sábado, 18 de febrero de 2017

Integración versus Desintegración en el cristianismo. (Parte II)

Desde el inicio de la formalización del cristianismo sufrió la acomodación de sus normas a las situaciones imperantes y posteriormente la adaptación de sus preceptos a las circunstancias institucionales influenciados por el creciente poder y privilegios que fue adquiriendo en ciertos lugares geográficos, debido a su asociación con el poder temporal, lo que trajo como consecuencia el paulatino abandono de la senda antigua del cristianismo. En este proceso, desde la integración inicial dio paso a la segregación de las minorías y a la paulatina desintegración fruto de la ambición de poder de una elite y la inculturación de la mayoría de los creyentes; este proceso germina por el insuficiente conocimiento de la Palabra de Dios y de liderazgos no idóneos, alejados de la voluntad de Dios, en busca de intereses ajenos a la iglesia.

El Concepto y definición de Desintegración, es separación de las partes o de los elementos que forman un todo, de manera que deja de existir como tal. La Desintegración que nos aflige está afectando de forma terrible a las diferentes comunidades cristiana. La ruptura de la estructura grupal debido a la falta de normas comunes, liderazgo y consenso.

Cabe mencionar, las segregaciones provocadas por las controversias teológicas, el cisma de oriente y occidente; movimientos que desafiaban el poder absolutista de la iglesia y sufrían una gran represión por sus esfuerzos como: los albigenses de Francia (los "puritanos") se oponían a doctrinas romanas (purgatorio, veneración de imágenes, etc.) y sufrieron una matanza a causa de la cruzada en su contra convocada y autorizada por Inocencio III (1208); los valdenses, organizados en 1170 por Pedro Valdo de Francia, predicaban y promovían las Sagradas Escrituras como la suprema autoridad de Dios. Sufrieron una gran persecución de la iglesia, y tuvieron que refugiarse en el norte de Italia; John Wycliffe, de Inglaterra, fomentó una protesta contra el poder absoluto de la Iglesia romana. También tradujo el Nuevo Testamento al inglés (1384). Roma no lo pudo tocar, pero sus sucesores fueron perseguidos hasta su exterminio por los reyes Enrique IV y Enrique V de Inglaterra; Juan Huss (martirizado en 1415), buscó liberarse de la autoridad papal de Roma; Jerónimo Savonarola (siglo XV), monje dominico de la ciudad de Florencia, fue excomulgado, luego condenado y martirizado (ahorcado y quemado 1498) por oponerse a los males sociales y eclesiásticos. (http://www.lavozeterna.org/estudios/brevehistoria.htm)

El siglo XVI trae la reforma protestante, el surgimiento de las diversas y variadas denominaciones religiosas del protestantismo, como la reforma radical, los movimientos de santidad. En los últimos siglos, nuevos movimientos religiosos, marcados por una fuerte heterodoxia en contraposición a la ortodoxia marcada por las religiones originarias, signada la más de las veces por alguna disconformidad respecto de la doctrina fundacional, formando un enjambre de nuevas denominaciones, en desmedro de la mantención dela unidad e integración de la iglesia. Son comunidades “llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error.” (Efesios 4:13 RVR 19060), haciendo caso omiso de las advertencias del apóstol Pablo “y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos…” (Hechos 20:30,31), “Esto lo digo para que nadie os engañe con razonamientos persuasivos…” (Colosenses 2:4-8), “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos;” (2 Timoteo 4:3); sus rogativas “Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. …” (Romanos 16:17,18); sus aprehensiones “Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestras mentes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo…” (2 Corintios 11:3,4).

 Así, puede entenderse la heterodoxia como una "deformación" de la doctrina original o de las normas de una determinada comunidad religiosa. “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos;” (2 Timoteo 4:3); la advertencia de Pedro sigue tan vigente en estos tiempos como para los receptores de su carta  “Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina.…” (2 Pedro 2:1-39).

Está probado que a la decadencia de los pueblos siempre le anteceden fenómenos de moralidad. Científicos de diferentes culturas y épocas lo dicen. Por ejemplo, el historiador británico Arnold Joseph Toynbee, especialista en filosofía de la historia, estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones y en ella descubrió que, de las 21 civilizaciones más notables de la historia, 19 perecieron no por haber sido conquistadas, sino por la decadencia interior.

Estamos siendo desintegrados desde el interior por las falsas doctrinas implantadas por los indoctos de la fe; muchos de nuestros hermanos de fe han abandonado el Evangelio de Cristo a causa de las desviaciones doctrinales de los lideres neófitos que engañan con sus falsas espiritualidades, como esta escrito en las Escrituras  que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, les harán caso a espíritus que mienten y seguirán enseñanzas de demonios. Esas enseñanzas llegan a través de mentirosos quienes con sus palabras falsas engañan a la gente. Ellos no saben la diferencia entre el bien y el mal. Es como si su entendimiento hubiera sido quemado con hierro candente.( 1 Timoteo 4:1-2). Debemos defender la Iglesia de Cristo, no debemos apoyar, aun con nuestro silencio, la ordenación de nadie que no sea hallado fiel a las Escrituras, ni conceder altos puestos a personas que no tienen claros los principios fundamentales de nuestra, no basta de un sueño y una predicción, sino que los lideres deben ser doctos en la Palabra de Dios, teniendo siempre en cuanta el consejo de Pablo a Timoteo "ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren." (1 Timoteo 4:16 PDT). sino velamos por la integridad de la Iglesia y de nuestra denominación, le abriremos la puerta a la apostasía.

