miércoles, 2 de marzo de 2016

Los Nombres de Dios




La creencia en Dios se encuentra arraigada en la fe de las personas y en el conocimiento que estas tienen de la naturaleza de la Deidad, su confianza y seguridad radica en el grado de intervención divina que tiene el creyente en forma personal, real y activa. Cuando una o parte de ellas sufren algún grado de debilitamiento por la falta de equilibrio, ya sea intelectual o espiritual, las consecuencias son impredecibles. Es por eso, que el creyente actual debe afianzar su fe plena en el Supremo Hacedor, para eso, debe percibir como Él se manifiesta a los suyos, o como se ha revelado a lo largo del tiempo y de la historia, uno de estos caminos es el pleno conocimiento de quien es realmente nuestro Dios, su esencia, su naturaleza, hasta donde puede intervenir en nuestros asuntos personales, ¿que pronto acude a nuestra ayuda?, ¿hasta dónde puede llegar esa ayuda?

Posiblemente este conocimiento no sea pleno, puede estar limitado por nuestra capacidad de entender la verdadera esencia de Dios o extremar ciertos atributos en desmedro de otros, o tomar un camino que no sea el más correcto o influenciado por nuestra razón. Uno de los caminos seguros que podemos conocer a Dios, es como se ha revelado a los hombres en el transcurso del tiempo, una de esas revelaciones es el conocimiento de su nombre en diferentes circunstancias, en la antigüedad los nombres reflejaban las características especiales que rodean a las personas.

Para el judío, el nombre de una persona representaba su carácter o describía su naturaleza. Por esto con frecuencia encontramos que se utilizan nombres o títulos para Dios, luego de un acontecimiento en que un personaje bíblico experimentara a Dios. Conocer a Dios por su nombre exigía que la persona experimentara su presencia. Los nombres, títulos, y descripciones bíblicas de Dios son indicativos de la manera en que los hombres y mujeres de la Biblia llegaron a conocerlo personalmente. Las Escrituras constituyen un registro de la revelación de Dios al hombre. Cada uno de los muchos nombres dados a Dios es parte de esa revelación.

La mente humana debe estar plenamente convencida del pensamiento de un ser transcendente, sobrehumanamente fuerte y con vida inagotable en sí mismo, de quien depende todo lo que no es Él mismo. Que tenga preeminencia, supremacía y soberanía absoluta, que sea lo más alto de todos o exaltado, que tenga majestad, poder infinito y excelencia, estas descripciones son difíciles de encontrar, todo esto está presente en los nombres que el pueblo Hebreo dio a la Deidad: El, Eloah, y Elohim (Gn. 14:18; Gn 46; Gn 14.22). Además, es un ser viviente (El Hai, Jos. 3:10), eterno o perdurable (El Olam, Gn 21.33), todopoderoso y omnipotente (El Shadai, Gn 17.1), que reina sobre todo lo que está fuera de Él (Adonai, Ex 3.14, Jos 5.14,).

Tiene el poder relacionarse íntimamente a través de un pacto personal, para poderlo invocar, con el propósito de buscar su bien (Yahvéh). Este nombre lleva el pensamiento de un compromiso maravilloso, de una mente bondadosa y paciente, aunque también imponentemente severo con el pueblo que ha escogido por el ser que se sostiene por si mismo, que fue representado en la Teofonía de la zarza ardiente en el monte de Horeb a Moisés. Es el nombre personal e íntimo de Dios, con el cual su pueblo debía invocarlo como el Señor que había hecho el pacto con ellos.

En Yahvéh encontramos a la vez la afirmación metafísica del ser eternamente presente (Yo soy el que soy), que esta en el origen y al final de toda existencia, Dios único incomparable, sin limitaciones, y la afirmación moral y espiritual de la fidelidad divina. El nombre de Yahvéh, revela con mayor fuerza su propia esencia, es el inicio, la fuente y la consumación de toda la vida, ya sea viva o inerte, en el primer cielo terrenal, o en el segundo cielo sideral, o en el tercer cielo donde se encuentra la presencia del Hacedor.

A través de combinaciones con el nombre Yahvéh, podemos revelar su personalidad y algunos aspectos importantes de su naturaleza y de su vínculo con la humanidad, describiendo la riqueza con Dios con que se muestra a su pueblo.

Muchos creyentes representan a nuestro Dios, como un Anciano de días, (Dn. 7:9), es un hebraísmo con el que se designa a una persona de edad y aspectos venerables, se refiere a Dios, como el Juez universal que va a juzgar los reinos de este mundo. Jeremías confiaba plenamente en la justicia divina, Yahvé Tsid`kenu (Jer. 23:6), (Él Señor es nuestra justicia), nombre que revela que se le imputa Dios justicia personal al suplir nuestras obligaciones y requerimientos personales para con el mismo.

Además, es el Qedhosh (Is. 1:4; 5:19), (El Santo), significa tanto la trascendencia del Ser supremo sobre la relación especial con su pueblo. Exalta su majestad, bondad y poder infinitos, que esta por encima de todo lo creado. Dentro se su santidad, nuestro Dios es celoso con los suyos (Qanna), (Ex. 34:14), indicando el intenso amor del Señor hacia su pueblo, no tolera una lealtad a medias, ni rivalidad de otros dioses u objetos de culto, (Ex.20:5), nos indica que debemos amarle y servirle de todo corazón, sin ambigüedades.

Debido a que nos santifica, Yahvé mkaddishkim (El Señor que os santifica), interviene en la purificación personal. Este nombre indica el aspecto subjetivo de Su obra salvadora o redentora. Él es el Dios de aquellos a quienes salva, los separa del pecado y los guarda para sí, a través de Jesucristo.

