domingo, 29 de julio de 2012

El Sufrimiento para el cristiano



            De acuerdo a la definición de la Real Academia de la Lengua Española; sufrir tiene las acepciones de sentir, padecer un daño físico o moral; llevar con resignación un daño moral o físico.
            Ejemplos de aflicciones y sufrimientos inexplicables nos traen a diario los medios de comunicaciones  y cada una de las personas puede contribuir con sus propias experiencias sufrimientos que a veces son inexplicables al pensamiento humano. No es fácil el racionalizar las guerras, el hambre, las epidemias, los desastres naturales. Los sufrimientos personales nos llevan en algunos momentos a estado de catástasis, donde no hay una explicación lógica a tanto dolor: el SIDA, cáncer, insuficiencia renal, enfermedades cardiacas, niños nacidos con deficiencias, muerte infantil prematura o súbita,  parálisis cerebral, estado de vegetación, violaciones, soledad, rechazo, fracaso, infertilidad, viudez, autoflagelación, accidentes incomprensibles, o los sufrimientos infligidos por la naturaleza: terremotos, maremotos, huracanes, incendios, erupciones de volcanes, inundaciones, estos y otras clases de sufrimientos experimentados por los seres humanos, plantean preguntas inevitables que inquietan y en muchas oportunidades hacen perder la fe en el Dios de amor de los cristianos.
¿Dónde está el ángel del Señor que acampa alrededor de los que le temen y los defiende? Para los momentos en que más necesitamos su auxilio por las tragedias y sufrimientos que inesperadamente  nos azotan no acude a nuestra ayuda,  ¿Dónde está Dios?
           Creyentes e incrédulos, en varias oportunidades se han hecho las siguientes preguntas: ¿Por qué un Dios de amor, permite tanto sufrimiento?, ¿Por qué ha permitido Dios que me ocurra a mí? El ¿por  qué?, afloran continuamente de la mente, al saber del dolor ajeno o propio; ¿Qué sucede?, acaso el Dios Todopoderoso ya no tiene la energía suficiente para intervenir en los problemas del hombre o es intrascendente. Contrario a las enseñanzas de ciertos grupos cristianos, el Señor no se apresura en explicar lo que Él está haciendo, o el por que de los sufrimientos. No se encuentra en las Sagradas Escrituras la respuesta directa para el sufrimiento.
            Debemos en primer lugar, entender que los propósitos de Dios son un misterio para el pensamiento humano, y seguirá siéndolo, en segundo lugar, la voluntad de Dios es diferente a los deseos del hombre, y tercer lugar la capacidad de entendimiento del hombre es limitada ante la eterna voluntad de Dios.

Análisis de la situación   

 En primer término debemos reconocer la presciencia de Dios.

Si creemos que Dios tiene la obligación de explicarnos su conducta, debiéramos examinar lo que ciertos pasajes de las Sagradas Escrituras nos dicen:

  1. Salomón escribió en Proverbios 25:2 "Gloria de Dios es encubrir un asunto...".
  2. Isaías 45:15, declara: "Verdaderamente tú eres Dios, que te encubres...".
  3. Moisés le aclaró al pueblo: "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios...".
  4. Eclesiastés 11:5; se proclama: "Como tú no sabes cuál es el camino del viento o como crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas".
  5. Isaías 55:8-9, enseña: "Porque mis pensamiento no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos."
En otras palabras, estos pasajes bíblicos, nos enseñan que nosotros carecemos de la capacidad para comprender la mente infinita de Dios o la manera en que Él interviene en nuestras vidas. Tratar de analizar la omnipotencia es como una ameba tratara de comprender el comportamiento del ser humano. Romanos 11:33, Pablo indica que los juicios de Dios son "insondables", y sus caminos "inescrutables". En Primera de Corintios 2:16, reafirma esta posición: "Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? ...". A no ser que Dios escoja explicarnos su comportamiento, lo cual no suele hacer, sus motivos y propósitos está fuera del alcance de nosotros los seres mortales.
      Muchos de los sucesos que nos constriñen quedarán sin explicación lógica en nuestros pensamientos, Pablo se refirió a las preguntas sin contestar en 1 Co. 13:12: "Ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.", el apóstol trataba de explicar que no tendremos el cuadro completo hasta que estemos en la eternidad, de ahí podemos deducir que debemos aprender aceptar nuestra comprensión parcial.
      Decir que siempre comprendemos lo que Dios hace y como nuestro sufrimiento, nuestras desilusiones son parte de su plan, es tener un concepto equivocado de la Biblia y sus enseñanzas. Tarde o temprano llegaremos a sentirnos frustrados de la gran obra de Dios, a decir que Él ha perdido el control o el interés en lo que está sucediendo; esta forma de pensar tiene consecuencias peligrosas para nuestra salud espiritual y mental.
      Lo curioso es que  no es el dolor o el sufrimiento los que causan el mayor daño, la desilusión por las falsas expectativas o la falta de consuelo invaden la mente del cristiano, las consecuencias de una confusión  mental conllevan a tomar decisiones inapropiadas, lo que nos hacen padecer situaciones indeseables, por lo cual,  muchos apostatan de la fe, debido a la falta de comprensión o una convicción plena para el momento que se esta viviendo, lo que hace que su situación circunstancial sea intolerable.