Si nos queda alguna salida a la situación que el cristianismo padece; si tenemos todavía algún sentido del deber y de la responsabilidad, no nos queda sino ser fieles a nosotros mismos, e instaurar como podamos los valores eternos que nunca debimos perder. En otras palabras, escuchar la voz de Dios “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16 RVR1960).

Volviendo a utilizar las palabras de Jean Paul Sartre “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, el hombre al creer en Jesucristo, nace libre del pecado, “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14); es responsable ante Dios de su Fe, la responsabilidad involucra el “unos a otros” de las Escrituras. Estamos llamados a exhortarnos unos a otros (Hebreos 10:24-25), orar unos por otros (Santiago 5:16), amarnos unos a otros (Gálatas 5:13; Efesios 4:2; 1 Pedro 1:22), enseñarnos unos a otros (Colosenses 3:16), edificarnos unos a otros (Romanos 15:14; Colosenses 3:16); y no tiene excusas delante del Todopoderoso, “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan Solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1:22 RVR1960).

Juan Salgado Rioseco

miércoles, 15 de febrero de 2017

Integración versus Desintegración en el cristianismo. (Parte I)


No hace mucho en un carnet de una Institución del Estado de Chile leí: “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, (palabras que se atribuyen a Jean Paul Sartre), analizandolas tienen muchas implicancias: sociales, laborales, morales; tiene que ver con la condición, el comportamiento y la honestidad; la honestidad es un valor o cualidad propio de los seres humanos que tiene una estrecha relación con los principios de verdad y justicia y con la integridad moral. La integridad significa intacto, entero, no tocado o no alcanzado por un mal; la integridad es la pureza original y sin contacto o contaminación con un mal o un daño, ya sea físico o moral. Una persona íntegra es alguien en que se puede confiar. El Discípulo de Cristo, es un hombre libre, responsable con su Fe, honesto en su comportamiento, que mantiene su creencia en integridad a pesar de los avatares de la vida.

El discípulo de Cristo, no solo debe tener las cualidades anteriores mencionadas, sino debe integrarse en la comunión de los santos, con el fin de edificarse mutuamente con el propósito de crecer en lo individual como en lo corporativo. La integración de todos los redimidos es un deber ineludible en el cumplimiento de la Comisión Pastoral.

La palabra integración tiene su origen en el concepto latino “integratĭo”. Se trata de la acción y efecto de integrar o integrarse (constituir un todo, completar un todo con las partes que faltaban o hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo). La integración siempre supone el esfuerzo coordinado, la planeación conjunta y la convivencia pacífica entre los sectores que conforman el grupo. Esa es la única forma donde las partes pueden constituir un todo, aún sin perder su individualidad. (http://definicion.de/integracion/).

La integración debe ser el pilar fundamental y la motivación central de todas las actividades de las diferentes comunidades cristianas, en cumplimiento del mandato dado por el Maestro Jesús de Nazaret. Él dijo: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.”, el deseo más íntimo del Maestro, era que guardáramos la unidad, ella se logra a través de la integración plena entre los discípulos de Cristo para lograr el propósito propuesto para su iglesia “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:21-23 RVR1960). Además, Pablo escribió: “ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3.28).

Unidad e Igualdad son los ligamentos de la Integración, en el trabajo mancomunado, en el enriquecimiento de las interrelaciones y en el desarrollo de las intercomunicaciones. Pablo nos dice que debemos esforzarnos “por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). El Espíritu Santo es el gran dador de la unidad. “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya Judíos o Griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Debemos alcanzar el objetivo primario de una genuina integración “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efesios 4:13 RVR1960).

En la Integración se refleja lo que escribió el apóstol de los gentiles: “Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 15:6). El mejor paradigma es la incipiente comunidad de Jerusalén “La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” (Hechos 4:32 RVR1995). La palabra comunidad, tiene su origen en el vocablo latino “communitas”, y es a un grupo de seres humanos que comparten elementos, intereses, propiedades u objetivos en común, tales como el idioma, costumbres, valores, creencias, tareas, visión del mundo, edad, ubicación geográfica, estatus social o roles. “Fiel es Dios, por el cual sea fuisteis Llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo Nuestro Señor.” (1 Corintios 1: 9 RVR1960)


Sin embargo, la realidad es totalmente diferente, desde el génesis de la iglesia de Cristo, el germen de la desunión por razones de etnia y costumbres religiosas, la paulatina desviación de la enseñanza del movimiento galileo original, la adaptación a culturas más avanzadas que la simple cultura Hebrea, la apología de los primeros padres de la iglesia en relación a los peligros externos que las diversas comunidades van enfrentando en su avance al universalismo, fueron mermando la monolítica integración apostólica hasta convertirse en una segregación de comunidades de acuerdo a sus posiciones espirituales o sus enclaves geográficos, en este aspecto la influencia de adquirir poder sobre el resto jugo un papel negativo en la vida de la iglesia universal. 

