domingo, 21 de enero de 2018

Manifiesto para reformar el Pentecostalismo del siglo XXI. (Parte III)

¿Cuál debe ser la senda que debe retomar el pentecostalismo contemporáneo? 


De acuerdo con la real academia española, acepción de personas es: “Acción de favorecer o inclinarse a unas personas más que a otras por algún motivo o afecto particular, sin atender al mérito o a la razón.” Unas de las causas del desmerito de las organizaciones de la Iglesia en Cristo Jesús es el nepotismo, la acepción hacia personas que no teniendo el testimonio del salvado y los méritos suficientes son puestos en cargos de liderazgo y labores pastorales. Esto provoca un gran deterioro en las relaciones internas de la comunidad.

El actuar con parcialidad, de designio de puestos sin méritos alguno, prevención en favor o en contra de alguien, son acciones de falta de neutralidad, donde la falta transparencia en la manera de proceder violentan la armonía en el interior de la comunidad y con el tiempo produce fisuras que provocaran crisis severas. En libro de Job encontramos que “Él (Dios) os reprochará de seguro, si solapadamente hacéis acepción de personas.” (Job 13:10). 

Los prejuicios, o preferencias para sacar ventajas personales que no sean espirituales, es corrupción; hacer abuso de poder para imponer o asegurar un estatus personal sin contemplar los principios bíblicos al respecto es actuar con deshonestidad delante de Dios y los miembros de la comunidad; este tipo de alteración provoca disgregación del fundamento establecido por los apóstoles y los Padres de la Iglesia.   Pablo aconsejaba a Timoteo “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad.” (1Ti 5:21). 

El conferir una dignidad eclesiástica o un beneficio a alguien por la consanguinidad, no es agradable delante de Dios; está establecido a través del Espíritu Santo la capacitación para servir a la iglesia conforme al propósito del llamado de Dios; son los carisma o dones del Espíritu Santo los que avalan la autoridad o el liderazgo eclesiástico. Las Sagradas Escrituras nos dicen “Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho.” (2 Cr. 19:7), “Porque el que procede con injusticia sufrirá las consecuencias del mal que ha cometido, y eso, sin acepción de personas.” (Col. 3:25).

Dios, desaprueba la "acepción de personas", las enseñanzas paulinas ratifican la no acepción de personas dentro de las comunidades, esta debería ser una enseñanza esencial y su práctica debe debería ser cumplida rigurosamente en especial por las personas que se encuentra en una posición de Liderazgo o autoridad. La Palabra de Dios nos advierte “pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.” (Stgo. 2:9).


Una las definiciones de integración nos dice que “es un proceso dinámico y multifactorial que supone que gente que se encuentra en diferentes grupos sociales, ya sea por cuestiones económicas, culturales, religiosas o nacionales, se reúnen bajo un mismo objetivo o precepto.”
El encuentro del mestizaje religioso popular y la religiosidad impositiva conquistadora europea estadounidense, provocó una multiplicidad de costumbres religiosas invertebradas que dieron origen a una constante disgregación de las comunidades pentecostales.

El Pentecostalismo chileno del siglo XXI, se encuentra inserto en una sociedad que se cataloga moderna progresista; donde la multiculturidad, la brecha educacional y posición económica, dividen más que unen; donde su Liderazgo eclesiástico no se encuentra preparado para enfrentar los desencuentros sociales, educacionales, económicos, generacionales, menos con la llegada de migrantes, que por múltiples factores irrumpen en las congregaciones, trastocando los usos y costumbres en especial de los grupos mas dogmáticos; donde existen ambigüedades sobre temas valóricos y desencuentros internos frente al laicismo agnóstico de la clase gubernamental estatal; donde no existen contrafuertes para enfrentar la globalización, el individualismo, el relativismo, la secularización; donde prima la religión popular indocta del conocimiento bíblico; a conllevado que el pentecostalismo mute hacia tendencias neopentecostales con una praxis basada en el individualismo y un hedonismo que satisface el personalismo y no del colectivo.

La iglesia en Cristo Jesús por esencia es integradora, El Salvador dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt.11:28). El apóstol Pablo escribió “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gá. 3:28 RVR1960), e indica en Romanos (2:11) “no hay acepción de personas para con Dios.”

 Sin embargo, la realidad es diametralmente opuesta en el interior y entre la comunidades pentecostales,  por múltiples razones,  se percibe que en las relaciones internas no son de plena armonía, más bien, la crisis divisionaria, de disgregación ha sido la tónica en la convivencia pentecostal; a eso, agregamos la discriminación social, cultural o racial hace que las comunidades sean violentadas en sus cimientos olvidando u omitiendo que Jesús oró al Padre “Mas no ruego solamente por éstos,  sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno;  como tú,  oh Padre,  en mí,  y yo en ti,  que también ellos sean uno en nosotros;  para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Jn. 17:20 -21). La unidad es lo que menos practican los pentecostales, están latentes la discordia por el poder o la autoridad, la lucha por ser el portavoz del movimiento pentecostal, las disensiones sobre los temas valóricos son cotidianas, los intereses personales son el factor que más inciden en la falta de integración.

