domingo, 22 de octubre de 2017

El Arte de Predicar


Predicar es anunciar, proclamar, llevar, compartir las buenas noticias de salvación, la cual debe ser guiada por el Espíritu Santo.
El Predicador debe tener presente en todo momento el ejemplo del apóstol Pablo, quien les anuncio el plan secreto de Dios a los Corintos, sin usar palabras elevadas ni de gran sabiduría; mientras estuvo con ellos se olvidó de todo, excepto de Jesucristo e hizo énfasis en su muerte en la cruz; no utilizo palabras astutas como las que se usan para convencer o manipular a la gente al anunciar el mensaje; reconoció que fue el Espíritu Santo quien con poder demostró que lo que les dijo era verdad con el propósito que la fe de los corintos convertidos se apoyaran en el poder de Dios y no en la sabiduría humana. Este ejemplo, nos enseña que el Predicador debe apoyarse en el conocimiento de las Escrituras, en el poder del Espíritu Santo y en el temor de Dios.
Uno de los medios que tiene la Iglesia es la Proclamación de la Palabra, cual no debe ser interpretada ni enseñada de acuerdo a estratagema ni intereses humanos, ya sea, por desconocimiento u omisión o adulteración de ella. Los servidores de Dios, que han efectuado su profesión de fe, creen en Dios, en las verdades reveladas y enseñadas por la Iglesia, las cuales deben ser transmitida de acuerdo al fundamento apostólico, manteniéndose firme, sin fluctuar en el camino trazado por Jesús.
Es deber del Predicador efectuar con gran exactitud y precisión una interpretación de acuerdo a lo que inspiro el Espíritu Santo y comunicar con fidelidad el mensaje basado en las Sagradas Escrituras y en las enseñanzas de Jesucristo; uno de los principios fundamentales es no alterar o adulterar el contenido del mensaje, con la finalidad de mantener rigurosamente el mandato del Maestro de Galilea “de enseñar que guarden todas las cosas que él mando”, debido que la calidad de los seguidores de Jesús depende de la calidad de la enseñanza que le ha sido transmitida.
Una predicación debe provocar un cumulo de sentimientos y estímulos los cuales deben converger en un encuentro personal con Dios, provocar Fe, provocar obediencia al Eterno, estimular amor al prójimo y a realizar buenas obras de acuerdo a la voluntad de Dios.
Una predicación que no esta basada íntegramente en la Palabra de Dios es vacía, conduce a la proclamación de un “evangelio diferente” o al anuncio de “otro evangelio”; los predicadores de Dios, no deben basar sus argumentos en lo dicho por Lutero, Calvino, Wesley, Barth, Bultmann, Tillich, Dietrich Bonhoeffer u otros, sino deben “Predicar de lo que enseñó Jesucristo”, primero, porque somos de Cristo, segundo, nuestras predicaciones deben ser “cristo céntrico”. El apóstol de los gentiles en su tiempo insto a no ser de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas, sino de Cristo.
El mensaje debe ser claro, entendible y sobre todo fiel a las Sagradas Escrituras, teniendo presente la necesidad de los oyentes que se encuentran presente: de ser evangelizado, de ser edificado y preparado para su ministerio. También tiene la finalidad de ser un medio   para presentar defensa de la fe ante falsas enseñanzas, las fabulas, los dogmas humanos.
La gente que vive sin la Palabra de Dios, aunque se congregue, son como tamo que arrebata el mundo, es por eso, que el Heraldo de Dios debe tener como primer requisito ser un convertido y consagrado a Dios; debe haber sido preparado en forma bíblica y haber sido capacitado sobre la composición, reglas de elaboración, contenidos, estilos, y correcta predicación, con la finalidad de que llegue a ser un Predicador de la Palabra eficaz. Es deber y obligación de la Iglesia de instruir que es Dios quien tiene que hablar a través de la Predicación y crear todos los medios necesarios para que el conocimiento, el desarrollo y la capacitación del ministerio de la Palabra alcance la eficacia que Dios requiere.
Todos los que confíen en el Señor serán salvos, sin embargo, ¿cómo van a confiar en el Señor si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír de él si no hay quien les proclame el mensaje fiel y verdadero? ¿Y cómo van a transmitir el mensaje eficaz si no hay quien les haya enseñado con fidelidad a la Palabra de Dios? Qué hermosa son las palabras de los que proclaman las buenas noticias de salvación con fundamentado en la enseñanza del Maestro Jesús. La Enseñanzas de Jesús deben ser guardadas y transmitida con fidelidad.
Cuando los que se han consagrado a Dios para servir a su Iglesia comprendan que son Heraldos del Rey de reyes y Señor de señores, cumplan fielmente su labor, serán mas eficaces en arrebatar almas a satanás y traerá consigo que habrá menos renegados dentro de la familia del Cuerpo de Cristo, o sea, que la puerta giratoria dentro de la iglesia se ira deteniendo porque todos estarán siendo fundamentados por la Predicación de la Palabra de Dios.

Juan Salgado Rioseco

sábado, 7 de octubre de 2017

La Exaltación del Siervo de Yahvèh

Texto Bíblico Isaías 52:13 – 53:12

“(52:13) He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. Lectura Bíblica Isaías… (53:12) Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”  (lea de Isaías 52:13, hasta el 53:12).