El comienzo de la desintegración del cristianismo se inició soslayadamente hasta manifestar en plenitud al asociarse con el poder del Imperio romano y desde allí el declive hasta nuestros tiempos.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 26 de diciembre de 2016

La Música, para glorificar a Dios.

La Música es un medio de adoracion, para glorificar a Dios, por lo consiguiente debemos utilizar este medio con acción de gracias y devoción, para ques ea grata delante de Dios.

Los hijos de Dios hemos usado la Música como un medio de adorar o agradecer al Eterno desde tiempos remotos. En los tiempos Pre-diluvianos, Dios dotó a algunas personas, con habilidades para la música. En Génesis 4:21, un hombre llamado Jubal, lo dotó de habilidad para tocar “arpa”  y  “flauta”. David, Rey de Israel, fue dotado por Dios como uno de los músicos más completos de que se tiene noticias.  Inventor de instrumentos musicales, compositor de música sacra, poeta de himnos dedicados al Padre Celestial. Además de eximio ejecutante de los instrumentos musicales que inventaba. Un ejemplo de su calidad como poeta es el precioso salmo 139. y el 135.. De hecho la palabra Salmo, significa Canto.

  Lo desalentador, fue que la música de los salmos contenidos en la Biblia, melodías con que los Israelitas entonaron con adoración y alabanza no llegaron hasta nosotros debido a que no habían inventado un código escrito para representar los sonidos de la música, como nosotros lo tenemos en el día de hoy.  todo se transmitió en forma oral, siendo difícil conservar las melodías originales. 

Los siglos XVIII y XIX fueron para el evangelio, tiempos ricos en melodías llenas de significados sagrados. Una himnología emocionante, plena de sincera alabanza y adoración. Creadas por compositores cristianos de corazón, y verdaderos profesionales de la música. De coleccionar estos verdaderos Himnos de adoración y alabanza a nuestro Padre Celestial, nacieron los himnarios en diferentes idiomas para uso de las congregaciones evangélicas.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, empezaron a aparecer cantantes evangélicos de tipo popular.  Que llevados  por la ambición de más popularidad y más ingresos económicos, usaron y abusaron de la cinta magnetofónica para grabar con sus voces melodías populares algunas copiadas de canciones del ámbito mundanal y otras creadas por ellos mismos, en que las melodías no concordaban con los temas religiosos expresadas por las letras.

Las melodías, en su mayoría, resultaban muy vulgares, porque eran compuestas por personas sin mayor conocimiento de la teoría musical. De ese modo se empezó a perder en la música el sentimiento de adoración y alabanza al Creador, como se encuentra expresada en la música sagrada tradicional o clásica.
  
  A esto se agregó que algunas congregaciones evangélicas pequeñas, dirigidas por líderes sin doctrina cristiana, empezaron a usar esas “canciones”, que ni siquiera eran  “HIMNOS”, Los himnos tradicionales, pletóricos de música sagrada, comenzaron a desaparecer y en la actualidad hay congregaciones que se han olvidado totalmente del himnario. La tendencia de comercial, la fama, ha absorbido los propósitos de alabar a Dios a través de la música: sólo para Gloria de El. 



MÚSICA  SAGRADA 
   
  La música en general, cuando está bien construida, expresa con mucha exactitud los sentimientos humanos; así por ejemplos: adoración, alegría, amor, calma, dolor, dulzura, entusiasmo, ira, miedo, muerte, patriotismo, pena, ternura, tormenta, religiosidad, y etc. etc.

  La inmensa cantidad de diferentes instrumentos musicales, ayuda para dar una expresión aún más exacta a los sentimientos que el alma del hombre siente.

Vivaldi: Las cuatro estaciones.
La marcha fúnebre.
La marcha nupcial
Rapsodia húngara Nº 2 de Franz Lizt. .
Firmes y adelante de A. S. Sullivan
Santo, Santo, Santo,  de J. B. Dykes
Nunca Dios mío, de F. F. Fleming.

Las orquestas sinfónicas expresan maravillosamente todos estos sentimientos, porque usan todos los instrumentos habidos. Por otra parte, la música es universal. En todo el mundo usamos los mismos signos musicales; sin embargo, como las personas de cada nación tienen su propio carácter y costumbres, la música se diversifica; y después de un estudio nos vemos en la necesidad de “clasificarla”, por naciones, por sentimientos, por costumbres, por épocas, etc. Antigua, clásica, contemporánea, selecta, sagrada folclórica, típica nacional, popular, bailable, etc.

 Otro asunto que debemos tomar en cuenta con la música, es que ésta expresa  la “espiritualidad” y la “carnalidad” a la vez.
   
