domingo, 25 de mayo de 2014

La Iglesia: La Mujer, el literalismo bíblico y la tradición.

La Iglesia de Dios en Cristo Jesús. (Parte X) 

La Iglesia: La Mujer, el literalismo bíblico y la tradición.

Existe un fenómeno de discriminación entre la relación hombre mujer en diferentes comunidades o credos cristianos, muy acrecentado en el sector ortodoxo, o clásico del movimiento pentecostal, esta segregación femenina tiene como base algunos versículos de las cartas de Pablo, para muchos el líder indiscutido en la propagación del evangelio de Jesús, el gran emancipador de las normas retrogradas de su tiempo, para otros el opresor de las mujeres, machistas e intransigente en muchos aspectos.
Estamos obligados en la actualidad tomar como base los versículos Paulinos para disminuir los derechos de las creyentes femeninas e implementar normas o reglas que menoscaben su dignidad, tomando en cuenta que uno de los principios fundamentales enseñados en las diferentes comunidades es “para Dios no hay acepción de personas.”, que grado de injusticia cometamos con este tipo de actitud. (Col. 3:25)
¿Es ético seguir literalmente los consejos de Pablo con respecto a la mujer?, en una sociedad moderna donde los gritos libertarios de justicia, igualdad y equidad son el pregón de cada día, ¿es bíblico y justo el accionar de estas comunidades cristianas?, como primicia tenemos que nuestro código moral se desprende de las enseñanzas de Jesús, cualquiera actitud contraria a los principios éticos enseñados por el Maestro es inmoral, cualquiera imposición de normas que se quieran establecer deben sujetarse a los fundamentos del cristianismo. En este caso particular el ejemplo de Jesús en su relación con las mujeres nos enseña cual debe ser la actitud que debe tomar el creyente al respecto, en el diario convivir de las respectivas Iglesias.
Pero la realidad difiere de los principios de Jesús, encontramos una contradicción entre su pensamiento y la de los creyentes: Él rompe el esquema tradicional que hasta ese momento sostenía la sociedad judía, en especial la de los maestros de ley; los creyentes hombres imponen la tradición, sus costumbres, sus pensamientos, prima su cultura ante del ejemplo dado por el mismo maestro; sus lideres o maestros obligan con sus dogmas, en ciertas circunstancias, al oprobio a este gran número de creyentes por tan solo ser mujer. Somos discípulos de Jesús, pero no estamos siendo guiados por los principios por él enseñado.
El gran pronunciamiento de Paulino escrito en Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, es la gran proclama de igualdad y justicia en una época don de la discriminación entre los sexos era aberrante a los ojos de Dios. Esto nos reafirma que para Dios no hay acepción de personas, todas están en estado de igualdad y derecho ante la presencia de él. Con esta fórmula Pablo insiste en que la Ley está superada; el rito de iniciación en la iglesia ya no es la circuncisión (en que sí hay distinción entre hombre y mujer). Esta libertad de acceso continúa la práctica histórica de Jesús conservada en los Evangelios, que dibujan un cuadro de plena amistad con toda clase de mujer, inclusive con prostitutas (Lc 7:36–50).
         Pero que sucede en los escritos Paulinos, pareciera una contradicción con otros pasajes, o sale a relucir el machismo de la cultura  judía de Pablo, o el apóstol está obligado por las circunstancias a ceder algo de este principio revolucionario en un bien común mayor para las nuevas comunidades de acuerdo a las costumbres y tradiciones de donde se estaban estableciendo.
         En 1 Co.14:34, 35 escribe Pablo “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”, nos encontramos con una de las prohibiciones tajante, que contradicen todo lo que pensamiento paulino inicial que venía esgrimiendo: “en Cristo no hay varón ni mujer” (Gál. 3:28), ¿Cómo conciliar estos versículos con los diferentes pasajes donde la mujer gozan de una libertad? Cómo interpretar estos pasajes con el texto 11:5, donde el apóstol Pablo privilegia a la mujer respecto a orar y profetizar en público, cuando esto último está de acuerdo con la declaración de Pedro en Hch. 2:17-18, cuando cita al profeta Joel, siendo unas las declaraciones más importantes al inicio del cristianismo primitivo.
         Como interpretar el párrafo de 1 Ti. 2:11, 12 “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.”,  a la luz de Romanos cap. 16 donde saluda y agradece la labor ardua que han tenido varias mujeres: Priscila, María, Junias, a Pérsida, Trifena y a Trifosa, o con lo acaecido en Efeso con Apolos (Hch.18:26). En Fil. 4:2-3 Pablo menciona a Evodia y Sintique, “... combatieron juntamente conmigo en el evangelio...”, Pablo no las denomina ayudantes, sino mis colaboradoras, “synergoi”, utiliza el mismo lenguaje para designar a sus colaboradores femeninos y masculinos, indicando que la ayuda de la mujer en el ministerio de Pablo fue de un gran valor, en un trabajo hasta agotarse. ¿Qué motiva a Pablo a cambiar de actitud?, ¿bajo que normas morales se rige para irrumpir bruscamente con un pensamiento opuesto a su gran proclama?, tenemos primero que analizar cuales son las condiciones que presionan a Pablo para tomar tal actitud y la prioridades que tiene en el momento de escribir cada párrafo mencionado. La mayor preocupación de Pablo era alcanzar al máximo de personas para el evangelio, no mirando sus nacionalidades o cultura, para él el tiempo era vital, su obsesionado pensamiento de que la segunda venida de Cristo era pronto, le hizo actuar con impulsividad, y muchas de las tendencias igualitarias entre ambos sexos no eran apropiadas en ciertas regiones, tanto en la vida interna de la comunidades, como con su relación externa con los gentiles no convertidos. Pablo tuvo que ceder en beneficio a la evangelización, solicitandoles a las creyentes mujeres adaptación a su medio, para que no interfirieran con sus planes de  expansión de la obra de Jesús.
