jueves, 11 de octubre de 2012

El servicio a Dios



 Jesucristo infundió a sus discípulos a tener un espíritu de servicio:
“Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:26-28 NVI).
 
“Porque, ¿quién es más importante, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No lo es el que está sentado a la mesa? Sin embargo, yo estoy entre ustedes como uno que sirve”. (Lucas 22:27) 
 
El apóstol Pablo nos motiva a tener una manera de pensar acorde al Maestro: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.” (Flp 2:5-7 NVI) 
 
Con origen en el término latino “servitĭum”, la palabra servicio define a la actividad y consecuencia de servir, un verbo que se emplea para dar nombre a la condición de alguien que está a disposición de otro para hacer lo que éste exige u ordena.
 
La Real Academia de la lengua Española define la palabra servir como: Estar sujeto a otro por cualquier motivo, aunque sea voluntariamente, haciendo lo que él quiere o dispone.
 “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas. El que habla, hágalo como quien expresa las palabras mismas de Dios; el que presta algún servicio, hágalo como quien tiene el poder de Dios. Así Dios será en todo alabado por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pe. 4:10-11 NVI) 
 
En este pasaje bíblico, de acuerdo a la traducción NVI, aparecen mencionado dos veces la palabra “servicio”, además, con la condicionante  que instan ha administrar bien el “don de servicio”, y esto debe asumirse que uno tiene “el poder de Dios”, si se cumple con esta condicionante “Dios será en todo alabado por medio de Jesucristo”. Casi 1400 años antes, Josué el sucesor de Moisés, enfrenta al pueblo de Israel con un gran desafío: “Por todo esto, respeten y honren al Señor. Sírvanle con integridad y de todo corazón. Echen fuera a los dioses que sus padres adoraron en el otro lado del río y en Egipto, y que aún están entre ustedes, y en su lugar sirvan al Señor. Pero si no les parece bien servirle, escojan hoy a quién quieren servir, si a los dioses que sus padres adoraron cuando aún estaban al otro lado del río, o a los dioses que sirven los amorreos en esta tierra donde ahora ustedes viven. Por mi parte, mi casa y yo serviremos al Señor.” (Jos 24:14 – 15 NVI). Este desafío aun se encuentra vigente,  el ser humano siempre se encuentra en la disyuntiva de hacer frente la decisión de servir a Dios o encaminar sus pasos por los senderos del humanismo contrario a la voluntad de su creador. Sin embargo, el ser humano divaga por sendas de ambigüedades, la inconstancia y la falta de motivación al servicio a Dios, hace que el fruto o resultado sea deficiente o no este a la altura a lo que Dios desea, el apóstol Pablo escribe “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica”. (Efesios 2:10, NVI). Pablo con propiedad, nos insta a ser siervo de Jesucristo, en todas las introducciones de sus cartas reconocía su condición de siervo “Pablo, siervo…”, hay pruebas indubitables que su comportamiento como cristiano supero las perspectivas del mas optimista al tener conocimiento de su conversión.
 
Él era un apóstol, reconocido y de renombre, con distinción en el conocimiento del judaísmo como ningún otro, incansable propagador del evangelio de Jesucristo, infatigable a pesar de todas las circunstancias adversas que le toco vivir, merecía un puesto de honor y de reconocimiento dentro del cuerpo de Cristo, sin embargo, constantemente se refería a si mismo como un “siervo” de Jesús, ¡que maravillosa lección!, de humildad, de negación a si mismo, de honestidad, estaba consciente de sus suficiencias, pero reconocía su  dependencia de Dios, sin ambigüedades, “Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios. (1 Co 2:3-5, NVI). ¡Que modestia! Una actitud que debiéramos tener todos, sin excepción lo “siervos de Jesucristo”.
 
Al conocer el obrar del apóstol de los gentiles, y reconocer su obra que aun perdura en el tiempo a pesar de los siglos, solo queda de poner en practica su consejo a los hermanos de Filipo “Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,…”  (Flp 2:1-5, NVI).
 
 Pablo en su carta magna doctrinal escribe “Así que, hermanos, os exhorto por la gran misericordia de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”. (Ro. 12:1, BTX), en este pasaje bíblico, nos da tres características  que debe tener en su servicio a Dios el ser humano, lo que trae como implicación, que el servir a Dios va mas allá de un simple deseo sentimental, sino en forma integra que logre captar la atención de Dios.
 
“Todo lo que hagan, háganlo de buena gana, como si estuvieran sirviendo al Señor y no a los hombres”. (Col. 3:23, DHH), todo nuestro servicio, de cualquier índole, debe estar animado por un solo pensamiento, estarlo haciendo para Dios, ejecutándole de una forma positiva y motivadora, para que a través de estas acciones demos testimonio de  que la gran motivación de servicio surge de la fe en Cristo, como dice la ultima parte del versículo veinticuatro “porque a Cristo el Señor servís”. (RV). Si cada uno de nosotros entendiera estas verdades, las iglesias estarían llenas de obreros idóneos, de siervos que sin importar las actitudes de los líderes o pastores estuvieran dispuestos a efectuar grandes sacrificios en pro de la obra de Dios y no tendríamos miembros sin compromisos con su causa, desmotivados de servir, desencantados en pro seguir el camino a la eternidad.
 
Sin embargo, para definir con mas precisión el servicio a Dios, debemos recurrir al sentido que Jesús trato de enseñar y a la forma que el apóstol Pablo  transmitió esta enseñanza en particular, la palabra que mejor define el servicio a Dios, es la palabra griega “Doulos”, que significa “esclavo”,  que se traduce a menudo en nuestras traducciones como “siervo”, utilizando la palabra latina “servus”, de acuerdo a las versiones latinas de la Biblia. Por lo tanto, la idea general no la vemos si hacemos una lectura superficial a través del Nuevo Testamento traducido en español.
 
John MacArthur da dos razones por las que cree que se ha traducido así:
1.       “Los traductores han querido evitar cualquier forma de asociación entre la enseñanza bíblica y la trata de esclavos del Imperio Británico y de la época colonial americana.”
 
2.       “Desde una perspectiva histórica, en los tiempos finales de la Edad Media era común traducir Doulos con la palabra en latín “servus”. Algunas de las primeras traducciones influenciadas por la versión Latina de la Biblia, traducen Doulos como “siervo”, porque era la interpretación más natural de “servus”.”
 
El Theological Dictionary of the New Testament [Diccionario Teológico del Nuevo Testamento], la autoridad principal en cuanto al significado de los términos griegos en la Escritura, la palabra “doulos” se utiliza exclusivamente «ya sea para describir el estatus de un esclavo o una actitud que se corresponde con la de un esclavo». Por consiguiente, tenemos un servicio que no es una cuestión de opción para aquel que lo hace, el cual tiene que realizarlo sea que le guste o no, pues está sujeto como esclavo a una voluntad ajena, la de su dueño. El término acentúa la dependencia del esclavo a su señor.
 
La gran diferencia entre “sirviente y esclavo”: los sirvientes se contratan; los esclavos se poseen. Los sirvientes tienen un elemento de libertad al elegir para quién trabajan y qué hacen. La idea de servidumbre mantiene cierto nivel de autonomía propia y derechos personales. Los esclavos, por su parte, no tienen ni libertad, ni autonomía, ni derechos. En el mundo grecorromano, a los esclavos se les consideraba propiedad, al punto que a los ojos de la ley se les veía como cosas en lugar de como personas. Ser el esclavo de alguien era ser su posesión, atado a obedecer su voluntad sin dudar ni argumentar. Este el pensamiento que tenia el apóstol pablo cuando escribió “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo (esclavo), hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Flp 2:6-8) (La palabra esclavo, es la traducción más correcta de “doulos”).  El evangelio no es una simple invitación a ser un creyente de Cristo; es un mandato a convertirse en su esclavo, con una total dependencia en el autor y consumador de la vida.
 
