posterior dispersión de este pueblo en todo el mundo, extendiéndose su acepción hasta finales del siglo XIX. Cabe aclarar que la tribu o casa de Judá está conformada también por la tribu de Benjamín; las diez tribus restantes son las que forman la casa de Israel, dividiéndose en dos casas: la casa de Judá, que en la actualidad se conoce como pueblo judío; y la casa de Israel, comprendiendo las diez tribus restantes, que son las que aún están dispersas y desterradas de entre las naciones y no lograron conservar sus raíces hebreas. (Wikipedia)

El prototipo del término diáspora es la persona judía. Hoy en día, el término también se utiliza para otros varios grupos transnacionales, por ejemplo, chinos en el extranjero (huaren), armenios, personas kurdas, etc. La idea detrás del término es la imaginación de una tierra ficticia en la cual las personas se propagarían en el mundo. La diáspora es una categoría de una población étnica formada. (http://es.answers.com)

También denota la idea de dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen, también puede significar disgregación, en este contexto esta el presente escrito, en el abandono que hacen los creyentes evangélicos de sus comunidades originarias, ¿cuales son los motivos o circunstancias? ¿Por qué lo hacen?

Podemos deferir en peculiaridades personales, sin embargo, hay realidades indesmentibles que se encuentra en casi todos los que por una u otra causa abandonan sus creencias primitivas, aunque a muchos le pueden parecer subjetivos los planteamientos que se van a exponer, es inevitable escapar de una realidad que esta mermando el crecimiento de las primitivas comunidades pentecostales en pos de movimientos o ministerio que han traspasado la tenue línea que existe entre el kerigma apostólico y la apostasía.

“Algunas investigaciones misionológicas han sacado a la luz hechos aun más perturbadores que indican que en algunos países los evangélicos muestran señales de fatiga y deserción.

  1. En algunos países los evangélicos muestran fatiga y deserción: muchos regresan al catolicismo o abandonan el cristianismo por completo.
  2. Frente al crecimiento numérico constante, la capacitación de líderes pasa a ser una de las tareas más urgentes, pues las formas de liderazgo están en crisis.
  3. Es necesario que los teólogos y pastores articulen una ética contextual en lo social y político nutrida de la fe protestante”. (desarrollo cristiano.com ) 
¿Cuáles son las problemáticas que originan la diáspora evangélica?

Uno factores más influyentes que producen esta dispersión o deserción de creyentes, es el tipo anacrónico de conducción y administración que existe en las congregaciones que se mantienen en el ala conservadora del pentecostalismo. Los paradigmas que regularon los liderazgos iniciales del movimiento pentecostal en Chile fueron forjados por las circunstancias sociales, religiosas, económicas y culturales del momento y a eso se agrega la procedencia periférica y marginal de la gran masa de los adherentes al movimiento; se optaron decisiones algunas inadecuadas a largo plazo, pero que eran efectistas en el momento; la solución que proveyó el paradigma elegido o impuesto por las circunstancias tuvo una efectividad durante un determinado período de tiempo, pero indefectiblemente a traído consecuencias nefasta en la conducción actual en la diversas comunidades o lo que ha originada que las generaciones actuales comiencen una búsqueda por vías ajenas a las que transitaron sus padres; estos paradigmas deberían ser cambiados o ser remplazados por decisiones que se fundamenten en los principios bíblicos, que modelen un nuevo sistema de conducción acorde a los tiempos y la enseñanza de Jesús, sin embargo la voluntad de buscar estos nuevos paradigmas de conducción están ajenas a la política administrativa de las iglesias conservadoras pentecostales.

¿Cuáles son las trabas que impiden un paradigma de liderazgo sano?

