jueves, 14 de abril de 2016

La Gran Comisión para la Iglesia de Cristo Jesús. (Parte II)

Una parte de la gran Comisión: “Id, y haced discípulos”, sin discriminación, ni acepción de personas y “Enseñar” lo que Jesús mandó.
 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;” (Mat 28:18-20).
Etimología de algunas palabras:
mathetes (μαθητής), lit.: aprendiz (de manthano, aprender; de una raíz math–, indicativa de pensamiento acompañado de esfuerzo, en ciertos tiempos como saber, estudiar, aprender), de ahí, denota a uno que sigue la enseñanza de uno, como los discípulos de Juan (Mt. 9:14); de los fariseos (Mt. 22:16); de Moisés (Jn. 9:28).
Se usa de los discípulos de Jesús:
a.        en un sentido amplio, de los judíos que vinieron a ser partidarios suyos (Jn. 6:66; Lc. 6:17), algunos de ellos siéndolo en secreto (Jn. 19:38)
b.        de manera especial de los doce apóstoles (Mt.10:1; Lc. 22:11).
c.         de todos los que manifiestan que son sus discípulos permaneciendo en su Palabra (Jn. 8:31; 13:35; 15:8)
d.        en Hechos, de los que creían en Él y confesaban su nombre (Hch. 6:1,2,7; 14:20,22,28; 15:10; 19:1, etc.).
Un discípulo no es meramente uno que aprende, sino un partidario; de ahí que se les mencione como imitadores de su maestro. (Jn. 8:31; 15:8).

¿Qué es discipular?
Es hacer lo que hizo el Señor Jesucristo con sus discípulos, enseñarles la Palabra de Dios, mostrarles cómo aplicarla a sus vidas, pasando tiempo con ellos, preocuparse por lo que están pasando, que debilidades tienen, que problemas están enfrentando, que preguntas, etc.
Un discipulado no es solo un tiempo en el cual se comparte algunas lecciones de la Biblia y después que cada uno viva su vida como pueda, realmente ese no es un discipulado que encontramos en la ordenanza que Cristo nos mandó, un discipulado verdadero es cuando pasamos tiempo con una persona e inviertes tu vida con ella, esto es muy costoso; dedicas tiempo, dinero, decepciones y una gran cantidad de circunstancias, pero al final obtendremos un discípulo que se pueda multiplicar en otra persona.

¿Qué debemos discipular?
“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;” Mateo 28:20.
La palabra enseñándoles, se tradujo del griego “didasco” que significa instruir y enseñar sistemáticamente.
 La palabra guardar, en este versículo, se tradujo del griego “tereo” que tiene, entre otros significados, el de obedecer. También la palabra “tereo” significa “conservar” y tiene la connotación de permanecer en la práctica de una enseñanza.
La ordenanza de Jesús: Él dice “vayan y hagan discípulos, enséñenles sistemáticamente a permanecer, a conservarse firmes en la observancia de los mandamientos establecidos por Dios”.
¿Proceso de DISCIPULAR?
1.             Misión de la Iglesia.             Discipular.
2.             ¿Cuál debe ser la forma?      Enseñando que guarden lo que Jesús enseñó.
3.             ¿Cómo debe hacerse?           Instruyendo en forma sistemática; creando el hábito a la obediencia a Dios; instando a conservar lo transmitido; y permanecer en la Palabra.
Entonces: “Haced discípulos”.
Es dar cumplimiento a uno de los mandatos de la comisión pastoral, es llevar a una persona a un cambio de conducta que refleje la integración de los valores cristianos en la vida cotidiana y la integración a la iglesia como un verdadero adorar y crecer en lo personal en beneficio de la comunidad al cual está integrado; es capacitarlo en el servicio a Dios para poder enviarlo a ejercer al ministerio con los medios necesarios para que actué con idoneidad y eficacia en la labor encomendada.

¿Qué es un Discípulo?
Un discípulo es aquella persona que aprende alguna enseñanza o doctrina de un maestro.
En otras palabras: un discípulo es alguien que se coloca en una actitud de aprender algo de otra persona; es un partidario de su maestro; es aquel que aplica y propaga las enseñanzas de su maestro; de ahí que se les mencione como imitadores de su maestro. (Jn 8:31; 15:8).
Tareas y Objetivos del Discipulado:

1.        Enseñar la Palabra de Dios.
·      Que conozcan las leyes del reino de Dios.
·      Que aprendan los principios morales y éticos de la fe cristiana.
2.        Transmitir las normas bíblicas.
·      Que adopten actitudes y adquieran un carácter de un discípulo de Cristo.
3.        Ayudar al crecimiento espiritual.
·      Que logren la eficacia en el servicio a Cristo y su Iglesia.
Sumario
El mandato de Jesús es preciso, no tan solo “Predicad”, sino “Haced discípulo “, es el deber tanto individual como colectivo, cuando no cumplimos u omitimos la gran comisión delinquimos ante el Señor.
Delinquir, etimológicamente, procede del latín delinquĕre, palabra compuesta “de” “completamente” más “linquere“ “dejar”, con lo que literalmente tendríamos el resultado de “dejar sin hacer”. Si llevamos el término un poco más allá, sin forzarlo, obtendremos que quiere decir “no cumplir con el deber”. La iglesia no está cumpliendo su deber como lo ha ordenado su Maestro.
 Es fundamental que todo cristiano sea bien discipulado, que conozca lo que ha de hacer en su paso por este mundo.
Pablo escribe en 1 Timoteo 6:3-4 “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas…”
El proceso de un discipulado en acción:
1.      EVANGELIZAR                        Convertir.
2.      DISCIPULAR                            Alcanzar la madurez espiritual.
3.      CAPACITAR                             Nuevos Obreros.
4.      ENVIAR                                   Nuevos Ministerios.
Distracción a la gran comisión pastoral:
1.      Falta de responsabilidad pastoral. (Hch. 20:28)
2.      Falta de equipamiento de la Iglesia. (Ef. 4:12)
3.      Falta de administración Pastoral. (1 Co. 4:1-2)
4.      Falta de capacidad Pastoral. (1 Ti. 2:15; 4:1-2)
5.      Falta de preparación Pastoral. (1 Ti. 3:2, 6)
6.      Falta de madurez espiritual. (He. 5:11-14; 1 Co. 14:20)
Hacer discípulos es para el fortalecimiento de la iglesia. Sin producir discípulos de Jesús, una congregación no tiene futuro. Los discípulos, conforme aprenden, se van integrando al servicio de Dios en forma eficiente.
 El propósito fundamental de hacer discípulo es para poder evangelizar con mayor eficacia.
La meta del Discipulado
“El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.” (Lucas 6:40) 