La expresión ESPIRITUAL de la música, está en las  ARMONÍAS.    
Nosotros los Hijos de Dios, podemos percibir esto, muy claramente en nuestros himnos
  • Santo… Santo… Santo… Señor Omnipotente.  (Expresa un profundo sentido espiritual)
  • El que habita al abrigo de Dios. (expresa ternura)
  • Nunca Dios mío cesará mi labio- (expresa dulzura)
  • Confío yo en Cristo, (expresa ternura)


LA EXPRESIÓN CARNAL, está expresada por el ritmo. Toda música rítmica excita a mover el cuerpo, el lado carnal del ser humano.
  • vea la diferencia de ejecutar el himno "El que habita al abrigo de Dios", en las dos formas, y verá la diferencia. .
  • el imitar el ambiente festivalero musical, dentro de los cultos, pierde el sentido de adoracion y exaltacion a Dios.
  • la exageración en amplificar la música, en vez de producir un ambiente agradable de adoración, produce sentimientos adversos.

Debemos tener en cuenta, que a través de la música dirigida a Altísimo, expresamos nuestros sentimientos de adoración al Dios que nos creó, la gratitud por lo que hace con  y en nosotros, y los propósitos de retribuir a través de la exaltación, nuestros deseos de servirle. Nuestra música debe alcanzar los atrios de Dios y no complacer solo los oídos del hombre.
Juan Salgado Rioseco.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Las convulsiones generacionales en el interior de la Iglesia


