sábado, 15 de abril de 2017

La Predestinación.


El término procede del latín “praedestinatio” y en la Teología cristiana se aplica a la idea de que Dios conoce desde la eternidad el destino del universo y de cada persona. San Agustín, en la Iglesia católica, y Calvino, en el protestantismo son autores especialmente vinculados a esta doctrina, aunque entre ellos se dan diferencias notables. Las discusiones teológicas en el cristianismo tienen que ver con la relación entre la omnisciencia divina y el libre albedrío del ser humano, así como con la relación entre la omnipotencia de Dios y el problema del mal y también con la relación entre la justicia y la misericordia en Dios. En algunos momentos de la historia ha tenido especial incidencia la cuestión sobre el valor de las obras humanas y la salvación. (https://es.wikipedia.org/wiki/Predestinacion).

Predestinación f. Destinación anterior de una cosa. Teologia p. ant. La ordenación de la voluntad divina con que ab aeterno (desde un principio) tiene elegidos a los que por medio de su gracia han de alcanzar la gloria. (Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.)
Más que vencedores:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. (Romanos 8:28-30).
En estos pasajes bíblicos, Pablo introduce la doctrina de la predestinación, el Apóstol Pablo explica el significado de la elección divina; declara que la elección tiene lugar en la eternidad pasada, que es según el propósito o decreto eterno de Dios, que tiene que ver con personas y no con acciones personales.
Las palabras traducidas como “predestinado”, vienen de la palabra griega “proorizo” que significa “determinar anticipadamente”, “ordenar”, “decidir sobre un tiempo futuro”. Así que la predestinación es Dios determinando anticipadamente ciertas cosas que ocurrirán tiempo después.
La palabra “predestinar” en alguna forma solo aparece tres veces en las Escrituras: Romanos 8:29 (“predestinó”), en Efesios 1:5 (“predestinado”), y en Efesios 1:11 (“predestinados”). En los tres pasajes, la predestinación se menciona NO en referencia al hecho de que uno sea o no salvo, sino que habla de la posición o el privilegio compartidos en el futuro de los que ya somos salvos.
1.             La doctrina de la "predestinación". Ref. 8:29-30.
a.        está íntimamente relacionada con el "propósito" de Dios. Ref. Ro. 8:28b; 9:11.
b.        Dios es soberano, sus propósitos son soberanos. Ref. Ef. 1:11. 
c.         "Dios quiere que todos los hombres sean salvos". Ref. 1 Ti. 2:4.
d.        desde la eternidad, se ha propuesto salvar al hombre, y que esta salvación se centra en un propósito de Dios. Ref. 2 Ti. 1:9.
e.        el propósito de salvar a ciertas personas.  Ref. Ro. 8:28, 30. Aquí entra la doctrina de la "elección".   
f.          determinó llamar a lo débil, necio, vil y menospreciado de este mundo. Ref. 1 Co. 1:26-29.
g.        el propósito de nuestro llamamiento. Ref. Ef. 1:12.
2.             Pedro habla de ser "elegidos según la presciencia de Dios" Ref. 1 Pe. 1:2.
3.             Juan escribe sobre la idea de "presciencia".  Juan 10:14-16. (especialmente en el v.16).
4.             Pablo, habla que Dios conoció a las personas mismas. Ref. Ro. 8:29; Jer 1:5.
a.        el ejemplo más claro de esto es Juan el Bautista - él fue lleno del Espíritu Santo antes que naciera. Ref. Lc. 1:15, 44. 
b.        esta enseñanza de que Dios eligió salvar sólo a los que Él pudo ver de antemano que iban a responder al evangelio se contradice en Ro. 9:15,16 y Jn. 1:13.
5.             Cristo no da vida espiritual a todos por igual, sino sólo a los que el Padre le dio de antemano para salvar. Ref. Jn. 6:37,39; 10:29; 17:2, 6, 9, 24; 18:9. 
6.               La enseñanza paulina es que Dios desde la eternidad propuso salvar a ciertas personas.
a.        Dios había elegido de antemano que Jacob iba a ser el padre de la nación de Israel. Ref. Ro. 9:11.
b.        Dios envió a morir a Cristo:
1)        por los que Él le entrego. Ref. Jn. 17:24.
2)        lo hizo por amor a los escogidos. Ref. 2 Ti. 2:10.
3)        derramo su sangre por los suyos. Ref. Mr. 14:24; Mt. 26:28; Lc. 22:20.
c.         descripción cómo Dios trabaja con cada persona — conocer antes, predestinar, llamar, justificar y glorificar. Ref. Ro. 8:29-30.
7.             Dios ofrece el evangelio a todas las personas; pero por obra de Satanás y la propia pecaminosidad del hombre, nadie puede responder a este evangelio aparte de la gracia de Dios. Ref. 1 Co. 2:14; 2 Co. 3:14-17; 4:3-6; Ef. 2:1-6. 
a.        Esta es la enseñanza de Juan y del Señor Jesucristo. Ref. Jn. 3:3-11; 6:44,65.
b.        El hombre no sólo no puede responder al evangelio, sino que tampoco desea hacerlo. Ref. Jn. 3:19; 5:40.
8.             Dios tiene primero que darle vida al inconverso para que éste pueda responder al evangelio. Ref. Jn. 1:12, 13; 5:21,25.   
9.             El hombre se ha hecho esclavo del pecado por su propia voluntad, por medio de Adán - su representante legal ante Dios.
a.      el hombre es un esclavo del pecado por su propia voluntad. Ref. Ro. 6:16. 
b.      Dios tiene todo el derecho de ordenar al hombre arrepentirse. Ref. Hch. 17:30.
10.         Pablo proclama, “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!” Ref.  Ro.11:33
El tema de la predestinación no tiene absolutamente nada que ver con ser salvo o estar perdido, pero sí con ser llamado. Dios llama y declara justos a quienes han de formar parte de su familia, todo esto es motivo de gratitud a Dios porque es un acto de su gracia a través de Cristo, y todo para la alabanza de su gloria.
Dios ha predestinado a ciertas personas para el propósito de convertirse en hijos de Dios, conforme al propósito del que hace todas las cosas, a fin de que seamos para alabanza de su gloria. No hay nada sobre ser predestinado a estar perdido o ser salvo, aunque la salvación es descrita aquí como el propósito ofrecido a las personas que Dios llama.