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mar 10:45)  en este pasaje bíblico encontramos otra palabra que define nuestro servicio a Dios “diakoneō”, tiene el significado más amplio de servicio en el sentido de ayuda a los demás. La encontramos muchas veces traducida con los verbos servir, ayudar, administrar, asistir. En ese sentido Pablo escribió en Romanos 15:25 “Pero ahora voy a Jerusalén para servir a los santos.” (RVC), por lo tanto, el uso de esta palabra en las Escrituras está referido más bien al cuerpo de Cristo; todos los creyentes están llamados a rendir un servicio de culto al Señor, actuar como intermediarios entre Dios y una humanidad destrozada por el pecado y servir humildemente a los que tienen alrededor. El apóstol Pedro nos dice que el servicio a Dios es un servicio mutuo en el seno del cuerpo de Cristo “Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de ustedes sirva a los demás según lo que haya recibido.” (1Pe 4:10) 
 
En 2 Co 9:12 leemos “Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;…” aquí encontramos la palabra “leitourgia, leitourgein”, también Pablo las usa en conexión con el servicio que le prestaron a él los filipenses y Epafrodito (Fil. 2:17, 30); servir a otros es una "liturgia" que Dios impone a los ciudadanos del reino, describe el servicio voluntario, asumido espontáneamente. De acuerdo a William Barclay en su libro Palabras Griegas en el Nuevo Testamento, “El cristiano es el hombre que trabaja para Dios y para los hombres; primero, porque lo desea de todo corazón, y, segundo, porque es compelido por el amor de Dios, que lo constriñe”.
 
El servicio que Dios demanda de cada uno de nosotros como seguidores de El seamos humildes y diligentes, Dios debe de ocupar el primer lugar siempre en nuestra vida, las prioridades deben ser programadas de acuerdo a la voluntad de El, y cuando estemos efectuando algún servicio, debe ser realizado con prolijidad, buscando siempre la perfección que Él se merece.
El servicio que Dios demanda es uno que esta comprometido a seguirle cueste lo que cueste, sea la circunstancia que sea, no importando en nada lo que nos pueda suceder en este servicio, de esta forma lo enseño nuestro amado Señor Jesús, “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” (Juan.12:26).
 
Dios quiere que le sirvamos, así se los demanda a cada uno de los que han aceptado a Jesucristo como su Salvador, pero este servicio para que pueda agradar a Dios debe ser: Con el alma y el corazón; solamente y únicamente a Dios; un servicio agradable a El; un servicio voluntario; con una actitud correcta; diligencia y prolijidad.
 
Si fallamos o somos negligentes en nuestro accionar al servicio de Dios, Él no lo aceptara, debido que no será grato antes su presencia.
 
“De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;…” (Romanos 12:6-7) 
 
“ειτε διακονιαν εν τη διακονια…” (Romanos 12:7 WH).

Juan Salgado Rioseco 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Hay que conocer la Historia de la Historia Cristiana



   La mayoría de los creyentes pentecostales, desconocen la historia de la iglesia desde su inicio, la evolución que ha tenido en el tiempo, y los grandes cambios imperceptibles que ha debido sortear a lo largo de estos dos milenios. Creen que ella es producto del esfuerzo cotidiano de su época y no fruto o consecuencias de sucesos ocurridos a lo largo de estos veinte siglos de vida. No avizoran que los grandes cambios de las sociedades interactivas modernas, han obligados a revaluar ciertos puntos históricos que en su oportunidad no fueron tomados en cuenta o no se le dio la trascendencia que ameritaba.