Una convulsión, es una perturbación violenta, por causas ideológicas o sociales, de la vida de una comunidad.
Está enraizada la idea implícita que la Iglesia no sufre con los cambios sociales que se producen en su entorno, y usan como argumento idealista que la Palabra de Dios no cambia, ni muta, debido a que permanece para siempre en forma inalterable; manteniendo sus formas de acuerdo a lo que han recibido y adecuado a la forma de pensar y preparación de sus Líderes jerárquicos. Sin embargo, muchas de estas posturas conceptuales no tienen un asidero lógico, ni menos espiritual; debido que confunden los principios primarios de las enseñanzas bíblicas con los dogmas o normas que se han establecido para sustentar el aparataje estructural de la organización.
Han omitido que los miembros de cada comunidad son hijos de su sociedad, nacido, crecido, educado, instruidos para vivir y otros para sobrevivir en el sistema social imperante; sus complejidades o elementos interrelacionados son diversos y muchos de ellos antagónicos a la posición y pensamiento de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús; es aquí donde se producen las graves perturbaciones, en especial las que se originan por los ideales conservacionistas versus los vientos de cambios de nuevas generaciones, mejor preparadas con mayores capacidades y medios para enfrentar la convulsiones sociales provenientes de una sociedad cada vez con mayor influencia agnóstica, a la vez de Seudos humanistas cristianos.  
Una de las mayores debilidades o falencias de las comunidades religiosas son las nuevas generaciones. En muchas oportunidades hemos oído que “Los jóvenes son el futuro de la Iglesia”, sin embargo, no existe una estrategia formal, metódica y sustentable en el tiempo en el área del discipulado, capacitación y orientación para que enfrenten con éxito sus responsabilidades, ni el generamiento de espacios donde se puedan desarrollar, se potencien y maduren en armonía con el resto de los miembros. Producto de tal situación, es la falta de renovación y reemplazo de sus estamentos dirigenciales en forma natural y armónica, tal situación, trae consigo la falta de la sucesión establecida en las Escrituras, imponiéndose la sucesión nepotista circunstancial en desmedro de la meritoria espiritual.
Es habitual que el centro, de las críticas, sean los jóvenes por su desplante en la forma de servir a Dios, a los más avanzados en edad nos produce contrariedad en varios aspectos: su forma de ser, las modas que usan en su vestir, la forma en que se comunican y hablan, las actitudes que toman para enfrentar sus problemas, su forma en practicar la adoración a Dios; pensamos que la iglesia está siendo profanada por las nuevas generaciones, no falta quien exclama “la iglesia ya no es la misma” o “nosotros no éramos así”, “se ha perdido la santidad”. Nos enfrentamos a cambios profundos y radicales, que aceleraran los conflictos entre las generaciones en el interior de las diferentes comunidades cristianas.
¿Cómo enfrentar los cambios actuales y los que se avecinan? ¿Los diferentes Liderazgos están capacitados para sortear en forma idónea estos cambios? Pareciera que la mayoría de las comunidades cristianas, en especial las pentecostales, conservan una organización autoritaria, conservadora de normas o dogmas religiosos, (tipo Diotrefes) que excluye a las inquietudes juveniles, más bien las confrontan y tensionando las relaciones entre los adultos y jóvenes.
Como cristianos, esta tensión nos afecta más porque sentimos el deseo y la responsabilidad de preservar la fe. Nos preguntamos, ¿si la nueva generación cambia la música, la moda, el hablar, el estilo de adoración y los tabúes, van a destruir por completo la fe? ¿Cómo pueden llamarse cristianos si no se parecen a nosotros? Y lo peor, sospechamos que tampoco piensan como nosotros. Resulta fácil olvidar que la nueva generación no tiene exactamente la misma cultura que la anterior. En el proceso de traspasar las responsabilidades de liderazgo, debe producirse el dialogo, basado en los principios primarios de la fe, con el objeto de reafirmar los fundamentos que sostienen la Iglesia de Cristo.
Los principales puntos de divergencia entre generaciones pueden ser variadas, mencionaremos algunas, para darnos cuenta el conflicto cultural entre los adultos versus jóvenes que se presentan en las iglesias:
En primer lugar, la guerra de los sexos, el machismo y la liberación femenina, se enfrenta con mayor o menor énfasis de acuerdo a los niveles sociales y los estratos económicos componentes de las diversas comunidades; situación producida por el resultado de interpretaciones erradas del mensaje bíblico, la transmisión de muchos dogmas orales que influencia la cultura religiosa Pentecostal. Aunque en algunos aspectos ha variado la situación debido a la participación activa en el mundo laboral de la mujer, que conlleva la participación del hombre en los roles que antes eran de exclusividad femenina. La conducción equilibrada y un liderazgo maduro que sepa reaccionar a tiempo a los cambios en esta índole de confrontación de los sexos, debe ser una de las premisas en el manejo de las diversas comunidades.
En segundo lugar, la liberación sexual cada día más liberal de los jóvenes y los cambios de roles que están asumiendo las jóvenes. En una sociedad donde los valores se han ido perdiendo en pro del placer hedonista. Muchas veces no comprendemos las enormes presiones y tentaciones a las que son sometidos los jóvenes actuales por parte de los medios de comunicación masivos y la cultura popular. La Iglesia debe buscar los medios para contrarrestar y dejar de jugar a perdedores este aspecto. Parece que en el contexto de la iglesia raramente se oye algo sobre el desarrollo de la sexualidad humana cómo Dios la creó, hay que poner énfasis en la enseñanza bíblica al respecto, antes que las prohibiciones dogmáticas adosadas a la cultura de los miembros de cada comunidad. Abrir el espacio adecuado y equitativo para el liderazgo femenino.
En tercer lugar, es la creciente aceptación social de la homosexualidad o los desvíos sexuales que tienen algunas personas, perturba a muchos profesantes y lo que parece intolerancia irracional de parte de los evangélicos, alarma a muchos de tendencia humanista. El aumento de la tolerancia, pasividad y la permisividad ha ido carcomiendo los fundamentos de la enseñanza al respecto, la homosexualidad y las desviaciones sexuales son pecado ante la presencia de Dios debe ser siempre nuestra proclama. Una voz monolítica fundada en los principios bíblicos y no una voz fragmentada ni altisonante que distorsiona la verdadera enseñanza de Cristo debe ser la política permanente de la Iglesia. El respeto a la persona como individuo debe ser prioridad y el rechazo a los actos homosexuales debe ser una norma permanente en la enseñanza.
En cuarto lugar, la desigualdad de los sexos en las responsabilidades eclesiásticas va generando un descontento en las masas femeninas actuales más preparadas y capacitadas que en las generaciones anteriores, a veces se dan casos que las mujeres son más idóneas que los hombres en algunas de las comunidades, por consagración, entrega y dedicación en la obra del Señor. Muchas congregaciones han descuidado las necesidades de las mujeres en pro de un sacerdocio masculino sin mayor preparación ni capacitación para ocupar lugares de eminencia. En una sociedad donde la igualdad de los derechos sociales, políticos y económicos es uno de sus pilares, en la cual nuestros jóvenes están siendo educados y culturizados, no es de extrañarse que la fricción cada día se va acelerando hasta llegar a producir quiebres en las comunidades más conservadoras. La adecuada reorganización de las comunidades dará pie a la mejor convivencia y entrega dentro del cuerpo de Cristo.
En quinto lugar, nuestros jóvenes han alcanzado niveles de estudio que para las generaciones que le precedieron fueron inalcanzables, pero a la vez es un gran desafío en dos aspectos importantes para la iglesia, uno de ellos es que nuestros jóvenes están siendo bombardeados por un sistema de educación dominado por el humanismo secular agnóstico. Entonces salta la interrogante ¿qué está haciendo la iglesia para ayudarlos a discernir, evaluar y pensar con una mente cristiana? El reto de las iglesias es enseñarles a pensar, no a rechazar todas las ideas y filosofías sin un concienzudo estudio de sus propuestas, debemos aprender a evaluarlas según los criterios bíblicos y desde una cosmovisión estrictamente cristiana. Si la iglesia cultiva y genera madurez en la mente de nuestros jóvenes en basada en rigurosa enseñanza bíblica ellos tendrán los medios suficientes para mantenerse intacto en la fe de sus padres y por consecuencia el nivel académico de la gente de nuestras iglesias seguirá creciendo, por ende, la iglesia evangélica tendrá más impacto sobre la sociedad y el mundo. El segundo aspecto, es la gran brecha educacional entre las generaciones, la generación anterior se sometía por su espiritualidad, basada en la fe sin mayores rotulaciones educacionales; mientras las nuevas generaciones se someten a la fe, bajo la premisa del conocimiento bíblico demostrado en su mente racional. Lo que genera un gran desafío a la iglesia, la que la obliga a que sus estructuras de liderazgo cada día sean más preparadas y capacitadas.
La iglesia Evangélica, especialmente la Pentecostal, está enfrentada a la disyuntiva de generar cambios en su interior, las viejas estructuras que no han podido adecuarse a los tiempos, están en crisis, perturbadas en su quehacer diario, tendrán que sufrir con las posibles adaptaciones para subsistir institucionalmente, tendrán tiempo de convulsiones y se verán obligados a tomar cambios radicales. Mientras las que han logrado sortear con relativo éxito las embestidas coyunturales, tendrán que sufrir modificaciones a sus políticas seglares para poder convivir armoniosamente con los cambios que se avecinan, algunos de ellos muy radicales en su forma y método.
Hacer realidad la gran proclama de Pablo, apóstol de los gentiles, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gá. 3:28), es el gran desafío de las Iglesias Evangélicas.