Juan Salgado Rioseco

martes, 14 de marzo de 2017

La segregación en la Iglesia de Dios en Cristo Jesús.


“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:12-13).

“Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. (1 Corintios 3:2-5).

El término segregación (del latín segregatĭo) hace referencia a la acción y efecto de segregar, es decir, separar, marginar o apartar algo del resto de los objetos o personas. Usualmente, el término segregación hace referencia al proceso social y político por el cual se segrega a un grupo de seres humanos, generalmente una minoría étnica, religiosa o política del resto de la sociedad.

El segregacionismo puede manifestarse de diversas maneras dentro de una comunidad cristiana: entre los espirituales y los carnales; entre los ancianos y jóvenes; entre hombres y mujeres; entre posiciones sociales, educacionales o laborales; entre los que manejen el poder y los que ambicionan el poder.
Los primeros indicios de segregación, se manifestaron en la comunidad Jerosolimitana, en el pasaje bíblico del libro de los Hechos 6:1, donde se relata la desatención de las viudas griegas, provocando murmuración y descontento. De esta comunidad eran los líderes de los judaizantes como Mateo y Santiago, que se opusieron a la entrada al Cuerpo de Cristo de los gentiles (“goi” que significa: pagano, extraño a Dios, sin pacto o promesa; contrario a Dios); esta situación desemboco en el primer Concilio efectuado en Jerusalén en el año 50 app. (Hechos 15); podemos agregar la segregación que hacían los judíos hacia los samaritanos, a los gentiles prosélitos o temerosos, contra los judíos que ejercían oficios considerados inmundos.

En la comunidad de Corintios se manifestó sesgos de división y segregación (1 Corintios 3:1-4), a lo cual el apóstol Pablo replico que “los hombres solo son servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.” (4:1), que solo deben preocuparse de ser hallado fiel (2) y no ser envanecido (18,19). El envanecimiento es cuando una persona (4:6), que actúa con orgullo, vanagloria, soberbia, presunción, arrogancia, altivez, fanfarronería, endiosamiento, engreimiento. Estas actitudes provocan celos, contiendas, disensiones, divisiones, segregaciones en el seno del Cuerpo de Cristo.

En el Cuerpo de Cristo, solo la soberanía de Dios debe ser la ejecutante del plan que Dios tiene para ella, sin embargo, la interferencia del hombre es una constante la que ha provocado todas clase de segregaciones a lo largo de los siglos de historia de la Iglesia de Dios, incluso provocando muerte, destrucción, venganza entre los contrincantes cristianos.

El Cuerpo de Cristo no es una institución humana, ni política, ni partidista, menos para cultivar los egos personales. La soberanía de Dios no necesita la ayuda o colaboración del hombre para ejecutar su plan, el hombre debe someterse al régimen nuevo del Espíritu y no vivir bajo el régimen viejo de la carne; Dios no necesita ayuda, ni menos interferencia; necesita del hombre sometimiento y obediencia. La actitud del hombre debe ser templada frente a los acontecimientos, utilizar el discernimiento para actuar en pro del Cuerpo de Cristo, saber negarse a sí mismo en bien del interés de la Iglesia, no olvidar que es solo un “siervo” de Dios, colaborador de su labranza.
Para poder discernir debe tener conocimiento pleno de la Palabra de Dios, sino los tiene debe detenerse “en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16) y no seguir actuando con necedad ni ser neófito al tomar decisiones, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. (1 Timoteo 3:6).

La tercera carta de Juan, tenemos un ejemplo del segregamiento producido por el autoritarismo de Diotrefes. Este hombre se había apoderado del liderazgo de una iglesia en Asia, y no sólo se rehusaba a reconocer la autoridad de Juan como un apóstol, sino también a recibir sus cartas y seguir sus instrucciones. También hacía circular maliciosas calumnias en contra de Juan y excomulgaba a los miembros que proporcionaban ayuda y hospitalidad a los mensajeros de Juan. Existe una sentencia popular o aforismo: “El poder corrompe”, la ambición al poder a corrompido el accionar de aquellos que dicen ser siervos de Dios, teniendo apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella.

La discriminación y la segregación religiosa de la mujer, se puede catalogar como una misoginia, que manifiesta de diversas maneras: denigración, discriminación, violencia y cosificación sexual de la mujer. El papel que ha jugado la mujer en el Cuerpo de Cristo en estos 21 siglos ha sido importante para el crecimiento y expansión del Evangelio de Cristo. Las mujeres no solo tienen una presencia numérica mayor a la de los hombres, han tenido una responsabilidad fundamental en la transmisión de la fe cristiana. No hay que olvidar que la profetisa Ana que vivía en el templo, al presenciar la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, comenzó a hablar del Niño a todo aquel que esperaba la redención de Jerusalén (Lucas 2:36-46); el primer testigo de la resurrección de Jesucristo, fue María de Magdala; la noticia de la resurrección fue llevada por mujeres a los apóstoles. La gran proclama del apóstol Pablo “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:28) debe ser una de las máximas de nuestra convivencia fraternal dentro de toda comunidad cristiana, porque todos sin excepción hemos sido revestido en Cristo (27), si actuáramos de esta forma se manifestaría ningún sesgo contrario a la perfecta unidad.