A través del estudio de hitos históricos importantes y algunos advenimientos que han cobrado relevancia en la actualidad, podremos darnos cuenta lo vital que es conocer la historia como medio de interpretación de la Palabra de Dios, y poder revaluar nuestro pensamiento teológico actual. Una mención breve de diferentes hitos de relevancia, ocurridos en diferentes épocas, nos señalan como los métodos de interpretación bíblica han ido cambiando hasta los días actuales.
El interés principal de este estudio, es que los creyentes pentecostales, tengan una orientación de cómo los sucesos históricos, los cambios de cultura influyen en la lectura bíblica; tomen conciencia de la importancia de conocer el pasado, para no cometer los mismos errores; y estar preparados para discernir los tiempos venideros. Se debe tener presente que las diferentes posturas teológicas desde el inicio, con sus pugnas, desacuerdos e imposiciones de los grupos más fuertes, son ahora parte de la forma que interpretamos la Biblia; lo que aseveramos hoy como incontrovertible e infalible, fue en otra época motivo de irreconciliables posturas, sangrientas desavenencias, y una profunda cisma.
La interpretación bíblica y la teología, en el contexto rabínico, utilizada por los judíos y judeocristianos de la primera mitad del siglo I, influenciaron en el comportamiento de los primeros cristianos. Lo podemos percibir en el libro de los Hechos de los Apóstoles y en algunos pasajes bíblicos de los escritores neotestamentarios. Su forma de interpretar las Escrituras tuvo sus inicios después de la crisis babilónica, en respuesta a la necesidad de educar al pueblo en la religión de sus padres, en la preservación de la Ley, la enseñanza discipular, y la administración de la ley posteriormente en el Sanedrín.
El derash procedimiento utilizado por los judíos en la antigüedad, basados en la exégesis y la hermenéutica, es la plenitud y la actualización del sentido bíblico, bajo el parámetro del rabinismo, sorprendentemente también utilizada por los cristianos primitivos, heredando está técnica los escritores del Nuevo Testamento, como lo demuestran sus respectivos escritos. En este sentido, el Antiguo Testamento tiene influencia en el cristiano con el estudio de la unicidad con el Nuevo Testamento, a la luz de la nueva enseñanza se puede decir que: “el Nuevo Testamento es un midrash del Antiguo Testamento”. Fiel exponente de esta línea de pensamiento es la carta a los Hebreos, o como lo exegetas de todos lo tiempos dicen: “el Nuevo Testamento es el cumplimiento y culminación del Antiguo”.
A la luz de la visión del nuevo maestro, el cristianismo irrumpe del contexto judaico, con una nueva propuesta e interpretación de los sagrados escritos hebreos, que responderá a la necesidad espiritual de las personas de su tiempo, desarrollando un mensaje contextualizado y reorientando la piedad de los judíos hacia la verdadera práctica. Desde allí la importancia de saber cómo los judíos interpretaban las Escrituras, para poder entender y darle el sentido adecuado a las enseñanzas de Jesús.
El encuentro de las culturas hebreas y griega, no sucede con el proceso de evangelización de la nueva doctrina, sino es un largo periodo convivencia anterior, pero se acentúa en la transmisión de la nueva doctrina, la simpleza pietista hebrea, es influenciada y desarrollada por los aspectos filosóficos humanistas griegos. Esta amalgama se puede percibir en el cuarto evangelio, el platonismo siendo utilizado como medio de  reinterpretación y propagación de la nueva fe, en las sociedades y pueblos de cultura helénica, en los escritos de Pablo encontramos la unión de ambas culturas como fiel exponente de los cambios de influencia de los nuevos convertidos.
La incipiente religión recibe beneficios del encuentro transcultural, los utiliza para su provecho, a la vez la van distanciando de su raíz primitiva, produciéndose un quiebre entre la comunidades noveles, tomando un giro cada una independiente de la otra, que posteriormente  derivara en un cambio sistemático, paulatino en el campo de la teología y la enseñanza de la doctrina.
Es interesante conocer que al inicio de la Iglesia se componía de Judeos (nacidos en palestina) y Judíos de la Diáspora, (la mayoría descendientes de judíos expatriados, llamados helenistas), establecidos principalmente en Jerusalén, siendo su centro teológico. A mediados de siglo I las fuerzas entre judíos y gentiles se encontraban equilibradas, los centros teológicos eran Jerusalén y Antioquia. Al inicio del siglo II, Jerusalén había desaparecido, el 90% de los creyentes eran gentiles, la gran mayoría de cultura helénica que se esparcían por toda la cuenca Mediterránea, y sus incipientes centros teológicos eran:
a.   Cartago en África, que da origen a toda la teología del mundo occidental.
b.   Alejandría en Egipto, centro intelectual del mundo Grecorromano y
c.   Antioquia en Asia, la más antigua, extraña y desconocida, heredera de la teología de Palestina y Asia Menor.
El cambio de los ejes teológicos y doctrinales en menos de un siglo trajo sus consecuencias en los siglos  II, III y IV, en sus respectivas áreas de influencias, se ocasionaron las controversias doctrinales que llevaron a los apologistas a tener gran relevancia en los aspectos teológicos. Los más poderosos e influyentes primaron sobre las minorías, tanto sociales como étnicas, e imponiéndose posiblemente aspectos doctrinales que no eran acorde con la doctrina primitiva o al contexto teológico de la raíz hebrea – griega.
Los preceptos de la nueva fe, trajo consigo cambios insospechados a las estructuras mismas del imperio. La pasividad de los primeros años, se transformó en la agresividad descarnada de algunos periodos, donde los mártires tuvieron la ocasión de adaptarse o morir por la causa de su fe. El corroer paulatino y constante, a través de sus principios morales de la nueva religión, llevaron al gran cataclismo religioso del mundo antiguo, y el cambio radical del politeísmo al monoteísmo. Los cambios sociales aunque algunos duraron siglos, trajeron consecuencias que gravitaron el diario vivir del hombre y su contorno, fueron absorbiendo nuevas sociedades, nuevas culturas, en cada encuentro dan origen a nuevas posiciones que obligan a enfrentar cambios teológicos, por lo tanto a nuevas relecturas de las Escrituras.
Los grandes cambios obligan a revaluar otros puntos no tomados en cuenta anteriormente, debido que somos herederos de todo un proceso, obligando a desechar otras opciones, aunque validas pero intrascendentes para el momento y el contexto que se esta viviendo. En el siglo XVI, el cristianismo se concentraba en el continente Europeo, casi en su totalidad era de raza blanca, sus pocos misioneros salían de Roma y el protestantismo efectuaba su proselitismo principalmente dentro de las fronteras del viejo continente. Al inicio del siglo XX el 50% de los cristianos vivía en Europa y el resto se repartía en todo el mundo, el 80% eran de raza blanca, sus centros misioneros  estaban en Londres y Nueva York. A fines del siglo XX, el 25% vive en Europa, dos tercios no son blancos, sus centros misioneros se encuentran en Corea, desde Puerto Rico salen misioneros a Nueva York, desde Latinoamérica viajan misioneros a Europa, África y Asia.
El siglo XX, empezó con una forma de interpretación bíblica, orientada en las sociedades del Atlántico Norte, al termino del siglo no sola una sino distintas formas de interpretación bíblica, orientada desde el Hemisferio Sur, que han obligado a reorientar la lectura bíblica al sentido de estas sociedades, a sus necesidades y complejidades. Desde el norte la lectura bíblica es orientada a la doctrina de la prosperidad, la guerra espiritual, el mesianismo; desde el sur la orientación  camina tras de la justicia social, de la igualdad, los derechos del ser humano, la superación de la pobreza, y satisfacer el hambre, donde los profetas escritores siglo VIII a. C. cobran relevancia y sus escritos se contextualizan para las sociedades emergentes del tercer mundo.
Los cambios históricos y teológico que trajo consigo el cristianismo, desde su raíz hebrea y su influencia griega, obligó en su tiempo a reinterpretar las Escrituras Hebreas y orientarlas a las culturas de las nuevas sociedades que encontraba a su paso, pero su raíz cobra en los tiempos actuales importancia al revaluar los conceptos y volver al sentido primitivo o los principios de las enseñanzas de Jesús, en beneficio al nuevo hombre que se esta engendrando en estas sociedades, por la similitud de las condiciones sociales de ambos tiempos.
A lo largo de los veinte siglos de historia, el cristianismo se ha beneficiado de los encuentros transculturales, ha recibido influencias negativas e incluso nefasta, que han pasado imperceptibles, han sido asumidas como interpretaciones bíblicas valederas y muchas de ellas han tomado el valor de dogmas, lo que ha producido el divisionismo teológico, doctrinal y en muchos casos el quiebre de la comunión cristiana, lo que a dado fruto de enemigos irreconciliables; la historia de la historia nos obliga ha reconsiderar nuestras respectivas posiciones, y mirar en ella los sucesos históricos del pasado para reconsiderar nuestras posiciones actuales si tienen validez bíblica o solamente fundamentos culturales o tradicionalista.
Debemos mirar la historia, somos hijos de una sociedad y una cultura que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, enraizando costumbres y tradiciones, que nos han ido alejando de otras comunidades cristianas, muchas de ellas desconocidas. Imponiendo una verdad que no es tal verdad, una forma de vida bajo conceptos mal fundamentados y no considerando que es posible que aquellas comunidades se acercan más a la verdad original.
Los cambios imperceptibles han sucedido vertiginosamente en los últimos tiempos y seguirán sucediendo en los tiempos venideros, sin que nos demos cuenta, nos obligaran cada cierto tiempo a efectuar relecturas de las Escrituras a la luz de los nuevos tiempos, es por eso, que los cristianos deben conocer su historia, para que aquellos sucesos similares del pasado, nos sirvan como orientación, y nos lleven a la senda adecuada señalada por la verdadera doctrina de Cristo. Como señala el profesor cubano  Justo L. González “hay que buscar la historia de la historia”, para aprender de ella.

Juan Salgado Rioseco

Me llaman: "La Iglesia Primitiva"