Es esencial que las Iglesias pentecostales empiecen a proyectar la “integración” como una norma vital para su subsistencia armónica plena de una comunión exigía por el dador de la vida. Para dar vida a la expresión paulina somos “Uno en Cristo Jesús”, y se haga realidad la oración del Maestro “para que el mundo crea que tú me enviaste.” 
Juan Salgado Rioseco

miércoles, 17 de enero de 2018

Manifiesto para reformar el Pentecostalismo del siglo XXI. (Parte II)

¿Cuál debe ser la senda que debe retomar el pentecostalismo contemporáneo?

Ser transparentes, restaurar, rehabilitar, sin acepción, integrar y refuncionalizar, son tareas diferentes, aunque participen de criterios comunes. Con el objeto de priorizar las decisiones que nos lleven nuevamente al camino de Dios, estabilizar la gestión de gobierno de la Iglesia con personas elegidas y capacitadas a través del Espíritu Santo, atenuar el ambiente de desconfianza tanto en el interior como exterior y en lo principal detener el deterioro testimonial en que se encuentra sumida la Iglesia en Cristo Jesús por el obrar de los que dicen ser servidores de Dios.



La “transparencia” nos conlleva a reafirmar las confianzas perdida por la conducta inicua de los seudos líderes. La transparencia está íntimamente ligada con la ética, la claridad, la moral, la honestidad, honradez, lealtad, confianza; la transparencia, en relación con el Cuerpo de Cristo, se relaciona con la integridad y la coherencia con que nos sometamos y actuamos conforme la Palabra de Dios.

La transparencia no da lugar a falsas interpretaciones o acomodos personales, menos a manipulaciones de la fe de las personas. Los antagonistas de la transparencia es la ceguera, las malas prácticas, la falta de fidelidad a la voluntad de Dios.

Por eso, es primordial de ser “transparente” delante de Dios y los hombres, en especial cuando tenemos responsabilidades en el interior del Cuerpo de Cristo. Quienes abusan del poder, de las confianzas, los que se aprovechan de las circunstancias para sacar ventajas personales, siempre harán lo imposible para que la transparencia no sea un valor activo en sus ministerios.


“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Gálatas 6:1). 

La Restauración, es una condición que es o se considera tan necesario que no se puede prescindir o no se puede dejar de tener en consideración, en especial cuando tomamos la decisión de servir a Dios.
“Restaurar”, (reparar, recuperar, recobrar, volver a poner algo en el estado primitivo). El profeta Jeremías en uno de sus oráculos dijo “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”. (Jer. 6:16. RVR1960). Yahveh, siempre esta dispuesto a restaurar a su pueblo, aunque no esté en la mente del ser humano, el pueblo de Israel le contesto al profeta “No andaremos”; el apóstol Pedro reconvino a retornar a la voluntad de Dios en su discurso en el día de pentecostés (Hch. 3:19:21), el Todopoderoso ha comenzado a dejar que su poder y pureza fluyan sin medida por medio de su iglesia “removiendo las cosas móviles”, para que el reino inconmovible se manifieste (He. 12:27, 28). Cuando algo es restaurado en la Escritura, siempre crece, se multiplica o mejora, de manera que su condición final supera su estado original (Joel 2:21–26).

La Restauración es un proceso donde se deben aunar varios factores para tener un final agradable delante de la presencia de Dios. La restauración tiene dos vías:  la restauración espiritual, individual y la restauración racional, orientada a lo institucional. 

En la restauración espiritual, orientada a las personas, tiene como finalidad de hacer volver a las personas que se han alejado o han detenido su andar por la senda de Cristo por diferentes causas; es común apreciar omisiones u errores en las etapas en el proceso de restauración, las más comunes son: los líderes religiosos sin vocación pastoral que no se hacen responsable de sus miembros que necesitan imperiosamente restauración espiritual; los motivos son diversos: no están capacitados en la consejería pastoral, por su inmadurez ministerial en esta materia, por desconocimiento de la Palabra de Dios al respecto; porque han llegado al oficio de Pastor, por vías que no son las establecidas en la Biblia, no teniendo la capacitación del Espíritu Santo; debido a que sus ministerios están embutidos más en la carnalidad que en las vivencias espirituales; no saben ministrar sobre la salvación, liberación, sanación, restauración, conducción del redil por las vías de santidad; no existe la voluntad tanto en los lideres como en los miembros de hacer real la voluntad de Dios en sus vidas.

Una persona no restaurada se le impide caminar por el camino de Dios, se le priva de la paz que da Jesucristo por ende no puede vivir la plenitud de gozo y deleitar las delicias que Dios entrega a los suyos. El profeta Jeremías exclamó “Mi alma ha sido privada de la paz, he olvidado la felicidad” (Lam. 3:17). “Me muestra la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. (Sal. 16:11).

La restauración racional, orientada a lo institucional, con el objetivo de cambiar o reestructurar la organización o administración de Iglesia, esta debe ser acorde a los parámetros divinos, bajo los principios establecidos en la Palabra de Dios; es aplicar la sabiduría de Dios en la aplicación de métodos racionales de análisis y restauración, adecuados a cada contexto cultural en la multiversidad de las comunidades pentecostales o neopentecostales.

Hay que tomar en cuenta que la conservación del fundamento apostólico, la consolidación de la transparencia administrativa y la restauración del patrimonio de las capacidades con que el Espíritu Santo a dotado a los servidores de Dios, incluyendo sus valores espirituales deben ser primordiales en al orgánica del Cuerpo de Cristo. Cuando se trate de realizar un cambio de uso o funcionalidad, debe hacer de manera rigurosa, teniendo presente todas las exigencias que nos hace la Palabra de Dios, acorde a la voluntad de Dios escrita y a las condiciones indispensables para qué la iglesia retome el propósito por cual fue creada por Dios.


