martes, 19 de mayo de 2020

Dios y el perdón de pecados. (Parte II)


Lectura bíblica Hechos 2:37-39; 3:19

 Objetivo: valorar el perdón de nuestros pecados efectuados por Dios.

II. La condición del ser humano ante Dios.
Una de las mas grandes problemáticas que el ser humano tiene hoy, es vivir en una sociedad globalizada y con valores relativista, donde los valores éticos y morales no se sustentan bajo principios del bien común, sino mas bien del personalismo humanista hedonista que predomina en la actual sociedad.  

Esta condición trae complejas situaciones en las comunidades cristianas donde los parámetros valoricos son perenne a través de los siglos; un alto porcentaje de fieles en las diferentes y diversas comunidades congregaciones han sincretizado sus valores cristianos por alcanzar un sitial o éxito que ofrece la sociedad bajo otros principios que son el antesis del servicio a Dios y la Fe en Jesucristo.

Debemos saber que los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas dentro de un marco social y de convivencia colectiva por un bien común.
Desde una cosmovision cristiana, (teniendo en cuenta que una cosmovisión ofrece un marco de referencia para interpretar la realidad, el cual contiene creencias, perspectivas, nociones, imágenes y conceptos), el verdadero creyente o seguidor de Cristo debe vivir y desarrollar su vida en pro de amar a Dios, hacer su voluntad y amar al prójimo como al mismo, bajo los valores que determina la Palabra de Dios, la cual es eterna por lo tanto no muda.
En esa perspectiva, la tendencia exponencial del pecado en el ser humano lo han alejado del abrigo del Altísimo, su condición contractual, como lo escribió el apóstol Pablo,  está “destituido de la gloria de Dios”, o sea, dejar de, o no alcanzar el bienestar que ofrece Dios a aquellos que hacen su voluntad hasta alcanzar la eternidad; bajo esta premisa, para aquellos que persisten en el camino del pecado, solo les espera una condenación eterna.
El rey David, explicaba está condición de la siguiente forma “en verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre”(Sal. 51:5), un reconocimiento de su condición humana, de la cual nadie se puede considerar ajena; el apóstol Pablo nos indica en su carta a los Romanos, que todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. (3:23). Agrega "como esta escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles. Sepulcros abierto es su garganta; Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura.  Hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre. Quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos (3:9-11)

Tan funesta condición trae como consecuencia que la separación de Dios y el ser humano se hace mas distante; esta separación quedo implantada de los tiempos de Adán, por medio de él el pecado entró en el mundo, la muerte mediante el pecado y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos seguimos en el camino del pecado. (Ro. 5:12), trajo consigo la muerte, que es el salario que el pecado paga (Ro. 6:23).
El carácter del ser humano de los últimos tiempos está llegando a su clímax, esta situación es irreversible, vendrán tiempos muy difíciles a causa de las desviaciones que provoca con sus concupiscencia, situación similar al carácter de los hombres antediluviano que los llevo a una catástrofe, que se manifestaron en conductas de inclinación al mal e injusticias, pecados de carácter sexual y una actitud arrogante hacia Dios, manifestada en la impiedad y la violencia, produciendo la merma de sus años de vida, ademas que se hicieron merecedores de un castigo ejemplar, borrados del mundo. (Gn. 6-7), como en los tiempo de los jueces donde cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio. (Jue. 21:25).
El apóstol Pablo describe a los seres humanos de los últimos tiempos diciendo: “Pues la gente sólo tendrá amor por sí misma y por su dinero. Serán fanfarrones y orgullosos, se burlarán de Dios, serán desobedientes a sus padres y malagradecidos. No considerarán nada sagrado. No amarán ni perdonarán; calumniarán a otros y no tendrán control propio. Serán crueles y odiarán lo que es bueno. Traicionarán a sus amigos, serán imprudentes, se llenarán de soberbia y amarán el placer en lugar de amar a Dios.  Actuarán como religiosos pero rechazarán el único poder capaz de hacerlos obedientes a Dios.” (2 Ti. 3:2-5 Parafraseada).
De esta condición el ser humano no puede salir ni conseguir el perdón de pecado por méritos propios, ante tal situación, Job se pregunta. “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie.” (14:4).¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio,  Y para que se justifique el nacido de mujer?” (15:4).
Juan Salgado Rioseco

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