La tradición exegética del cristianismo, relaciona los cánticos sobre el “Siervo de Yahvéh” con Jesús de Nazaret, aunque existen diversas interpretaciones sobre a quién o quiénes se deba referir el profeta cuando habla del “Siervo de Yahvéh”, tanto, en forma colectiva como individual.

Entre la erudición exegética, este pasaje bíblico del “Deuteroisaías”, es conocido como el cuarto cántico de Isaías sobre “Siervo de Yahvéh”, es considerado como la parte más importante de los escritos del Profeta sobre el siervo, debido a su relación con el Evangelio y la obra redentora del Mesías. Se le ha descrito, “como el corazón mismo de la segunda parte del libro de Isaías”, otros han dicho “este es el corazón de nuestra salvación”.

Leer del “Siervo de Yahvéh” profetizado 700 años antes de los reales sucesos, lleno de dolores y desechado, a la vez lleno de Gloria alcanzando la eternidad, hace renacer la fe en la Palabra de Dios, nuestra confianza en el Dios Todopoderoso se eleva a lo sumo y nos hace exclamar ¡Bendita es tu palabra eterno Dios!

El “Siervo de Yahvéh” obtuvo la Exaltación de acuerdo a los siguientes pasos, según la lectura del pasaje bíblico de Isaías 52:12 – 53:13.

1.            A través de la Profecía.  (Is. 52:12-15), sería engrandecido: (a) prosperado, engrandecido y exaltado. (Is. 52:13; Flp 2.6–11). (b) su sufrimiento y su desfiguración no tendrían paralelo. (52:14; Jn 12.23–25). (c) se asombrarían en él muchas naciones (52:15). “Un soldado volvió de la 1ra. Guerra Mundial con el rostro desfigurado. Estaba desanimado y amargado. Un día un médico de cirugía plástica aceptó el compromiso de restaurar su desfigurado rostro, si se le proporcionaba una fotografía que le guiara. el hombre dijo que no quería parecerse a como era antes; y le preguntó al médico si le podía arreglar la cara en forma semejante al cuadro de Jesús que colgaba en la pared. El médico convino en ello. Cuando los vendajes fueron quitados, el joven vio un rostro sorprendentemente semejante al del divino Maestro. Entonces él decidió. “siendo que me parezco a él, sólo hay una cosa para hacer ... En vida debo llegar a ser semejante a él””. 

Los que hemos consagrado nuestra vida a Jesucristo y creemos que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios ¿le estamos revelando en el mundo? Todas las profecías de redención del hombre serán cumplidas a su tiempo, al igual que la profecía del Siervo exaltado hecha 700 años antes de su cumplimiento. Debemos tener la absoluta confianza que un día estaremos junto al Siervo Exaltado.

2.            A través de la Expiación (53:1-9). Varón de dolores: (a) varón desechado (53:1-3). (b) varón sufriente (53:4-6). (c) varón sumiso (53:7-9). “Un joven matrimonio deseaba tener un hijo, pero la mujer mostraba síntomas de esterilidad, habían consultado varios médicos y sus ahorros consumidos por los diversos exámenes médicos. Hasta que sus fuerzas se agotaron de insistir de tener un hijo, optaron de vaciar todo su amor sirviendo la causa de Cristo en la Iglesia que participaban. Un par de años después la mujer sintió los síntomas de un embarazo, con incredulidad fueron a la consulta de un médico que le diagnosticó una preñez de dos meses, para ellos era una bendición de Dios por el arduo trabajo en la Iglesia, contentisimos se prepararon para recibir a su primogénito, no omitiendo ningún detalle.

Al llegar el tiempo del alumbramiento empezaron a presentarse problemas, fuertes dolores, y extraños síntomas. Tuvieron que realizarle diferentes exámenes, lo que concluyeron que era imprescindible un aborto terapéutico de urgencia o la vida de la madre corría un riesgo mortal. La sobrevivencia del niño dependía de estar unos días más en la matriz de su madre, pero estos días podían ser mortales para ella.

¿Qué decisión tomar? El padre desea tener un hijo, pero amaba profundamente a su mujer. La madre amaba a su marido y deseaba vivir junto a él, pero su hijo se debatía entre la vida y la muerte en su vientre. Llamó a su marido, entre las lágrimas le dijo: “Me has amado tanto que desearía vivir siempre a tu lado, mi amor es grande por ti, es por eso, que a través de la vida de nuestro hijo inmortalizare mi gran amor por ti”. El niño nació entre los dolores de su madre, venía a la vida por el sacrificio de su madre por él y el gran amor que esta tenía por el padre.”    

El sufrimiento de Cristo es un acto maravilloso de amor, la redención del hombre, la vida eterna, las moradas celestiales, el gozo indescriptible es producto del padecimiento del redentor. Sin el sufrimiento de Cristo no habría no habría posibilidades que el hombre pudiera ser exaltado en los cielos.