Los líderes religiosos se encuentran interdictos por Dios, esa condición no permite que sus ministerios sean eficaces ni menos fructífero; para volver a la plenitud ministerial deben hacer realidad las palabras del Profeta Zacarias de “volverse a Yahveh de los ejércitos” (1:3) para ser realidad la promesas del Eterno que dijo a través del profeta Oseas (14:4) “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos”.
Juan Salgado Rioseco

martes, 16 de enero de 2018

Manifiesto para reformar el Pentecostalismo del siglo XXI. (Parte I)


 ¿Porque es imprescindible reformar el Pentecostalismo del siglo XXI?

Las Escrituras nos indican las responsabilidades y funciones de los diferentes estamentos orgánicos en la ministración y administración del Cuerpo de Cristo, la que comúnmente se le llama Iglesia. Las características primarias en el interactuar de los miembros que han optado por servir a Dios es que deben realizar su función de acuerdo con el propósito de su llamamiento acorde a la capacitación que el Espíritu Santo ha realizado en ellos, a su testimonio como servidor de Dios, su constante capacitación para ser un idóneo embajador de Cristo y a su diligencia de estar presentado en todo momento delante de Dios aprobado.

 A lo largo de estos veinte siglos, la Iglesia en Cristo Jesús ha evolucionado de diferentes formas en su estructura organizacional y administrativa, causado por las presiones sociales, económicas, políticos y militares, incididos a la vez por los intereses colectivos como personales. Seria largo de enumerar estas evoluciones, en algunos casos son desviaciones y en otros acomodos que ha sufrido la organización o la institucionalidad, desde la comunidad jerosolimitana, la samaritana, las comunidades griegas gentiles del primer siglo hasta la multiversidad de las sectas religiosas pentecostales y neopentecostales contemporáneas; esta ultimas, son una diversidad de comunidades con instituciones inconsistente, sus principios doctrinales son difusos, sus fronteras espirituales no están bien delineadas, interactúan entre los ideales espirituales emocionales y un humanismo exacerbado en satisfacer sus demandas materiales;  muchas de ellas basadas en sus propias posverdades, que sustentan intereses ajenos y antagónicos a los establecidos en las Escrituras; son comunidades amorfas, debido a que no tiene postulados definidos, no tienen carácter propio colectivo, sus lideres son mas propenso a la procrastinación que hacer proactivos en causa de Cristo.

En un análisis racional pragmático de la realidad organizacional y estructural de las administraciones pentecostales, traslucen desviaciones como el despotismo, el absolutismo, el autoritarismo; la incapacidad de llevar al cumplimiento de la Comisión Pastoral; el placer de ostentar poder sobre los miembros desvalidos; el gran porcentaje de los miembros son inexpertos en construir los cimientos de la fe de Cristo, neófitos de los conocimientos bíblicos rudimentarios para edificar el templo del Dios viviente; incultura doctrinal de los miembros nominales, permite a una élite a sustentar y fundamentar sus privilegios en posverdades que distorsionan en forma deliberada los principios de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, con el fin de crear y modelar una organización funcional a sus intereses personales, en la que los conocimientos de la Palabra de Dios no tienen influencia en las decisiones, sino que apelan a las emociones, a una falsa espiritualidad, a exteriorizaciones de una seuda manifestación del Espíritu Santo, a las creencias personales que inducen a convivir entre los postulados cristianos y elementos de adoración originarios del paganismo idolátrico; el nepotismo en la administración y en la sucesión pastorales, es el síntoma terminal de una organización que postula a ser de Cristo, es la desnaturalización, es el degeneramiento del sistema establecido y enseñado por la Palabra de Dios. La sucesión de los cargos pastorales no es hereditaria ni tampoco de postulantes nominados por circunstancias ajenas a los procedimientos bíblicos, menos cuando que no han tenido participación ni testimonial en el servicio a Dios y la comunidad, así no lo establecieron los Apóstoles ni los Padres de la Iglesia.   

En los últimos tiempos, podemos afirmar que las comunidades pentecostales y neopentacostales están en crisis, colapsadas por la incubación de los tiempos peligrosos que menciona la Biblia, el apóstol Pablo advertía en el siglo I a Timoteo de esta situación, “También debes saber que en los tiempos últimos vendrán días difíciles. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella;” (2 Ti. 3:1-5).

El pentecostalismo de los últimos tiempos, esta violentado por las falsas enseñanzas y dogmas sectarios (erróneos a la luz de la Palabra de Dios) que solo satisfacen los intereses de una élite carnal; su praxis distorsionada por la falta de paradigmas íntegros y una displicente transmisión del aprendizaje en lo discipular, lo ha provocado confusión, enfriamiento de la fe, deserciones espirituales, desencanto; principalmente estos son efectos de la falta de transparencia en el accionar de las personas que actúan de líderes, que no teniendo los requisitos que impone la Palabra de Dios están ejerciendo esa labor, conjuntamente con el mediático confort socio-económico que han logrado los descendientes de las antecesoras comunidades periféricas, marginales y desposeídas, que conformaron las comunidades pentecostales iniciales.