Juan Salgado Rioseco

miércoles, 13 de abril de 2016

La Gran Comisión para la Iglesia de Cristo Jesús. (Parte I)

La misión dado a la iglesia por Jesucristo se encuentra en el Evangelio de Mateo 28:18-20, que es el motivo de ser del Cuerpo de Cristo. Jesús les dijo: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Así que vayan y hagan seguidores en todas las naciones. Bauticenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que yo les he mandado. Tengan presente que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” (PDT).
Un Cuerpo de Cristo que tiene madurez espiritual, debe tener siempre presente la “misión” dada por Jesús, transmitir en la forma más fidedigna el “mensaje del reino”, equipar a los discípulos para responder a ese mandato y hacer realidad los propósitos de Dios con la humanidad. God provides the vision and then commits the direction of the church to the pastor and elders of the church.
Definición etimológica.
Comisión (gr. G2011 ἐπιτροπή  epítrope) poder pleno-comisión, el término denota dar (a alguien), delegar en alguien (epi , sobre; trepo, volver), y por ello comisionar con plenos poderes.
Apóstol se traduce del idioma griego “apostolos”, y significa uno que es enviado y mensajero. Además, se traduce del vocablo griego “apostello” que significa enviar para un servicio o una comisión, denota la idea: Comisionar, separar para un servicio especial, enviar un mensaje por medio de alguien o con una misión; equipar y mandar a alguien con el respaldo completo y la autoridad de quien lo envía.
La autoridad de la persona enviada es la de la persona que envía. Así, cuando Pablo hablaba o actuaba como apóstol de Cristo lo hacía con la autoridad de Cristo (2 Co. 10:8).
Definiciones de algunas palabras relacionadas:
           Comisión, del griego “epitropé”, Delegar en alguien; comisionar con plenos poderes.
            Enviado, del griego “apostello”, enviar para un servicio o una comisión; separar para un servicio especial; enviar un mensaje por medio de alguien o con una misión; equipar y mandar a alguien con el respaldo completo y la autoridad de quien lo envía.
           Enviar, del griego “pempo”, es el término general e incluso puede implicar el acompañamiento (como cuando, enviado por Dios); se usa principalmente con referencia a “embajadores o mensajeros” con un mandato temporal.

La Gran Comisión
“Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”. (Juan 17:18)
“Como me envió el Padre, así también yo os envío”. (Juan 20:21).
La comisión dada a los discípulos para que llevaran a cabo la misión de Cristo es lo que hizo de ellos “embajadores o mensajeros”. El deber de todo discípulo de Jesús, investido con la misma autoridad a través del Espíritu Santo, es cumplir cabalmente lo ordenado hasta la consumación de los siglos.
Nota explicativa:
“os envío “: πέμπω pémpo, (G3992); se usa principalmente con referencia a “embajadores o mensajeros” con un mandato temporal; incluye una referencia a los equipos y sugiere el envío de oficiales o autorizados. Es diferente al utilizado para decir “me envió” “apóstolo”, (G649), también utilizado en Jn. 17:18, enviar para servicio, o con una misión.
Nota: Las citas de las palabras griegas son del Dicc. Strong.

El Mandato Bíblico
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;”  (Mateo 28:19-20).
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Marcos 16:15 (es parte de la doxología larga, aunque se puede sostener con el pasaje 13:10)
El ejemplo como hacerlo:
«Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis».      (Juan 13:15).
La gran comisión, es la que determina la labor de la Iglesia de Cristo en cumplimiento a la orden dada por Jesús, en el área de la evangelización y la enseñanza.

La Comisión de la Iglesia
1.        EL Mandato salió de Jesús, que es la cabeza de la Iglesia.
2.        La Iglesia fue comisionada para: “Predicar el Evangelio” y “Hacer Discípulo”.
3.        La Misión de la Iglesia: “Proclamar el Mensaje del Reino de Dios” y “Enseñar que guarden lo que Jesús ordenó”.
Lo que significa el término: “Evangelio”
La palabra evangelio en castellano, proviene del latín, evangelĭum, y que a su vez se origina del vocablo griego, evangelion (εὐαγγέλιον), que significa “buenas nuevas” o “predicar buenas nuevas”. De igual forma la palabra reino, simplemente significa “gobierno”.
Por tanto: es correcto decir que Cristo predicó “las buenas nuevas del gobierno de Dios”.
Significado de algunas palabras relacionadas:
·         Kerux. Heraldo (relacionado con kerusso, y con kerugma, “proclamar como un heraldo” (como una proclamación real). Se utiliza del predicador del evangelio (1Ti. 2:7; 2Ti.1:11). Indica al predicador dando una proclamación.
·         Euangelistes – euangellion. Señala a su mensaje como buenas nuevas.
·         Apostellos. Sugiere su relación con aquel por quien es enviado.