3.            A través de la Gloria (53:10 – 13). La eternidad verá su gloria: (a) del sufrimiento a la gloria (53:10). (b) de la aflicción a la restauración (53:11; Romanos 5.1.). (c) de su entrega, al beneficio de la humanidad (53:12; Fil. 2:9). De la metamorfosis de la oruga podemos sacar lecciones hermosas, de la fealdad y el sufrimiento, nace la mariposa, bella y hermosa. Del sufrimiento de Cristo, nace la vida del nuevo ser, redimido por la sangre de Cristo, con la esperanza de ser morador de un reino celestial. 
A través del vicario acto de Cristo encontramos los sentimientos más sublimes que el hombre puede cobijar en su ser, Cristo sabía de los padecimientos, sabía cuánto iba a sufrir por la humanidad, el amor de Dios estaba por encima de los dolores del hijo, la humanidad había que redimirla y restaurar la comunión entre el Padre y los hombres. El gozo final iba a ser eterno en las moradas celestiales.


La exaltación del “Siervo de Yahvéh”, nos lleva a reflexionar, la obediencia refleja la fe en Dios. El sufrimiento del Siervo lo llevó hasta la exaltación. Debemos reflejar en nuestros actos la obediencia de nuestra fe, y llega el caso de sufrir, debemos imitar el ejemplo del Cristo sufriente, para poder alcanzar la gloria de Dios.

Juan Salgado Rioseco

sábado, 15 de abril de 2017

La Predestinación.


El término procede del latín “praedestinatio” y en la Teología cristiana se aplica a la idea de que Dios conoce desde la eternidad el destino del universo y de cada persona. San Agustín, en la Iglesia católica, y Calvino, en el protestantismo son autores especialmente vinculados a esta doctrina, aunque entre ellos se dan diferencias notables. Las discusiones teológicas en el cristianismo tienen que ver con la relación entre la omnisciencia divina y el libre albedrío del ser humano, así como con la relación entre la omnipotencia de Dios y el problema del mal y también con la relación entre la justicia y la misericordia en Dios. En algunos momentos de la historia ha tenido especial incidencia la cuestión sobre el valor de las obras humanas y la salvación. (https://es.wikipedia.org/wiki/Predestinacion).

Predestinación f. Destinación anterior de una cosa. Teologia p. ant. La ordenación de la voluntad divina con que ab aeterno (desde un principio) tiene elegidos a los que por medio de su gracia han de alcanzar la gloria. (Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.)
Más que vencedores:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. (Romanos 8:28-30).
En estos pasajes bíblicos, Pablo introduce la doctrina de la predestinación, el Apóstol Pablo explica el significado de la elección divina; declara que la elección tiene lugar en la eternidad pasada, que es según el propósito o decreto eterno de Dios, que tiene que ver con personas y no con acciones personales.
Las palabras traducidas como “predestinado”, vienen de la palabra griega “proorizo” que significa “determinar anticipadamente”, “ordenar”, “decidir sobre un tiempo futuro”. Así que la predestinación es Dios determinando anticipadamente ciertas cosas que ocurrirán tiempo después.
La palabra “predestinar” en alguna forma solo aparece tres veces en las Escrituras: Romanos 8:29 (“predestinó”), en Efesios 1:5 (“predestinado”), y en Efesios 1:11 (“predestinados”). En los tres pasajes, la predestinación se menciona NO en referencia al hecho de que uno sea o no salvo, sino que habla de la posición o el privilegio compartidos en el futuro de los que ya somos salvos.
1.             La doctrina de la "predestinación". Ref. 8:29-30.
a.        está íntimamente relacionada con el "propósito" de Dios. Ref. Ro. 8:28b; 9:11.
b.        Dios es soberano, sus propósitos son soberanos. Ref. Ef. 1:11. 
c.         "Dios quiere que todos los hombres sean salvos". Ref. 1 Ti. 2:4.
d.        desde la eternidad, se ha propuesto salvar al hombre, y que esta salvación se centra en un propósito de Dios. Ref. 2 Ti. 1:9.
e.        el propósito de salvar a ciertas personas.  Ref. Ro. 8:28, 30. Aquí entra la doctrina de la "elección".   
f.          determinó llamar a lo débil, necio, vil y menospreciado de este mundo. Ref. 1 Co. 1:26-29.
g.        el propósito de nuestro llamamiento. Ref. Ef. 1:12.
2.             Pedro habla de ser "elegidos según la presciencia de Dios" Ref. 1 Pe. 1:2.
3.             Juan escribe sobre la idea de "presciencia".  Juan 10:14-16. (especialmente en el v.16).
4.             Pablo, habla que Dios conoció a las personas mismas. Ref. Ro. 8:29; Jer 1:5.
a.        el ejemplo más claro de esto es Juan el Bautista - él fue lleno del Espíritu Santo antes que naciera. Ref. Lc. 1:15, 44. 
b.        esta enseñanza de que Dios eligió salvar sólo a los que Él pudo ver de antemano que iban a responder al evangelio se contradice en Ro. 9:15,16 y Jn. 1:13.
5.             Cristo no da vida espiritual a todos por igual, sino sólo a los que el Padre le dio de antemano para salvar. Ref. Jn. 6:37,39; 10:29; 17:2, 6, 9, 24; 18:9. 
6.               La enseñanza paulina es que Dios desde la eternidad propuso salvar a ciertas personas.
a.        Dios había elegido de antemano que Jacob iba a ser el padre de la nación de Israel. Ref. Ro. 9:11.
b.        Dios envió a morir a Cristo:
1)        por los que Él le entrego. Ref. Jn. 17:24.
2)        lo hizo por amor a los escogidos. Ref. 2 Ti. 2:10.
3)        derramo su sangre por los suyos. Ref. Mr. 14:24; Mt. 26:28; Lc. 22:20.
c.         descripción cómo Dios trabaja con cada persona — conocer antes, predestinar, llamar, justificar y glorificar. Ref. Ro. 8:29-30.
7.             Dios ofrece el evangelio a todas las personas; pero por obra de Satanás y la propia pecaminosidad del hombre, nadie puede responder a este evangelio aparte de la gracia de Dios. Ref. 1 Co. 2:14; 2 Co. 3:14-17; 4:3-6; Ef. 2:1-6. 
a.        Esta es la enseñanza de Juan y del Señor Jesucristo. Ref. Jn. 3:3-11; 6:44,65.
b.        El hombre no sólo no puede responder al evangelio, sino que tampoco desea hacerlo. Ref. Jn. 3:19; 5:40.
8.             Dios tiene primero que darle vida al inconverso para que éste pueda responder al evangelio. Ref. Jn. 1:12, 13; 5:21,25.   
9.             El hombre se ha hecho esclavo del pecado por su propia voluntad, por medio de Adán - su representante legal ante Dios.
a.      el hombre es un esclavo del pecado por su propia voluntad. Ref. Ro. 6:16. 
b.      Dios tiene todo el derecho de ordenar al hombre arrepentirse. Ref. Hch. 17:30.
10.         Pablo proclama, “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!” Ref.  Ro.11:33
El tema de la predestinación no tiene absolutamente nada que ver con ser salvo o estar perdido, pero sí con ser llamado. Dios llama y declara justos a quienes han de formar parte de su familia, todo esto es motivo de gratitud a Dios porque es un acto de su gracia a través de Cristo, y todo para la alabanza de su gloria.
Dios ha predestinado a ciertas personas para el propósito de convertirse en hijos de Dios, conforme al propósito del que hace todas las cosas, a fin de que seamos para alabanza de su gloria. No hay nada sobre ser predestinado a estar perdido o ser salvo, aunque la salvación es descrita aquí como el propósito ofrecido a las personas que Dios llama.