La multiversidad pentecostal y neopentecostal deben ser reformas, ósea, corregirse o enmendarse en sus costumbres o actitudes de acuerdo con los preceptos que Dios estableció para su iglesia.

¿Cuál debe ser la senda que debe retomar el pentecostalismo contemporáneo?

Ser transparentes, restaurar, rehabilitar, sin acepción, integrar y refuncionalizar, son tareas diferentes, aunque participen de criterios comunes. Con el objeto de priorizar las decisiones que nos lleven nuevamente al camino de Dios, estabilizar la gestión de gobierno de la iglesia con personas elegidas y capacitadas a través del Espíritu Santo, atenuar el ambiente de desconfianza tanto en el interior  como exterior y en lo principal detener el deterioro testimonial en que se encuentra sumida la Iglesia en Cristo Jesús por el obrar de los que dicen ser servidores de Dios.

Juan Salgado Rioseco

viernes, 15 de diciembre de 2017

Evangelio de la Gracia de Dios.


Lectura Bíblica Hechos 20:24.
El doctor griego Lucas escribió “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabé mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”  (Hechos 20:24 RV60) 
El profeta Isaías escribió “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que trae buenas noticias, buenas noticias de paz y de salvación, las noticias de que el Dios de Israel reina!”  (Isaías 52:7 NTV)
Sabemos que la palabra griega – judeo koiné “evangelio”, significa “buenas noticias” “buenas nuevas”.
“Gracia” es la palabra que se usa con más frecuencia en las versiones modernas de la Biblia para traducir la palabra griega “charis”, no hay un equivalente exacto en el idioma en español. “Charis” significa “lo que causa gozo, placer, gratificación, favor [y] aceptación, por una amabilidad que se recibe o se desea . . . [y] un favor que se hace sin esperar nada a cambio; la expresión absolutamente libre del amoroso cuidado de Dios por la humanidad, en la bondad y benevolencia del Dador” (Diccionario analítico completo de las palabras del Nuevo Testamento”, 1993, p. 1469). Gracia, bondad, misericordia estimación, favor, bendición, regalo, gracias. A.T. (Diccionario Tuggy), Lo que uno da a otro; Lo que uno recibe de otro. En el sentido de gracia o favor divino, usado al principio y al fin de las Epístolas; Gracias, gratitud.
Por consiguiente, el “Evangelio de la Gracia de Dios”, son las buenas nuevas o noticias del favor de Dios hacia todo aquel que acepta a Jesús como su Salvador. Porque “la gracia de Dios” ha sido revelada, la que trae salvación a toda la humanidad; la noticia es “por gracia somos salvos por medio de la fe y esto no de nosotros, sino que es una dadiva de Dios”.
Los elementos básicos del mensaje del “Evangelio de la Gracia de Dios”:
1.       La buena noticia procede de Dios. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas”. (Stgo. 1:17-18).
2.       Dios nos salvó por su gracia cuando creímos, no teniendo ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. (Ef. 2:8). 
3.       El regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor. (Ro. 6:23).
4.       La gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. (Jn. 1:17). 
5.       La buena nueva es que, a través de su gracia, Dios:
a.       nos llama. (Gá. 1:15). 
b.    nos salva por medio de la fe. (Ef. 2:8).
c.      nos regenera. (Tit. 3:5).
d.       nos justifica. (Ro. 3:24).
e.       nos santifica. (He. 13:20-21).
f.       nos preserva (1 Pe. 1:3-5).
6.       De la abundancia de Dios, todos hemos recibido una bendición inmerecida tras otra. (Jn. 1:16).
7.       Por medio de Jesucristo hemos obtenido derecho de entrada a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Ro.5:2). 

A través del “Evangelio de la gracia” tenemos acceso a las inescrutables riquezas de Cristo; somos participantes de la promesa de los pactos de Dios con Israel y miembros de la familia de Dios. Por el “Evangelio de la gracia” somos copartícipes y coherederos de la promesa de los pactos hechos a los padres, que incluyen la herencia del mundo venidero y del Reino de Cristo. 
Juan Salgado Rioseco

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Yahweh (Dios): su voluntad.

(Parte I)