Una de las características de la Iglesia Pentecostal de Chile, es su gran expansión en las primeras décadas del siglo XX, las que ejecutaron la labor primordial en esta área, fue la mujer;  se convirtieron en el gran brazo evangelístico de este movimiento, llevaron su fe a su familia, familiares, amistades; osaron transmitir la Palabra de Dios en lugares que a los hombres se les fue negado con su persistencia, tenacidad y osadía; fueron las fieles seguidoras de las mujeres de Galilea (Lucas 8:3) que han sostenido el movimiento con su laboriosidad, solidaridad, fueron y son el sostén económico de las Iglesias Pentecostales de Chile. En la realidad del siglo XXI, la gran mayoría de la Iglesias Pentecostales siguen segregando a la mujer de diversas formas, violentando su Fe y en muchos casos su dignidad, omitiendo la gran proclama Paulina “Ya no hay judío ni griego; No hay esclavo ni libre; ninguna mujer ni heno Varón; Porque vosotros sois Todos uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:28 RVR1960). Siguiendo el modelo o sistema socio-religioso judío: racista (judío-pagano), sexista (hombres-mujeres) y clasista (clero-laico).

Debemos reconocer el importante rol desempeñado por las mujeres en el movimiento de Jesús (Lucas 8:1-3) y `posteriormente en las iglesias Paulinas como lo narran los textos bíblicos (1 Corintios 11:5-6; Romanos 16:3, 12; Filipenses 4:3) y como han sido en la expansión del Evangelio de Cristo a lo largo de estos siglos.  ¿Podemos seguir segregándolas? El apóstol Pedro les escribió a los santos (hombres y mujeres) de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (1 Pedro 2:9).  Omitiendo que todos somos uno en Cristo.

La segregación en interior de las comunidades cristianas, va corroyendo persistentemente los cimientos de la perfecta unidad, provoca el cisma de la división. La segregación es la manifestación de la carnalidad del hombre basada en una distorsionada interpretación bíblica y la instauración de desviadas normas en el seno de la Iglesia de Cristo.

La disgregación del Movimiento Pentecostal en Chile ha sido provocado por la existencia en su interior por todos los sesgos que se alimenta la segregación: la interferencia a la soberanía de Dios; la ambición al Poder; la manipulación del falso espiritualismo; el autoritarismo junto al despotismo; el dogmatismo sectario; la denigración de los oponentes a través del aislamiento; la falta de discernimiento de lo que es de Dios y lo que es humano; la falta de conocimiento de la Palabra de Dios; la forma de servir a Dios a la manera personal; la falta de madurez espiritual; el hermético sistema administrativo  institucional; la desviación del modelo financiero bíblico; la omisión del don de Pastor, reemplazado por el oficio de ser Pastor, instaurando el nepotismo y la herencia sacerdotal aarónica, depreciando la obra del Espíritu Santo en la conducción de la Iglesia, causando gran daño a la causa del Pentecostalismo en Chile; el autonombramiento del título de Pastor con el propósito de lograr prebendas de todas índole de los débiles de la fe; etc.  Debemos tener siempre presente que “no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará al Reino de los cielos”, (Mateo 7:21).
Juan Salgado Rioseco




jueves, 9 de marzo de 2017

Perfectos en unidad en las Iglesias cristianas.

¿La Iglesia de Dios en Cristo Jesús, es perfecta en unidad como lo solicitó Jesús a su Padre?

¿O tiene una actitud de omisión, o se convive permisivamente con la segregación en su interior?

El mandato primario dado por nuestro Señor Jesús: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34 RVR1960).

Una de sus mayores peticiones sacerdotales al Padre fue “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:21-23 RVR1960).

Jesucristo anhelaba que sus seguidores se amaran los unos a los otros, que fueran uno, alcanzaran la unidad perfecta con el solo propósito que el mundo reconocieran en ellos que el Padre eterno había enviado a su hijo y pudieran creer en el evangelio.

El apóstol Pablo instaba a los receptores de la carta a Los Hebreos dentro de sus deberes cristianos a “Permanecer en el amor fraternal y a no olvidar la hospitalidad” (Hebreos 13:1-2 RVR1960).

Al principio de la comunidad de Jerusalén practicaba la unidad y tenían todas las cosas en común (Hechos 2:1; 4:32-35 RVR 1960), un ejemplo de compañerismo cristiano (koinonía) basada en la Fe en nuestro Señor Jesús, al amor a nuestros hermanos y la esperanza mancomunada de alcanzar las promesas de Dios en la eternidad. 

Koinonía es un concepto teológico que alude a la comunión eclesiástica y a los vínculos que ésta misma genera entre los miembros de la Iglesia y Dios, revelado en Jesucristo y actuante en la historia por medio del Espíritu Santo. La idea central en el griego, es asociación o consorcio, en el griego secular, se usa para expresar una íntima relación entre las personas.

Solo los que son amigos de Jesús alcanzan un verdadero compañerismo cristiano, (Hechos 2:42; 2 Corintios 6:14), la cual se basa en el común conocimiento del contenido del mensaje cristiano (1 Juan 1:3). No puede existir una comunión verdadera entre los domésticos de la fe, sino se ha alcanzado la amistad íntima con Jesús. La cual se hace práctica en la comunión del evangelio de Cristo (Filipenses 1:5), con la presencia, compañía, ayuda y guía del Espíritu Santo (2 Corintios 13:14; Filipenses 2:1). Por lo consiguiente, la Koinonia es lo que liga a los cristianos unos con otros, con Cristo y con Dios.


Jesús es el agente de la comunión íntima con Dios.  El sacrificio de Jesucristo nos devuelve la comunión con el Padre (Colosenses 1:22; Salmo 25:14), nos limpia de todos pecado (1 Juan 1:6-8). La comunión nos lleva al crecimiento pleno (1 Juan 1:3); permanecer en Él nos lleva a una comunión constante y vital (Juan 15:4-6). Dios nos llama a una vida de comunión con El, y con su Hijo (1 Corintios 1:9; 2 Corintios 13:14).