         Analizando las situaciones específicas de cada iglesia instaurada por el apóstol Pablo, se puede entender las presiones a las que estaba sujeto y sus actitudes cuando se le relaciona con su estrategia pastoral, con su forma de implantar iglesias y de relacionarse con la sociedad del Imperio, a la vez en el escrupuloso cuidado que hacía sobre la iglesias establecidas por él. El apóstol Pablo con su visión de cristianismo universal, radicaliza en su tiempo la posición de la mujer y sus alternativas de desarrollarse a igualdad de condiciones con el hombre. Pablo plantea en las nuevas comunidades, la igualdad de los sexos y admite funciones de liderazgo a las mujeres, pero a la vez enfrenta la crítica interna de los grupos conservadores, y externa de una sociedad patriarcal que ve poner en peligro las costumbres y tradiciones, a lo cual Pablo pide a las creyentes mujeres prudencia y que no hagan ostentación de su libertad con un comportamiento externo que plantea graves problemas a la comunidad en su vida interna y su relación con la sociedad, solicitando flexibilidad y sumisión a determinadas normas patriarcales. Pero a la vez discierne sobre los peligros que aquejan a las incipientes comunidades, en especial de las herejías que circulaban en ese tiempo al cual muchas mujeres retransmitían (2 Ti. 3:6), lo cual con ímpetu característico de Pablo (Hch.15:38, 39; Gá 2:11-13) defiende con su llamado de atención en 1 Ti. 2:11-15, no podemos tomar como regla generalizada está situación, sería inapropiado imponer una norma moral de conducta de un suceso correctivo para esa comunidad en particular e implantarlo en las comunidades de las sociedades actuales.
         Teniendo en vista las prioridades inmediatas de Pablo, podemos deducir la temporalidad de sus consejos y el alcance local de ellos, por lo tanto, tomar los escritos de Pablo como principios eternos o mandamientos perennes, nos puede llevar a errar el camino y extraviarnos de la senda de las enseñanzas de Jesús, lo que nos lleva a una segunda deducción, que el literalismo actual basado en los versículos paulinos que nos llevan al menoscabo de la mujer es indigno para los tiempos actuales y la cultura social moderna. El gran pronunciamiento de Paulo sigue vigente con toda propiedad “no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, (Gá. 3:28), con el alcance que solo las escrituras sagradas le dan donde “para Dios no hay acepción de personas”.
El mover de Pablo era poder alcanzar con el evangelio a todas las naciones, etnias, estratos sociales, con igualdad de derechos entre ambos sexos, sin ninguna restricción, fue su bandera de lucha especialmente en el concilio del año 50 en Jerusalén, los actuales cristianos no tenemos el derecho moral de tomar aquellos versículos discordantes con la analogía del pensamiento paulino para hacer doctrina o imponer normas que reduzcan a un trato discriminatorio a las creyentes femeninas. Nuestras conciencias morales deben estar relacionadas en el buen discernimiento para poder trazar bien la palabra de Dios, y actuar conforme al conocimiento bíblico idóneo, en vez de menoscabar la digna de nuestro prójimo femenino, debemos ayudarle en oportunidades para que crezca y se desarrolle en su ministerio al cual Dios la ha llamado. Solo Dios tiene la autoridad de restringir cada creyente su ministerio, solo Dios puede imponer normas.
En el concepto machista patriarcal, el hombre era un déspota y la mujer un objeto más de sus enseres, en la mutualidad de la enseñanza de Cristo, cada uno se complementa en el otro, en Cristo son una sola carne, en Dios no hay acepción de personas.
El problema de la posición de la mujer en las distintas y diferentes iglesias actuales  no se puede solucionar, siguiendo literalismo del ambiguo pensamiento Paulino de las cartas pastorales, se debe tener en cuenta la analogía de las Escrituras, y tener presente la actitud de Jesús y la de Pablo hacia las mujeres.
Mediante una minuciosa reconstrucción teológica y exegética, las mujeres deben penetrar una vez más el escenario central que ocupaban en la historia temprana del cristianismo. (H. M. C. Nuevo Diccionario de Teología. p. 926.)
Debemos respetar los parámetros bíblicos al respecto:
1.     La igualdad del hombre y de la mujer en Cristo (Gá. 3:28).
2.     Como la diferenciación del hombre y de la mujer, tomar en cuenta las costumbres, cultura y tradiciones del lugar donde esta establecida una comunidad local.
3.     La unidad del cuerpo de Cristo es un factor importante, el apóstol Pablo le dedica más espacio que a ninguna otra directriz (Ro. 12:5; 14:9; 1 Co. 1:10; Gá. 3:28; Ef. 2:14; 4:3; Fil. 2:1-4; Col 3:12-15...).
Los litigios por dogmas instaurados por tradiciones culturales no deben poner en riesgo la unidad, los conservadores deben reconocer los cambios, el cristianismo mismo revolucionó la sociedad en sus inicios, produjo cambios impensables para su época, nadie en la actualidad se preocupa que Pablo dijo para su época “no hay esclavo ni libre”, condición que ha sido abolida en las mayorías de las sociedades modernas. Lo liberales deben acatar las condiciones imperantes en las mayorías para no producir cambios que deriven en un cisma en las comunidades.
4.     La complementariedad de los sexos debe ser una vía adecuada en el trabajo de las iglesias locales, debido que tanto el hombre como la mujer son seres individuales, con sus características propias de cada sexo y persona. Con una visión distinta para enfocar los problemas.
5.     La libertad de la mujer en Cristo siempre debe mantenerse suficientemente a la vanguardia de un tiempo y una cultura particulares para poder seguirle llamando “liberación” y, sin embargo, no tocando y alterando ese contexto a la luz del diseño de la consumación.
La complejidad de la época del cristianismo primitivo les hizo actuar y tomar posiciones a veces antagónicas a la posición  de Jesús, como lo demuestra el proceso de canonización tanto de las Cartas Pastorales como el evangelio de Marcos. No es posible admitir ambas tradiciones y su unidad eventual, sin reconocer la tensión existente entre ellas, no es posible obviar el proceso que impuso la institucionalización y la patriarcalización de la Iglesia, en desmedro de los grupos disidentes de la época, en especial la posición de la mujer