Pablo, el judío helénico, escribió a los romanos “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.(Romanos 12:2).
El Señor Jesucristo, dijo de si mismo:  Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió. (Juan 5:30).
“Entonces dije: ‘Aquí estoy, tal como está escrito de mí en el libro, para hacer tu voluntad, oh Dios.’” (Hebreos 10:7). 
La voluntad de Yahweh, está muy ligada o coincide con el designio de Dios, el apóstol de los gentiles escribió: “Dios quiere que todos los hombres se salven”. (1Ti. 2:4).
La voluntad de Yahweh, es el atributo por el que Dios aprueba y determina toda acción necesaria para la existencia y actividad de sí mismo y de toda la creación; las Escrituras enseñan formas para discernir la voluntad de Yahweh, las cuales debemos tener presente en los momentos en que se nos presentan situaciones que nos confirman si estamos dentro de ella; la importancia de la voluntad de Dios se hace visible de múltiples modos en la Escritura.
El Nuevo Testamento fue originalmente escrito en el idioma griego Koine, donde encontramos dos condiciones usadas para la palabra "voluntad" en la referencia a la voluntad de Yahweh.
La Etimología de la palabra “voluntad de Yahweh”:
a.  "boulema", qué se refiere a la soberana voluntad de Yahweh. Éste es Su plan predeterminado para todo lo que pasa en el universo y se cumple sin tener en cuenta decisiones hechas por el hombre. (Ro. 9:19; 11:33-36; Hch. 2:23).
b.  “thelema”, se refiere a su plan individual, para cada hombre o mujer. Para cumplir su voluntad, Yahweh requiere la aceptación o disposición del hombre. (Col. 4:12; He. 10:7; Ef. 5:17; 6.6; Col. 1:9; 4:12).
Otro tipo de la voluntad de Yahweh es la "moral", los mandamientos revelados, en su Palabra escrita, que enseña cómo los creyentes deben vivir. (2 Co. 6:14; Ro. 2:18; 1 Ts. 5:18).
¿Por qué es esencial conocer la voluntad de Yahweh? El salmista escribió: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.” (Sal 143:10). Es imprescindible que el que se considera servidor de Dios sea conocedor de la voluntad de Yahweh, para poder discernir entre lo recto y lo incorrecto delante de la presencia de Altísimo; esta actitud de aprendizaje traerá consigo de cuidar nuestro comportamiento, no vivir neciamente, sino con sabiduría; aprovechar toda oportunidad para hacer el bien; no actuar insensatamente; procurando en todo momento entender cuál es la voluntad del Señor. (Ef. 5:15-17, paráfrasis): entonces nos podremos considerar “siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios;” (Ef. 6:6).
La voluntad de Yahweh, “es buena, agradable y perfecta”. (Ro. 12:2). Para entender y aceptar lo que Él quiere para nosotros, su voluntad está reservada para quienes han confiado en Cristo para la salvación; para todo lo que suceda salga de acuerdo con su voluntad. (Ef 1:11); Nabucodonosor dijo: “Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, más El actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: "¿Qué has hecho?"” (Dn. 4:35, LBLA); debido a que todas las cosas fueron creadas por la voluntad de Dios. (Ap. 4:11). 

El deseo de yahweh: es que todos los que creen en su Hijo, este los resucite en el día final (Jn. 6:40); es que seamos santos y nos apartemos de todo pecado sexual (1 Ts. 4:3); seamos agradecidos en toda circunstancia (1 Ts. 5:18); que no imitamos las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien que dejamos que Èl nos transforme en personas nuevas al cambiar nuestra manera de pensar; así podremos entender y aceptar lo que Dios quiere para nosotros y también lo que es bueno perfecto y agradable a El. (Ro. 12:2. parafraseado).
La soberana voluntad de Yahweh, (que tiene el máximo poder o autoridad sobre algo.); está presente en la creación y la preservación de la naturaleza (Sal.135:6; Jer. 18:6; Ap. 4:11); en los gobiernos humanos (Ap. 21:1; Dn. 4:35); en la elección y la reprobación de los seres humanos (Ro. 9:15, 16; Ef. 1:11); en los sufrimientos de Cristo (Mt. 26:42; Lc. 22:42¸ Hch. 2:23); en la regeneración (Stgo. 1:18); en la santificación (Fil. 2:13); en los sufrimientos de los creyentes (1 Pe. 3:17); en la vida de los hombres y su fin (Hch. 18:21); hasta las cosas más pequeñas de la vida (Mt. 10:29).
El término designio es aquel que se utiliza para hacer referencia a la idea de un plan, un proyecto que es llevado a cabo por alguien de manera intencionada o buscada. Dios tiene designios: que todos los hombres sean salvos. (1 Ti. 2:3-4); que vengan al conocimiento de la verdad (Jer. 29:11); sabemos que Dios ordena todas las cosas para bien de los que le aman, de los que han sido elegidos según su designio (Ro. 8:28 SB-MN); a veces el sufrimiento está conforme la voluntad de Yahweh (1 Pe. 3:17; 4:19).
La salvación del hombre es por la voluntad de Yahweh: solo entraran aquellos que hacen la voluntad del Padre (Mt. 7:21); el que está dispuesto a vivir el resto de su vida según la voluntad de Yahweh y no según los deseos humanos (1 Pe. 4:2); se evidencia en que fue el sacrificio del cuerpo de Jesucristo nos hiciera santos (He. 10:10).
 El gobierno humano existe en conformidad con la voluntad de Yahweh: la sentencia al rey Nabucodonosor de Babilonia, deja entre ver la injerencia de la voluntad de Yahweh en los gobiernos terrenales (Dn. 4:31-36); a veces para que cumplan sus designios que ha determinado previamente (Hch 4:28); cambia los tiempos y las épocas, quita y pone reyes, da sabiduría a los sabios e inteligencia a los expertos (Dn. 2:21); no hay autoridad que no venga de Dios. (Ro 13:1).
El apóstol Juan escribió: “Y el mundo pasa, y sus deseos; El que hace la voluntad de Yahweh permanece para siempre”. (1 Jn 2:17).
Conocer la voluntad de Yahweh es esencial, pero es más importante cumplirla, conforme a lo establecido en las Escrituras. Jesús nos enseña en la oración, que debemos pedir en nuestra oración permanentemente a Dios que “hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.”  (Mt. 6:10).  La conformidad con la voluntad Yahweh es una Virtud cristiana; Jesús dijo: “Pues cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Mr. 3:35). 