Jesús: El Mensaje del Reino.
           Inició su ministerio predicando el mensaje del Reino (Mateo 4:17).
           Recorrió toda Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino. (Mateo 4:23; Lc. 8:1)
           Enseño comparando la venida del Reino de Dios con situaciones comunes de la vida diaria en las Parábolas.
 Comisión de Jesús con respecto a la Predicación.
           Lucas registró que Jesucristo comisionó a sus discípulos a predicar el mensaje del reino:
a. A los doce (Lc. 9:1-2).
b. A los setenta (Lc. 10:1, 9).
           Este mensaje tuvo prioridad en la mente de Jesús después de su resurrección.  (Hechos 1:3).
Comisionó a los Hombres a predicar el Reino de Dios.
           Jesús instó a los hombres a buscar el reino de Dios. (Mateo 6:33)
           Jesús ordenó a predicar el reino de Dios” (Lucas 9:60).
           Jesús puso tiempo a la predicación: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. (Mt. 24:14)

La Iglesia del siglo Primero, cumplió con el mandato dado por Jesús.
La Iglesia de Jerusalén.
           Los Apóstoles predicaron en todas partes.  (Marcos 16:20).
           Predicación del evangelio del reino de Dios en Samaria por Felipe el diacono. (Hechos 8:12).
El apóstol Pablo.
           Predicó el Reino (Hechos 20:24-25; 28:23, 30-31).
           Enseñó que Jesús regresaría como rey para establecer el Reino de Dios.  (Hechos 17:6-8).
La Iglesia gentil.
           Santiago, hermano de Jesús, predico que el Reino de Dios es la meta de la vida cristiana. (Santiago 2:5).
           El Reino de Dios la meta de los primeros cristianos. (Hebreos 12:28).
Significado de la palabra Reino = “Basileia”
·           En su expresión concreta, “basileia” quiere decir “domino”, “territorio”, “reino”, o “el pueblo sobre el cual gobierna el rey.”
·           En su expresión abstracta denota “soberanía” y “poder real”.
·           En términos concretos “baseileia” denota un nuevo orden, material y social, que será establecido mediante Cristo.
·           Abstractamente podría denotar el reino de Cristo “en el corazón de los creyentes” mediante la vida, muerte y resurrección de su rey Jesucristo.

El Reino de los Cielos en los evangelios
Una fuente de consulta dice lo siguiente acerca del Reino de Dios: La palabra “reino” aparece aproximadamente 55 veces en Mateo, 20 veces en Marcos, 46 veces en Lucas y cinco veces en Juan. Cuando tomamos en cuenta el uso de la palabra en referencia a reinos seculares y la repetición de los dichos de Jesús en pasajes paralelos, la frase “reino de Dios” y expresiones equivalentes (p. ej. “reino de los cielos”, “su reino”) aparecen aproximadamente 80 veces.
Estas estadísticas subrayan la gran importancia del concepto en las enseñanzas de Jesús. No cabe duda, pues, que la frase “el reino de Dios” expresa el tema principal de su enseñanza”.  [“Enciclopedia Bíblica ilustrada de Zondervan”]
Para Jesús, recibir la salvación era lo mismo que entrar en el reino (Mateo 19:16, 23-24) y explicó la pérdida de la salvación en términos de ser excluido del reino (Lucas13:28).
Al mensaje de salvación se le llama “la palabra del reino”. (Mateo 13:19).
También se nos dice que quien no reciba esa palabra como un niño, no podrá entrar en el reino. (Marcos 10:15)
La meta del cristiano es “buscar primeramente el reino de Dios”. (Mateo 6:33). 
A los justos se les llama “los hijos del reino”. (Mateo 13:38). 
El tema de muchas de las parábolas de Jesús es el Reino de Dios. (vv. 44-45, 47).

Particularidad de la Predicación en la gran Comisión entregada a la Iglesia.
1.        ¿Cuál es el MENSAJE?              El Reino de los Cielos.
2.        ¿Cuál es su EXTENSIÓN?         A todas las naciones, a toda criatura.
3.        ¿Cuál es el TIEMPO?                 El fin después que se haya alcanzado a todo el mundo.
4.        ¿Cuál es el PROPÓSITO?          Para testimonio de las naciones.
5.        ¿Cuál es el OBJETIVO?             Para el que crea, sea salvo.

6.        ¿Cuál debe ser el FRUTO?         Haced Discípulos de Jesucristo. 

Juan Salgado Rioseco

domingo, 20 de marzo de 2016

La iglesia ha sido intervenida por los religiosos carnales.