“La Iglesia está llamada contribuir en la promoción humana y cristiana de la mujer ayudándole así a salir de situaciones de marginación en que puede encontrarse y capacitándole para su misión en la comunidad eclesial y del mundo.” (Mifsud, Tony. Op. Cit. 74)

El Espíritu de Dios es un Espíritu de verdad. Él quiere guiarnos en los caminos de rectitud, para la gloria del Señor Jesús y para nuestra libertad. 

martes, 20 de mayo de 2014

La Divinidad del Espíritu Santo

La naturaleza del Espíritu Santo. (Parte III)

Doctrina de la Pneumatologia

1.        Divinidad del Espíritu Santo:
Las Escrituras hablan claramente de la Deidad del Espíritu Santo, y a través de toda la Palabra confirma que es una persona, no una mera fuerza impersonal.
1.1.Es reconocido como parte de la Deidad.
"Deidad" es el término usado en el NT para describir al Padre, Hijo, y Espíritu Santo. La palabra para "Dios" en el hebreo del Antiguo Testamento es "Elohim." Significa "Dioses" y se encuentra en plural. Esto se ve claramente en los siguientes textos bíblicos (Gn. 1:26;  11:7; Isaías 6:8).
Estos versículos muestran que la Deidad consiste de más de un solo Ser divino. Más bien indica que en la Deidad existe una unidad.
1.1.1.      En la Gran Comisión.  (Mateo 28:18-20).
Es importante hacer notar el versículo 19, Jesucristo está enseñando específicamente la doctrina de la Trinidad a sus seguidores. Cada una de las tres personas de la Trinidad es completamente una unidad y aquí son presentadas en el orden lógico de Padre, Hijo, y Espíritu Santo.
1.1.2.      En la Bendición Apostólica.  (2 Corintios 13:14).
En el pensamiento Paulino, la Trinidad se prueba a través de la bendición dada por el apóstol Pablo en sus Doxologías epistolares, donde demuestra la unidad de la Deidad. La variación en el orden de las personas de la Deidad, manifiesta que ninguno es antes o después del otro.
1.1.3.      Por designación escritural.   (Apocalipsis 3:6, 13, 22; 2:7, 11, 17).
El Espíritu Santo habla a las iglesias a través de la Palabra ya revelada por el Padre. En cumplimiento a lo establecido (Jn. 16:13, 14; 15:26).
1.1.4.      En la administración de la iglesia.  (1 Corintios 12:4-6).
El Espíritu trabaja a través de creyentes individuales y los usa como instrumentos para cumplir los propósitos de Dios. El apóstol Pablo enseña la doctrina de la Trinidad, en la que el Espíritu cumple la función prominente de dotar a los creyentes de dones extraordinarios para el servicio de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús.