Las ramificaciones de intereses personales que sean ido  construyendo a lo largo de estas diez décadas de existencia del movimiento pentecostal en Chile, muchas de ellas ajenas a los principios mas rudimentarios de la fe cristiana; la incultura doctrinal de los que se posesionan del gobierno de la iglesia; los iletrados religiosos celosos de los usos y costumbres en las disímiles comunidades; los neófitos que ejercen el liderazgo de las neo generaciones cada día mas preparadas en el mundo secular humanista; la profesionalización del oficio de Pastor, lo que ha traído consigo la despreocupación pastoral hacia los miembros de sus congregaciones; un sistema arcaico de administración de las iglesias, que son mas de tipo familiar, donde predomina el nepotismo o el caudillismo, que no son propiamente idóneas y diligentes para ejercer la mayordomía cristiana.

En un segundo lugar, falta de relaciones sanas en las iglesias, provocados por el conflictos entre los miembros, el mal uso financiero, el aprovechamiento ilícito de algunos pastores de los bienes congregacionales, competencia deslealtad entre los líderes por ejercer poder e influencia, la ambición de alcanzar lugares de privilegios sin tener la mas mínima competencia, la inmadurez espiritual por falta de doctrina, son causas de las permanentes de la diáspora de los evangélicos.

En tercer lugar, es la falta de conocimiento de un gran porcentaje de los creyentes, por la falta de un discipulado fundamentado en las enseñanzas de Jesús; la omisión de establecer espacios dinámicos y meticulosos en la transmisión de las doctrinas fundamentales. Estas causas, que son vitales en el desarrollo de una congregación madura están ausentes en el trabajo planificado y programado de las mayorías de las iglesias pentecostales. Muchas de estas congregaciones tienen la idea que la Escuela Bíblica (o Dominical) es un espacio de entretención de los niños o donde establecen vínculos de relación los jóvenes. El proverbista escribió “Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará;” “El hombre sabio es fuerte, Y de pujante vigor el hombre docto”. (Pro 24:3, 5) Somos responsables por nuestra generación y con las siguientes en dejarles cimientos solidos donde se puedan edificar la fe del mañana.
La falta de conocimiento lleva a los falsos maestros a incorporar doctrinas extrañas, ha producir “fuegos extraños” y sutilmente desviar del camino de Jesús a los que pecan por error.  En estos tiempos, estamos cercados por doctrinas llenas de error, posiblemente con énfasis en alguna verdad bíblica, pero que disfrazan sus desviaciones que  se hacen imperceptibles al vago conocimiento de la gran mayoría, todo esto es producto que el nivel pastoral no saben discernir entre la sana doctrina y la que no la es, por haber abandonado su sacerdocio pastoral. Este misticismo sin fundamento en la Palabra de Dios ha traído que miles y miles de personas caminen sin fe en Dios. 

En cuarto lugar la falta de identidad de las nuevas generaciones, un alto porcentaje son más nominales que genuinos creyentes, nos se siente identificada con los postulados de la ortodoxia pentecostal. El postdenominacionalismo esta dañando el confesionalismo clásico de las congregaciones; los cambios sociales, culturales y las relaciones interdenominacionales registrados en los últimos tiempos, la pluralidad religiosa y la educación interreligiosa han determinado las nuevas tendencias religiosas de un sector importante de los jóvenes pentecostales, lo que ha producido el desbandé hacia el secularismo, al modernismo racional, al cristianismo humanista o las tendencias neo liberales del pentecostalismo.
La globalización y relativización de los valores morales de la sociedad ha provocado que las nuevas generaciones externalicen sus valores en forma sincrética, lo que ha provocado que no sean creíbles o aceptadas ciertas formas de vida que deben asumir los creyentes conforme lo que la Palabra de Dios, originando búsqueda de senderos extraños a lo indicado por Dios.

El individualismo que promulga la actual sociedad, es otro de los factores que corroe la identidad, debido a la falta de padrones de conducta de vida de la koinonia cristiana donde se inculcaba los valores pentecostales bajo la motivación de llevar una forma de vida en santidad. Esta deterioro de santidad del movimiento, especialmente en el nivel pastoral ha con llevado que las generaciones mas conservadoras se alejen de aquellas comunidades que han optado por un sistema liberal en su observancia religiosa o se han detenido en su andar de fe, engrosando la diáspora evangélica.