Juan Salgado Rioseco

martes, 13 de diciembre de 2016

El nombre Jesucristo.


“Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.” (Mateo 1: 20-25)
Etimología: Este nombre llegó al español desde su equivalente en arameo, Yeshúa (ישוע), a través del griego Iesoús (Iesoús) y del latín Iesus. Sin embargo, se podría traducir también como Josué, ya que otra evolución del mismo nombre Yehoshua fue a Yoshua y, de aquí, a Josué (y en inglés Joshua). (Jesús (nombre) - Wikipedia, la enciclopedia libre).
¿Porque el Redentor fue llamado “Jesucristo”?
Jesús es el nombre personal del Señor, que se le asigna en forma especial en el periodo de su humillación, indica además su obra como Salvador: es su nombre personal. Se le fue dicho a José, (Mt. 1:21); “Cristo” es un título que traduce el término “Mesías” del Antiguo Testamento, (Ef. 2:12; He. 11:26).
El nombre “Jesús” está vinculado con la época de la humillación del Señor. Lo encontramos como nombre de otras personas; tal es el caso de Josué hijo de Nun, sucesor de Moisés, (He.4:8); Josué el gran sacerdote, (Zac. 3:1); Jesús el Justo, (Col. 4:11); el mago arábigo-judío Barjesús, “hijo de Jesús”, (Hch. 13:6).
Es natural que los evangelistas usualmente empleen el nombre Jesús, mientras que en las epístolas el nombre de Cristo pasa al primer plano. En el nombre de Jesús predomina el pensamiento de la salvación; (2 Co. 4: 10; 1 Ts. 4:14); en el nombre de Cristo se exalta su Gloria, (Hch. 2:36).
El nombre de Jesús de Nazaret, es especial, es el medio por el cual todos sus seguideros pueden invocar a Dios para suplir o cubrir sus necesidades. En las palabras del apóstol Pedro frente al sanedrín podemos graficar la importancia del nombre de Jesús: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo este cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos”.
El nombre de Jesús de Nazaret es:
1.      para rendir culto a Dios: en la oración (Jn. 14:13), en la adoración (Fil. 2:9, 10), en la invocación (Ro. 10:13), en la predicación (Lc. 24:47), en la santidad (1 Co. 1:2).
2.      para servir al creyente: en el perdón de sus pecados (Hch. 2.38), para justificarlo (1 Co. 6:11), bautizándole (Hch. 2:38), sanándole (Hch. 3:6; 4:30), para tener comunión (Mt. 18:20; 1 Co. 1:10), para servir (Col. 3:17).
3.      para ser exaltado: nombre de poder (Hch. 16.18; 1 Co. 5.4; Fil. 2:10), nombre de autoridad (Hch. 4:10), nombre de salvación (Hch. 4:12; 2:21; Ro. 10:13), nombre de exaltación (Fil. 2.9-11), en este siglo, en los siglos venideros (Ef. 1:21).
Los hombres han expuesto su vida por el nombre de Jesús (Hch. 15:26; 21:13), desde que el hombre o la mujer nace a la nueva vida y engendra el verdadero amor por Jesús en su corazón está dispuesto a rendir los máximos sacrificios por Él, así se ha escrito la historia de los miles de mártires que han muerto por la causa de Jesucristo.
El nombre de Jesús es por sobre todo nombre. Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Jesús es el más grande. Jesús es todo
Su nombre como Salvador. El origen del nombre “Jesús” está en la palabra misma, que en su forma completa “YEHOSHUA” significa “el Señor es salvación.”  José había de darle el nombre de “Jesús”: “Porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. 
Encontraremos tres importantes elementos al analizar las Escrituras:
1.                  El solo puede salvar, se denota en el énfasis sobre el pronombre en el griego: “El salvara a su pueblo...” (Hch. 4:12).
2.                  Se señalan los límites de su salvación, porque salvará a su pueblo, o sea, a aquellos que acudan a Él para ser salvos de todas las naciones (1 Pe.2:9; Tito 2:14; Hch. 15:14).
3.                  La profundidad y la exaltación de su salvación, pues no sólo redime de las consecuencias del pecado, la condenación y el juicio, sino también del dominio, señorío y poder de los pecados que reducen al hombre a la esclavitud moral (1 Co. 1:30).
El nombre “Jesús” por sí solo declara el propósito por el cual el Redentor vino al mundo. Este nombre ha de ser tema de la alabanza de los redimidos por toda la eternidad, y que, al pronunciarse, toda rodilla se doblara de cuantos seres habiten el cielo, la tierra y las regiones inferiores (Filipenses 2:10).