Determinar el origen principal de nuestros sufrimientos.

Dentro de los diferentes movimientos cristianos existe división en cuanto al tema del sufrimiento: algunos sostienen que el sufrimiento procede de Satanás, otros aseveran que proviene a causa del pecado, otros grupos enseñan que es parte del plan de Dios, y algunos intentan explicar que es inherente a la naturaleza humana.
En el principio la comunión de los seres humanos con Dios era perfecta, pero por el acto de desobediencia entró el pecado en la raza humana y fue destituido de la gloria de Dios, por este acto de caída, la muerte entró en la vida del hombre, con su aparición, las enfermedades y  los sufrimientos que conllevan (Ro. 5:12).
      El hombre hecho a imagen de Dios por una creación perfecta, estaba destinado a una vida venturosa y eterna, no a los sufrimientos físico y morales a los que se halla sometido (Gn. 1:27, 31; 2:7; 3:22). Podemos razonar que el hombre y por ende la naturaleza, esta maldito por Dios y no por los actos de Satanás, hasta el momento que sean liberados gloriosamente (Ro. 8:21, 22), por lo tanto, la sociedad humana sufre la consecuencias del pecado de acuerdo a la manera en que Dios aplica su maldición al mundo de hoy, por que somos habitantes de una tierra maldita que gime a una y a una sufre dolores de parto.
La Biblia destaca que no todo sufrimiento es necesariamente el resultado de un pecado personal. Job era íntegro, recto, temeroso de Dios, apartado de todo mal, hasta el punto de que no había ningún como él en toda la tierra. Con todo, Dios tuvo a bien mandarle una prueba, para su crecimiento espiritual (1:8; 2:5-7). Ni el ciego de nacimiento, ni sus padres habían provocado  por sus pecados esta ceguera, que hizo manifestarse la gloria de Dios (Jn. 9:2-3). A Pablo le fue puesto un aguijón en la carne, no porque hubiera pecado, sino para guardarle del orgullo, debido a las revelaciones inauditas del Señor (2 Co. 12:7).
La libre voluntad del hombre, su opción de escoger, es también parte integral que explica la razón de ser del sufrimiento por medio de la maldad moral que cobija el hombre en su mente que lo hace actuar con impunidad con respecto a la voluntad de Dios (Proverbios 14:12; 16:25; Ro. 6:21). Hay una norma bíblica:”No os engañéis, Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gá. 6:7). Santiago escribe: “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido (1:14), muchas veces el hombre opta por el camino del sufrimiento por su propia voluntad, sin que nada de lo externo se lo imponga.
La Biblia revela que en ocasiones Satanás puede ser el agente que provoca ciertas enfermedades (Job. 2:6-7; Lc. 13:16; Hch. 10:38), pero no puede ir más allá de los que le permita el Señor, siempre poderoso para socorrer a los que a Él se allegan. Debemos comprender que Dios, en su Palabra, jamás atribuye el mal físico a Satanás, es la teodicea de los pensamientos actuales que no queriendo culpar a Dios, culpamos a Satanás, le atribuimos a él y a sus demonios todo lo malo que nos sucede, elevándolo a un plano que solo le corresponde a Dios, olvidándonos de las palabras de Santiago (1:14 y 15).
No hay ninguna enseñanza en la Biblia que garantice que cuando el hombre trata de agradar a Dios, contará con la divina intervención para protegerlo de todo mal por ende del sufrimiento.

Debemos reconocer el estado de confusión espiritual en medio del sufrimiento.