En quinto lugar, un espiritualismo superficial, mas basado en el emocionalismo humano que sostenido por una real evidencia del obrar del Espíritu Santo, hoy se proclama “dance con sus emociones para que sienta la presencia de Dios”, contrario a lo que escribió el salmista “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (46:10). Existe un gran porcentaje de conversiones sin el más mínimo arrepentimiento, se les impone a las personas de tomar “decisión por Cristo”, sin tener una aceptación de corazón por Cristo, esto en el tiempo mediático trae consecuencia funesta para la persona, debido por el obrar de la vieja naturaleza humana que se impone, lo que trae consigo frustración espiritual y deserción,

Una gran parte de las comunidades practican un evangelio sin Cristo, mas fundamentado en el uso costumbre o tradición de su congregación, y orientado en el hombre, en sus necesidades y complacer su hedonismo que inculcar una enseñanza ortodoxa bajo los principios que rigen el servicio de Dios. Este tipo de actitud trae consigo la decepción cuando los propósitos no son alcanzados y la fuga hacia los movimientos que avivan la prosperidad del hombre por subterfugios humanos.

Considero que es iluso seguir desgastándose en conseguir conversiones sin considerar la deserción, no hay lógica posible de planificar un crecimiento si no se considera el alto nominalismo y el alejamiento progresivo de las generaciones que nacen en el  seno de la iglesia. No podemos emprender un evangelismo orientado al exterior de la iglesia, cuando los hijos de nuestros hermanos de fe o lo propios son encantados por el mundo o los neos movimientos ajenos a la praxis pentecostal.

También ocupa un lugar importante en esta situación es la migración por causas laborales o educacionales, el alejamiento de centenares de miembros en busca de trabajo o educación a zonas distantes ha provocado una merma seria en muchas de las congregaciones, estos migrantes al reubicarse no se sienten a gusto en comunidades a fines por diferentes situaciones, entre ellos el uso y costumbres lo que ha implicado en muchos casos el enfriamiento paulatino de la fe o el cambio a otras denominaciones o confesiones.

Este mismo fenómeno ocurre con las emigraciones o inmigraciones, de personas de culturas diferentes y el cobijamiento que realizan algunas comunidades ha producido crisis por el encuentro de culturas disímiles, en algunos casos la dispersión de la comunidad originaria que ven perplejo como su idiosincrasia religiosa se ha visto sobrepasada por estos nuevos miembros.

¿Qué hacer ante las problemáticas que originan la diáspora evangélica?

Las Iglesias evangélicas de origen pentecostal, deben entrar en una seria y responsable reflexión, no solo teológica, sino de restructuración en su administración y procedimiento del uso de sus sistemas financieros, en el proceso de elección de sus miembros pastorales, que sean capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI con mas medios donde puedan argumentar con bases solidas los postulados de la fe cristiana desde la cosmovisión pentecostal a la vez anclar a sus dirigidos bajos los argumentos que las Escrituras nos señalan.

Los pastores y obreros cristianos deben recibir educación teológica formal y en forma sistemática de acuerdo a los postulados de fe y principios cristianos, con el propósito de servir en forma idónea a la gente y a sus comunidades.

Proveer programas de discipulado para los nuevos conversos, a los  adolescentes, y a los miembros al servicio de la iglesia, de acorde a la madurez espiritual y al grado de responsabilidad.

Desarrollar mejor sensibilidad a las preocupaciones y necesidades de los miembros de la congregación, y no sentirlo como antagonista o solo un servidor de su ministerio personal.

Equilibrar la koinonia entre los miembros originarios, migrantes, inmigrantes, donde  el encuentro de las culturales no sea tan gravitante en la relación entre los dos grupos, mas sea un encuentro armónico de personas de la misma fe.

Juan Salgado Rioseco



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