Juan Salgado Rioseco

martes, 14 de marzo de 2017

La segregación en la Iglesia de Dios en Cristo Jesús.


“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:12-13).

“Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. (1 Corintios 3:2-5).

El término segregación (del latín segregatĭo) hace referencia a la acción y efecto de segregar, es decir, separar, marginar o apartar algo del resto de los objetos o personas. Usualmente, el término segregación hace referencia al proceso social y político por el cual se segrega a un grupo de seres humanos, generalmente una minoría étnica, religiosa o política del resto de la sociedad.

El segregacionismo puede manifestarse de diversas maneras dentro de una comunidad cristiana: entre los espirituales y los carnales; entre los ancianos y jóvenes; entre hombres y mujeres; entre posiciones sociales, educacionales o laborales; entre los que manejen el poder y los que ambicionan el poder.
Los primeros indicios de segregación, se manifestaron en la comunidad Jerosolimitana, en el pasaje bíblico del libro de los Hechos 6:1, donde se relata la desatención de las viudas griegas, provocando murmuración y descontento. De esta comunidad eran los líderes de los judaizantes como Mateo y Santiago, que se opusieron a la entrada al Cuerpo de Cristo de los gentiles (“goi” que significa: pagano, extraño a Dios, sin pacto o promesa; contrario a Dios); esta situación desemboco en el primer Concilio efectuado en Jerusalén en el año 50 app. (Hechos 15); podemos agregar la segregación que hacían los judíos hacia los samaritanos, a los gentiles prosélitos o temerosos, contra los judíos que ejercían oficios considerados inmundos.

En la comunidad de Corintios se manifestó sesgos de división y segregación (1 Corintios 3:1-4), a lo cual el apóstol Pablo replico que “los hombres solo son servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.” (4:1), que solo deben preocuparse de ser hallado fiel (2) y no ser envanecido (18,19). El envanecimiento es cuando una persona (4:6), que actúa con orgullo, vanagloria, soberbia, presunción, arrogancia, altivez, fanfarronería, endiosamiento, engreimiento. Estas actitudes provocan celos, contiendas, disensiones, divisiones, segregaciones en el seno del Cuerpo de Cristo.

En el Cuerpo de Cristo, solo la soberanía de Dios debe ser la ejecutante del plan que Dios tiene para ella, sin embargo, la interferencia del hombre es una constante la que ha provocado todas clase de segregaciones a lo largo de los siglos de historia de la Iglesia de Dios, incluso provocando muerte, destrucción, venganza entre los contrincantes cristianos.

El Cuerpo de Cristo no es una institución humana, ni política, ni partidista, menos para cultivar los egos personales. La soberanía de Dios no necesita la ayuda o colaboración del hombre para ejecutar su plan, el hombre debe someterse al régimen nuevo del Espíritu y no vivir bajo el régimen viejo de la carne; Dios no necesita ayuda, ni menos interferencia; necesita del hombre sometimiento y obediencia. La actitud del hombre debe ser templada frente a los acontecimientos, utilizar el discernimiento para actuar en pro del Cuerpo de Cristo, saber negarse a sí mismo en bien del interés de la Iglesia, no olvidar que es solo un “siervo” de Dios, colaborador de su labranza.
Para poder discernir debe tener conocimiento pleno de la Palabra de Dios, sino los tiene debe detenerse “en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16) y no seguir actuando con necedad ni ser neófito al tomar decisiones, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. (1 Timoteo 3:6).