El apóstol Pablo nos exhorta a que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; manteniendo un cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos (Efesios 4;3-6); la unidad descansa en estas verdades doctrinales; para lograr la perfecta unidad, debemos actuar con sabiduría de Dios la cual es “primeramente pura, después pacífica” (Santiago 3:17); además Pablo agrega que debemos seguir la verdad en amor, para tener un cuerpo , bien concertado, unido, cumpliendo cada uno su función y así todo el cuerpo crece y se fortalece por el amor ( Efesios 4:15-16).

La Comunión entre los cristianos se hace realidad cuando compartimos experiencias del devenir del evangelio (1 Pedro 4:13); suplimos las necesidades o practicamos la hospitalidad, somos solidarios con los que sufren (Romanos 12:13; 15:27; Gálatas 6:6). 

Todas estas acciones no llevan a construir la unidad perfecta, debido a que sentimos, padecemos, sufrimos, nos gozamos con los domésticos de la fe; nos hace partícipe de lo divino en la vida de nuestros compañeros de fe; nos hace actuar con generosidad en la debilidad de los miembros del Cuerpo de Cristo; con templanza y mansedumbre en los periodos de crisis de la Iglesia; nos lleva a cultivar el respeto con todos y para todos, porque somos la imagen de Dios y su hijo dio su vida por todos los que han creído en Él.

La unidad perfecta se construye desde el cimiento al negarse a sí mismo para construir el Cuerpo de Cristo, en fe, esperanza y amor entre todos los adoradores de Dios a través de su Hijo amado Jesucristo. Quien no tiene esa capacidad, no ha logrado la madurez cristiana, vive de los rencores pasados, busca las disensiones, los pleitos, camina por los senderos de la ambición personal por abrirse paso en busca de un renombre humano, no la interesa la gloria de Dios sino el reconocimiento y honra humana, aspira sin merecerlo el poder y la autoridad dentro de la asamblea. Personas carnales, que violentan el Evangelio de Cristo con sus actitudes y en forma destemplada se inmiscuyen en la soberanía de Dios, usurpando lo que exclusivamente está reservado para su Hijo primogénito: Jesús.

El profundo deseo del apóstol de los gentiles era: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efesios 4:13)

La unidad perfecta se logra cuando nuestros pensamientos, sentimientos, palabras, actos, puedan reflejar nuestra transformación interior en las vivencias personales y comunitarias al servicio de Dios. Sin las mezquindades que el viejo hombre o mujer nos hace actuar en perjuicio de nuestros hermanos en la fe. No puede haber una genuina y verdadera unidad entre los santos a no ser que sea una unidad ligada a la Palabra de Dios y conducia por el Espiritu Santo.  

Juan Salgado Rioseco

sábado, 18 de febrero de 2017

Integración versus Desintegración en el cristianismo. (Parte II)

Desde el inicio de la formalización del cristianismo sufrió la acomodación de sus normas a las situaciones imperantes y posteriormente la adaptación de sus preceptos a las circunstancias institucionales influenciados por el creciente poder y privilegios que fue adquiriendo en ciertos lugares geográficos, debido a su asociación con el poder temporal, lo que trajo como consecuencia el paulatino abandono de la senda antigua del cristianismo. En este proceso, desde la integración inicial dio paso a la segregación de las minorías y a la paulatina desintegración fruto de la ambición de poder de una elite y la inculturación de la mayoría de los creyentes; este proceso germina por el insuficiente conocimiento de la Palabra de Dios y de liderazgos no idóneos, alejados de la voluntad de Dios, en busca de intereses ajenos a la iglesia.

El Concepto y definición de Desintegración, es separación de las partes o de los elementos que forman un todo, de manera que deja de existir como tal. La Desintegración que nos aflige está afectando de forma terrible a las diferentes comunidades cristiana. La ruptura de la estructura grupal debido a la falta de normas comunes, liderazgo y consenso.

Cabe mencionar, las segregaciones provocadas por las controversias teológicas, el cisma de oriente y occidente; movimientos que desafiaban el poder absolutista de la iglesia y sufrían una gran represión por sus esfuerzos como: los albigenses de Francia (los "puritanos") se oponían a doctrinas romanas (purgatorio, veneración de imágenes, etc.) y sufrieron una matanza a causa de la cruzada en su contra convocada y autorizada por Inocencio III (1208); los valdenses, organizados en 1170 por Pedro Valdo de Francia, predicaban y promovían las Sagradas Escrituras como la suprema autoridad de Dios. Sufrieron una gran persecución de la iglesia, y tuvieron que refugiarse en el norte de Italia; John Wycliffe, de Inglaterra, fomentó una protesta contra el poder absoluto de la Iglesia romana. También tradujo el Nuevo Testamento al inglés (1384). Roma no lo pudo tocar, pero sus sucesores fueron perseguidos hasta su exterminio por los reyes Enrique IV y Enrique V de Inglaterra; Juan Huss (martirizado en 1415), buscó liberarse de la autoridad papal de Roma; Jerónimo Savonarola (siglo XV), monje dominico de la ciudad de Florencia, fue excomulgado, luego condenado y martirizado (ahorcado y quemado 1498) por oponerse a los males sociales y eclesiásticos. (http://www.lavozeterna.org/estudios/brevehistoria.htm)

El siglo XVI trae la reforma protestante, el surgimiento de las diversas y variadas denominaciones religiosas del protestantismo, como la reforma radical, los movimientos de santidad. En los últimos siglos, nuevos movimientos religiosos, marcados por una fuerte heterodoxia en contraposición a la ortodoxia marcada por las religiones originarias, signada la más de las veces por alguna disconformidad respecto de la doctrina fundacional, formando un enjambre de nuevas denominaciones, en desmedro de la mantención dela unidad e integración de la iglesia. Son comunidades “llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error.” (Efesios 4:13 RVR 19060), haciendo caso omiso de las advertencias del apóstol Pablo “y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos…” (Hechos 20:30,31), “Esto lo digo para que nadie os engañe con razonamientos persuasivos…” (Colosenses 2:4-8), “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos;” (2 Timoteo 4:3); sus rogativas “Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. …” (Romanos 16:17,18); sus aprehensiones “Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestras mentes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo…” (2 Corintios 11:3,4).