         Nací en Jerusalén, diez días después de la ascensión del Maestro, fui bautizada en Pentecostés con el fuego del Espíritu Santo, mis primeros feligreses fueron los apóstoles y discípulos del Maestro, todos ellos israelitas por nacimiento y judíos por la fe de mis padres.
         Mi vida era comunitaria, pasaba en el templo y oración, eran manifiestas mis obras entre el pueblo, cada día crecía, pues el Redentor agregaba los salvos, no había día en que llegara uno nuevo a integrar las filas del cual creíamos que era el Mesías esperado, sanidades, prodigios y milagros era el pan de todos los días, incluso la sombra de Pedro sanaba a los enfermos. Llegue a tener adherentes hasta en la misma corte del rey, entre los sacerdotes, magistrados y principales.
Un buen día, primero como rumor, posteriormente como malestar, luego empezaron las riñas en mi interior entre los hebreos y los helenistas, todo por sus mujeres, viudas y niños, que estos o aquellos eran mal atendidos, por consecuencia de este suceso se eligieron a los Diáconos, para ayudar a los apóstoles en las cosas administrativas, organizarme mejor y más equitativamente.
 Un día sucedió lo inevitable, Esteban uno de mis hijos más piadosos, tuvo la ocurrencia de enfrentar a los mismos doctores de la Ley, y estos como no pudieron rebatirle instaron al pueblo a matarlo a pedradas, que dolor, vino entonces la persecución contra mis hijos, especialmente contra los helenistas, tuve que llorar por la partida de ellos, pero este llanto luego se convirtió en gran gozo, donde iban nacían nuevos discípulos, con sus obras, y actitudes predicaban el Evangelio del que había resucitado entre los muertos, ¿saben ustedes que pasó? Las nuevas de salvación llegó a los gentiles, primero en forma débil, para convertirse luego en una fuerza arrolladora, Pedro en casa de Cornelio, Damasco, Antioquía de Siria, Creta, abrieron las puertas que otro pueblo alcanzaran las misericordias de mi Señor.
Un día de sufrimiento, el bizarro de Tarso, me vino a enfrentar en Damasco, cuando pisó esta cuidad era unos de mis más fervientes adherentes, Saulo el celoso fariseo perseguidor, convertido en el mas osado e intrépido apóstol de los gentiles, "todo lo puedo en Cristo que me fortalece" "ya no vivo yo, sino Cristo vive en mi", eran sus palabras favoritas. Temerario, audaz, aventurero predicador de mis enseñanzas, excelente argumentador y orador de mi causa, Pablo, que ganas de tener siquiera en estos días uno como él, fiel, constante perseverante a pesar de los sufrimientos que pasó por mi causa, solo miró a mi esposo y decía: ¿Son servidores de Cristo? Yo lo soy más todavía, aunque sea una locura decirlo. Yo he trabajado más que ellos, he estado preso más veces, me han azotado con látigos más que a ellos, y he estado más veces que ellos en peligro de muerte. Cinco veces las autoridades judías me han dado treinta y nueve azotes con un látigo. Tres veces las autoridades romanas me han golpeado con varas. Una vez me tiraron piedras. En tres ocasiones se hundió el barco en que yo viajaba. Una vez pasé una noche y un día en alta mar, hasta que me rescataron. He viajado mucho. He cruzado ríos arriesgando mi vida, he estado a punto de ser asaltado, me he visto en peligro entre la gente de mi pueblo y entre los extranjeros, en la ciudad y en el campo, en el mar y entre falsos hermanos de la iglesia. He trabajado mucho, y he tenido dificultades. Muchas noches las he pasado sin dormir. He sufrido hambre y sed, y por falta de ropa he pasado frío.” Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro,
Algunos  trataron de encerrarme entre el ritualismo y el legalismo, Él junto a otros fueron mis más ardientes defensores, osó resistir cara a cara al mismo Pedro, porque era de condenar. Prefirió que le cortaran su cabeza en el día de su muerte antes de renegar a su Maestro, Pablo "en lo poco fuisteis fiel en lo mucho te pondré".
Otros hijos míos confiaron tanto en Dios que no quisieron que los dejaran en libertad. Al contrario, dejaron que los mataran, porque sabían que volverían a vivir y así estarían mucho mejor. Mucha gente se burló de ellos y los maltrató, y hasta los metieron en la cárcel. A otros los mataron a pedradas, los partieron en dos con una sierra, o los mataron con espada. Algunos anduvieron de un lugar a otro con ropas hechas de piel de oveja o de cabra. Eran pobres, estaban tristes, y habían sido maltratados. La gente de este mundo no merecía personas tan buenas, que anduvieron sin rumbo fijo por el desierto, por las montañas, por las cuevas y las cavernas de la tierra.”, como los antiguos. Pero no retrocedieron, sino se mantuvieron su fe para preservación del alma.
Pedro, irreflexivo, impetuoso, inconstante, controvertido, apasionado, pero fiel a mi causa, no dudo morir en la forma más dolorosa, por su Señor.
Santiago, piadoso y justo entre los suyos, respetado y reconocido aún entre los opuestos a mi evangelio, muerto por mi causa.
Jerusalén, Samaria, Palestina, Asia Menor, Creta, Macedonia, Grecia, Egipto, finalmente Roma la imperial, fueron testigo de mi arduo trabajo, sudor, deseos, ganas, sufrimientos, hambre, desnudes, persecuciones, cárceles, en las casa de los esclavos, como en los palacios, oyeron la voz de mi Maestro llevadas por mis más fieles seguidores, en los estrados de los magistrados se escucharon los pregones de la salvación ofrecida por Dios a todos los hombres de buena voluntad. Sangre, martirios, flagelaciones, violaciones, confiscaciones, días terribles, pero nunca desfallecí porque mi esposo estaba conmigo hasta el fin y en sus brazos fui llevada. Además era su promesa:” y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”  
Cuatro evangelios, un libro histórico, y 22 cartas fueron mi legado a la  humanidad y miles de testigos, mártires de todos los pueblos, lenguas o razas entonces conocidas, regaron su sangre para acercar el reino de los cielos a los hombres de buena voluntad de todas las naciones. 
Este es mi fruto y legado a la humanidad, mis hijos cambiaron la mente de los hombres y los destinos de la sociedad de entonces. ¿Usted que hace por su Iglesia?


Juan Salgado Rioseco 

lunes, 27 de agosto de 2012

Evitar la diáspora de los jóvenes cristianos pentecostales.


En un campamento del Grupo de Jóvenes de la Iglesia, se le hicieron algunas preguntas a los participantes ¿tienen algún tipo liderazgo?, ¿hacia donde creen ustedes que Señor los necesita?, ¿tienen espacio necesario dentro de la actual esquema de la iglesia?, ¿creen ustedes que se les toman en cuenta como jóvenes?

En las respuestas de estos jóvenes, pude darme cuenta la gran diferencia que existe sobre la visión de iglesia entre ellos y los adultos, en especial con los que ejercen el liderazgo, con los cuales hay una dicotomía con respecto a la función de la iglesia. 

De las respuestas obtenidas, algunas de ellas: poca participación, no ser considerados o escuchados, discriminados en sus diferentes formas, actividades que no satisfacen sus perspectivas; tienen la idea que muchas de las costumbres actuales de las iglesias impiden el verdadero crecimiento, en vez de atraer, rechazan a las personas por su forma de hablar, vestir o por pensar distinto del grupo de poder de liderazgo que tienen las iglesias actuales; no tienen desarrollo espiritual; perciben una constante violencia de los adultos hacia los jóvenes.

El desencanto de los jóvenes en las iglesias conservadoras pentecostales es evidente; la falta de motivación no les permite integrarse a cabalidad con los proyectos que las iglesias les imponen; el entusiasmo por participar en las actividades que se les programan es prácticamente nulo, en otras palabras han perdido la inspiración divina de integrarse al desarrollo de su iglesia.

Ante esta situación expuesta las iglesias, tradicionalistas o conservadoras pentecostales, enfrentan uno de los más grandes desafíos: volver a re encantar a sus jóvenes, la mayoría de ellos nacidos en su seno; cautivar sus pensamientos; maravillar con su visión de iglesia acorde a los tiempos; sin embargo, esto no se logra con visiones anacrónicas ni con autoritarismo sectarista ni propuesta sin vida, sino con una revangelización interior adecuada a la misión de la Iglesia y con una propuesta que traiga consigo una novedad de vida que atraiga a los jóvenes de vuelta al seno de Cristo, o sea, que enciendan en el interior de sus corazones el entusiasmo por Jesús de Nazaret.

¿Cómo lograr esto? Primero debemos actuar con pragmatismo para poder llegar a un diagnostico real, pero existen síntomas o evidencias que nos pueden dar claridad del porque hemos llegado a esta situación:

a)        La falta de preparación de los tipos de liderazgo frente a nivel de preparación que han alcanzado los jóvenes.

b)        La forma de dirección de las iglesias no concuerdan el tipo de pensamiento de ellos.

c)         Las actividades que se desarrollan no llenan en plenitud las perspectivas juveniles.

d)        Los métodos de trasmitir los conocimientos bíblicos no son adecuados ni eficaces a la preparación educacional secular de los actuales jóvenes.

e)        Las obligaciones se imponen en forma autoritaria o absolutista ante una sociedad de consensos y de democracia participativa donde viven, crecen y se desarrollan nuestros jóvenes.