“Y todo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,” (Efesios 1:22, LBLA).
 “y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.” (1 Corintios 3:23, LBLA).
 “sino que, hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo,” (Efesios 4:15, LBLA).
“y habéis sido hechos completos en El, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad; …” (Colosenses 2:10, 19, LBLA).
“Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.” (1 Corintios 11:3, LBLA).
La Palabra de Dios nos enseña que Jesús, “el Cristo”, es la autoridad máxima de la congregación de Dios en la tierra, no hay autoridad terrenal que este al mismo nivel y menos superior a la autoridad de Jesucristo, “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” (Mt. 28:18) y “nadie puede colocar otro fundamento además del que está colocado, el cual es Jesucristo.” (1 Co. 3:11), el Todopoderoso en su voluntad y soberanía “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Flp. 2:9-11). En las horas más amargas Jesús “Retirándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa.  Pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (Mt. 26:39, Peshitta). El mismo lo enseñó “Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió.” (Jn. 6:38 NVI). La soberanía de Dios representa la capacidad de poner en práctica su santa voluntad o supremacía. Es deber de todo adorador en espíritu y en verdad someterse a la voluntad del Creador y acatar la soberanía del Todopoderoso y Eterno.
En las Escrituras leemos “Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos.” (Mt. 22:14 RVG), este texto nos da a entender que existe tres grupos de personas a los ojos de Dios: los no llamados, los llamados y de estos los escogidos. En los escritos del apóstol Pablo encontramos estos tres grupos identificados como: el hombre natural (1 Co. 2:14), el hombre carnal (1 Co. 3:1) y el hombre espiritual (1 Co. 2:15).
El hombre natural vive de acuerdo con lo natural. Su intelecto y sus emociones lo gobiernan, es inconverso. No percibe las cosas del Espíritu de Dios; porque le son insensatez; ni las puede conocer, por cuanto se disciernen espiritualmente. El “hombre natural” es completamente incapaz para entender las cosas reveladas, porque no ha recibido al Espíritu que es de Dios. Jesús dijo, "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn. 3:3).
La frase "hombre carnal" fue usada por primera vez en el texto bíblico de 1 Co. 3:1, se refiere a cristianos que no han crecido espiritualmente, o personas inmaduras espirituales, o sea, un hombre carnal es un niño en las cosas espirituales, propenso a cometer errores. El cristiano carnal es uno que no ha nacido en el Espíritu, está dominado aun por los deseos de la carne, vive de acuerdo a la vieja naturaleza, no obedece a la voluntad de Dios, no crece espiritualmente, no madura y no se puede cuidar a sí mismo, por lo tanto, no puede agradar a Dios, (Romanos 8). No sabe distinguir entre el bien y el mal, se guía más por las intenciones del hombre natural, dejando a un lado las cosas espirituales.
Un corazón no transformado y una vida de carnalidad llevará a los hombres o mujeres al infierno. “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Ef. 5:6).  La carnalidad del hombre no es removida por medio de la conversión, debe ser removida por medio de la obra de santificación, Pablo dice, "pues la voluntad de Dios es vuestra santificación" (1 Ts. 4:3). El hombre o mujer carnal esta siempre en conflicto con la Voluntad de Dios (Gá. 5:17, Ro. 8:7); es la fuente del pecado (Jer. 17:9, Mr. 7:21-23); se desvía constantemente de Dios (Jer. 8:4-5); siempre está al borde de lo prohibido (Ro. 7:5-8, 14-25).
El hombre o la mujer espiritual crucifica continuamente los deseos de la carne, ha recibo al Espíritu Santo y está viviendo bajo su dirección, es un ser espiritual, lo discierne todo, anda en el Espíritu, todo lo hace bajo el control del Espíritu, busca la perfección en el diario vivir y va alcanzando la madurez a medida que su amor por Dios crece hasta lograr la aprobación de Dios. Se esmera en agradar al Eterno y Soberano, se esfuerza vivir conforme al corazón de Dios.
Casi al termino del sermón del monte, Jesús dijo lo siguiente “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mt. 7:21-23).
En las palabras de Jesús, podemos notar, que existen dos clases de creyentes en el interior del Cuerpo de Cristo: los que HACEN LA VOLUNTAD DEL PADRE, son los que por esencia hacen de la obediencia su norma de vida y los que se GUIAN POR SU PROPIA VOLUNTAD, son aquellos que acomodan los ritos o prácticas religiosas a sus intereses personales.
Este segundo grupo, por sus manifestaciones son los que tienen cierta notoriedad entre los neófitos de la fe o los incautos, debido a que encandilan a estos últimos por la falta de experiencia en cuanto al discernimiento entre el bien y el mal; manipulan los sentimientos de las personas que buscan solucionar una crítica necesidad, estas personas desvalidas son atraídas por una falsa expectativa de fe y la mantienen en una burbuja del falso espiritualismo. Este tipo de personas se han minimizado en el interior del Cuerpo de Cristo para satisfacer sus propias concupiscencias o deseos de la carne, y sacar ganancias personales de acuerdos a sus intereses que van desde el poder autoritarista a la usura económica, desde subyugación de las personas al culto céntrico de su persona; Se visten de religiosidad, aparentan piedad, sin embargo, son lobos rapaces que hurtan, dañan y dividen el Cuerpo de Cristo. Todas estas obras, son hechas por los “hacedores de maldad”.
Con sus obras descreditan la Iglesia de Dios en Cristo Jesús en la tierra y no permiten que el mundo crea en el verdadero Mensaje de Jesús, más que servidores de Dios son discípulos de satanás. 
Teniendo en cuenta esta realidad de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, el hombre carnal ha intervenido la soberanía de Dios en los asuntos de la Iglesia, relegándolo a asuntos secundarios, posicionándolo en un segundo plano; se deleitan en hacer su propia voluntad, imponiendo su irritante autoritarismo humanista a conveniencia propia; distorsionan el Mensaje de Jesús por las migajas del relativismo moral imperante; acomodan los principios primarios de la enseñanza del Maestro de Galilea por la liviandad de un espiritualismo sin fundamento, que satisface el exterior de los que acuden a ellos pero nunca solucionan los problemas interiores del hombre o mujer; han farandulizado los cultos de adoración, con reuniones que solo embrollan, con la que se pretende engañar o confundir a los que están buscando con corazones confundidos y contritos a Dios; se han vueltos activistas o simples proveedores religiosos, terminan disfrazando la verdadera misión y propósito de la iglesia con acciones individuales o una institucionales de manera cotidiana, como parte de sus obligaciones, tareas o funciones que su final es desviar a los adoradores del centro de su fe que es Cristo.
Son expertos para imponer dogmas sectarista y hábitos seculares con ropaje de religiosidad que van corroyendo los principios fundamentales de la fe en Cristo; se han instalado cómodamente, han convertido los dones espirituales en una trata comercial, han olvidado que para prosperar en la Iglesia de Cristo, primero hay que negarse a sí mismo y segundo hay que tener un espíritu de servir antes de ser servido; omiten o se olvidan de la enseñanza suprema del Maestro Jesús “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” (Jn. 13:14-17).
No olvidemos que Dios, está buscando personas que tengan las mismas cualidades que Él halló en David, hombres y mujeres “conforme a su corazón” (1 Sa. 13:14), “Porque los ojos de Dios contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.” (2 Cr. 16:9).