 Así, puede entenderse la heterodoxia como una "deformación" de la doctrina original o de las normas de una determinada comunidad religiosa. “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos;” (2 Timoteo 4:3); la advertencia de Pedro sigue tan vigente en estos tiempos como para los receptores de su carta  “Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina.…” (2 Pedro 2:1-39).

Está probado que a la decadencia de los pueblos siempre le anteceden fenómenos de moralidad. Científicos de diferentes culturas y épocas lo dicen. Por ejemplo, el historiador británico Arnold Joseph Toynbee, especialista en filosofía de la historia, estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones y en ella descubrió que, de las 21 civilizaciones más notables de la historia, 19 perecieron no por haber sido conquistadas, sino por la decadencia interior.

Estamos siendo desintegrados desde el interior por las falsas doctrinas implantadas por los indoctos de la fe; muchos de nuestros hermanos de fe han abandonado el Evangelio de Cristo a causa de las desviaciones doctrinales de los lideres neófitos que engañan con sus falsas espiritualidades, como esta escrito en las Escrituras  que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, les harán caso a espíritus que mienten y seguirán enseñanzas de demonios. Esas enseñanzas llegan a través de mentirosos quienes con sus palabras falsas engañan a la gente. Ellos no saben la diferencia entre el bien y el mal. Es como si su entendimiento hubiera sido quemado con hierro candente.( 1 Timoteo 4:1-2). Debemos defender la Iglesia de Cristo, no debemos apoyar, aun con nuestro silencio, la ordenación de nadie que no sea hallado fiel a las Escrituras, ni conceder altos puestos a personas que no tienen claros los principios fundamentales de nuestra, no basta de un sueño y una predicción, sino que los lideres deben ser doctos en la Palabra de Dios, teniendo siempre en cuanta el consejo de Pablo a Timoteo "ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren." (1 Timoteo 4:16 PDT). sino velamos por la integridad de la Iglesia y de nuestra denominación, le abriremos la puerta a la apostasía.

Si nos queda alguna salida a la situación que el cristianismo padece; si tenemos todavía algún sentido del deber y de la responsabilidad, no nos queda sino ser fieles a nosotros mismos, e instaurar como podamos los valores eternos que nunca debimos perder. En otras palabras, escuchar la voz de Dios “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16 RVR1960).

Volviendo a utilizar las palabras de Jean Paul Sartre “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, el hombre al creer en Jesucristo, nace libre del pecado, “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14); es responsable ante Dios de su Fe, la responsabilidad involucra el “unos a otros” de las Escrituras. Estamos llamados a exhortarnos unos a otros (Hebreos 10:24-25), orar unos por otros (Santiago 5:16), amarnos unos a otros (Gálatas 5:13; Efesios 4:2; 1 Pedro 1:22), enseñarnos unos a otros (Colosenses 3:16), edificarnos unos a otros (Romanos 15:14; Colosenses 3:16); y no tiene excusas delante del Todopoderoso, “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan Solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1:22 RVR1960).

Juan Salgado Rioseco

miércoles, 15 de febrero de 2017

Integración versus Desintegración en el cristianismo. (Parte I)


No hace mucho en un carnet de una Institución del Estado de Chile leí: “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, (palabras que se atribuyen a Jean Paul Sartre), analizandolas tienen muchas implicancias: sociales, laborales, morales; tiene que ver con la condición, el comportamiento y la honestidad; la honestidad es un valor o cualidad propio de los seres humanos que tiene una estrecha relación con los principios de verdad y justicia y con la integridad moral. La integridad significa intacto, entero, no tocado o no alcanzado por un mal; la integridad es la pureza original y sin contacto o contaminación con un mal o un daño, ya sea físico o moral. Una persona íntegra es alguien en que se puede confiar. El Discípulo de Cristo, es un hombre libre, responsable con su Fe, honesto en su comportamiento, que mantiene su creencia en integridad a pesar de los avatares de la vida.

El discípulo de Cristo, no solo debe tener las cualidades anteriores mencionadas, sino debe integrarse en la comunión de los santos, con el fin de edificarse mutuamente con el propósito de crecer en lo individual como en lo corporativo. La integración de todos los redimidos es un deber ineludible en el cumplimiento de la Comisión Pastoral.

La palabra integración tiene su origen en el concepto latino “integratĭo”. Se trata de la acción y efecto de integrar o integrarse (constituir un todo, completar un todo con las partes que faltaban o hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo). La integración siempre supone el esfuerzo coordinado, la planeación conjunta y la convivencia pacífica entre los sectores que conforman el grupo. Esa es la única forma donde las partes pueden constituir un todo, aún sin perder su individualidad. (http://definicion.de/integracion/).

La integración debe ser el pilar fundamental y la motivación central de todas las actividades de las diferentes comunidades cristianas, en cumplimiento del mandato dado por el Maestro Jesús de Nazaret. Él dijo: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.”, el deseo más íntimo del Maestro, era que guardáramos la unidad, ella se logra a través de la integración plena entre los discípulos de Cristo para lograr el propósito propuesto para su iglesia “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:21-23 RVR1960). Además, Pablo escribió: “ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3.28).