1.2.Los nombres del Espíritu Santo.
Los títulos y los símbolos del Espíritu Santo nos revelan su esencia y naturaleza. En relación a los “Títulos”, están relacionados con su persona, su ser; en relación a los “símbolos” con su obra, su hacer.
1)      El Espíritu (1 Corintios 2:10). La palabra griega pneuma en su aplicación al Espíritu Santo incluye la idea de dos conceptos "soplo" y "viento".
**Como "soplo": Jn. 20:22; Gn. 2:7; Job 33:4; Sal. 104:30; Ez. 37:1-10. El Espíritu es el aliento de Dios emanando vida para vivificar.
**Como "viento": Jn. 3:6-8; Hch. 2:1-4. El viento simboliza la obra redentora del Espíritu como misteriosa,  poderosa, penetrante, refrescante y que da vida. Es invisible en su operación e inesperado en sus consecuencias.
2)      El Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Mediante este nombre se enfatiza el carácter moral esencial del Espíritu. Él es santo en persona y característica, y es también autor directo de la santidad en los hombres. No es denominado "Santo" con más frecuencia que las otras personas de la Trinidad por el hecho de ser más santo, ya que la santidad infinita no admite grados. De este modo el Espíritu es oficialmente designado "Santo" por el hecho de que su labor es hacer santo. El Espíritu Santo ha venido a reorganizar la naturaleza del hombre y para oponerse abiertamente a todas sus malas tendencias.
3)      El Espíritu Eterno (Hebreos 9:14). De la misma manera en que la eternidad es un atributo o característica de Dios, así también se le puede atribuir, y se le atribuye al Espíritu Santo, como una de las distinciones personales del ser de Dios.
1)      El Espíritu de Dios: El Espíritu Santo es el poder ejecutivo de la Deidad, el cual trabaja en todas las esferas, tanto físicas como morales.
**Por medio del Espíritu Santo, Dios creó y preserva el Universo.
**Por medio del Espíritu Santo -"el dedo de Dios", Lc. 11:20- Dios opera en la esfera espiritual, convirtiendo a los pecadores y santificando y sustentando a los creyentes. 1 Co. 3:16.
Este nombre describe al Espíritu Santo como procediendo de Dios. Es enviado por el Padre y por el Hijo. Es el poder y energía personal de la deidad.
2)      El Espíritu de Jehová: Este nombre se refiere a Él como aquel por medio de quien hablaron los profetas.  (Isaías 11:2).
3)      El Espíritu de Jehová el Señor: Este título muestra que es el agente a través el cual se ejerce el señorío de Jehová.  (Isaías 61:1).
4)      El Espíritu del Dios vivo: Con este nombre, el Espíritu es retratado como Aquel que escribe la imagen de Cristo sobre las "tablas de carne de los corazones" y quien el creyente se convierte en una epístola viviente.  (2 Corintios 3:3).
1)      Espíritu de devastación: (Isaías 4:4; Mateo. 11:3). Este nombre representa al Espíritu como aquel que escudriña, ilumina, refina y purifica de escorias.
2)      Espíritu de la promesa: (Ezequiel 36:27; Joel 2:28; Gálatas 3:14; Efesios 1:13; Hechos.1:4,5; 2:33). Este nombre hace referencia al Espíritu Santo como cumplimiento de la promesa del Padre al Hijo. El Espíritu también le da al creyente la seguridad de que las promesas que Dios le hizo son seguras.
3)      Espíritu de verdad: (Juan. 15:26; 14:7; 16:13; 1 Juan. 4:6; 5:7). Tal como Dios es amor, así el Espíritu es Verdad. El posee, revela, imparte, conduce, testifica y defiende la verdad. De esta manera se opone al "espíritu de error" (1 Jn.4:6).
4)      Espíritu de vida: (Romanos 8:2; Apocalipsis 11:11). Él no sólo es el Espíritu viviente, sino también el dador de vida. El Espíritu Santo es aquella persona de la Trinidad cuya función especial es la creación y preservación de la vida natural y espiritual.
5)      Espíritu de gracia: (Hebreo 10:29; Zacarías 12:10). Es a través del Espíritu que conocemos la gracia de Dios. Como la persona de la deidad que trae consumación todo acto de Dios, el Espíritu lleva a cabo la obra de gracia iniciada en la vida de un creyente.
6)      Espíritu de gloria: (1 Pedro 4:13, 14; Romanos 8:16, 17; Efesios 3:16-19). El Espíritu no sólo es una persona gloriosa, sino que es también el revelador de las riquezas de la gloria de Dios para con nosotros.
7)      Consolador: (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7). La misma palabra griega traducida aquí por "consolador" se traduce por "abogado" cuando se la utiliza en relación con Cristo en 1 Juan 2:2. Significa "llamado para auxilio de uno", "apareciendo en favor de", como un abogado en una corte legal. También está incluida la idea de "fortalecedor", uno que vigoriza y hace fuerte. Aquí se expresa una relación personal. En el lenguaje común podría ser traducida como "el que toma parte", o "uno que está a nuestro lado para ayudar.
8)      Espíritu de adopción: (Romanos 8:12-15). Cuando una persona es salvada, no solamente se le da el nombre de hijo de Dios, y es adoptado en la familia divina, sino que también recibe dentro de su alma la conciencia de que es participante de la naturaleza divina.