Juan Salgado Rioseco

sábado, 10 de diciembre de 2016

La Creación: Obra de Dios...


Recordemos que la doctrina bíblica sobre la creación no debe ser confundida con ninguna teoría científica.

La doctrina bíblica apunta a la ética y religiosidad. En todas las Escrituras, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, hay referencias a la doctrina bíblica, y no se circunscriben a los primeros capítulos de Génesis.

Un buen punto de partida para cualquier consideración de esta doctrina es Hechos 11:3 “por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios”. Esto significa que la creación esta basada en la revelación divina y debe entenderse únicamente desde el punto de vista de la fe; es esto lo que distingue, claramente y sin lugar a dudas, el enfoque bíblico del científico. La obra de la creación, esta escondida a los hombres, y solo puede ser percibida mediante la fe.

Definición de Teología: Ciencia que trata sobre Dios y sobre el conocimiento que el hombre tiene de El mediante la fe y la razón.

La obra de la creación se atribuye en distintos pasajes a las tres personas de la Trinidad:
  • al Padre (ejemplos Gn 1:1; Is 44:24; Sal 33:6)
  • al Hijo (ejemplos Jn 1:3; Col 1:16)
  • al espíritu Santo (ejemplos Gn 1:2; Job 26:13)

pero esto no quiere decir que distintas partes de la creación deben atribuirse a diferentes personas de la Trinidad, sino más bien que la obra en su conjunto es obra del trino Dios.

Las palabras “en el principio creó Dios los cielos y la tierra”, indica que los mundos no fueron hechos con algún material preexistente, sino de la nada por la Palabra Divina, en el sentido de que con anterioridad al Divino Creador no había ninguna otra clase de existencia.

Esto, además tiene importantes consecuencias teológicas, ya que entre otras cosas elimina la idea de que la materia sea eterna (Gn 1:1 indica que hubo un principio), o que pueda haber alguna suerte de dualismo en el universo en el cual, otra clase de poder o existencia se opone a Dios y permanece fuera de su control. Igualmente, indica que Dios es distinto de su creación.

Al mismo tiempo, sin embargo, es evidente que la idea de la creación primaria no agota la enseñanza bíblica sobre el tema.   El Hombre fue creado del polvo de la tierra (Gn 2:7), y las bestias del campo y las aves de los cielos fueron formados de la tierra (Gn 2:19). Esto es lo que se llama creación secundaria, actividad creadora mediante la utilización de materiales ya creados, y se registra juntamente con la creación primaria como parte integrante del testimonio bíblico.

En Ef 4:6 encontramos “Un Dios… sobre todos, y por todos, y en todos”, indican que Dios existe en una relación tanto de trascendencia como de infancia respecto del orden creado. En ese estar sobre todos” y “sobre todas las cosas” (Ro 9:5), es el Dios trascendente, e independiente de su creación, auto existente y autosuficiente. Por lo tanto, la creación debe entenderse como un acto libre de Dios, determinado exclusivamente por su voluntad soberana, y de ninguna manera como un acto necesario.

Dios no tenía ninguna necesidad de crear el universo.
Eligió hacerlo.


Es necesario hacer esta distinción, porque solo así puede considerárselo como Dios el Señor, el ser incondicional y trascendente. Las palabras “por tu voluntad existen y fueron creados” (Ap 4:11), “creado por medio de el y para el” (Col 1:16), indican el propósito y el fin de la creación. Dios creo el mundo “para la manifestación de la gloria de su eterno poder, sabiduría y bondad”. La creación, en otras palabras, es teocéntrica, destinada a desplegar, la gloria de Dios.
Juan Salgado Rioseco

viernes, 9 de diciembre de 2016

La Iglesia de Dios en Cristo Jesús, frente a una sociedad humanista agnostica.


En el siglo XXI, el individuo se presenta como un elemento dentro de una sociedad globalizante, tecnológica y de mercado, con tendencia exacerbada al individualismo. Esta sociedad de mercado responde a lógicas globales, espacios que trascienden los parámetros de lo local o individual, que se reposicionan constantemente y no respetan los límites geográficos, sociales, valóricos. Una sociedad de mercado en constante desarrollo, invade los parámetros de la vida privada, produciendo un profundo conflicto de identidad, con una falta de discernimiento por la ausencia de parámetros perennes, que desconcierta por la creciente anarquía social en sus diversos ámbitos.