Muchas de las estructuras u organizaciones de la iglesias pentecostales clásicas, siguen utilizando las formas o métodos de la década del cincuenta o sesenta del siglo XX, e imperan las normativas o dogmas tradicionalistas de aquellas épocas, dando origen a un ambiente confrontacional, que a veces termina con la deserción paulatina de los jóvenes de nuestras congregaciones o jóvenes reprimidos y prejuiciados de antemano, debido a los anterior la diáspora juvenil se a crecenta día tras día.

¿Qué debemos hacer para conjugar todos los factores que impidan la diáspora juvenil? Se debe actuar con pragmatismo, teniendo cuidado de no mermar la Misión de la iglesia dada por nuestro Señor Jesús.

En primer lugar, preparar un liderazgo en todos los niveles: capacitado y con una madurez espiritual, que de evidencias de equilibrio e imparcialidad, sobre todo sin prejuicios.

En segundo lugar, adecuar la organización de la iglesia a los tiempos contemporáneos, para ir cerrando las brechas de las controversias generacionales.

En tercer lugar, educar, tanto a niveles horizontales como verticales, con el sentido de tener miembros más idóneos en las diferentes áreas de la iglesia.

En cuarto lugar, desarrollar proyectos y programas de acuerdo a los diferentes niveles con que se enfrenta la iglesia, que sean dinámicos y atrayentes, con sus respectivas evaluaciones periódicas.

En quinto lugar, transmitir el conocimiento de acuerdo a los principios bíblicos, nunca bajo el prisma de la tradición y el costumbrismo.

 Sin embargo, existe un problema ineludible, no todas las iglesias pentecostales viven o tienen las mismas realidades; tenemos que tener en cuenta que existen otros factores que inciden en esta diáspora juvenil; ellas tienen que ver con la cultura imperante en la comunidad, el contorno social, las oportunidades de vida que pueden estar al alcance de los jóvenes, el sistema de vida, etc. Los cuales deben tenerse en cuenta para poder potenciar y posteriormente desarrollar un programa en la iglesia, reconociendo que todos aportamos en el crecimiento de la iglesia de Cristo, y ninguno sobra en esta magna tarea.

Además, los jóvenes deben tener en cuenta, antes de efectuar sus críticas, sus propias capacidades, debilidades, y falencias; que deben desarrollarse en forma integral, para eso, deben conocer sus potencialidades, equilibrar sus falencias de acuerdo a los propósitos de sus respectivas comunidades, para eso:

En primer lugar, esforzarse en crecer en lo personal y espiritual, no solo deben exigir responsabilidades, sino también demostrar sus capacidades.

En segundo lugar, integrarse a las diferentes instituciones que tienen la iglesia de acuerdo a sus potencialidades, inmersa en una realidad de cambios, ser un participante y no solo un espectador.

En tercer lugar, participación activa en las diversas actividades de la iglesia, para que vayan desarrollando sus talentos o dones, con un real compromiso y disponibilidad hacia la comunidad.

En cuarto lugar, una fiel identificación, tanto con sus comunidades,  o su institución, o en las diferentes actividades que se programan y desarrollan en la iglesia. Un hombre sin identidad, es un ser vació, sin raíces, ni personalidad propia.

La confrontación generacional no es un camino adecuado; la antipatía hacia las actividades de la iglesia lleva a la derrota espiritual; la falta de identidad conlleva al fracaso en el camino de Jesús. Crecimiento, integración, participación, e identificación son las areas donde el joven debe trabajar con el propósito de equilibrar las relaciones  generacionales y permitir abrir los espacios que necesitan tan imperiosamente.

  
Juan Salgado Rioseco

domingo, 29 de julio de 2012

El Sufrimiento para el cristiano



            De acuerdo a la definición de la Real Academia de la Lengua Española; sufrir tiene las acepciones de sentir, padecer un daño físico o moral; llevar con resignación un daño moral o físico.
            Ejemplos de aflicciones y sufrimientos inexplicables nos traen a diario los medios de comunicaciones  y cada una de las personas puede contribuir con sus propias experiencias sufrimientos que a veces son inexplicables al pensamiento humano. No es fácil el racionalizar las guerras, el hambre, las epidemias, los desastres naturales. Los sufrimientos personales nos llevan en algunos momentos a estado de catástasis, donde no hay una explicación lógica a tanto dolor: el SIDA, cáncer, insuficiencia renal, enfermedades cardiacas, niños nacidos con deficiencias, muerte infantil prematura o súbita,  parálisis cerebral, estado de vegetación, violaciones, soledad, rechazo, fracaso, infertilidad, viudez, autoflagelación, accidentes incomprensibles, o los sufrimientos infligidos por la naturaleza: terremotos, maremotos, huracanes, incendios, erupciones de volcanes, inundaciones, estos y otras clases de sufrimientos experimentados por los seres humanos, plantean preguntas inevitables que inquietan y en muchas oportunidades hacen perder la fe en el Dios de amor de los cristianos.
¿Dónde está el ángel del Señor que acampa alrededor de los que le temen y los defiende? Para los momentos en que más necesitamos su auxilio por las tragedias y sufrimientos que inesperadamente  nos azotan no acude a nuestra ayuda,  ¿Dónde está Dios?
           Creyentes e incrédulos, en varias oportunidades se han hecho las siguientes preguntas: ¿Por qué un Dios de amor, permite tanto sufrimiento?, ¿Por qué ha permitido Dios que me ocurra a mí? El ¿por  qué?, afloran continuamente de la mente, al saber del dolor ajeno o propio; ¿Qué sucede?, acaso el Dios Todopoderoso ya no tiene la energía suficiente para intervenir en los problemas del hombre o es intrascendente. Contrario a las enseñanzas de ciertos grupos cristianos, el Señor no se apresura en explicar lo que Él está haciendo, o el por que de los sufrimientos. No se encuentra en las Sagradas Escrituras la respuesta directa para el sufrimiento.
            Debemos en primer lugar, entender que los propósitos de Dios son un misterio para el pensamiento humano, y seguirá siéndolo, en segundo lugar, la voluntad de Dios es diferente a los deseos del hombre, y tercer lugar la capacidad de entendimiento del hombre es limitada ante la eterna voluntad de Dios.

Análisis de la situación   

 En primer término debemos reconocer la presciencia de Dios.