1.3.El Espíritu Santo posee atributos divinos.
Los atributos divinos que se le atribuyen al Espíritu Santo le pertenecen solamente a Dios:
1.3.1.      Eterno (Hebreos 9:14).
El mismo posee una vida que nunca cesará, porque siendo Dios, es eterno. El Espíritu ha existido para siempre.
1.3.2.      Omnisciencia (Isaías 40:13-14; 1 Corintios 2:10,11).
Omnisciencia es definida como “el estado de tener un conocimiento total, la cualidad de saberlo todo.” Para que Dios sea soberano sobre Su creación de todas las cosas, ya sean visibles o invisibles, Él tiene que ser omnisciente. Su omnisciencia no se limita a una sola persona en la Deidad – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son todos omniscientes por naturaleza.
1.3.3.      Omnipresencia (Salmo 139:7-12).
Se refiere “está presente en todas partes al mismo tiempo”. David nos dice claramente que es imposible escapar de la presencia del Espíritu Santo.
1.3.4.      Omnipotencia (Zacarías 4:6; Lucas 1.35; Romanos 15:19).
Al igual que con los atributos de omnisciencia y omnipresencia, se entiende que, si Dios es infinito y soberano, lo cual sabemos que es, entonces Espíritu Santo también debe ser omnipotente. Él tiene todo el poder sobre todas las cosas en todos los tiempos en todas las formas.
1.3.5.      Amor.  (Romanos 15:30). 
El Espíritu Santo es parte de la esencia de la Deidad y como Dios es amor, el don que transmite el Espíritu al que entra en comunión con Él es el amor de Dios.
1.3.6.      Santidad. (Efesios 4:30).
Es llamado Santo y porque su obra es santificadora, es perfecto en todo sentido. Nunca ha pecado. No tiene la capacidad de hacer el mal. Es Dios. (Romanos 1:4). Ya que nuestros cuerpos son el Templo del Espíritu, tenemos que vivir en santidad. (1 Tesalonicense 4:3,7). Si no lo hacemos, tenemos que pagar las consecuencias. (1 Corintios 6:19-20; 11:30).
1.3.7.      Verdad. (1 Juan 5:6).
"Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad" (1 Jn. 5:6b). El Señor Jesús hizo la misma afirmación en Juan 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si la segunda persona de la Trinidad es Divina, también lo es el Espíritu.