La tercera carta de Juan, tenemos un ejemplo del segregamiento producido por el autoritarismo de Diotrefes. Este hombre se había apoderado del liderazgo de una iglesia en Asia, y no sólo se rehusaba a reconocer la autoridad de Juan como un apóstol, sino también a recibir sus cartas y seguir sus instrucciones. También hacía circular maliciosas calumnias en contra de Juan y excomulgaba a los miembros que proporcionaban ayuda y hospitalidad a los mensajeros de Juan. Existe una sentencia popular o aforismo: “El poder corrompe”, la ambición al poder a corrompido el accionar de aquellos que dicen ser siervos de Dios, teniendo apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella.

La discriminación y la segregación religiosa de la mujer, se puede catalogar como una misoginia, que manifiesta de diversas maneras: denigración, discriminación, violencia y cosificación sexual de la mujer. El papel que ha jugado la mujer en el Cuerpo de Cristo en estos 21 siglos ha sido importante para el crecimiento y expansión del Evangelio de Cristo. Las mujeres no solo tienen una presencia numérica mayor a la de los hombres, han tenido una responsabilidad fundamental en la transmisión de la fe cristiana. No hay que olvidar que la profetisa Ana que vivía en el templo, al presenciar la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, comenzó a hablar del Niño a todo aquel que esperaba la redención de Jerusalén (Lucas 2:36-46); el primer testigo de la resurrección de Jesucristo, fue María de Magdala; la noticia de la resurrección fue llevada por mujeres a los apóstoles. La gran proclama del apóstol Pablo “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:28) debe ser una de las máximas de nuestra convivencia fraternal dentro de toda comunidad cristiana, porque todos sin excepción hemos sido revestido en Cristo (27), si actuáramos de esta forma se manifestaría ningún sesgo contrario a la perfecta unidad.

Una de las características de la Iglesia Pentecostal de Chile, es su gran expansión en las primeras décadas del siglo XX, las que ejecutaron la labor primordial en esta área, fue la mujer;  se convirtieron en el gran brazo evangelístico de este movimiento, llevaron su fe a su familia, familiares, amistades; osaron transmitir la Palabra de Dios en lugares que a los hombres se les fue negado con su persistencia, tenacidad y osadía; fueron las fieles seguidoras de las mujeres de Galilea (Lucas 8:3) que han sostenido el movimiento con su laboriosidad, solidaridad, fueron y son el sostén económico de las Iglesias Pentecostales de Chile. En la realidad del siglo XXI, la gran mayoría de la Iglesias Pentecostales siguen segregando a la mujer de diversas formas, violentando su Fe y en muchos casos su dignidad, omitiendo la gran proclama Paulina “Ya no hay judío ni griego; No hay esclavo ni libre; ninguna mujer ni heno Varón; Porque vosotros sois Todos uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:28 RVR1960). Siguiendo el modelo o sistema socio-religioso judío: racista (judío-pagano), sexista (hombres-mujeres) y clasista (clero-laico).

Debemos reconocer el importante rol desempeñado por las mujeres en el movimiento de Jesús (Lucas 8:1-3) y `posteriormente en las iglesias Paulinas como lo narran los textos bíblicos (1 Corintios 11:5-6; Romanos 16:3, 12; Filipenses 4:3) y como han sido en la expansión del Evangelio de Cristo a lo largo de estos siglos.  ¿Podemos seguir segregándolas? El apóstol Pedro les escribió a los santos (hombres y mujeres) de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (1 Pedro 2:9).  Omitiendo que todos somos uno en Cristo.

La segregación en interior de las comunidades cristianas, va corroyendo persistentemente los cimientos de la perfecta unidad, provoca el cisma de la división. La segregación es la manifestación de la carnalidad del hombre basada en una distorsionada interpretación bíblica y la instauración de desviadas normas en el seno de la Iglesia de Cristo.

La disgregación del Movimiento Pentecostal en Chile ha sido provocado por la existencia en su interior por todos los sesgos que se alimenta la segregación: la interferencia a la soberanía de Dios; la ambición al Poder; la manipulación del falso espiritualismo; el autoritarismo junto al despotismo; el dogmatismo sectario; la denigración de los oponentes a través del aislamiento; la falta de discernimiento de lo que es de Dios y lo que es humano; la falta de conocimiento de la Palabra de Dios; la forma de servir a Dios a la manera personal; la falta de madurez espiritual; el hermético sistema administrativo  institucional; la desviación del modelo financiero bíblico; la omisión del don de Pastor, reemplazado por el oficio de ser Pastor, instaurando el nepotismo y la herencia sacerdotal aarónica, depreciando la obra del Espíritu Santo en la conducción de la Iglesia, causando gran daño a la causa del Pentecostalismo en Chile; el autonombramiento del título de Pastor con el propósito de lograr prebendas de todas índole de los débiles de la fe; etc.  Debemos tener siempre presente que “no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará al Reino de los cielos”, (Mateo 7:21).
Juan Salgado Rioseco




jueves, 9 de marzo de 2017

Perfectos en unidad en las Iglesias cristianas.

¿La Iglesia de Dios en Cristo Jesús, es perfecta en unidad como lo solicitó Jesús a su Padre?