Juan Salgado Rioseco

martes, 28 de noviembre de 2017

Madurez espiritual, conforme a Dios.


“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, …” (1 Corintios 2:6, 7).
La comprensión de las verdades divinas está limitada por nuestra propia condición espiritual, en especial entre la madurez y la inmadurez. Muchos de los misterios de Dios, han sido revelados (Dt. 29:29; Ef. 3:5,6), con la finalidad de obedecerlos y cumplirlos, para alcanzar la perfección. Sin embargo, un gran porcentaje de seguidores de Jesús de Nazaret, por su inmadurez han detenido su camino a la perfección, se han desviado del camino de la fe, aún más, han liberalizado sus normas morales para ser considerados socialmente e integrados a grupos que postulan principios valóricos antagónicos al fundamento que Dios ha puesto para sus adoradores, se han aliados pasivamente y otros en forma activa a los que han levantado la bandera del humanismo, anti Dios, enarbolando los estandartes del Laicismo agnóstico y del populismo sin fe. 

La pregunta del hermano de nuestro Maestro Jesús, cobre en los tiempos de hoy una gran relevancia "¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce." (Stg. 3:11-12), y prosigue "¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre." (Stg 3:13). Puede el cristiano moderno ¿servir a Dios y a la vez congraciarse con los que postula ideales contrarios a sus enseñanzas? 
 ¿Por qué hemos llegado a esa condición?
Una de las principales causas es la falta de conocimiento de Dios; el pueblo de Israel fue destruido por falta de conocimiento (Os. 4:6); el pueblo de la iglesia de Dios en Cristo Jesús, se encuentra en una condición similar, nuestro comportamiento ha sido necio; nuestro derrotero espiritual es ambiguo; nuestras actitudes dan la impresión que no han sido forjadas en el fuego del Altisimo; nuestras acciones son fluctuantes, como niños insensatos; no tenemos entendimiento cuál es la voluntad de Dios; nos estamos colocando expertos para hacer el mal, nos hemos olvidado en hacer el bien (Jer. 4:22); somos inestable, inconstante e incongruentes, no perseverantes en el camino de Dios; cambiamos de idea en cuanto se escucha algo nuevo, somos arrastrados por doctrinas erróneas de gentes astutas que nos convencen con palabras aparentemente veraces. (Ef. 4:14).
Una segunda causa, es la de un liderazgo pastoral, no capacitado, ni ejercitado en lo que Dios ha establecido, lo que ha traído como consecuencia, una enseñanza y transmisión no acorde a los fundamentos apostólicos; muchos líderes pastorales han rechazado el conocimiento, han desviado su labor pastoral, no han dado prioridad a la perfección de los santos, lo anterior se refleja en una generación inculta del conocimiento de Dios, sin responsabilidad e integrantes del nominalismo religiosa, más adicto al neoreligiosalismo moderno; son pastores humanista, ejercen el oficio gerencial pastoral y no el don pastoral; a este tipo de líderes pastorales Dios los ha rechazado de su sacerdocio, están siendo afrentados por la calidad de su ministerio. (Os. 4:6, 7).  
¿Qué debemos hacer, ante tal situación?
Volver a las Escrituras, ejercer en forma transparente los dones espirituales; las palabras del profeta Jeremías están aún más vigentes en los tiempos actuales “Esto dice el Señor: «Poneos sobre los caminos, y ved y preguntad las sendas del Señor eternas; y ved cuál es el camino, el bueno, y andad en él, y hallaréis purificación para vuestras almas»; …” y no tener la misma actitud de los israelitas en los tiempos del profeta cuando “dijeron: «No iremos».” (Septuaginta, Jer. 6:16). 