La iglesia de Dios, en Cristo Jesús, debe cumplir imperiosamente la voluntad del Padre que está en los cielos, Él ha establecido que la única cabeza de su iglesia es Cristo Jesús (Ef. 1:22), además, El mismo “y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia.” (Jer 3:15), para que las apacienten, no teman, ni se amedrenten, ni sean menoscabadas (Jer, 23:4). El hombre nunca debe olvidar que es un simple colaborador de Dios y los miembros de cada iglesia local “labranzas de Dios, edificio de Dios”. (1 Co. 3:9); por lo tanto, “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.” (1 Co 4:2). El deber del genuino servidor de Dios es “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pe. 5:2-4). 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Los Nombres de Dios




La creencia en Dios se encuentra arraigada en la fe de las personas y en el conocimiento que estas tienen de la naturaleza de la Deidad, su confianza y seguridad radica en el grado de intervención divina que tiene el creyente en forma personal, real y activa. Cuando una o parte de ellas sufren algún grado de debilitamiento por la falta de equilibrio, ya sea intelectual o espiritual, las consecuencias son impredecibles. Es por eso, que el creyente actual debe afianzar su fe plena en el Supremo Hacedor, para eso, debe percibir como Él se manifiesta a los suyos, o como se ha revelado a lo largo del tiempo y de la historia, uno de estos caminos es el pleno conocimiento de quien es realmente nuestro Dios, su esencia, su naturaleza, hasta donde puede intervenir en nuestros asuntos personales, ¿que pronto acude a nuestra ayuda?, ¿hasta dónde puede llegar esa ayuda?

Posiblemente este conocimiento no sea pleno, puede estar limitado por nuestra capacidad de entender la verdadera esencia de Dios o extremar ciertos atributos en desmedro de otros, o tomar un camino que no sea el más correcto o influenciado por nuestra razón. Uno de los caminos seguros que podemos conocer a Dios, es como se ha revelado a los hombres en el transcurso del tiempo, una de esas revelaciones es el conocimiento de su nombre en diferentes circunstancias, en la antigüedad los nombres reflejaban las características especiales que rodean a las personas.

Para el judío, el nombre de una persona representaba su carácter o describía su naturaleza. Por esto con frecuencia encontramos que se utilizan nombres o títulos para Dios, luego de un acontecimiento en que un personaje bíblico experimentara a Dios. Conocer a Dios por su nombre exigía que la persona experimentara su presencia. Los nombres, títulos, y descripciones bíblicas de Dios son indicativos de la manera en que los hombres y mujeres de la Biblia llegaron a conocerlo personalmente. Las Escrituras constituyen un registro de la revelación de Dios al hombre. Cada uno de los muchos nombres dados a Dios es parte de esa revelación.

La mente humana debe estar plenamente convencida del pensamiento de un ser transcendente, sobrehumanamente fuerte y con vida inagotable en sí mismo, de quien depende todo lo que no es Él mismo. Que tenga preeminencia, supremacía y soberanía absoluta, que sea lo más alto de todos o exaltado, que tenga majestad, poder infinito y excelencia, estas descripciones son difíciles de encontrar, todo esto está presente en los nombres que el pueblo Hebreo dio a la Deidad: El, Eloah, y Elohim (Gn. 14:18; Gn 46; Gn 14.22). Además, es un ser viviente (El Hai, Jos. 3:10), eterno o perdurable (El Olam, Gn 21.33), todopoderoso y omnipotente (El Shadai, Gn 17.1), que reina sobre todo lo que está fuera de Él (Adonai, Ex 3.14, Jos 5.14,).

Tiene el poder relacionarse íntimamente a través de un pacto personal, para poderlo invocar, con el propósito de buscar su bien (Yahvéh). Este nombre lleva el pensamiento de un compromiso maravilloso, de una mente bondadosa y paciente, aunque también imponentemente severo con el pueblo que ha escogido por el ser que se sostiene por si mismo, que fue representado en la Teofonía de la zarza ardiente en el monte de Horeb a Moisés. Es el nombre personal e íntimo de Dios, con el cual su pueblo debía invocarlo como el Señor que había hecho el pacto con ellos.

En Yahvéh encontramos a la vez la afirmación metafísica del ser eternamente presente (Yo soy el que soy), que esta en el origen y al final de toda existencia, Dios único incomparable, sin limitaciones, y la afirmación moral y espiritual de la fidelidad divina. El nombre de Yahvéh, revela con mayor fuerza su propia esencia, es el inicio, la fuente y la consumación de toda la vida, ya sea viva o inerte, en el primer cielo terrenal, o en el segundo cielo sideral, o en el tercer cielo donde se encuentra la presencia del Hacedor.

A través de combinaciones con el nombre Yahvéh, podemos revelar su personalidad y algunos aspectos importantes de su naturaleza y de su vínculo con la humanidad, describiendo la riqueza con Dios con que se muestra a su pueblo.