Si creemos que Dios tiene la obligación de explicarnos su conducta, debiéramos examinar lo que ciertos pasajes de las Sagradas Escrituras nos dicen:

  1. Salomón escribió en Proverbios 25:2 "Gloria de Dios es encubrir un asunto...".
  2. Isaías 45:15, declara: "Verdaderamente tú eres Dios, que te encubres...".
  3. Moisés le aclaró al pueblo: "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios...".
  4. Eclesiastés 11:5; se proclama: "Como tú no sabes cuál es el camino del viento o como crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas".
  5. Isaías 55:8-9, enseña: "Porque mis pensamiento no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos."
En otras palabras, estos pasajes bíblicos, nos enseñan que nosotros carecemos de la capacidad para comprender la mente infinita de Dios o la manera en que Él interviene en nuestras vidas. Tratar de analizar la omnipotencia es como una ameba tratara de comprender el comportamiento del ser humano. Romanos 11:33, Pablo indica que los juicios de Dios son "insondables", y sus caminos "inescrutables". En Primera de Corintios 2:16, reafirma esta posición: "Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? ...". A no ser que Dios escoja explicarnos su comportamiento, lo cual no suele hacer, sus motivos y propósitos está fuera del alcance de nosotros los seres mortales.
      Muchos de los sucesos que nos constriñen quedarán sin explicación lógica en nuestros pensamientos, Pablo se refirió a las preguntas sin contestar en 1 Co. 13:12: "Ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.", el apóstol trataba de explicar que no tendremos el cuadro completo hasta que estemos en la eternidad, de ahí podemos deducir que debemos aprender aceptar nuestra comprensión parcial.
      Decir que siempre comprendemos lo que Dios hace y como nuestro sufrimiento, nuestras desilusiones son parte de su plan, es tener un concepto equivocado de la Biblia y sus enseñanzas. Tarde o temprano llegaremos a sentirnos frustrados de la gran obra de Dios, a decir que Él ha perdido el control o el interés en lo que está sucediendo; esta forma de pensar tiene consecuencias peligrosas para nuestra salud espiritual y mental.
      Lo curioso es que  no es el dolor o el sufrimiento los que causan el mayor daño, la desilusión por las falsas expectativas o la falta de consuelo invaden la mente del cristiano, las consecuencias de una confusión  mental conllevan a tomar decisiones inapropiadas, lo que nos hacen padecer situaciones indeseables, por lo cual,  muchos apostatan de la fe, debido a la falta de comprensión o una convicción plena para el momento que se esta viviendo, lo que hace que su situación circunstancial sea intolerable.

Determinar el origen principal de nuestros sufrimientos.

Dentro de los diferentes movimientos cristianos existe división en cuanto al tema del sufrimiento: algunos sostienen que el sufrimiento procede de Satanás, otros aseveran que proviene a causa del pecado, otros grupos enseñan que es parte del plan de Dios, y algunos intentan explicar que es inherente a la naturaleza humana.
En el principio la comunión de los seres humanos con Dios era perfecta, pero por el acto de desobediencia entró el pecado en la raza humana y fue destituido de la gloria de Dios, por este acto de caída, la muerte entró en la vida del hombre, con su aparición, las enfermedades y  los sufrimientos que conllevan (Ro. 5:12).
      El hombre hecho a imagen de Dios por una creación perfecta, estaba destinado a una vida venturosa y eterna, no a los sufrimientos físico y morales a los que se halla sometido (Gn. 1:27, 31; 2:7; 3:22). Podemos razonar que el hombre y por ende la naturaleza, esta maldito por Dios y no por los actos de Satanás, hasta el momento que sean liberados gloriosamente (Ro. 8:21, 22), por lo tanto, la sociedad humana sufre la consecuencias del pecado de acuerdo a la manera en que Dios aplica su maldición al mundo de hoy, por que somos habitantes de una tierra maldita que gime a una y a una sufre dolores de parto.
La Biblia destaca que no todo sufrimiento es necesariamente el resultado de un pecado personal. Job era íntegro, recto, temeroso de Dios, apartado de todo mal, hasta el punto de que no había ningún como él en toda la tierra. Con todo, Dios tuvo a bien mandarle una prueba, para su crecimiento espiritual (1:8; 2:5-7). Ni el ciego de nacimiento, ni sus padres habían provocado  por sus pecados esta ceguera, que hizo manifestarse la gloria de Dios (Jn. 9:2-3). A Pablo le fue puesto un aguijón en la carne, no porque hubiera pecado, sino para guardarle del orgullo, debido a las revelaciones inauditas del Señor (2 Co. 12:7).
La libre voluntad del hombre, su opción de escoger, es también parte integral que explica la razón de ser del sufrimiento por medio de la maldad moral que cobija el hombre en su mente que lo hace actuar con impunidad con respecto a la voluntad de Dios (Proverbios 14:12; 16:25; Ro. 6:21). Hay una norma bíblica:”No os engañéis, Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gá. 6:7). Santiago escribe: “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido (1:14), muchas veces el hombre opta por el camino del sufrimiento por su propia voluntad, sin que nada de lo externo se lo imponga.
La Biblia revela que en ocasiones Satanás puede ser el agente que provoca ciertas enfermedades (Job. 2:6-7; Lc. 13:16; Hch. 10:38), pero no puede ir más allá de los que le permita el Señor, siempre poderoso para socorrer a los que a Él se allegan. Debemos comprender que Dios, en su Palabra, jamás atribuye el mal físico a Satanás, es la teodicea de los pensamientos actuales que no queriendo culpar a Dios, culpamos a Satanás, le atribuimos a él y a sus demonios todo lo malo que nos sucede, elevándolo a un plano que solo le corresponde a Dios, olvidándonos de las palabras de Santiago (1:14 y 15).
No hay ninguna enseñanza en la Biblia que garantice que cuando el hombre trata de agradar a Dios, contará con la divina intervención para protegerlo de todo mal por ende del sufrimiento.

Debemos reconocer el estado de confusión espiritual en medio del sufrimiento.

      La mayoría de las veces la confusión nos lleva a una desorientación y perdimos la claridad de nuestros pensamientos y optamos por un camino más fácil, recriminar a Dios por los sucesos que están aconteciendo, obviando que el origen de los sufrimientos no esta en Dios, sino en nuestras propias actitudes, fomentadas por el trabajo permanente del enemigo de nuestra fe, Satanás.
Los cristianos que pierden de vista a Dios durante un periodo de confusión espiritual, están privados de alimento y fuerza para salir adelante, comienzan a marchitarse bajo ese estado de frustración, suelen dejar de asistir a la iglesia, leer la Biblia y orar, algunos pierden el control de si mismo, y empiezan hacer cosas que nunca antes habían pensado hacer. En realidad, algunas de las personas más amargadas e infelices sobre la faz de la tierra son las que se han separado del Dios que ya no comprenden, ni confían en Él.
El evangelio de Juan 15:5-6, Jesús dice: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen y los echan en el fuego, y arden". Si nos encontramos en esta situación, el dolor aumenta y la vida se hace más insoportable, embargan pensamientos de muerte, que son utilizados por el adversario para llevarlos a situaciones sin salida, haciéndoles creer que Dios las ha escogidos como víctimas.
Aunque no entendamos lo que Dios hace, debemos seguir confiando en Él y puede tomar en sus manos las cargas que están agobiando la existencia, Él dice: "Estad. quietos, y conoced que yo soy Dios" (Sal. 46:10), David nos aconseja: "Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará ... Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él ..." (Sal. 37:5,7).

Por eso necesitamos superar nuestra renuencia a aceptar está desagradable realidad, no debemos depender demasiado en nuestras propias habilidades para comprender las inexplicables circunstancias en nuestras vidas. Recordemos que la Biblia nos advierte: "... no te apoyes en tu propia prudencia". (Pr. 3:5; 1 Co. 13:12).
Jesús dijo a sus discípulos que deberían esperar sufrimientos, les advirtió: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn. 16:33). El apóstol Pablo escribió: "... sobreabundó de gozo en todas nuestras tribulaciones. Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores" (2 Co. 7:4-5).
Pedro no nos dejó ninguna posibilidad de duda acerca de las dificultades en la vida cristiana cuando escribió: "Amados, no os sorprendáis del fuego  de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con alegría" (1 Pe. 4:12-13); prestemos atención a estos versículos, a la coexistencia tanto del gozo como del dolor.
Dios esta siempre cerca, aunque a veces parece que no tiene sentido la vida, la evaluación de la situación no le corresponde al hombre, debido a que no tiene totalmente el panorama, solo Dios sabe de antemano cuál es la realidad completa, pero debemos tener siempre presente:
a.    Dios está presente e involucrado en nuestra vida, aunque parezca que no  nos oye o que nos ha abandonado.
b.    El tiempo en que Dios actúa es perfecto, aun cuando parezca estar desastrosamente atrasado para ayudarnos a salir de la inconfortable situación que nos encontramos.
c.    Los seres humanos somos valiosos para Dios, aunque las razones no se pueden explicar, con el solo hecho de que mandara a su propio hijo, nos da base que Dios nos ama.