Unidad e Igualdad son los ligamentos de la Integración, en el trabajo mancomunado, en el enriquecimiento de las interrelaciones y en el desarrollo de las intercomunicaciones. Pablo nos dice que debemos esforzarnos “por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). El Espíritu Santo es el gran dador de la unidad. “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya Judíos o Griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Debemos alcanzar el objetivo primario de una genuina integración “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efesios 4:13 RVR1960).

En la Integración se refleja lo que escribió el apóstol de los gentiles: “Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 15:6). El mejor paradigma es la incipiente comunidad de Jerusalén “La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” (Hechos 4:32 RVR1995). La palabra comunidad, tiene su origen en el vocablo latino “communitas”, y es a un grupo de seres humanos que comparten elementos, intereses, propiedades u objetivos en común, tales como el idioma, costumbres, valores, creencias, tareas, visión del mundo, edad, ubicación geográfica, estatus social o roles. “Fiel es Dios, por el cual sea fuisteis Llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo Nuestro Señor.” (1 Corintios 1: 9 RVR1960)


Sin embargo, la realidad es totalmente diferente, desde el génesis de la iglesia de Cristo, el germen de la desunión por razones de etnia y costumbres religiosas, la paulatina desviación de la enseñanza del movimiento galileo original, la adaptación a culturas más avanzadas que la simple cultura Hebrea, la apología de los primeros padres de la iglesia en relación a los peligros externos que las diversas comunidades van enfrentando en su avance al universalismo, fueron mermando la monolítica integración apostólica hasta convertirse en una segregación de comunidades de acuerdo a sus posiciones espirituales o sus enclaves geográficos, en este aspecto la influencia de adquirir poder sobre el resto jugo un papel negativo en la vida de la iglesia universal. 

El comienzo de la desintegración del cristianismo se inició soslayadamente hasta manifestar en plenitud al asociarse con el poder del Imperio romano y desde allí el declive hasta nuestros tiempos.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 26 de diciembre de 2016

La Música, para glorificar a Dios.

La Música es un medio de adoracion, para glorificar a Dios, por lo consiguiente debemos utilizar este medio con acción de gracias y devoción, para ques ea grata delante de Dios.

Los hijos de Dios hemos usado la Música como un medio de adorar o agradecer al Eterno desde tiempos remotos. En los tiempos Pre-diluvianos, Dios dotó a algunas personas, con habilidades para la música. En Génesis 4:21, un hombre llamado Jubal, lo dotó de habilidad para tocar “arpa”  y  “flauta”. David, Rey de Israel, fue dotado por Dios como uno de los músicos más completos de que se tiene noticias.  Inventor de instrumentos musicales, compositor de música sacra, poeta de himnos dedicados al Padre Celestial. Además de eximio ejecutante de los instrumentos musicales que inventaba. Un ejemplo de su calidad como poeta es el precioso salmo 139. y el 135.. De hecho la palabra Salmo, significa Canto.

  Lo desalentador, fue que la música de los salmos contenidos en la Biblia, melodías con que los Israelitas entonaron con adoración y alabanza no llegaron hasta nosotros debido a que no habían inventado un código escrito para representar los sonidos de la música, como nosotros lo tenemos en el día de hoy.  todo se transmitió en forma oral, siendo difícil conservar las melodías originales. 

Los siglos XVIII y XIX fueron para el evangelio, tiempos ricos en melodías llenas de significados sagrados. Una himnología emocionante, plena de sincera alabanza y adoración. Creadas por compositores cristianos de corazón, y verdaderos profesionales de la música. De coleccionar estos verdaderos Himnos de adoración y alabanza a nuestro Padre Celestial, nacieron los himnarios en diferentes idiomas para uso de las congregaciones evangélicas.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, empezaron a aparecer cantantes evangélicos de tipo popular.  Que llevados  por la ambición de más popularidad y más ingresos económicos, usaron y abusaron de la cinta magnetofónica para grabar con sus voces melodías populares algunas copiadas de canciones del ámbito mundanal y otras creadas por ellos mismos, en que las melodías no concordaban con los temas religiosos expresadas por las letras.

Las melodías, en su mayoría, resultaban muy vulgares, porque eran compuestas por personas sin mayor conocimiento de la teoría musical. De ese modo se empezó a perder en la música el sentimiento de adoración y alabanza al Creador, como se encuentra expresada en la música sagrada tradicional o clásica.
  
  A esto se agregó que algunas congregaciones evangélicas pequeñas, dirigidas por líderes sin doctrina cristiana, empezaron a usar esas “canciones”, que ni siquiera eran  “HIMNOS”, Los himnos tradicionales, pletóricos de música sagrada, comenzaron a desaparecer y en la actualidad hay congregaciones que se han olvidado totalmente del himnario. La tendencia de comercial, la fama, ha absorbido los propósitos de alabar a Dios a través de la música: sólo para Gloria de El. 



MÚSICA  SAGRADA 
   
  La música en general, cuando está bien construida, expresa con mucha exactitud los sentimientos humanos; así por ejemplos: adoración, alegría, amor, calma, dolor, dulzura, entusiasmo, ira, miedo, muerte, patriotismo, pena, ternura, tormenta, religiosidad, y etc. etc.

  La inmensa cantidad de diferentes instrumentos musicales, ayuda para dar una expresión aún más exacta a los sentimientos que el alma del hombre siente.

Vivaldi: Las cuatro estaciones.
La marcha fúnebre.
La marcha nupcial
Rapsodia húngara Nº 2 de Franz Lizt. .
Firmes y adelante de A. S. Sullivan
Santo, Santo, Santo,  de J. B. Dykes
Nunca Dios mío, de F. F. Fleming.