Muchos creyentes representan a nuestro Dios, como un Anciano de días, (Dn. 7:9), es un hebraísmo con el que se designa a una persona de edad y aspectos venerables, se refiere a Dios, como el Juez universal que va a juzgar los reinos de este mundo. Jeremías confiaba plenamente en la justicia divina, Yahvé Tsid`kenu (Jer. 23:6), (Él Señor es nuestra justicia), nombre que revela que se le imputa Dios justicia personal al suplir nuestras obligaciones y requerimientos personales para con el mismo.

Además, es el Qedhosh (Is. 1:4; 5:19), (El Santo), significa tanto la trascendencia del Ser supremo sobre la relación especial con su pueblo. Exalta su majestad, bondad y poder infinitos, que esta por encima de todo lo creado. Dentro se su santidad, nuestro Dios es celoso con los suyos (Qanna), (Ex. 34:14), indicando el intenso amor del Señor hacia su pueblo, no tolera una lealtad a medias, ni rivalidad de otros dioses u objetos de culto, (Ex.20:5), nos indica que debemos amarle y servirle de todo corazón, sin ambigüedades.

Debido a que nos santifica, Yahvé mkaddishkim (El Señor que os santifica), interviene en la purificación personal. Este nombre indica el aspecto subjetivo de Su obra salvadora o redentora. Él es el Dios de aquellos a quienes salva, los separa del pecado y los guarda para sí, a través de Jesucristo.

El desea estar presente en nuestra vida constantemente, Yahvé shama (Ez. 48:35), (El Señor esta presente), revela presencia personal "Él está presente" morando en medio de Su pueblo esto es la garantía de que todas las promesas del Señor y los anhelos de su pueblo serán cumplidas plenamente.

Dios está pendiente de los que nos sucede, solo debemos crear la necesidad que nos ve, para que pueda acudir a nuestra ayuda La esclava Agar al huir de la casa de Abraham fue encontrada por el ángel de Jehová, recibiendo la promesa de un hijo y numerosa descendencia, ocasión para conocer a Dios como EL Roi (Gn. 16:13), (Dios que [me] ve), significa que Dios ve la aflicción de sus criaturas y actúa para ayudarlas.
El Señor proveerá (Yahvé Yiréh), se presenta como la provisión que Dios da a los suyos, se encuentra reflejado en el sacrificio que Abraham hace a Dios teniendo a Isaac como el cordero del holocausto. La confianza del anciano patriarca estaba en Yahvé, la ver la mano de Dios proveer un sustituto, llamó aquel lugar Yahvé Yiréh, "Jehová proveerá" (Gn. 22:14). Siglos después la provisión de Dios se volvería manifestar infinitamente mayor: el de Jesucristo quien es el sustituto sacrifical para todo "aquel que crea". Este nombre representa la promesa a través de los siglos de los creyentes, que él "suplirá todo lo que os falta conformes a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Fil. 4:19).
El salmista David confió en un nombre divino que nos habla de confianza y amor al corazón de todo creyente, Yahvé raah (Sal. 23:1), (Jehová es mi pastor), nos revela guía, protección y bondad de corazón. La figura del pastor del antiguo Oriente medio sirve para simbolizar que Dios es nuestro guía, nos alimenta, nos defiende, cuida, sana, adiestra, corrige, y está dispuesto a morir en el intento, si es necesario, como Cristo en la cruz. Las debilidades humanas nos llevan a situaciones muchas veces incomprensibles tanto espirituales como físicas, en el desierto Dios reveló como Yahvé Rofka (Ex:15:26), (El Señor tu sanador) de los que le escuchen y obedezcan, es el preservador personal que tienen los creyentes fieles a Dios. Yahvé Shalom (Jue. 6:24), (El Señor de paz), nos revela un Dios como dador de paz personal, incluye aspectos de seguridad, concordia, prosperidad, bienestar y vida vivida en plenitud.
Yahvé Sebaot (Jehová de los ejércitos), (Is. 54:5; Os. 12:6), es la soberanía plena de Dios, ya sea en el cosmos, como en su reino invisible o visible, el control personal sobre todos los poderes en el universo. Es el sinónimo de Creador Todopoderoso, de dominador Supremo, de Dueño de todo el cosmos.
 Nuestro Dios es fuerte o poderoso, Ebhir, (Gn. 49:24; Sal. 132:2,5), como lo experimento el pueblo de Israel o de Jacob, también El Gibbor (Is. 9:6; 32:18; 42:13), debido que tiene un poder militar ilimitado (Sal. 24:8). Es el Tsur (roca), de su pueblo, sugiere el rol de Dios como protector de su pueblo.
Cuando los creyentes necesitan su líder fuerte que les ayude a afrontar los difíciles momentos para poder afrontar las severas luchas espirituales, ahí está el líder celestial con su estandarte para dirigir a los suyos, Yahvé Nisi (El Señor es mi estandarte o bandera), (Ex. 17:15).
Las Sagradas Escrituras en el Antiguo Testamento, añade ciertos título o sustitutivos del nombre de Dios, nos presenta como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Ex 3.6), Dios de dioses (Dt 10.17), Dios de Israel (Ex 5.1), el Altísimo (Gn 14.18), el Creador (Sal 115.15), el Señor (Gn 2.4; 3.15), Juez (Sal 7.11), Libertador (Is 63.16), Padre (Is 63.16), Protector (Sal 18.2), Rey (Sal 24.7–10), Salvador (Sal 24.5), Santo de Israel (Sal 71.22), Todopoderoso (Gn 17.1; Sal 24.10). Y además le agrega ciertos calificativos: Celoso (Ex 20.5), Compasivo (Ex 34.6), Eterno (Is 40.28), Fiel (que cumple su palabra), (Dt 7.9), Invisible, Justo, Poderoso, Que todo lo conoce, Santo, Único, Viviente.
Las Sagradas Escrituras en el Nuevo Testamento le da los siguientes títulos característicos o sustitutivos a Dios: Altísimo, Juez, Padre, Poder, Rey, Salvador, Santo, Señor. También utiliza algunos calificativos como: Bueno, Eterno, Fiel (digno de confianza), Grande, Invisible Sabio.             
Existen otras maneras de conocer a Dios dentro de su Palabra como: Dios es amor, Dios es espíritu, Dios es fuego consumidor, Dios es luz. Como vemos, las formas de conocer, sentir a Dios son variadas, a través de como se ha revelado a lo largo del tiempo podemos sentir su personalidad, su carácter, su naturaleza y su vinculo con los hombres.