Es la responsabilidad de todos los servidores de Dios, a través de Jesucristo, de alcanzar y ayudar a alcanzar “la consumación de los santos en obra de ministerio, en edificación del cuerpo del Cristo; hasta que nos encontremos todos en la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, en varón perfecto, en medida de edad de la plenitud del Cristo;” (Septuaginta, Ef. 4:12, 13). En otras palabras, alcanzar la madurez espiritual y actuar conforme a ella, Pablo, el apóstol de los gentiles escribió “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.” (Flp. 3:12-15). La esencia de la madurez espiritual es el ser eficaces y fructíferos en el conocimiento del señor Jesús.
La madurez espiritual fue una gran preocupación, un objetivo clave para Pablo y otros escritores de las epístolas del Nuevo Testamento, como se ve claramente en diversos pasajes bíblicos. Una de las palabras griegas claves usadas aquí es “teleios”, “habiendo obtenido el fin, el propósito, completar, perfeccionar”, "el que ha alcanzado la meta”. Era usado para un adulto maduro, crecido. En un sentido espiritual, “teleios” habla de alguien que está completamente desarrollado, espiritualmente maduro de acuerdo a las cualidades detalladas en el Nuevo Testamento.
La madurez espiritual, es un desafío, es poder alcanzar un conjunto de características que se consideran propias de las personas maduras, como prudencia, buen juicio, sensatez. Es la voluntad del Padre eterno que sus servidores crezcan y lleguen a alcanzarla.
¿Cómo lograrla?
Dios provee medios para sus servidores que se han propuesto mantenerse en sus caminos conforme a su voluntad: (1) la Regeneración por la gracia de Cristo. (Ef. 4:24). (2) el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo. (Jn 3:5). (3) las Escrituras para escudriñarlas. (2 Ti. 3:16-17). (3) un modelo para vivir: el Padre. (Mt. 5:48).
El verdadero adorador de Dios debe buscar para alcanzar la madurez espiritual: (1) crecer en el conocimiento de Dios. (Ef. 1:17-19; Fil. 1:9-11; Col. 1:9-12; 3:10; 2 Pe. 3:18). (2) buscar la perfección. (Job 11:7; Sal. 101:2, 6). (3) alcanzar la plenitud. (Jn 1:16; Ef. 3:19; 4:13). (4) vivir en santidad. (1 Co. 7: 1 Ts. 3:13; He. 3:14). (5) avanzar en el crecimiento. (1 Co. 15:58; 2 Ts. 1:3). (6) ser imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. (He. 6:12).
El verdadero adorador de Dios es maduro espiritual: (1) tiene los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. (He. 5:13-14), el oído. (Is. 33:15-16; Jer. 6:10; Pr. 21:13), la vista. (Is.33:15; Ap. 3:18; Jer. 33:3). (2) habla con sabiduría. (1 Co. 2:6). (3) es maduro en pensar. (1 Co. 14:20). (4) siempre avanzando hacia la perfección. (He. 6:1). (5) se ha propuesto alcanzar la condición de un hombre maduro. (Ef. 4:13, 14a).
La meta del cristiano maduro. “Así serán hijos de Dios, sin culpa y sin falta viviendo entre una generación perversa y mala. De esa forma brillarán entre ellos como estrellas en un mundo de oscuridad.”  “para que distingan lo que es realmente importante de lo que no lo es. Así ustedes estarán limpios y sin falta el día en que Cristo vuelva.”  (Filp.2:15; 1:10).

Cuando los cristianos alcanzan la madurez espiritual, su entendimiento y el deseo de crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios determinan su calidad de servidores; están capacitados para discernir entre el bien y mal y seguir avanzando hasta llegar a la plenitud de la perfección.
No realizan cosas extraordinarias para servir a Dios, sino hacen extraordinarias las cosas ordinarias al servicio del que vive para siempre.

domingo, 19 de noviembre de 2017

La Gracia de Dios.

                                         
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8, 9).
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, …” (Tito 2:11).
El apóstol Pedro nos insta a “anunciar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”, una de estas virtudes es su “Gracia”, clasificada por los exegetas de las Escrituras como un atributo moral o comunicable de Yahvéh.
L. Berkhof, define que: “Los atributos de Dios son las perfecciones que son reveladas del ser divino en las Escrituras o que son visiblemente puestos de manifiesto por Dios en las obras de su creación, providencia y redención.”1
La concordancia Strong dice: Gracia (“jaris” 5485): "La influencia divina sobre el corazón, y su reflejo en la vida,".
La “Gracia” se puede definir como el acto misericordioso de Dios por el cual ofrece salvación gratuita y vida eterna a todos los pecadores arrepentidos que ponen su fe en Jesucristo para ser salvos. Hemos sido perdonados, justificados y reconciliados, mediante el don inmerecido de Dios, no como el resultado de algún esfuerzo humano o alguna habilidad, o porque nosotros hallábamos elegido o ejecutado un acto agradable de servicio, “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Ro. 9:16).  Solo a través de la “Gracia de Dios”, hemos alcanzado el status de Hijos de Dios, porque ella es la fuente de toda bendición espiritual.
“La gracia en la Biblia. La expresión hebrea que es traducida comúnmente por gracia es “hen o hesed”. En el Antiguo Testamento implica en primer lugar una actitud magnánima de benevolencia gratuita por parte de Dios que se concreta luego en los bienes materiales que el receptor de tal gracia obtiene.” (Wikipedia, la enciclopedia libre)2.
En relación a la salvación “La gracia de Dios” se ha manifestado tanto universal como individualmente; se puede decir que es el don que Dios concede al hombre para que alcance su salvación, que se concreta sin ningún merecimiento en particular. Es por eso que el apóstol Pablo escribió en su carta a los Efesios “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (2:8, 9). Sin embargo, ese Don de Dios, tuvo su precio para el Creador: Jesucristo, mediante su redención. (Ro. 3:24).
A través del estudio de algunos pasajes bíblicos, podemos escribir que: “Por gracia tenemos acceso a la salvación”, “Por gracia salió el mensaje de la salvación al mundo”, “Por gracia pecadores reciben la salvación en Jesucristo”, “Por gracia somos justificados”, “Por gracia somos ricos de bendiciones espirituales”.
El apóstol Pablo escribió: que fue encomendado por el Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. (Hch. 20:24), “que por gracia hemos sido salvados, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, porque por gracia hemos sido salvados por medio de la fe y esto no de nosotros, sino que es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe.” (Parafraseado Ef. 2:5-9). Por lo consiguiente: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, …”. (Ro. 5:1, 2). El apóstol Pablo reconoció la importancia haber recibido y vivido por el Don de la Gracia: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí.” (1Co. 15:10 LBLA).
En la realidad la “Gracia de Dios” se encuentra a través de "la Justicia de Dios". (Ro. 3:21-26). En "La Ley del Espíritu Santo". (Ro. 8:1-2; Gá.  3:2-5). En "La Ley de Cristo". (1 Co. 9:21; Ga. 5:14; Mt. 7:12; 22:40; Stgo. 2:8). En la "Libertad en Cristo". (Gá 2:4; 5:1, 13). En "El pacto de la libertad". (Gá 4:22-26).