1.4.El Espíritu Santo realiza obras divinas.
La personalidad divina del Espíritu Santo es observada en sus acciones:
1.4.1.      Creador (Génesis 1:2; Job.26:13; 27:3; 33:4; Salmos 33:6; 104:30; Isaías 40:12-14).
El Espíritu Santo estaba también involucrado en el acto de la creación del mundo, igual que el Padre y el Hijo
1.4.2.      Resurrección de los muertos (Romanos 8:11; 1 Tesalonicenses 4:14; 1 Corintios 6:14; 2 Corintios 4:14; Filipenses 3:10-11).
La elevación mesiánica de Cristo por el Espíritu Santo alcanza su culmen en la resurrección, en la cual se revela también como Hijo de Dios lleno de poder (1 Pedro 3:13; Romanos  1:3-4).
Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana.
1.4.3.      Contención (Génesis 6:3).
La palabra "contenderá", significa en hebreo "regir", "juzgar" "gobernar", "decidir". Estas palabras indican que el Espíritu Santo no podría continuar obrando sino durante un corto tiempo, después del cual sería retirado de los irregenerados e impenitentes seres humanos.  Aun la longanimidad de Dios debía terminar.
1.4.4.      Concepción de Jesucristo (Lucas 1:35).
La concepción de Jesús no fue un mero milagro en sí mismo; fue también el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. Con más de 730 años de anticipación, Dios predijo que una “señal” del Mesías para los judíos, sería la de un Hijo nacido de una virgen (Isaías 7:14), y este niño sería ambos humano y divino (Isaías 9:6). Esto es lo que Gabriel le está recordando a María en el vs.32, 33.
1.4.5.      Regeneración del pecador (Juan 3:3-6; Tito 3:5).
La regeneración o el "nacer de nuevo" es obra directa del Espíritu Santo.
1.4.6.      Inspirador de la Escritura (2 Pedro 1:21; 2 Timoteo3:16).
a.      Selección del autor humano (Jeremías 1:5).
b.      Revelación del mensaje a transmitir (Jeremías 1:9).
1.4.7.      Iluminación (2 Corintios 4:3-4).
a.      Apertura del entendimiento hacia las Escrituras (Juan16:13).
b.      Revelación comprensible de Dios (1 Corintios 2:9-10).
1.4.8.      Santificación (Hebreos 10:14-15; 2 Tesalonicenses 2:13; 1 Pedro 1:2).
La santificación significa "ser apartado para Dios." Dos ideas básicas y correlacionadas se contienen en esto:
1)      Una es la consagración en la que los cristianos deben considerarse a sí mismos la propiedad de Dios, comprados por el precio de la sangre de Cristo (1 Corintios 6:19, 20). Ellos deben dedicarse a sí mismos a hacer Su voluntad en todos los aspectos de sus vidas. Desde el tiempo de su conversión hasta que ellos entren en el mundo de la eternidad, son siervos de Dios para hacer el trabajo que Él les asigne para el bien de su reino.

2)      El otro concepto es el de la pureza. Porque Dios es santo, si nosotros Le queremos servir en una forma aceptable, nosotros debemos ser santos (1 Pedro 1:15, 16). Los cristianos no pueden vivir más como lo hacían anteriormente practicando el pecado. El poder de Dios y sus promesas garantizan al cristiano la posibilidad de pureza de corazón y vida (2 Corintios 6:14-7:1; 1 Tesalonicenses 5:23,24; 2 Pedro 1:3,4).

lunes, 12 de mayo de 2014

La naturaleza del Espíritu Santo. (Parte II)

Doctrina de la Pneumatología
La naturaleza del Espíritu Santo.

La palabra “naturaleza”, se deriva de la palabra latina “natura”, la que proviene del participio del verbo “nasci”, que significa “nacer”, lo que detona la idea “de los procesos naturales que las originan”, cuando se le agrega el sufijo “eza” (natural + eza), nos indica cualidad.
En esta sección estudiaremos la “naturaleza” o sea las cualidades del Espíritu Santo o más bien de los procesos naturales que originaron las presuposiciones teológicas sistemáticas para establecer la doctrina o enseñanzas sobre el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo tiene la naturaleza divina de Dios, Jesús nombró al Espíritu Santo como una de las tres personas del Dios Trino. La naturaleza divina del Espíritu Santo no está separada de la naturaleza divina del Padre y del Hijo. La Escritura enseña que hay un Dios, con una naturaleza divina. No hay tres dioses con tres naturalezas divinas. “Cada una de las tres personas posee esta única e indivisible esencia divina en su totalidad.”

a.      En la Teología Cristiana.
El Espíritu Santo, mencionado también como Espíritu de Dios, Espíritu de verdad o Paráclito es la acción o presencia de Dios:
1)      Del griego parakleton: "aquel que es invocado",
2)      y del latín Spiritus Sanctus "Espíritu Santo".
En la Teología Cristiana, la manifestación de la relación entre Cristo (la Palabra) y el Espíritu es el hecho central del proceso de evolución del universo. Proceso que comienza con la creación, sigue con la acción del Espíritu en la historia de los hombres, continúa con la acción del Espíritu en Jesucristo y termina con la acción del Espíritu en la vida de la Iglesia.
El momento central de la acción del Espíritu es la presencia de Cristo en la historia, originada por el Espíritu. Después de la presencia histórica de Cristo, la Palabra y Espíritu constituyen la vida de la Iglesia. El Espíritu llena toda la creación y la historia humana.
La expresión Espíritu Santo se refiere a una compleja noción relacionada con el estudio de Dios (teología) con la que describe una "realidad espiritual" suprema.
1)   La Biblia le atribuye una personalidad distintiva, como también sucede con el Padre y con el Hijo. (Mateo 3:16-17; 28:19; Juan 14:16-17; 15:26).
2)   Siempre se emplea en relación con el pronombre personal masculino a pesar de que en griego el término «Espíritu» sea neutro. (Juan. 16:13-14; Hechos 13:2).
En el pensamiento cristiano, el Espíritu Santo y la Palabra (el verbo) están recíprocamente relacionados en la economía salvífica y en la vida eterna de Dios.

