Características
y tipos de pecados.
El
apóstol Juan escribió “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la
carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del
Padre, sino del mundo.” (1 Jn. 2:16).
Comprender
cabalmente lo que significa el “pecado”, es una buena forma de resguardarse de
las artimañas del enemigo; saber las características del “pecado” ayudan al
hombre a combatirlo más fácilmente, además permite describirlo e identificar
sus formas, su carácter.
¿Cuáles
son las características del pecado según la Biblia? ¿Qué causa en nosotros?
¿Por qué es tan peligroso? (1) es universal. (Ro. 3:10; Sal. 14:2; Job 14:4). (2)
penetra o permea todo el cuerpo humano: (a) mente (2 Co. 4:4). (b) voluntad (Gn.
8:21). (c) emociones (Ef. 2:3). (d) cuerpo (Ro. 8:10). (3) es Irracional (Gn.
25:33-34; Lc. 15:16-17). (4) es engañoso (He. 3:13; Ro. 1:22; Ap. 3:17). (5) endurece
(He. 3:13). (6) esclaviza (Jn. 8:34; Pr. 5:22). (7) ensucia (Ro. 3:23; Is.
6:3-5).
Al
entender con cabalidad las características del pecado, podemos clasificar o
determinar los tipos de pecados en los cuales los seres humanos pueden incurrir,
determinando su origen: (1) de intención (Mt. 5:28, Sal. 19:13. Jn. 8:44),
emanan del corazón. (2) de omisión (Stgo. 4:17) dejar de cumplir la voluntad de
Dios. (3) de participación (Lv. 5:1, Hch. 5:8-10, Stgo. 5:19-20), son los que
uno se hace participe o cómplice de las transgresiones del prójimo. (4) de
acción (Stg. 1:15, Ro. 7:20), los que uno maquina en el corazón y los comete.
(5) de ignorancia (Ro. 14:23, 1 Ti. 5:22, 1 Jn. 5:17, Sal. 19:12), cuando
transgredimos la voluntad de Dios o lo hacemos participe por falta de
conocimiento (Os. 4:6). (6) por coacción (Prov. 1:10; 7:21; 1 Co. 8:9-12, Stgo.
2:9), cuando se provoca, obliga o induce a otra persona a pecar. (7) ancestrales
(Éx. 20:5, 1 Rey. 14:22, Neh. 9:2, Dn. 9:16), son las consecuencias colaterales
de las transgresiones de nuestros antepasados.
Al
conocer las características y entender los tipos de pecados, los seres humanos
no pueden negar la existencia latente dentro de su ser del pecado; si afirmamos
que no tenemos pecado, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos y
no vivimos en la verdad; si afirmamos que no hemos pecado, llamamos a Dios
mentiroso y demostramos que no hay lugar para su palabra en nuestro corazón.
(1 Jn. 1:8, 10; Ro. 3:23).
El
pecado es una realidad con la cual tiene que convivir.
El
pecado es inherente a la naturaleza humana; las Escrituras describen al hombre como
un ser pecador, muchos textos bíblicos avalan esta postura (Ro. 3:9, 19, 23; Ecl.
7:20; Gá. 3:22), debido a esto Juan el Bautista dijo de Jesús “¡Miren! ¡El
cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Jn. 1:29).
Las
diversa culturas a lo largo de la historia de la humanidad dan testimonio de la
realidad pecaminosa del hombre a través de sus normativas jurídicas o de los
sacrificios culticos a sus dioses para limpiar de pecado a sus comunidades, u otras
evidencias en las diferentes sociedades a través de las épocas han quedado registradas
en sus literaturas, como: Séneca, gran filósofo romano " Todos hemos
pecado: unos más y otros menos”; Oridio (romano) " Todos luchamos por lo
que es prohibido."; Goethe, poeta y filósofo alemán, "No veo falta en
los demás que no haya yo cometido.". encontramos en la sapiencia milenial china
el siguiente proverbio: "Hay dos hombres buenos uno que está muerto y otro
que no ha nacido."
“En
otras palabras, tal como fue por medio de una ofensa que la gente fue llevada a
condenación, así también por medio de un acto justo fue que toda la gente vino
a ser considerada justificada. Pues igual que por la desobediencia de un hombre
muchos fueron hechos pecadores, por medio de la obediencia de un hombre muchos
serán justificados.” (Ro. 5:18-19 Kadosh).
Los
principales efectos que causa en el alma el pecado es la pérdida de la Gracia
santificante, de las virtudes que todo cristiano debe tener y de los dones del
Espíritu Santo; la pérdida de la presencia de la Trinidad en el alma, que es
incompatible con la aversión a Dios propia del pecado mortal; trae consigo la
esclavitud de Satanás, aumento de las malas inclinaciones, remordimiento e inquietud
de conciencia; y la condenación eterna.
Podemos
escribir que el pecado: (1) separa de Dios. (Ro. 3:23). (2) conduce a muerte (Ro.
5:12). (3) trae dos clases de muerte: (a) la muerte física (Gn. 5:5). (b) la muerte
espiritual (2 Ts. 1:9; Ro. 6:23; 7:11; Stgo. 1:15). (4) prescribe que son hijos
del diablo (1 Jn 3:8, 10; Jn 8:44).
El
pecado trae consigo consecuencias trágicas para el ser humano en lo presente
(1) aquel que peca se hace esclavo del pecado (Jn. 8:34). (2) las oraciones son
obstruidas (Jn. 9:31). (3) hay una pared figurada entre Dios y el pecador (Is. 59:1-2).
No
solo hay consecuencias en esta vida sino también en la vida venidera, los pecadores
(1) serán juzgados. (2 Co. 5:10). (2) recibirán castigo (Ro.1:18). (3) estarán fuera del Reino de Dios por la
eternidad (1 Co. 6:9-11). (4) el infierno será su hogar eterno. (Ap. 20:11-15).
Si el hombre no recibe el perdón de sus
pecados durante su vida aquí en la tierra, sufrirá las consecuencias de su
propio pecado después del juicio, “Y de la manera que está establecido para los
hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, …” (He. 9:27;
Ecl. 12:14; Mt. 12:36; Lc. 12:2; Jn. 5:29).
La
oportunidad que tiene el ser humano de alterar o cambiar su destino final es
durante su vida, buscando el camino que ofrece el Hijo de Dios a los que creen
en Él. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino
por mí.” (Jn. 14:6). “Yo soy la puerta;
el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Jn.
10:9).
Juan Salgado Rioseco
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