      La mayoría de las veces la confusión nos lleva a una desorientación y perdimos la claridad de nuestros pensamientos y optamos por un camino más fácil, recriminar a Dios por los sucesos que están aconteciendo, obviando que el origen de los sufrimientos no esta en Dios, sino en nuestras propias actitudes, fomentadas por el trabajo permanente del enemigo de nuestra fe, Satanás.
Los cristianos que pierden de vista a Dios durante un periodo de confusión espiritual, están privados de alimento y fuerza para salir adelante, comienzan a marchitarse bajo ese estado de frustración, suelen dejar de asistir a la iglesia, leer la Biblia y orar, algunos pierden el control de si mismo, y empiezan hacer cosas que nunca antes habían pensado hacer. En realidad, algunas de las personas más amargadas e infelices sobre la faz de la tierra son las que se han separado del Dios que ya no comprenden, ni confían en Él.
El evangelio de Juan 15:5-6, Jesús dice: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen y los echan en el fuego, y arden". Si nos encontramos en esta situación, el dolor aumenta y la vida se hace más insoportable, embargan pensamientos de muerte, que son utilizados por el adversario para llevarlos a situaciones sin salida, haciéndoles creer que Dios las ha escogidos como víctimas.
Aunque no entendamos lo que Dios hace, debemos seguir confiando en Él y puede tomar en sus manos las cargas que están agobiando la existencia, Él dice: "Estad. quietos, y conoced que yo soy Dios" (Sal. 46:10), David nos aconseja: "Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará ... Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él ..." (Sal. 37:5,7).

Por eso necesitamos superar nuestra renuencia a aceptar está desagradable realidad, no debemos depender demasiado en nuestras propias habilidades para comprender las inexplicables circunstancias en nuestras vidas. Recordemos que la Biblia nos advierte: "... no te apoyes en tu propia prudencia". (Pr. 3:5; 1 Co. 13:12).
Jesús dijo a sus discípulos que deberían esperar sufrimientos, les advirtió: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn. 16:33). El apóstol Pablo escribió: "... sobreabundó de gozo en todas nuestras tribulaciones. Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores" (2 Co. 7:4-5).
Pedro no nos dejó ninguna posibilidad de duda acerca de las dificultades en la vida cristiana cuando escribió: "Amados, no os sorprendáis del fuego  de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con alegría" (1 Pe. 4:12-13); prestemos atención a estos versículos, a la coexistencia tanto del gozo como del dolor.
Dios esta siempre cerca, aunque a veces parece que no tiene sentido la vida, la evaluación de la situación no le corresponde al hombre, debido a que no tiene totalmente el panorama, solo Dios sabe de antemano cuál es la realidad completa, pero debemos tener siempre presente:
a.    Dios está presente e involucrado en nuestra vida, aunque parezca que no  nos oye o que nos ha abandonado.
b.    El tiempo en que Dios actúa es perfecto, aun cuando parezca estar desastrosamente atrasado para ayudarnos a salir de la inconfortable situación que nos encontramos.
c.    Los seres humanos somos valiosos para Dios, aunque las razones no se pueden explicar, con el solo hecho de que mandara a su propio hijo, nos da base que Dios nos ama.

Conclusión

            Las palabras maravillosas del salmo 34:17-19, nos dicen: "Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová".
            Debemos ejercer un dominio ante las circunstancias adversas tal como vengan a nuestras vidas, habrá periodos de aflicción, y no debemos desalentarlos cuando estos lleguen. Cuando llegue el momento de sufrir, aceptemos el dolor y fortalezcámonos en Él, sabiendo que Dios usará nuestras dificultades para cumplir su propósito, y realmente para nuestro propio bien. El Señor está muy cerca, y Él ha prometido que no le dejará ser tentado más de los que podemos resistir.
            "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos;  ya no habrá muerte, ni habrá llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. (Ap. 21:3-4).
            Esta es la esperanza de todos los siglos, que arde en el interior de todo creyente. Es la respuesta suprema para todos los que sufren y luchan hoy. Es el consuelo para evitar la confusión espiritual que el enemigo nos pone cuando el dolor invade nuestra existencia y mantenerlos dentro de la fe y la esperanza que solo Cristo nos entrega a través de ese acto maravilloso de la cruz.
             Nos unimos al pensamiento del apóstol  Pablo: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es , a los que conforme a su propósito son llamados.” (Ro. 8:28).

Juan Salgado Rioseco

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