¿O tiene una actitud de omisión, o se convive permisivamente con la segregación en su interior?

El mandato primario dado por nuestro Señor Jesús: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34 RVR1960).

Una de sus mayores peticiones sacerdotales al Padre fue “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:21-23 RVR1960).

Jesucristo anhelaba que sus seguidores se amaran los unos a los otros, que fueran uno, alcanzaran la unidad perfecta con el solo propósito que el mundo reconocieran en ellos que el Padre eterno había enviado a su hijo y pudieran creer en el evangelio.

El apóstol Pablo instaba a los receptores de la carta a Los Hebreos dentro de sus deberes cristianos a “Permanecer en el amor fraternal y a no olvidar la hospitalidad” (Hebreos 13:1-2 RVR1960).

Al principio de la comunidad de Jerusalén practicaba la unidad y tenían todas las cosas en común (Hechos 2:1; 4:32-35 RVR 1960), un ejemplo de compañerismo cristiano (koinonía) basada en la Fe en nuestro Señor Jesús, al amor a nuestros hermanos y la esperanza mancomunada de alcanzar las promesas de Dios en la eternidad. 

Koinonía es un concepto teológico que alude a la comunión eclesiástica y a los vínculos que ésta misma genera entre los miembros de la Iglesia y Dios, revelado en Jesucristo y actuante en la historia por medio del Espíritu Santo. La idea central en el griego, es asociación o consorcio, en el griego secular, se usa para expresar una íntima relación entre las personas.

Solo los que son amigos de Jesús alcanzan un verdadero compañerismo cristiano, (Hechos 2:42; 2 Corintios 6:14), la cual se basa en el común conocimiento del contenido del mensaje cristiano (1 Juan 1:3). No puede existir una comunión verdadera entre los domésticos de la fe, sino se ha alcanzado la amistad íntima con Jesús. La cual se hace práctica en la comunión del evangelio de Cristo (Filipenses 1:5), con la presencia, compañía, ayuda y guía del Espíritu Santo (2 Corintios 13:14; Filipenses 2:1). Por lo consiguiente, la Koinonia es lo que liga a los cristianos unos con otros, con Cristo y con Dios.


Jesús es el agente de la comunión íntima con Dios.  El sacrificio de Jesucristo nos devuelve la comunión con el Padre (Colosenses 1:22; Salmo 25:14), nos limpia de todos pecado (1 Juan 1:6-8). La comunión nos lleva al crecimiento pleno (1 Juan 1:3); permanecer en Él nos lleva a una comunión constante y vital (Juan 15:4-6). Dios nos llama a una vida de comunión con El, y con su Hijo (1 Corintios 1:9; 2 Corintios 13:14).


El apóstol Pablo nos exhorta a que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; manteniendo un cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos (Efesios 4;3-6); la unidad descansa en estas verdades doctrinales; para lograr la perfecta unidad, debemos actuar con sabiduría de Dios la cual es “primeramente pura, después pacífica” (Santiago 3:17); además Pablo agrega que debemos seguir la verdad en amor, para tener un cuerpo , bien concertado, unido, cumpliendo cada uno su función y así todo el cuerpo crece y se fortalece por el amor ( Efesios 4:15-16).

La Comunión entre los cristianos se hace realidad cuando compartimos experiencias del devenir del evangelio (1 Pedro 4:13); suplimos las necesidades o practicamos la hospitalidad, somos solidarios con los que sufren (Romanos 12:13; 15:27; Gálatas 6:6). 

Todas estas acciones no llevan a construir la unidad perfecta, debido a que sentimos, padecemos, sufrimos, nos gozamos con los domésticos de la fe; nos hace partícipe de lo divino en la vida de nuestros compañeros de fe; nos hace actuar con generosidad en la debilidad de los miembros del Cuerpo de Cristo; con templanza y mansedumbre en los periodos de crisis de la Iglesia; nos lleva a cultivar el respeto con todos y para todos, porque somos la imagen de Dios y su hijo dio su vida por todos los que han creído en Él.

La unidad perfecta se construye desde el cimiento al negarse a sí mismo para construir el Cuerpo de Cristo, en fe, esperanza y amor entre todos los adoradores de Dios a través de su Hijo amado Jesucristo. Quien no tiene esa capacidad, no ha logrado la madurez cristiana, vive de los rencores pasados, busca las disensiones, los pleitos, camina por los senderos de la ambición personal por abrirse paso en busca de un renombre humano, no la interesa la gloria de Dios sino el reconocimiento y honra humana, aspira sin merecerlo el poder y la autoridad dentro de la asamblea. Personas carnales, que violentan el Evangelio de Cristo con sus actitudes y en forma destemplada se inmiscuyen en la soberanía de Dios, usurpando lo que exclusivamente está reservado para su Hijo primogénito: Jesús.

El profundo deseo del apóstol de los gentiles era: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efesios 4:13)

La unidad perfecta se logra cuando nuestros pensamientos, sentimientos, palabras, actos, puedan reflejar nuestra transformación interior en las vivencias personales y comunitarias al servicio de Dios. Sin las mezquindades que el viejo hombre o mujer nos hace actuar en perjuicio de nuestros hermanos en la fe. No puede haber una genuina y verdadera unidad entre los santos a no ser que sea una unidad ligada a la Palabra de Dios y conducia por el Espiritu Santo.  