Las orquestas sinfónicas expresan maravillosamente todos estos sentimientos, porque usan todos los instrumentos habidos. Por otra parte, la música es universal. En todo el mundo usamos los mismos signos musicales; sin embargo, como las personas de cada nación tienen su propio carácter y costumbres, la música se diversifica; y después de un estudio nos vemos en la necesidad de “clasificarla”, por naciones, por sentimientos, por costumbres, por épocas, etc. Antigua, clásica, contemporánea, selecta, sagrada folclórica, típica nacional, popular, bailable, etc.

 Otro asunto que debemos tomar en cuenta con la música, es que ésta expresa  la “espiritualidad” y la “carnalidad” a la vez.
   
La expresión ESPIRITUAL de la música, está en las  ARMONÍAS.    
Nosotros los Hijos de Dios, podemos percibir esto, muy claramente en nuestros himnos
  • Santo… Santo… Santo… Señor Omnipotente.  (Expresa un profundo sentido espiritual)
  • El que habita al abrigo de Dios. (expresa ternura)
  • Nunca Dios mío cesará mi labio- (expresa dulzura)
  • Confío yo en Cristo, (expresa ternura)


LA EXPRESIÓN CARNAL, está expresada por el ritmo. Toda música rítmica excita a mover el cuerpo, el lado carnal del ser humano.
  • vea la diferencia de ejecutar el himno "El que habita al abrigo de Dios", en las dos formas, y verá la diferencia. .
  • el imitar el ambiente festivalero musical, dentro de los cultos, pierde el sentido de adoracion y exaltacion a Dios.
  • la exageración en amplificar la música, en vez de producir un ambiente agradable de adoración, produce sentimientos adversos.

Debemos tener en cuenta, que a través de la música dirigida a Altísimo, expresamos nuestros sentimientos de adoración al Dios que nos creó, la gratitud por lo que hace con  y en nosotros, y los propósitos de retribuir a través de la exaltación, nuestros deseos de servirle. Nuestra música debe alcanzar los atrios de Dios y no complacer solo los oídos del hombre.
Juan Salgado Rioseco.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Las convulsiones generacionales en el interior de la Iglesia