Conclusión

            Las palabras maravillosas del salmo 34:17-19, nos dicen: "Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová".
            Debemos ejercer un dominio ante las circunstancias adversas tal como vengan a nuestras vidas, habrá periodos de aflicción, y no debemos desalentarlos cuando estos lleguen. Cuando llegue el momento de sufrir, aceptemos el dolor y fortalezcámonos en Él, sabiendo que Dios usará nuestras dificultades para cumplir su propósito, y realmente para nuestro propio bien. El Señor está muy cerca, y Él ha prometido que no le dejará ser tentado más de los que podemos resistir.
            "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos;  ya no habrá muerte, ni habrá llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. (Ap. 21:3-4).
            Esta es la esperanza de todos los siglos, que arde en el interior de todo creyente. Es la respuesta suprema para todos los que sufren y luchan hoy. Es el consuelo para evitar la confusión espiritual que el enemigo nos pone cuando el dolor invade nuestra existencia y mantenerlos dentro de la fe y la esperanza que solo Cristo nos entrega a través de ese acto maravilloso de la cruz.
             Nos unimos al pensamiento del apóstol  Pablo: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es , a los que conforme a su propósito son llamados.” (Ro. 8:28).

Juan Salgado Rioseco

miércoles, 18 de julio de 2012

Trazando bien la Palabra de verdad

En el relato del Señor resucitado camino a Emaús, Lucas narra que Jesús recriminó a dos discípulos por no creer lo que habían dicho los profetas. “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc. 24:27).


La palabra “declaraba”, es el griego diermeneuo, que significa “ir presentando el significado de lo que se dice; explicar, exponer, traducir a la lengua nativa de uno”. La raíz de estas palabra es Hermes era el dios de la ciencia, la invención, la elocuencia, la oratoria, la escritura y el arte. Hermes traía los mensajes de los dioses a los mortales. De esta palabra se deriva “hermenéutica”, la ciencia de la interpretación bíblica, el término se deriva del verbo griego hermenéuo, que significa interpretar.


Segunda de Pedro 1:20 dice que hay una sola interpretación a cualquier pasaje dado de la Escritura, y ésta es la propia interpretación que hace la Biblia. Hay cristianos confundidos sobre interpretación bíblica en parte porque no saben lo que significa la palabra “interpretar”.


En el idioma español “interpretar” tiene varios significados, uno es “explicar o declara el sentido de una cosa, principalmente el de textos faltos de claridad”. Este es el sentido en que aplicamos  esta palabra comúnmente y así es como la aplicamos al estudio bíblico. La primera meta, es determinar lo que Dios quiso decir cuando habló por medio de la Escritura, en esto consiste la interpretación bíblica. “Es la primera responsabilidad de un intérprete”, dijo Juan Calvino, “dejar que su autor diga lo que dice, en lugar de atribuirle lo que creemos que debiera decir”.


Los inicios de interpretación bíblica se registran a partir del escriba Esdras, según asienta Nehemías 8:1-8, quien en compañía de otros, leía las Escrituras ante todo el pueblo de Israel congregado al aire libre; y dice: “ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura”.


La hermenéutica debe tener como base una exégesis, íntimamente ambas ciencias están muy ligadas, la exégesis es el ente regulador de la interpretación bíblica. La ciencia de la hermenéutica es aquella que aplica todas las reglas necesarias para la explicación de algún pasaje literario, pero especialmente del texto de la Biblia. Todas las reglas derivadas de cualquier fuente que ayudan a entender y explicar la Biblia, constituyen la materia de este estudio.


Obesrvaciones preliminares sobre la interpretacion biblica
1.      Idiomas de la Biblia
Todo lenguaje humano tiene su propio genio e idiosincrasias que no se prestan a la traducción literal en otros idiomas. Modismos, proverbios, peculiaridades gramaticales, referencias a costumbres o circunstancias locales, podrán causar problemas de interpretación para todo aquel que procura entender el significado original que su autor quiso comunicar, a través  de otro idioma; dificultades que subsisten aun para el nativo de aquel idioma en ciertos casos.
Las Escrituras esta compuesta de idiomas ahora muertos y no de la familia lingüística del nuestro. Los hebreos no nos han dejado escritos en su antiguo idioma sino los sagrados y algunos de los apócrifos. El  hebreo moderno no contribuye a entender los escritos sagrados por la sencilla razón que el idioma de la actualidad está basado en esos mismos escritos.
En el griego existen abundantes manuscritos del idioma popular en que fue escrito el Nuevo Testamento. Estos documentos se llaman “los papiros” (por razón de ese antiquísimo papel inventado por los egipcios). El estudio de los papiros ha arrojado mucha luz sobre las características del griego popular (Koiné) en que fue escrito el Nuevo Testamento.
Además se debe tener presente que las Escrituras, fueron transmitidos por diferentes medios de comunicación: oral, mensajes, narraciones, diálogos, poemas, cánticos, profecías, etc.


2.      Respecto a el Lugar de los escritos
Los Escritos Sagrados, fueron escritos en épocas y lugares tan diferentes como; el centro de Asia, en los montes del Sinaí, los desiertos de Judea, en las puertas del Templo, en la escuelas de los profetas de Betel y Jericó, en la cautividad de Babilonia, en las orillas de Chebar, en medio de las civilizaciones del imperio romano, tomando el lenguaje vernáculo, sus figuras, símbolos y expresiones, de los usos, costumbres y escenas que ofrecían tan variados tiempos y lugares.
Debido a esta situación, el predicador, intérprete o expositor bíblico debe ser muy cuidadoso al interpretar la Biblia.


3.      El intérprete.
El lector de la Biblia como intérprete, debe tener siempre en consideración su cultura, y su naturaleza, debido a que ellas influyen en la interpretación bíblica, en algunas oportunidades nos hacen extraviar inconscientemente el camino.
La interpretación adecuada está al alcance de la persona que se empeña por enterarse de las reglas de esa ciencia, adiestrándose en su aplicación. Esto será aun más evidente cuando se comprenda que uno de los requisitos básicos del arte o ciencia de la interpretación es que el intérprete mismo emprenda su trabajo, siendo él mismo preparado espiritualmente para ello.
Además, todo intérprete de las Escrituras deberá poseer al espíritu de Cristo, morando personalmente en él. El buen intérprete de la Biblia, es aquel que tiene la capacidad de "oír lo que los autores sagrados oyeron".


Requisitos del intérprete:


1)      Objetividad  (dejar que el texto hable).
2)      Espíritu científico  (aplicar las reglas de la interpretación bíblica).
3)      Humildad.
4)      Hombre de Dios (de oración).
5)      Amante de la verdad de Dios.
6)      Paciente en el estudio. (Saber usar los métodos de la interpretación).


4.      El libre examen de las Escrituras.
La intención de Dios, es que todos los hombres estuvieran atentos al mensaje de la Biblia, de manera que el  hombre no sólo tiene el derecho de leer y entender la Biblia para sí, sino que es su obligación ante Dios leerla y entenderla lo mejor posible.
Esta obligación incluye la lectura personal y el estudio, siempre que estén a su alcance, dicha afirmación no elimina la necesidad de maestros en la Iglesia de Cristo. Nunca  fue la intención de Dios que la Biblia sola dirigiera a la Iglesia, sin la necesidad de quien la enseñara y predicara. El Espíritu Santo elige a determinados creyentes para ser maestros de la Palabra de Dios, pero la razón  principal por la que todo hombre debe leer y entender para sí las Escrituras, es que ellas mismas lo enseñan en lenguaje inequívoco:


§  “Escrudiñad las Escrituras...” (Juan 5:39).
§  “Y fueron éstos más nobles... escudriñando cada día las Escrituras” (Hch. 17:11).
§  “Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17).


