La gran comisión pastoral dada por
Jesús a sus discípulos en un monte de Galilea, que relata el Evangelio de San
Mateo, cap. 28:16-20, nos hace meditar, cuestionar y preguntar: ¿Estaremos
haciendo la voluntad del Maestro en nuestros tiempos? ¿Estaremos preparados
para enfrentar la gran comisión? ¿Estamos aptos y aprobados para tener éxito en
el mandato de Jesús? ¿Tenemos el ánimo y la fuerza necesaria para enfrentar al
enemigo en misiones de evangelización? ¿Como está nuestra perseverancia?
¿Estaremos dentro de la recomendaciones que Pablo hace a Timoteo?: "Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es
Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a
hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros". (2 Timoteo
2:1-2).
Sin duda estas y otras
interrogantes nos hemos hechos alguna vez en nuestras vidas, quedando sin
respuestas gran parte de ellas. Donde se produce la dicotomía entre nuestro
actuar y lo que realmente debiéramos realizar. Donde se encuentra el origen de
nuestras debilidades y falencias en el accionar del cristianismo que profesamos
y practicamos.
El Evangelio de San Marcos nos
indica la extensión mundial y la universalidad del mandato, ¿pero que estamos
haciendo los cristianos actuales?, muchos cristianos creen que la iglesia es
las cuatro paredes donde se congregan, se dejan llevar por el ambiente que los
rodea, por lo que han logrado o se les ha legado, influenciados en gran parte
por la tradición y las costumbre del medio en que se desenvuelven, cada día son
menos los discípulos que mantienen la inquietud latente de llegar a conquistar
parajes indómitos donde aun el cristianismo no ha alcanzado con plenitud y
libertad, los ha invadido la comodidad, han perdido la alegría de llevar las
gratas nuevas de salvación a los países no alcanzados por nuestra fe, a los
oídos necesitados de esperanzas, a los angustiados y afligidos de latitudes
lejanas, han perdido la sensibilidad cristiana y nunca han asociado el amor de
Dios con el amor al prójimo. Están convencidos que cumplir la misión pastoral,
es vocear en el cantón de la calle de la esquina del Templo donde se reúnen,
¿estarán obrando bien o mal?
Millares de nuestros hermanos de fe en este momentos sufren
persecución, oprobio en sus propios países, que se encuentran dominados por
otras religiones o ideologías ateas y nosotros que hacemos, nada, somos
ignorantes de lo que le sucede a la Iglesia de Cristo, nos hemos convertidos en
células cristianas, indiferentes, impermeables, impermutable a los
acontecimientos que están sucediendo a nuestros alrededor, e indolentes al
sufrimiento de nuestros hermanos de fe.
Con nuestras actitudes y hechos, en muchas oportunidades, actuamos
como enemigos de Cristo en vez de discípulo, ¿Como o Cuando? se preguntara
Usted, simplemente dándole la oportunidad al enemigo de nuestra fe de
posesionarse en los lugares estratégicos de nuestra sociedad, eligiendo hombres
o mujeres para los cargos públicos a sabiendas que sus pensamientos o ideologías
son contrarias a la enseñanza cristiana, así poniendo en peligro a las
diferentes comunidades creyentes con nuestras ambiciones personales, la
ignorancia cívica o nuestra nula visión de cristianismo universal.
Normalmente tenemos la aspiración de ser la congregación cristiana
más grande de nuestro sector compitiendo con la más próxima, que generalmente
se encuentra en la misma cuadra, o sea, una lucha sin cuartel entre cristianos,
con todo el estrago que puede causar esta guerra por las almas, que en gran
porcentaje son personas ya convertidas o conocedoras del Evangelio, olvidando
que el verdadero campo de batalla es ganar almas para Cristo arrebatándoselas
al enemigo, y la vez posecionarlos en los lugares estratégicos de la sociedad, muchos pensarán que existe un
rasgo de política partidista en estas palabras, que no corresponde con el
propósito del accionar de la iglesia, veamos primero las Escrituras antes de
criticar, en Hechos 6:7 encontramos: "La
palabra del Señor crecía y el número de
los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los
sacerdotes obedecían la fe". Los sacerdotes pertenecían a la clase
aristocrática y gobernante de la época. En el capitulo trece de Hechos,
encontramos en Antioquía a Manaén el que se había criado junto con Herodes el
tetrarca, en la isla de Chipre, Pafos, al procónsul romano Sergio Paulo, en
Berea fueron alcanzadas mujeres distinguidas, en Corinto, Crispo y Sóstenes,
altos dignatarios de la sinagoga. En Éfeso algunas autoridades eran amigos de
Pablo, en Corinto estaba Erasto, tesorero de la ciudad, en la carta a los
Filipenses, Pablo saluda especialmente a los de la casa de César (el emperador
del imperio dominante de esa época), entre otros. Este simple analisis de las
Escrituras, nos podemos dar cuenta, que muchas veces nuestro obrar en el campo
del evangelismo no sigue el padrón bíblico, dejándonos influenciar por aspectos
tradicionales, apegos culturales y dogmas ajenos a las enseñanzas bíblicas, produciendo
la denigración del Evangelio
Da tristeza contemplar el estado de la iglesia, hemos abandonado
la frescura del evangelio, hemos dejado que lideres ineptos o no preparados
idóneamente se apropien de la grey de Dios para sus beneficios personales,
muchos de ellos buscan ser figuras, en algunas oportunidades solo figurines, y
luchan por los lugares de privilegios dentro de sus estructuras
organizacionales, en vez de optar por el camino ordenado por Jesús, en otras
oportunidades se instalan personas frente a la grey de Dios que escasamente
alcanza el nivel de convencidos, por ser familiar o protegido de un preminente líder
de la congregación en desmedro de los genuinos convertidos que han alcanzado un
grado de compromiso real al servicio de Cristo, mermando la eficacia y la idoneidad
del Cuerpo de Cristo.
Trae consternación ver como los cristianos se enfrascan entre sí
por reglas, normas absurdas e incoherentes con la misma Palabra de Dios,
llegando a profundas y dolorosas cismas.
Las inconsecuencias de estas actitudes, han llevado a tener una segregación tan
grande de comunidades, que simplemente se han convertido en un laberinto de
profanas comunidades religiosas, imponiendo una verdad que a la simple luz de
las enseñanzas de Jesús no son tales, ocasionando daños colaterales inmensurables
en el Cuerpo de Cristo.
John MCarthur se hizo la siguiente pregunta y dio la respuesta “¿Puede la iglesia combatir la apatía y el
materialismo alimentando la concupiscencia y el gusto de la gente por el
entretenimiento? Parece que muchos creen que si, pues una tras otra, las
iglesias se montan al vagón de los espectáculos cristianos. Esta lamentable
tendencia ha hecho que muchas iglesias, que en otros aspectos son sanas, se
alejen de las prioridades bíblicas”.
¿Cuál debe ser nuestro genuino interés en el servicio del Cuerpo
de Cristo? John MCarthur nos da la respuesta: “Simplemente necesitamos retornar a la predicación de la verdad y
dedicarnos a sembrar la semilla. Si somos fieles a eso, la tierra que Dios ha
preparado producirá fruto”.
Juan Salgado Rioseco
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