Los nombres de Dios en las Escrituras revelan algo de su naturaleza, su accionar o su carácter. Por iniciativa de Dios llegamos a conocerlo por experiencia a medida que él se revela. Una de las maneras de adorarlo es alabarlo y honrarlo reconociendo sus nombres.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 29 de febrero de 2016

La socialización del Cristianismo (Parte I)


La Socialización es el proceso mediante el cual las personas aprenden e internalizan las normas y los valores que priman en la sociedad en la cual viven y los que hacen lo propio en la cultura específica que la misma ostenta. También se puede entenderla como el proceso de concientización que realiza el individuo acerca de la estructura social en la cual está inserto.
La Socialización, también designada como sociabilización es factible gracias a la acción de los conocidos como agentes sociales, que no son otros que las instituciones y las personas representativas que disponen de la capacidad especial de transmitir los elementos culturales apropiados. Entre estos agentes socializadores se destacan en primera instancia la familia y la escuela, aunque claro, no son los únicos, pero sí los que tienen un primero y formal rol de ejercer la socialización.
Después de definir el concepto de sociabilización, y la acción de los agentes sociales involucrados, podemos decir que la Iglesia de Cristo es un agente social con un rol importante en la socialización, con sus enseñanzas, dogmas y normas que guían a sus miembros a una participación diferente al común social de la cultura imperante o de la sociedad en la cual está inserto, además como agente de la evangelización de acuerdo al mandato recibido de su Maestro Jesús de Nazaret.
El cristianismo tiene un paradigma distinto e ineludible: Jesucristo y sus enseñanzas. Omitirlas seria extraviarse del camino por quien es señalado como la cabeza de la Iglesia: Jesús Cristo. (Juan 14:6). El propio Dios declaró a Moisés: “No se desvíen ni a la derecha ni a la izquierda. Sigan por el camino que el Señor su Dios les ha trazado, para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer” (Dt. 5:32,33).
En primer lugar, la sociabilización en el interior de la Iglesia es la Koinonia que manifiesta en todo su esplendor en el amor a Dios y en forma transversal a los hermanos de Fe dentro de la comunidad; la Koinonia como concepto teológico alude a la comunión eclesial y a los vínculos que ésta misma genera entre los miembros de la Iglesia y Dios, revelado en Jesucristo y actuante en la historia por medio del Espíritu Santo. La Koinonía, como tal, es un término propio de la doctrina cristiana para designar la participación de una misma fe y la comunión a que están sujetos todos los miembros de la cristiandad, manifestado en la camaradería y el compartir, todo dentro de los valores éticos y morales que impone ser un adorador de Dios en espíritu y verdad.
Las bases cristológicas: “Algo les digo también: si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en el cielo se la concederá. Pues allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18.19-20), la sociabilización de la iglesia está dada por el amor, el compartir, la armonía, la solidaridad, y todo aquello que tenga injerencia en la unidad del cuerpo de Cristo. Un ambiente deseable es describirlo como el salmista escribió “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1, Reina Valera Gómez)
En otras palabras, la sociabilización cristiana es la transmisión de la fe de Jesucristo, sus enseñanzas, dentro de la voluntad de Dios que se encuentra escrita en la Biblia, con el propósito de lograr la transformación de la persona en un ser espiritual que capte la voz de Dios desde su interior y se evidencie en su forma de vida en forma integral, con la capacidad de discernir entre el bien y el mal. Pero esta situación ideal de sociabilización en la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, ha sido truncada por las actitudes y formas de vida que han optado un gran porcentaje de los cristianos en especial desde los últimos siglos del segundo milenio.
Los factores que más han incididos entre otros:
1.             la evolución social económica de sus miembros, lo que ha conllevado a que las generaciones precederás tomen caminos bifurcados de fe.
2.             la adaptación a las costumbres imperantes por los quiebres o crisis de fe de los agentes transmisores primarios, lo que ha provocado el alejamiento de la fe esencial cristiana, en especial de las mujeres, hacia una fe sincrética o wicca, basada en un conjunto de diversas creencias paganas y prácticas de la secularización.
3.             la socialización laicista de la familia, adaptándose a la secularización  ideológica humanista.
4.             la estandarización del sistema educacional imperante o impuesto por el aparataje estatal notoriamente contrario a los valores profesantes del cristianismo primario.
5.             la institucionalización dogmática de las estructuras organizativas de las diversas Iglesia lo que ha traído consigo o el fundamentalismo religioso, o el liberalismo pragmático, lo que ha provocado una multiplicidad de tendencias, con un punto en común, una “cultura de la ausencia de Dios.
6.             la influencia de la “cultura humanista” dentro las generaciones actuales,  ha provocado que la sociabilización de los jóvenes este centrada en el hombre, trayendo consigo el individualismo, el personalismo, con todas las alteraciones que trae consigo el antropocentrismo.
7.             la escasez de los agentes pastorales conforme al corazón de Dios, lo que ha producido una desorientación espiritual y la descristianización primaria de la membresías, por lo consiguiente un aumento de los cristianos nominales, sin compromiso con el cuerpo de Cristo y sin vocación espiritual  para servir a Dios conforme a su voluntad. La escasez de las vocaciones pastorales no es sino un reflejo de la descristianización de las congregaciones.
Todos los factores enunciados y otros han provocado la ruptura de la sociabilización cristiana, dando lugar  a una aridez espiritual o en un comportamiento de disentimiento corrosivo, provocados por la acción de algunos errores doctrinales y prácticos, no suficientemente neutralizados por el liderazgo pastoral, debido a la falta de capacidad pastoral o de discernimiento espiritual.