Este principio halló expresión en el comienzo de la reforma, recibiendo el nombre de “el libre examen” (de las Escrituras). Toda confesión evangélica afirma o da por sentado este principio, que consiste en el derecho de examinar las Escrituras personalmente.
Debemos notar, que el principio no se llama “libre interpretación” sino “libre examen”, esta libertad existe para todo hombre, porque Dios se la ha dado, y porque ningún hombre tiene la autoridad para prohibírsela, ni tener señorío sobre la fe de otro (2 Co. 1:25).
La libertad que tiene el hombre para examinar las Escrituras, es respecto a los demás hombres, don respecto a Dios, el hombre tiene la obligación de examinarlas, pero no la libertad de interpretarlas a su gusto. Esto sabemos por aquella palabra de Pedro: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la escritura es de particular interpretación... sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).


5.      Responsabilidad personal.
Cada uno responderá por sí ante el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10), y si hemos sido falsos en el manejo de su Palabra, tendremos mayor condenación (Stgo. 3:1).
La interpretación bíblica requiere interpretaciones reverentes, hechas en el temor de Dios, guiadas por el Espíritu Santo, quien fue dado por el Maestro divino. Si como creyentes hemos seguido el principio del “libre examen”, y especialmente como estudiantes preparándose par el ministerio de la Palabra de Dios, nos vemos en la obligación de aprender el uso de la hermenéutica para poder desempeñar esta noble tarea lo mejor posible, iluminados y ayudados por el Espíritu Santo.


6.      Aplicación de las reglas.
En la interpretación bíblica, cabe observar que no todas las reglas presentadas tendrán aplicación en todo caso. Las varias reglas se aplicarán al juicio del intérprete para resolver el problema de interpretación que existe, o formarán parte del equipo intelectual para guiarlo en el manejo del texto sagrado.
No todos los textos necesitarán alguna interpretación especial, ya que la gran mayoría de ellos serán perfectamente comprensibles a personas de normal inteligencia. Algunos requerirán una interpretación sólo para algunos cuyo fondo cultural no será adecuado para permitirles captar el sentido del pasaje. Otros presentarán problemas para la gran mayoría; y tal vez algunos serán enteramente incomprensibles aun para los intérpretes más peritos.


7.      Dos grandes divisiones.
La hermenéutica se divide usualmente en dos grandes divisiones: la general y la especial.


a. La general incluye todas aquellas reglas que tienen aplicación en la interpretación de toda la Biblia en general.
b. La especial abarca aquellas reglas y consideraciones necesarias para interpretar categorías especiales de literatura, que puede contener lenguaje figurado, poesías o profecía, o que presente problemas de varios tipos.


8.      El Espíritu correcto.
El intérprete tiene la necesidad de la presencia del espíritu morando en él, sin su presencia en el alma, el individuo ni es cristiano y mucho menos deberá pretender ser guía de otros. Todo verdadero cristiano posee el Espíritu Santo, según muchas declaraciones de la Palabra de Dios. Y es con este fin principal que hemos sido hechos partícipes del Espíritu, para hacernos entender las cosas del Señor nos quiere enseñar. (Juan 14:26; 2:20 y 27; 1 Co. 2:12).
Aparte de este don inicial, el intérprete debe manifestar una actitud correcta a la hora de interpretar las Escrituras. Debe comenzar la lectura bíblica con humildad y mansedumbre. Ante Dios debe ser humilde, ya que es su Palabra, y debemos atender a su voz como criaturas ante el Creador, como siervos ante el amo, como súbditos ante el rey.
El intérprete debe ser humilde también ante los hombres, ya que en ellos también puede existir una mente dotada con el mismo Espíritu. Nunca debe pensar el intérprete que Dios le ha hecho infalible, aun cuando tenga la plena seguridad que su interpretación procede de Dios.
El apóstol Pablo nos ha dejado un ejemplo para el caso: leemos en Gálatas 1;11, 12, que Pablo recibió su evangelio directamente de Dios, sin embargo, fue a Jerusalén guiado por el mismo Espíritu, para exponer su evangelio ante los demás apóstoles. lo hizo para saber ¡si acaso había corrido en vano durante tanto tiempo! (Gá. 2:1,2). Tal actitud humilde se hace imperativa en todo intérprete de la Biblia.
Urge también un espíritu de reverencia ante la revelación divina. Con frecuencia queremos sujetar a nuestro juicio la revelación de verdades bien claras, queriendo desvanecerlas en intelectualismo e incredulidad.
El intérprete debe mantener su corazón en espíritu de obediencia, sin ella, el intérprete no podrá comunicar el mensaje divino a los oyentes; porque aun cuando pronuncie la verdad con toda precisión, su mensaje carecerá de la potencia de Dios necesaria para despertar en ellos el efecto deseado. Por otro lado, siempre habrá en el predicador la tendencia de modificar el mensaje de acuerdo con su propia desobediencia, de manera que pervertirá el mensaje en lugar de interpretarlo justamente a los requerimientos de su auditorio.
El espíritu correcto del intérprete incluirá la oración que pida la ayuda de Dios para su labor espiritual.
Ciertamente el intérprete cristiano está en posesión del espíritu para iluminar y guiar, y podrá tener las demás aptitudes necesarias para la interpretación. Pero Dios ha ordenado que recibamos sus bendiciones generalmente mediante la oración. “No  tenéis lo que deseáis”, dijo Santiago, “porque no pedís” (Stg. 4:2). Y con frecuencia no tenemos la iluminación y ayuda necesarias hasta que se las pidamos a Dios con fe. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere, y le será dada. Pero pida en fe, no dudando nada...” (Stg. 1:5,6).


En la actualidad, es imperioso que los interpretes de la Palabra de Dios, sigan el consejo del apostol Pablo a Timoteo " Delante de Dios y de Cristo Jesús, que vendrá glorioso como Rey a juzgar a los vivos y a los muertos, te encargo mucho, que prediques el mensaje, y que insistas cuando sea oportuno y aun cuando no lo sea. Convence, reprende y anima, enseñando con toda paciencia.
Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oír.
Darán la espalda a la verdad y harán caso a toda clase de cuentos.
Pero tú conserva siempre el buen juicio, soporta los sufrimientos, dedícate a anunciar el evangelio, cumple bien con tu trabajo". (DHH. 2 Ti. 4:1-5)


Una sana interpretación de la Palabra de Dios, traerá consigo que muchos de los males que aquejan hoy a las iglesias sean subsanados, evitando los yerros que provocan los seudos predicadores. Los Predicadores de Cristo tienen que demostrar integridad al transmitir el mensaje de nuestro Señor Jesucristo, conforme con los propósitos  y el corazón de Dios.


Los Predicadores con la unción de Dios llevan a las personas el mensaje de verdad, bien trazado, de acuerdo a lo enseñado y ordenado por Jesús; debido que un evangelio, sano e inalterable, que trae la salvación; y para los que creen, sean marcados con el sello del Espíritu Santo, El garantiza nuestra herencia hasta que alcancemos la redención final del pueblo adquirido por Dios.


La iglesia de Cristo tiene su fundamento en la palabra de Dios, por que ella es la piedra angular del evangelios, desde aquí se edifica, crece y se expande conforme a la voluntad de Dios.
Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...