En este proceso o condiciones de crisis en relación a los valores éticos, morales, costumbres y tradiciones, se plantean nuevas reglas valóricas que se imponen o se adoptan debido a la necesidad de la subsistencia; la constante reevaluación de las características y lógicas presentes en las sociedades cosmopolitas modernas, trae consigo una crisis del individuo por la desorientación y la falta de adaptación a las formas y espacios que ofrece el modernismo humanista.

Una sociedad, mercantil humanista avalorica, en constante expansión requiere de una cierta lógica y racionalización homogénea; lógica, confrontacional con la pluriculturalidad de los espacios privados y antagónica a la esencia primaria del hombre creado. El individuo deja de ser, frente a la presión del mercado, el generador y el destinatario de las metas de la totalidad. Se vuelve un elemento más del sistema, y no el fin último de todo progreso.

A estas problemáticas relativistas y globales, se le agrega la creciente inmigración de persona que salen de su hábitat natural obligados por diversas causas, la principal es la violencia social, económica o ideológica, para mantener su supervivencia básica o lograr mejores expectativas de vidas a sus descendientes, trayendo consigo su diversidad multicultural, valores morales, costumbres, problemas sociales, económicos. Aumentando la injusticia, la discriminación, el racismo, la trata de blanca o la esclavitud laboral tanto en adultos como infantil, por intereses inhumanos mezquinos.

En medio de estas situaciones que trae el modernismo, camina la Iglesia de Dios, con las problemáticas de su sociedad; debido a que sus integrantes son hijos y productos de esta sociedad; educados y formados para sobrevivir bajo las condiciones sociales y laborales de la sociedad en las que les toca interactuar e interrelacionarse.  

Por lo consiguiente, la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, está enfrentada a peligros internos y externos, provenientes del entorno social, económico y de la subcultura religiosa adaptacionistas imperante. 

Entre los principales podemos mencionar:
  1. El liberalismo popular o las subculturas sincréticas religiosas.
  2. El cristianismo sin Iglesia, que no reconoce institucionalidad, la ortodoxia bíblica, menos la praxis por la cual ha caminado la Iglesia a lo largo de estos siglos.
  3. El pluralismo denominacionales indiferenciado que no reconoce verdad alguna, que pone al mismo nivel todas las opiniones, bajo la sombra de un seudo ecumenismo.
  4. La heterodoxia disidente, herética, apartada de lo aceptable y reprobada. 
  5. La transmutación de todos los valores...
  6. La homogeneización cultural del modelo dominante.
  7. El relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos.
  8. La deseclesiastización, como retroceso de la participación en la vida de la comunidad, en particular, en los actos de culto o de acción de gracias, y de la genuina koinonía que emana de la hermandad de ser Hijos de Dios.
  9. La secularización de la Iglesia, por la incultura bíblica de sus miembros en todos sus estratos, la paralización o intervención del proceso de la justificación del hombre ante Dios, ha traído consigo la desviación de los credos primarios hacia los dogmas adaptacionistas a las tendencias modernistas con la finalidad de no ser excluidos de las prebendas de mercados imperantes.
Considerando racionalización humanista con el seudo calificativo de cristiana, la Iglesia debe posesionarse con métodos y formas pragmáticas más dinámicas de acuerdo a los tiempos, sin dejar a un lado u omitir los principios fundamentales que la rigen desde hace dos milenios. Debe mantenerse incólume a los ataques arteros de las tendencias agnósticas imperantes ya sean externas como internas, que tienen como propósito de hacerla transitar por caminos de herejías, con la finalidad de hacerla apóstata de la fe del Cristo de Nazaret.

¿Cómo conciliar lo moderno con la ortodoxia cristiana? ¿Cómo introducir cambios sin desmembrar su Cuerpo? ¿Cómo mantener su praxis, basado en sus principios primarios, ante las tendencias invasivas del modernismo relativista?

Primero, tornándose a la enseñanza de la Palabra, conforme a los propósitos primarios de la revelación de Dios, con la convicción que da una fe cimentada en la santidad que agrada a Dios.

Segundo, planificando una estrategia pragmática que desarrolle y concilie los intereses esenciales de la iglesia y del hombre moderno, no, en un sincretismo donde interactúen estos intereses, sino en la voluntad de permanecer en el camino trazado por Jesucristo, pero con las metodologías de la sociedad contemporánea.

En esta voluntad, el Discipulado, la instrucción perseverante, la constante capacitación y perfeccionamiento de los diversos cuerpos ministeriales son fundamentales en el éxito de los planes de la Iglesia.

Siendo antagonista a un sistema ministerial adaptacionistas del pragmatismo pseudo humanista cristiano que invade y fomenta una deshumanización de los valores permanentes de la enseñanza ortodoxa cristiana; promover un cuerpo ministerial capaz de potenciar, desarrollar métodos y formas que hagan más fácil la tarea de la iglesia, con la finalidad que esta avance por el camino trazado por Jesucristo: llevar a los hombres y mujeres a la salvación, para que se reconcilien con Dios y logren la vida eterna.

Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...