b.      En la Teología Judía.
Es mencionado como “Ruaj ha-Kodesh”, literalmente significa "el espíritu de santidad" o "el espíritu del lugar santo".
Primero definamos quien es el “Ruaj ha-Kodesh”, en el pensamiento del judaísmo. Jesús dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Jn 14:16-17)
Jesús le llama: “el Espíritu (ruaj) de verdad.”
Observemos como Juan lo describe: “Este es Jesucristo (Yahshúa Ha Mashíaj), que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu (Ruaj Ha-Kodesh) es el que da testimonio; porque el Espíritu (Ruaj) es la verdad.” (1 Jn 5:6).   
 De estos dos párrafos Juaninos, podemos razonar que:
El Espíritu Santo (ruaj ha-Kodesh): “es verdad” y el que da “testimonio”, o sea, el portador.
Con respecto a esto el profeta Isaías (8:20) nos dice: “¡A la ley (la Torah) y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.”
Para la Teología Judía la única fuente de autoridad de la palabra es la que proviene de la “Torah” (la Ley) y del testimonio que de esta Torah nos da el “ruaj ha-kodesh” (el Espíritu Santo).
Para el pensamiento del salmista “Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad.” (Sal 119:142). 
En el evangelio según Juan encontramos: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Jn. 8:31-32) 
Podemos deducir que para el judío: La Palabra (Torah) es “verdad” y el Espíritu Santo (ruaj ha-kodesh) es “verdad”.

Por lo tanto, en la Teología Judía: "La Palabra (Torah) y el Espíritu Santo (ruaj ha-kodesh) son uno, son lo mismo"

Juan Salgado Rioseco

sábado, 10 de mayo de 2014

La naturaleza del Espíritu Santo. (Parte I)

La Doctrina Pneumatología.

EL Evangelio según Juan 3:5-8, dice:
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”

Precisiones Introductorias
a. La doctrina de la pneumatología, en especial con la “Trinidad”, es un misterio.

“Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, más las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre,…(Deut. 29:29 La Biblia de las Américas).
Dilucidar una teoría que tenga fundamento bíblico, es de vital importancia al intérprete de las Escrituras; poder asimilar lo que en forma explícita y pero muchas veces más en forma implícita nos habla las Escrituras sobre esta enseñanza, en especial sobre el Espíritu Santo, es tener la capacidad para comprender la realidad por fuera de las vivencias sensibles o carismáticas de lo que realmente los santos varones de Dios nos legaron en sus escritos del tema; a partir de la asimilación de estas experiencias y su descripción por medio del lenguaje registrado en la Palabra de Dios nos podemos dar cuenta su real dimensión de esta doctrina primaria en la Teología cristiana.
La primera dificultad que se encuentran los estudiantes o intérpretes de la Biblia con referencia a esta doctrina, de las tres personas de la Trinidad, el Espíritu Santo es la persona de la cual las Escrituras nos dan menos información, al mencionarlo lo hace generalmente en metáforas, símbolos o lenguaje figurado lo cual dificulta entender quién es realmente el Espíritu Santo. Además usualmente elude su obra, y dirige nuestra atención en primer lugar a Jesucristo (Jn 15:26; 16:14) y en el mensaje recibido de la Deidad (Jn 16:13).
Debido a esta situación, se ha generado en torno a la persona del Espíritu Santo diversas proposiciones o corrientes filosóficas, que han desviado la esencia misma de su naturaleza, obra y misión que se le ha encomendado en los diversos periodos de la humanidad. Estas suposiciones, van desde el más absoluto fundamentalismo al liberalismo más extremo; esto ha traído como consecuencias, que sea una doctrina relegada y en muchos aspectos descuidada en algunos de los credos o confesiones cristiana por el temor de caer en un “carismatismo” exacerbado, en un espiritualismo falso,  insensible de las cosas celestiales más cerca del misticismo humanista. Estas dos corrientes que se retroalimentan con los errores del otro, sin objetar los dogmas desviado que se han adosado a sus praxis cotidianas.
Estas controversias, han producido crisis severas en la historia del cristianismo. Tendencias como el Unitarismo corriente de pensamiento teológico que afirma la unidad de Dios, por otro lado los Trinitarios afirman que Dios es un ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas o hipóstasis (Padre, Hijo, Espíritu Santo).

b. Definir la terminología bíblica y extra bíblica, que se usan en la Teología.