La “Gracia de Dios” y su relación con el hombre.
Es en las palabras de Jesús de Nazaret, donde se refleja el mensaje de la “Gracia de Dios”:  el ofrecimiento de la vida eterna, a través del amor de Dios, por creer en su hijo, ofrecido en sacrificio para perdón de nuestros pecados.  (Jn. 3:16; 1 Jn. 4:9-10).
La “Gracia de Dios” es el manantial de todas las bendiciones espirituales concebidas a los pecadores: “para alabanza de la gloria de su gracia, … según las riquezas de su gracia”, “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad” (Ef. 1:6-7; 2:7-9); “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,” “para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tit. 2:11; 3:4-7).
La “Gracia de Dios” se manifiesta a todos los hombres. (Tit. 2:11-14), en la obra de redención de Cristo. (Juan. 1:16, 17; Ro. 3:24; 5:21), en la obra de la Iglesia. (Ef. 2:8, 9; Ro. 3:20-28; 4:16; Gá. 2:16), en la Palabra de su gracia, que tiene poder. (Hch. 20:32) y en la influencia del pueblo de Dios. (Mt. 5:13-16).
La gracia de Dios, es manifestada hacia el hombre natural en diversas maneras: en su provisión de salvación. (1 Jn. 2:2); en su provisión de las Escrituras. (Os. 8:12; Dt. 29:29); en su paciencia al ser humano pecador, al retrasar el castigo al pecado. (2 Pe. 3:9); en la obra que el Espíritu Santo realiza en relación al hombre. (Jn. 16:8-11).
Aquella persona que se ha arrepentido y convertido al Dios, a través de creer en nuestro Señor Jesucristo, debe tener la convicción plena que, por gracia, se alcanza el camino de la redención. (Ro. 3:24; 2 Co. 8:9); se recibe el mensaje de redención. (Hch. 14:3); se recibe el don de Dios en Jesucristo. (Hch. 18:27); se es justificado. (Ro. 3:24; 4:16; Tit. 3:7); se heredera la salvación. (Ef. 2:8; Tit. 2:11).
La “Gracia de Dios” trae consigo beneficios, bendiciones y promesas, celestiales en Cristo. (Ef. 1:3-14), al que sirve con integridad a Dios, a Jesucristo y a la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, se nos: recibimos la promesa del Espíritu Santo. (Gá 3:2) con su respectiva unción del Santo, dando la garantía de que pertenecemos a Jesucristo y nos ha ungido para su servicio. (1 Jn. 2:20; 2Co. 1:21); da dones para ser más capacitados y eficaces en su obra. (1 Co. 12; Ro. 12:3-8); da la seguridad de recibir la plenitud de Dios. (Jn. 1:16-17); salva, a través del generoso amor y bondad de Dios. (Tit. 2:11; 3:4-7); da vida Eterna. (Jn. 3:16); declara justos, por haber recibido su aprobación mediante un solo hombre, Jesucristo y por mantenerse en este generoso amor. (Ro.5:17; 1 Pe. 5:12); perfecciona y capacita. (Tit. 2:11-12); da mejores promesas. (He. 8:6).

Vivir y crecer en la Gracia de Dios.

La gracia es un don admirable, su misericordia es inmerecida. No hay nada que podamos hacer para obtenerla y justificarnos delante de Él. La única manera de vivir y crecer en la Gracia de Dios es a través de la Fe. El apóstol de los gentiles, en su carta a los Gálatas nos escribe, para que la “Gracia de Dios” este a nuestro favor debemos: permanecer firmes y sin volver al sistema de esclavitud. (Gá. 5:1); usando la libertad para servir. (Gá. 5:13); amando a nuestro prójimo. (Gá. 5:14); controlados por el Espíritu Santo, no por la carne. (Gá. 5:16; Ef. 4:18); no dar lugar a la vanagloria. (Gá. 5:26); restaurar al caído. (Gá. 6:1); sobrellevando las cargas de los otros. (Gá. 6:2, 3); sometiendo a prueba y llevando nuestra propia carga. (Gá. 6:4-5); compartiendo con los demás. (Gá. 6:6); sin cansarnos de hacer el bien. (Gá. 6:9-10). Debido a que la hemos recibido en vano. (2 Co. 6:1; 12:9); la que nos hace aguardar con esperanza dichosa la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. (Tit. 2:13). Por lo consiguiente, debemos seguir el consejo del escritor del libro de los Hebreos, nunca dejarnos de congregar para que la “Gracia de Dios” permanezca activa en nosotros. (He.10:25).

Debemos asumir para el beneficioso de nuestra fe, que la verdadera fortaleza es la “Gracia de Dios” obrando en nosotros, no por habilidades o talentos ni aptitudes personales. No existen méritos para avanzar por sí mismo en el camino del Señor, solo a través de ella. Creciendo en la gracia es crecer en la semejanza de Cristo a través del poder del Espíritu Santo.

Las enseñanzas de las Escrituras respecto de la “Gracia de Dios” acentúan el hecho de que Dios distribuye sus bendiciones a los hombres de una manera gratuita y soberana, ni por méritos humanos. 
Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...