Juan Salgado Rioseco

sábado, 18 de febrero de 2017

Integración versus Desintegración en el cristianismo. (Parte II)

Desde el inicio de la formalización del cristianismo sufrió la acomodación de sus normas a las situaciones imperantes y posteriormente la adaptación de sus preceptos a las circunstancias institucionales influenciados por el creciente poder y privilegios que fue adquiriendo en ciertos lugares geográficos, debido a su asociación con el poder temporal, lo que trajo como consecuencia el paulatino abandono de la senda antigua del cristianismo. En este proceso, desde la integración inicial dio paso a la segregación de las minorías y a la paulatina desintegración fruto de la ambición de poder de una elite y la inculturación de la mayoría de los creyentes; este proceso germina por el insuficiente conocimiento de la Palabra de Dios y de liderazgos no idóneos, alejados de la voluntad de Dios, en busca de intereses ajenos a la iglesia.

El Concepto y definición de Desintegración, es separación de las partes o de los elementos que forman un todo, de manera que deja de existir como tal. La Desintegración que nos aflige está afectando de forma terrible a las diferentes comunidades cristiana. La ruptura de la estructura grupal debido a la falta de normas comunes, liderazgo y consenso.

Cabe mencionar, las segregaciones provocadas por las controversias teológicas, el cisma de oriente y occidente; movimientos que desafiaban el poder absolutista de la iglesia y sufrían una gran represión por sus esfuerzos como: los albigenses de Francia (los "puritanos") se oponían a doctrinas romanas (purgatorio, veneración de imágenes, etc.) y sufrieron una matanza a causa de la cruzada en su contra convocada y autorizada por Inocencio III (1208); los valdenses, organizados en 1170 por Pedro Valdo de Francia, predicaban y promovían las Sagradas Escrituras como la suprema autoridad de Dios. Sufrieron una gran persecución de la iglesia, y tuvieron que refugiarse en el norte de Italia; John Wycliffe, de Inglaterra, fomentó una protesta contra el poder absoluto de la Iglesia romana. También tradujo el Nuevo Testamento al inglés (1384). Roma no lo pudo tocar, pero sus sucesores fueron perseguidos hasta su exterminio por los reyes Enrique IV y Enrique V de Inglaterra; Juan Huss (martirizado en 1415), buscó liberarse de la autoridad papal de Roma; Jerónimo Savonarola (siglo XV), monje dominico de la ciudad de Florencia, fue excomulgado, luego condenado y martirizado (ahorcado y quemado 1498) por oponerse a los males sociales y eclesiásticos. (http://www.lavozeterna.org/estudios/brevehistoria.htm)

El siglo XVI trae la reforma protestante, el surgimiento de las diversas y variadas denominaciones religiosas del protestantismo, como la reforma radical, los movimientos de santidad. En los últimos siglos, nuevos movimientos religiosos, marcados por una fuerte heterodoxia en contraposición a la ortodoxia marcada por las religiones originarias, signada la más de las veces por alguna disconformidad respecto de la doctrina fundacional, formando un enjambre de nuevas denominaciones, en desmedro de la mantención dela unidad e integración de la iglesia. Son comunidades “llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error.” (Efesios 4:13 RVR 19060), haciendo caso omiso de las advertencias del apóstol Pablo “y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos…” (Hechos 20:30,31), “Esto lo digo para que nadie os engañe con razonamientos persuasivos…” (Colosenses 2:4-8), “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos;” (2 Timoteo 4:3); sus rogativas “Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. …” (Romanos 16:17,18); sus aprehensiones “Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestras mentes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo…” (2 Corintios 11:3,4).

 Así, puede entenderse la heterodoxia como una "deformación" de la doctrina original o de las normas de una determinada comunidad religiosa. “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos;” (2 Timoteo 4:3); la advertencia de Pedro sigue tan vigente en estos tiempos como para los receptores de su carta  “Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina.…” (2 Pedro 2:1-39).

Está probado que a la decadencia de los pueblos siempre le anteceden fenómenos de moralidad. Científicos de diferentes culturas y épocas lo dicen. Por ejemplo, el historiador británico Arnold Joseph Toynbee, especialista en filosofía de la historia, estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones y en ella descubrió que, de las 21 civilizaciones más notables de la historia, 19 perecieron no por haber sido conquistadas, sino por la decadencia interior.

Estamos siendo desintegrados desde el interior por las falsas doctrinas implantadas por los indoctos de la fe; muchos de nuestros hermanos de fe han abandonado el Evangelio de Cristo a causa de las desviaciones doctrinales de los lideres neófitos que engañan con sus falsas espiritualidades, como esta escrito en las Escrituras  que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, les harán caso a espíritus que mienten y seguirán enseñanzas de demonios. Esas enseñanzas llegan a través de mentirosos quienes con sus palabras falsas engañan a la gente. Ellos no saben la diferencia entre el bien y el mal. Es como si su entendimiento hubiera sido quemado con hierro candente.( 1 Timoteo 4:1-2). Debemos defender la Iglesia de Cristo, no debemos apoyar, aun con nuestro silencio, la ordenación de nadie que no sea hallado fiel a las Escrituras, ni conceder altos puestos a personas que no tienen claros los principios fundamentales de nuestra, no basta de un sueño y una predicción, sino que los lideres deben ser doctos en la Palabra de Dios, teniendo siempre en cuanta el consejo de Pablo a Timoteo "ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren." (1 Timoteo 4:16 PDT). sino velamos por la integridad de la Iglesia y de nuestra denominación, le abriremos la puerta a la apostasía.