Juan Salgado Rioseco.

lunes, 1 de febrero de 2016

SER SOLIDARIO CON GENEROSIDAD CRISTIANA

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.” (Mateo 7:12). 

“Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. (Lucas 10:29-37) 

“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:40-45).

La solidaridad, es adhesión  o apoyo incondicional a causas o interese ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles; la palabra “solidaridad” evoca siempre el vínculo de asistencia recíproca en la necesidad, que une las personas entre ellas; también evoca los vínculos afectivos y morales que unen a una comunidad que pertenecemos. La solidaridad es sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda, protección, que cuando persigue una causa justo cambia el mundo, lo hace mejor, más habitable y más digno.
Para los cristianos significa, la ayuda en todos los campos: espiritual, pastoral, material, humano, cultural, especialmente en los momentos de necesidad y de dificultad.
Aunque el término de solidaridad no aparece en la Biblia, sin embargo está incluida en la palabra griega “ágape”.
La solidaridad es una exigencia que brota del amor de Dios (1 Juan 3:16-18; 4:19-21); es poner al servicio de los demás los dones recibidos (1 Pedro 4:10-11); es ayudarse mutuamente (Gálatas 6:2); ser solidarios con los demás es ser solidario con Cristo mismo (Mateo 25:40-45);  es esencialmente con los más necesitados (Marcos 10:44; Lucas 4:18; 1 Corintios 9:22; 2 Corintios 9:7-9); el Señor Jesús nos ha dado el ejemplo como ser solidario (Marcos 10:45; Juan 13:13.14).


La verdadera solidaridad es ayudar a alguien sin recibir nada a cambio y sin que nadie se entere. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado. La solidaridad se mueve solo por la convicción de justicia e igualdad.


En el libro de Santiago nos dice “La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.” (1:27 LBLA.), los integrantes de las diversas comunidades religiosas están cada vez menos interesada de las situaciones difíciles de sus hermanos en la fe y menos del prójimo en general; estamos viviendo un individualismo exacerbado por el consumismo y el ansia de poseer bienes de consumo de acuerdo a la moda imperante.
La vida cristiana es fe que se expresa en lo concreto, en lo real, y no de abstracciones o quimeras.
La solidaridad es una manera concreta de vivir el amor al que apunta la fe. No se trata de un sentimiento superficial por los males que aquejan a muchas personas, ni de una mera compasión, puramente exterior, sino es la expresión externa del amor de Dios que se cobija en nuestro corazón, produciendo el ineludible acto de solidaridad (amor ágape o fraternal) con el desposeído o el carente de las necesidades primarias de la sobrevivencia humana.
El amor fraternal de los verdaderos “discípulos de Cristo”, mueve a la eficaz acción solidaria, no solo voluntaria, sino exigida por las enseñanzas del propio Maestro Jesús “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” (Mateo 25:35-36 LBLA.).
Jesús nos enseña cómo ser solidario a través de la parábola del “Buen Samaritano” (Lucas 10:29-37), que es la evidencia de amar como Jesús, en cumplimiento del mandato “os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (Juan 13:34).
El Señor Jesús, es el paradigma para ser solidario, durante su ministerio terrenal, tuvo una gran preocupación de los enfermos (Mateo 14:14; 20:33-34; Marcos 1:40-42); se compadecía de las multitudes y les enseñaba (Marcos 6:34), además les daba de comer (Marcos. 8:2-8), que gran modelo tienen los que sirven a Jesús en espíritu y en verdad.
El fundamento de la solidaridad es la comunión (1 Corintios 12:25-27; Romanos. 14:7). La vivencia de la solidaridad no debe convertirse en una exigencia propia de circunstancias extraordinarias. La solidaridad comienza allí, en lo cotidiano, en las acciones ordinarias y comunes de la propia vida; en la casa, el colegio, la universidad, el trabajo, con aquellos que me rodean.
La solidaridad va de la mano con la generosidad, es un valor o rasgo de la personalidad caracterizado por ayudar a los demás de un modo honesto sin esperar obtener nada a cambio. La generosidad en las relaciones sociales se suele apreciar bastante y se considera como un rasgo de bondad entre las personas. 


La generosidad es una característica identificable del verdadero creyente. La palabra de Dios nos enseña: el que siembra generosamente, cosecharà generosidad (2 Corintios 9:6); el que es generoso alcanza plenitud (Isaías 32:8); todo los que Dios nos ha dado para administrar, debemos compartirlo con generosidad (1 Timoteo 6:18); la verdadera generosidad no es dar de lo que sobra, sino de lo que necesitamos (Marcos 12:42); la generosidad es un uso inteligente de los bienes (Proverbios 11;24.25).
Cuando la solidaridad se efectúa con generosidad, actuamos dentro del plan de Dios,  esta acción determina nuestro crecimiento y madurez espiritual; podemos decir que “nadie cosecha donde no siembra”, “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.” (Gálatas 6:7)
“En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos. Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él: que aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo”. (1 Jn. 3:16-20 NVI). 

Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...