domingo, 15 de julio de 2012

Critica Documentaria de la Paternidad del Pentateuco


I.                  Introducción


A. Antes de 1753

Según la tradición judía, Moisés escribió todo el Pentateuco, y en esta opinión concordaron : Ben Sira (Eclesiástico 24:23), Filón (Vida de Moisés, 3:39), Josefo (Antiguedades IV, viii,48), la Misná (Pirque Aboth i.I), y el Talmud (Baba Bathra 14b). La única pregunta que se planteaba era si el relato de la muerte de Moisés (Dt. 34:5-12) había sido escrito por Josué como dice el Talmud. La iglesia cristiana aceptaba esta tradición judaica, con pocas excepciones, hasta la aparición de la Introducción de J. G: Eichhorn (Einleitung, 1780-83).

 B. Desde 1753

La época moderna de estudios literarios comenzó con el libro del médico J: Astruc (1783), quien estudió sistemáticamente el uso de los nombres de Dios (Yahveh y Elohim) en Génesis y atribuyó la variación literaria a las fuentes que Moisés había utilizado. Poco después Eichlorn rechazaba la tradición que consideraba a Moisés como autor del Pentateuco.

Por más de un siglo los eruditos propusieron una serie de teorías para explicar la variedad de rasgos estilísticos y datos teológicos e históricos del Pentateuco. Estas teorías culminaron en una hipótesis documentaria que afirmaba que había cuatro fuentes básicas. En 1786 Julio Wellhausen, profesor en varias universidades alemanas, dio a la hipótesis su exposición clásica. Esta hipótesis proponía que el Pentateuco estaba compuesto de cuatro documentos principales de fechas posteriores a Moisés: J (yahvista), E (elohista), D (deuteronomista), P (sacerdotal).

II.               Historia de la Teoría.

 La crítica de las formas, iniciada por H. Gunkel (a principios del siglo XX), ha influido notablemente sobre el estudio del Pentateuco. El método de Gunkel busca el género literario de cada pasaje y la situación vital (Sitz im Leben) en la cual se originó, algunos seguidores de Gunkel rechazan la hipótesis documentaria de Wellhausen; otros combinan la crítica de las formas con esa teoría. Gunkel mismo rechazó lo sobrenatural y exageró lo mítico, hablo mucho de las sagas en el Pentateuco, las cuales fueron transmitidas oralmente durante largo tiempo antes de ser escritas.
Otros han usado este mismo método de una manera más positiva, el análisis de géneros tales como leyes, máximas jurídicas, lamentos, narraciones históricas, dichos de los sabios, diferentes tipos de poesía y formulaciones de pactos dio nuevo impulso al estudio del Pentateuco. La comparación de estos géneros literarios con géneros semejantes en culturas contemporáneas de los mismos utilizando los nuevos datos de la arqueología, ha provocado un mejor entendimiento del Pentateuco.
Estas modificaciones resultan de:

1.     La confirmación arqueológica de la antigüedad de muchos elementos del Pentateuco, que Wellhausen había señalado como posteriores, y la refutación de la interpretación evolucionista de la historia de Israel.

2.     La conclusión de muchos críticos en cuanto a que las fuentes del pentateuco no se extienden a otros libros posteriores a Moisés (contra algunos que habían propuestos un hexateuco, incluyendo el libro de Josué).

 3.     La crítica de las formas que ha mostrado la complejidad de las fuentes (J, E, D, P, etc.) y que cada una contiene elementos muy antiguos.

 Por tanto, las fuentes se consideran estratos de materia antigua con largas historias de redacción, en vez de obras literarias con fechas precisas.

III.           Postulados

 Los que mantienen la hipótesis documentaria generalmente encuentran más de cuatro estratos, pues tienen que proponer otros adicionales como para dividir el Pentateuco en estratos son:

1.     Las narraciones repetidas (p.e. Gen. 12; 20; 26).

2.     Las contradicciones entre los pasajes paralelos (p.e. Gn. 1:1-- 2:4a y Gn. 2:4b - 25).

3.     Los diferentes nombres que se dan a Dios.

4.     Las diferencias lingüísticas entre los estratos y.

5.     Las diferencias de punto de vista.

A.  Argumentos

1.     El autor recibe el nombre de J (yahvista, 950 - 850 a..C.), del reino de Judá). Hay críticos que dividen aún más esta fuente, dando J1 y J2. Se basa en tradiciones orales o en textos ya escritos anteriormente, refleja en parte las ideas e ideales de la corte de Jerusalén.

Los límites del documento, a pesar de que no reine una unanimidad total en todos los detalles, comienza en Gn. 2:4b y se termina con el relato de Balaán Nm. 22;24, al que se debe añadir el relato de Israel en Baal Peor, Nm. 25:1.5. 

2.     El autor E (elohísta, por dar a Dios el nombre Elohim, 750 a.C.). en el se encuentran tradiciones paralelas a las del documento yahvista, lo cual permite un cierto trabajo sinóptico. Fue compuesto en el reino del norte, en Israel, y refleja las preocupaciones de los ambientes proféticos de este reino, sobre todo de Elías, Elíseo, Oseas.