Si nos queda alguna salida a la situación que el cristianismo padece; si tenemos todavía algún sentido del deber y de la responsabilidad, no nos queda sino ser fieles a nosotros mismos, e instaurar como podamos los valores eternos que nunca debimos perder. En otras palabras, escuchar la voz de Dios “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16 RVR1960).

Volviendo a utilizar las palabras de Jean Paul Sartre “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, el hombre al creer en Jesucristo, nace libre del pecado, “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14); es responsable ante Dios de su Fe, la responsabilidad involucra el “unos a otros” de las Escrituras. Estamos llamados a exhortarnos unos a otros (Hebreos 10:24-25), orar unos por otros (Santiago 5:16), amarnos unos a otros (Gálatas 5:13; Efesios 4:2; 1 Pedro 1:22), enseñarnos unos a otros (Colosenses 3:16), edificarnos unos a otros (Romanos 15:14; Colosenses 3:16); y no tiene excusas delante del Todopoderoso, “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan Solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1:22 RVR1960).

Juan Salgado Rioseco

miércoles, 15 de febrero de 2017

Integración versus Desintegración en el cristianismo. (Parte I)


No hace mucho en un carnet de una Institución del Estado de Chile leí: “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, (palabras que se atribuyen a Jean Paul Sartre), analizandolas tienen muchas implicancias: sociales, laborales, morales; tiene que ver con la condición, el comportamiento y la honestidad; la honestidad es un valor o cualidad propio de los seres humanos que tiene una estrecha relación con los principios de verdad y justicia y con la integridad moral. La integridad significa intacto, entero, no tocado o no alcanzado por un mal; la integridad es la pureza original y sin contacto o contaminación con un mal o un daño, ya sea físico o moral. Una persona íntegra es alguien en que se puede confiar. El Discípulo de Cristo, es un hombre libre, responsable con su Fe, honesto en su comportamiento, que mantiene su creencia en integridad a pesar de los avatares de la vida.

El discípulo de Cristo, no solo debe tener las cualidades anteriores mencionadas, sino debe integrarse en la comunión de los santos, con el fin de edificarse mutuamente con el propósito de crecer en lo individual como en lo corporativo. La integración de todos los redimidos es un deber ineludible en el cumplimiento de la Comisión Pastoral.

La palabra integración tiene su origen en el concepto latino “integratĭo”. Se trata de la acción y efecto de integrar o integrarse (constituir un todo, completar un todo con las partes que faltaban o hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo). La integración siempre supone el esfuerzo coordinado, la planeación conjunta y la convivencia pacífica entre los sectores que conforman el grupo. Esa es la única forma donde las partes pueden constituir un todo, aún sin perder su individualidad. (http://definicion.de/integracion/).

La integración debe ser el pilar fundamental y la motivación central de todas las actividades de las diferentes comunidades cristianas, en cumplimiento del mandato dado por el Maestro Jesús de Nazaret. Él dijo: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.”, el deseo más íntimo del Maestro, era que guardáramos la unidad, ella se logra a través de la integración plena entre los discípulos de Cristo para lograr el propósito propuesto para su iglesia “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:21-23 RVR1960). Además, Pablo escribió: “ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3.28).

Unidad e Igualdad son los ligamentos de la Integración, en el trabajo mancomunado, en el enriquecimiento de las interrelaciones y en el desarrollo de las intercomunicaciones. Pablo nos dice que debemos esforzarnos “por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). El Espíritu Santo es el gran dador de la unidad. “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya Judíos o Griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Debemos alcanzar el objetivo primario de una genuina integración “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efesios 4:13 RVR1960).

En la Integración se refleja lo que escribió el apóstol de los gentiles: “Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 15:6). El mejor paradigma es la incipiente comunidad de Jerusalén “La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” (Hechos 4:32 RVR1995). La palabra comunidad, tiene su origen en el vocablo latino “communitas”, y es a un grupo de seres humanos que comparten elementos, intereses, propiedades u objetivos en común, tales como el idioma, costumbres, valores, creencias, tareas, visión del mundo, edad, ubicación geográfica, estatus social o roles. “Fiel es Dios, por el cual sea fuisteis Llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo Nuestro Señor.” (1 Corintios 1: 9 RVR1960)


Sin embargo, la realidad es totalmente diferente, desde el génesis de la iglesia de Cristo, el germen de la desunión por razones de etnia y costumbres religiosas, la paulatina desviación de la enseñanza del movimiento galileo original, la adaptación a culturas más avanzadas que la simple cultura Hebrea, la apología de los primeros padres de la iglesia en relación a los peligros externos que las diversas comunidades van enfrentando en su avance al universalismo, fueron mermando la monolítica integración apostólica hasta convertirse en una segregación de comunidades de acuerdo a sus posiciones espirituales o sus enclaves geográficos, en este aspecto la influencia de adquirir poder sobre el resto jugo un papel negativo en la vida de la iglesia universal. 

El comienzo de la desintegración del cristianismo se inició soslayadamente hasta manifestar en plenitud al asociarse con el poder del Imperio romano y desde allí el declive hasta nuestros tiempos.
Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...