Debemos entender que la palabra “Trinidad” es una terminología extra-bíblica. Esta terminología, que los teólogos sistemáticos utilizan, la obtienen del vocabulario común de sus culturas para explicar las enseñanzas de la Escritura, con el propósito que sea entendible o comprensible al lector o estudioso de las Escrituras.
Con respecto a la palabra “Trinidad”, primero apareció por el año 180 d.C. cuando Teófilo de Antioquia usó el término griego τριάς trias (tríada) en su obra A Autólico, para referirse a Dios, su Verbo (Logos) y su Sabiduría (Sophia), para describir este atributo de Dios. Simplemente fue un término derivado del término común tres. En el año 215 d. C., Tertuliano fue el primero en usar el término Trinidad (trinitas). Diría en Adversus Praxeam II que “los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de uno, por unidad de substancia”.
Uno de los conceptos que debemos precisar es lo relacionado con la palabra “persona”, no existe en ninguna palabra dentro del vocabulario de los idiomas vernáculos activos, que logre dimensionar en forma plena la esencia misma de la “Deidad” y menos la interrelación que existe entre ellos. La que más se acerca es la palabra “persona”, el origen etimológico de esta palabra ha sido objeto de multitud de propuestas, aunque ninguna la ha clarificado por completo. El concepto de persona fue formulado por primera vez en la reflexión teológica cristiana, al pensar la fe cristológica y trinitaria, de los siglos II al V. Desde entonces el concepto, que en un principio fue aplicado a los tres distintos (la Trinidad de personas) que coparticipan de la única naturaleza divina, se usó también para explicar la doble naturaleza (divina y humana) que existe en la unión hipostática de la única e indivisible persona de Cristo (Concilio de Nicea, año 325).
La otra precisión que debemos hacer es el concepto de unidad en la interrelación de la Divinidad (1+1+1=1), o sea, “tres personas distintas, pero un solo Dios verdadero”. La declaración monoteísta judía establece: “Shema Israel, Adonai Eloheinu Adonai echâd”; “Oye, Israel: Yahvé nuestro Dios, Yahvé uno es.” (Deut. 6:4). El Señor Jesús les recuerda nuevamente a los judíos acerca de este mandamiento: “Jesús le respondió: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.” (Mr 12:29). La idea que se establece aquí es de unidad “'echâd” y no de numeral como en el texto bíblico de Génesis 22:2 “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah…”, donde se utiliza la palabra “yâchı̂yd”. El concepto de unidad se encuentra en varios pasajes bíblicos entre otros Gn. 2:24, en Mt. 19:4-6, Jesús es más preciso al reafirmar este concepto de “unidad”; el trabajo conjunto de la Deidad en el texto de Gn. 11:6-7, se establece por la forma que se encuentran conjugados los verbos descender y confundir; la teología Juanina revela la unidad de la Trinidad (17:11, 21-23; 16:15): la frase "…que sean uno, así como somos", se refiere a la unidad relacional del Dios Trino (v. 21, 22, 23), en el texto 17:21 "…para que todos sean uno", esta unidad es la unidad de la Trinidad (v.11, 22,23; Ef. 4:1-6); la misma idea de unidad la encontramos en el pensamiento Paulino, (Gá 2:28).
Además este texto bíblico (Deut. 6:4) reafirma la idea de la pluralidad “Yahvé nuestro Dios ('ĕlôhı̂ym),…” como se encuentra en Gn. 1:26, a eso, se le agrega la conjugación del verbo “hacer” en plural como ocurre en Gn. 11:7; pero más significativo es el texto del profeta de Isaías 61:1 “El Espíritu de Yahvé el Señor está sobre mí, porque me ungió Yahvé ;…” donde claramente se encuentra la representación de las tres personas de la Deidad, reafirmado por el Señor Jesús en la sinagoga de Nazaret Lc. 4:16-19; el profeta Isaías mantiene  la idea de la triada en los pasajes 48:16; 63:9-10. En el Nuevo Testamento confirma la idea trina de la Deidad en múltiples pasajes (Jn. 14:16; 15:26; Mt. 28:19 [la formula bautismal]; la teología Paulina también la establece [Gá. 4:6; 2 Co. 13:14; 1 Co. 12:4-6; Ef. 2:18]; el apóstol Pedro la establece en 1 Pe. 1:1-2 y el apóstol Juan en Ap. 1:4-5) entre otros pasajes bíblico. 

Teniendo en cuenta que la Doctrina de la Pneumatología, en especial la Trinidad es un misterio. El concepto Trinitario está establecido desde el génesis de la revelación de Dios, confirmada por el Señor Jesús en sus enseñanzas, y ampliada por los apóstoles en sus epístolas que clarifican el mismo pensamiento teológico; dentro de la Trinidad, debemos relacionar al Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el sentido de unidad como personas con cualidades propias y nunca en el sentido numeral en la conformación de la Divinidad.
Juan Salgado Rioseco

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