Los límites del documento elohísta son difíciles de determinar, se puede precisar que el primer texto elohísta se reduce a unos pocos versículos de un capítulo complejo por su redacción y contenido, en el que la obra del redactor final es muy importante (Gn. 15). Según algunos exegetas, el primer relato estructurado elohísta se encuentra en el capítulo 20 del Génesis. El final del documento no es tampoco fácil de determinar, nos encontramos con algunos fragmentos en los capítulos 25 y 32 de los Números. Otros  piensan que algunos textos elohísta habrían entrado a formar parte del Deuteronomio. 

3.   La fusión J-E se realiza durante el reinado de Ezequías, hacia el año 700 a. C. posiblemente. En esta operación el yahvista ocupa el lugar más importante, mientras que el elohísta es relegado a un lugar secundario. 

4.   El documento D (deuteronista, ca. 621 a.C.), comprendería la mayor parte de Deuteronomio. Este sería el libro de la Ley <> en el templo, bajo Josías (2R. 22:23). 

5.   Documento H  (de Holiness, inglés para santidad), es el nombre del <> (Lv. 17--26), que trata de la pureza ceremonial; los críticos debaten si se debe ser situado antes o después de Ezequiel. 

6.   El documento sacerdotal P  (de Priestercodex, palabra alemana), el llamado código sacerdotal, fue compuesto en el exilio de Babilonia en el siglo VI a. C. Esta obra fruto de los ambientes sacerdotales de Jerusalén, marcados profundamente por la situaciones del exilio, se apropia de antiguas tradiciones interpretándolas de manera nueva a fin de encontrar en ellas la luz necesaria para poder vivir en las circunstancias difíciles en las que se encontraban. 

7.   Este documento se fusionará  con J-E a comienzo del siglo IV. En esa ocasión se añadieron igualmente una serie de "leyes complementarias", designadas por Ps, impregnadas del espíritu sacerdotal. 

Finalmente, uno o varios recopiladores habrían amalgamado todos estos heterogéneos componentes para producir el actual Pentateuco, entre ellos Esdras y habría sido leído (atribuyéndolo a Moisés) a la muchedumbre hacia el año 398 a. C.

B.  Contra Argumentos 

Muchos eruditos se han opuesto a la hipótesis documentaria, y han mostrado que:
1.     Generalmente las narraciones repetidas se pueden explicar mejor de otra manera (diferentes sucesos, énfasis especial, la literatura hebrea se caracteriza por la repetición).

2.     Las supuestas contradicciones de los pasajes paralelos se han exagerado, pues cualquier literatura puede describir un mismo acontecimiento en forma sumaria y luego más detallada, o con diferente enfoque. 

3.     Los nombres divinos no sirven para dividir estratos, pues a menudo se usan con propósitos específico. 

4.     Los argumentos basados en diferencias lingüísticas e ideológicas entre los estratos son demasiado subjetivos. Además tienden ha ser argumentos cerrados, y 

5.     Hay demasiados datos que no se explican en el esquema (comúnmente se  atribuyen a los redactores). 

Se pretende que la Ley no llegó a constituir un todo completo hasta el inicio del siglo II a.C., sin embargo, la versión LXX es la traducción griega del A.T. desde mediados del III a.C., comenzando, desde luego por el Pentateuco. Es insostenible la pretensión de que la redacción del pentateuco hubiera estado apenas acabada sin que sus ilustres traductores conocieran este hecho.

El Pentateuco mismo indica algunas de las fuentes en su composición. Se mencionan "el libro de las batallas de Jehová" (Nm. 21:14) y "el libro de las generaciones de Adán" (Gn. 5:1), es posible que las secciones de Génesis que terminan (o empiezan) con "Estas son las generaciones de" representen tablas históricas escritas por Abraham y sus descendientes, además se encuentran varios paralelos entre las leyes y costumbres del Pentateuco y las de Mesopotamia y Egipto, podemos concluir: 

1.     Que hay algunos postmosaicismos en el Pentateuco, estos se pueden atribuir a aclaraciones editoriales de escribas posteriores, como hacían los escribas en el Cercano Oriente antiguo. 

2.     Que hay muy pocas partes del Pentateuco que requieren una fecha posterior a la época mosaica.

3.     Que Moisés es el personaje clave tanto en el origen del Pentateuco como la historia de Israel. Si él no fuera su arquitecto principal, sería necesario proponer otro personaje semejante. Con razón el Pentateuco se conoce a través de las demás escrituras como "la Ley de Moisés".

IV.           Conclusión

 El Pentateuco como un todo muestra una unidad extraordinaria, la mayoría de las teorías acerca de su origen no hacen justicia ni a la unidad de las narraciones individuales, ni a la unidad del total.

El Pentateuco Samaritano (aparte de algunas diferencias textuales de muy pequeña extensión es el mismo que el de la LXX y de los Masoretas; fue redactado mucho antes de lo que aceptan los críticos, derrumbándose con ello todas sus teorías acerca de las fechas de redacción. Sería muy inverosímil pretender que los Samaritanos, violentamente hostiles a los judíos, hubieran aceptado más adelante en su historia todo el código de leyes de manos de sus enemigos declarados.

Cabe señalar el hecho de que los judíos, tan estrictamente conservadores y tan leales a la persona y obra de Moisés, no se hubieran dado cuenta de que se le atribuía la paternidad de tantos documentos falsos, y de cómo llegaron aceptar, sin protestar vehementemente, la imposición de todos estos diferentes cuerpos legislativos, con todas sus múltiples exigencias, y ello apelando falsamente el nombre de Moisés.

Juan Salgado Rioseco

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