Una convulsión, es una perturbación violenta, por causas ideológicas o sociales, de la vida de una comunidad.
Está enraizada la idea implícita que la Iglesia no sufre con los cambios sociales que se producen en su entorno, y usan como argumento idealista que la Palabra de Dios no cambia, ni muta, debido a que permanece para siempre en forma inalterable; manteniendo sus formas de acuerdo a lo que han recibido y adecuado a la forma de pensar y preparación de sus Líderes jerárquicos. Sin embargo, muchas de estas posturas conceptuales no tienen un asidero lógico, ni menos espiritual; debido que confunden los principios primarios de las enseñanzas bíblicas con los dogmas o normas que se han establecido para sustentar el aparataje estructural de la organización.
Han omitido que los miembros de cada comunidad son hijos de su sociedad, nacido, crecido, educado, instruidos para vivir y otros para sobrevivir en el sistema social imperante; sus complejidades o elementos interrelacionados son diversos y muchos de ellos antagónicos a la posición y pensamiento de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús; es aquí donde se producen las graves perturbaciones, en especial las que se originan por los ideales conservacionistas versus los vientos de cambios de nuevas generaciones, mejor preparadas con mayores capacidades y medios para enfrentar la convulsiones sociales provenientes de una sociedad cada vez con mayor influencia agnóstica, a la vez de Seudos humanistas cristianos.  
Una de las mayores debilidades o falencias de las comunidades religiosas son las nuevas generaciones. En muchas oportunidades hemos oído que “Los jóvenes son el futuro de la Iglesia”, sin embargo, no existe una estrategia formal, metódica y sustentable en el tiempo en el área del discipulado, capacitación y orientación para que enfrenten con éxito sus responsabilidades, ni el generamiento de espacios donde se puedan desarrollar, se potencien y maduren en armonía con el resto de los miembros. Producto de tal situación, es la falta de renovación y reemplazo de sus estamentos dirigenciales en forma natural y armónica, tal situación, trae consigo la falta de la sucesión establecida en las Escrituras, imponiéndose la sucesión nepotista circunstancial en desmedro de la meritoria espiritual.
Es habitual que el centro, de las críticas, sean los jóvenes por su desplante en la forma de servir a Dios, a los más avanzados en edad nos produce contrariedad en varios aspectos: su forma de ser, las modas que usan en su vestir, la forma en que se comunican y hablan, las actitudes que toman para enfrentar sus problemas, su forma en practicar la adoración a Dios; pensamos que la iglesia está siendo profanada por las nuevas generaciones, no falta quien exclama “la iglesia ya no es la misma” o “nosotros no éramos así”, “se ha perdido la santidad”. Nos enfrentamos a cambios profundos y radicales, que aceleraran los conflictos entre las generaciones en el interior de las diferentes comunidades cristianas.
¿Cómo enfrentar los cambios actuales y los que se avecinan? ¿Los diferentes Liderazgos están capacitados para sortear en forma idónea estos cambios? Pareciera que la mayoría de las comunidades cristianas, en especial las pentecostales, conservan una organización autoritaria, conservadora de normas o dogmas religiosos, (tipo Diotrefes) que excluye a las inquietudes juveniles, más bien las confrontan y tensionando las relaciones entre los adultos y jóvenes.
Como cristianos, esta tensión nos afecta más porque sentimos el deseo y la responsabilidad de preservar la fe. Nos preguntamos, ¿si la nueva generación cambia la música, la moda, el hablar, el estilo de adoración y los tabúes, van a destruir por completo la fe? ¿Cómo pueden llamarse cristianos si no se parecen a nosotros? Y lo peor, sospechamos que tampoco piensan como nosotros. Resulta fácil olvidar que la nueva generación no tiene exactamente la misma cultura que la anterior. En el proceso de traspasar las responsabilidades de liderazgo, debe producirse el dialogo, basado en los principios primarios de la fe, con el objeto de reafirmar los fundamentos que sostienen la Iglesia de Cristo.
Los principales puntos de divergencia entre generaciones pueden ser variadas, mencionaremos algunas, para darnos cuenta el conflicto cultural entre los adultos versus jóvenes que se presentan en las iglesias:
En primer lugar, la guerra de los sexos, el machismo y la liberación femenina, se enfrenta con mayor o menor énfasis de acuerdo a los niveles sociales y los estratos económicos componentes de las diversas comunidades; situación producida por el resultado de interpretaciones erradas del mensaje bíblico, la transmisión de muchos dogmas orales que influencia la cultura religiosa Pentecostal. Aunque en algunos aspectos ha variado la situación debido a la participación activa en el mundo laboral de la mujer, que conlleva la participación del hombre en los roles que antes eran de exclusividad femenina. La conducción equilibrada y un liderazgo maduro que sepa reaccionar a tiempo a los cambios en esta índole de confrontación de los sexos, debe ser una de las premisas en el manejo de las diversas comunidades.
En segundo lugar, la liberación sexual cada día más liberal de los jóvenes y los cambios de roles que están asumiendo las jóvenes. En una sociedad donde los valores se han ido perdiendo en pro del placer hedonista. Muchas veces no comprendemos las enormes presiones y tentaciones a las que son sometidos los jóvenes actuales por parte de los medios de comunicación masivos y la cultura popular. La Iglesia debe buscar los medios para contrarrestar y dejar de jugar a perdedores este aspecto. Parece que en el contexto de la iglesia raramente se oye algo sobre el desarrollo de la sexualidad humana cómo Dios la creó, hay que poner énfasis en la enseñanza bíblica al respecto, antes que las prohibiciones dogmáticas adosadas a la cultura de los miembros de cada comunidad. Abrir el espacio adecuado y equitativo para el liderazgo femenino.
En tercer lugar, es la creciente aceptación social de la homosexualidad o los desvíos sexuales que tienen algunas personas, perturba a muchos profesantes y lo que parece intolerancia irracional de parte de los evangélicos, alarma a muchos de tendencia humanista. El aumento de la tolerancia, pasividad y la permisividad ha ido carcomiendo los fundamentos de la enseñanza al respecto, la homosexualidad y las desviaciones sexuales son pecado ante la presencia de Dios debe ser siempre nuestra proclama. Una voz monolítica fundada en los principios bíblicos y no una voz fragmentada ni altisonante que distorsiona la verdadera enseñanza de Cristo debe ser la política permanente de la Iglesia. El respeto a la persona como individuo debe ser prioridad y el rechazo a los actos homosexuales debe ser una norma permanente en la enseñanza.
En cuarto lugar, la desigualdad de los sexos en las responsabilidades eclesiásticas va generando un descontento en las masas femeninas actuales más preparadas y capacitadas que en las generaciones anteriores, a veces se dan casos que las mujeres son más idóneas que los hombres en algunas de las comunidades, por consagración, entrega y dedicación en la obra del Señor. Muchas congregaciones han descuidado las necesidades de las mujeres en pro de un sacerdocio masculino sin mayor preparación ni capacitación para ocupar lugares de eminencia. En una sociedad donde la igualdad de los derechos sociales, políticos y económicos es uno de sus pilares, en la cual nuestros jóvenes están siendo educados y culturizados, no es de extrañarse que la fricción cada día se va acelerando hasta llegar a producir quiebres en las comunidades más conservadoras. La adecuada reorganización de las comunidades dará pie a la mejor convivencia y entrega dentro del cuerpo de Cristo.
En quinto lugar, nuestros jóvenes han alcanzado niveles de estudio que para las generaciones que le precedieron fueron inalcanzables, pero a la vez es un gran desafío en dos aspectos importantes para la iglesia, uno de ellos es que nuestros jóvenes están siendo bombardeados por un sistema de educación dominado por el humanismo secular agnóstico. Entonces salta la interrogante ¿qué está haciendo la iglesia para ayudarlos a discernir, evaluar y pensar con una mente cristiana? El reto de las iglesias es enseñarles a pensar, no a rechazar todas las ideas y filosofías sin un concienzudo estudio de sus propuestas, debemos aprender a evaluarlas según los criterios bíblicos y desde una cosmovisión estrictamente cristiana. Si la iglesia cultiva y genera madurez en la mente de nuestros jóvenes en basada en rigurosa enseñanza bíblica ellos tendrán los medios suficientes para mantenerse intacto en la fe de sus padres y por consecuencia el nivel académico de la gente de nuestras iglesias seguirá creciendo, por ende, la iglesia evangélica tendrá más impacto sobre la sociedad y el mundo. El segundo aspecto, es la gran brecha educacional entre las generaciones, la generación anterior se sometía por su espiritualidad, basada en la fe sin mayores rotulaciones educacionales; mientras las nuevas generaciones se someten a la fe, bajo la premisa del conocimiento bíblico demostrado en su mente racional. Lo que genera un gran desafío a la iglesia, la que la obliga a que sus estructuras de liderazgo cada día sean más preparadas y capacitadas.
La iglesia Evangélica, especialmente la Pentecostal, está enfrentada a la disyuntiva de generar cambios en su interior, las viejas estructuras que no han podido adecuarse a los tiempos, están en crisis, perturbadas en su quehacer diario, tendrán que sufrir con las posibles adaptaciones para subsistir institucionalmente, tendrán tiempo de convulsiones y se verán obligados a tomar cambios radicales. Mientras las que han logrado sortear con relativo éxito las embestidas coyunturales, tendrán que sufrir modificaciones a sus políticas seglares para poder convivir armoniosamente con los cambios que se avecinan, algunos de ellos muy radicales en su forma y método.
Hacer realidad la gran proclama de Pablo, apóstol de los gentiles, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gá. 3:28), es el gran desafío de las Iglesias Evangélicas.

Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...