El desea estar presente en nuestra vida constantemente, Yahvé shama (Ez. 48:35), (El Señor esta presente), revela presencia personal "Él está presente" morando en medio de Su pueblo esto es la garantía de que todas las promesas del Señor y los anhelos de su pueblo serán cumplidas plenamente.

Dios está pendiente de los que nos sucede, solo debemos crear la necesidad que nos ve, para que pueda acudir a nuestra ayuda La esclava Agar al huir de la casa de Abraham fue encontrada por el ángel de Jehová, recibiendo la promesa de un hijo y numerosa descendencia, ocasión para conocer a Dios como EL Roi (Gn. 16:13), (Dios que [me] ve), significa que Dios ve la aflicción de sus criaturas y actúa para ayudarlas.
El Señor proveerá (Yahvé Yiréh), se presenta como la provisión que Dios da a los suyos, se encuentra reflejado en el sacrificio que Abraham hace a Dios teniendo a Isaac como el cordero del holocausto. La confianza del anciano patriarca estaba en Yahvé, la ver la mano de Dios proveer un sustituto, llamó aquel lugar Yahvé Yiréh, "Jehová proveerá" (Gn. 22:14). Siglos después la provisión de Dios se volvería manifestar infinitamente mayor: el de Jesucristo quien es el sustituto sacrifical para todo "aquel que crea". Este nombre representa la promesa a través de los siglos de los creyentes, que él "suplirá todo lo que os falta conformes a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Fil. 4:19).
El salmista David confió en un nombre divino que nos habla de confianza y amor al corazón de todo creyente, Yahvé raah (Sal. 23:1), (Jehová es mi pastor), nos revela guía, protección y bondad de corazón. La figura del pastor del antiguo Oriente medio sirve para simbolizar que Dios es nuestro guía, nos alimenta, nos defiende, cuida, sana, adiestra, corrige, y está dispuesto a morir en el intento, si es necesario, como Cristo en la cruz. Las debilidades humanas nos llevan a situaciones muchas veces incomprensibles tanto espirituales como físicas, en el desierto Dios reveló como Yahvé Rofka (Ex:15:26), (El Señor tu sanador) de los que le escuchen y obedezcan, es el preservador personal que tienen los creyentes fieles a Dios. Yahvé Shalom (Jue. 6:24), (El Señor de paz), nos revela un Dios como dador de paz personal, incluye aspectos de seguridad, concordia, prosperidad, bienestar y vida vivida en plenitud.
Yahvé Sebaot (Jehová de los ejércitos), (Is. 54:5; Os. 12:6), es la soberanía plena de Dios, ya sea en el cosmos, como en su reino invisible o visible, el control personal sobre todos los poderes en el universo. Es el sinónimo de Creador Todopoderoso, de dominador Supremo, de Dueño de todo el cosmos.
 Nuestro Dios es fuerte o poderoso, Ebhir, (Gn. 49:24; Sal. 132:2,5), como lo experimento el pueblo de Israel o de Jacob, también El Gibbor (Is. 9:6; 32:18; 42:13), debido que tiene un poder militar ilimitado (Sal. 24:8). Es el Tsur (roca), de su pueblo, sugiere el rol de Dios como protector de su pueblo.
Cuando los creyentes necesitan su líder fuerte que les ayude a afrontar los difíciles momentos para poder afrontar las severas luchas espirituales, ahí está el líder celestial con su estandarte para dirigir a los suyos, Yahvé Nisi (El Señor es mi estandarte o bandera), (Ex. 17:15).
Las Sagradas Escrituras en el Antiguo Testamento, añade ciertos título o sustitutivos del nombre de Dios, nos presenta como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Ex 3.6), Dios de dioses (Dt 10.17), Dios de Israel (Ex 5.1), el Altísimo (Gn 14.18), el Creador (Sal 115.15), el Señor (Gn 2.4; 3.15), Juez (Sal 7.11), Libertador (Is 63.16), Padre (Is 63.16), Protector (Sal 18.2), Rey (Sal 24.7–10), Salvador (Sal 24.5), Santo de Israel (Sal 71.22), Todopoderoso (Gn 17.1; Sal 24.10). Y además le agrega ciertos calificativos: Celoso (Ex 20.5), Compasivo (Ex 34.6), Eterno (Is 40.28), Fiel (que cumple su palabra), (Dt 7.9), Invisible, Justo, Poderoso, Que todo lo conoce, Santo, Único, Viviente.
Las Sagradas Escrituras en el Nuevo Testamento le da los siguientes títulos característicos o sustitutivos a Dios: Altísimo, Juez, Padre, Poder, Rey, Salvador, Santo, Señor. También utiliza algunos calificativos como: Bueno, Eterno, Fiel (digno de confianza), Grande, Invisible Sabio.             
Existen otras maneras de conocer a Dios dentro de su Palabra como: Dios es amor, Dios es espíritu, Dios es fuego consumidor, Dios es luz. Como vemos, las formas de conocer, sentir a Dios son variadas, a través de como se ha revelado a lo largo del tiempo podemos sentir su personalidad, su carácter, su naturaleza y su vinculo con los hombres.

Los nombres de Dios en las Escrituras revelan algo de su naturaleza, su accionar o su carácter. Por iniciativa de Dios llegamos a conocerlo por experiencia a medida que él se revela. Una de las maneras de adorarlo es alabarlo y honrarlo reconociendo sus nombres.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 29 de febrero de 2016

La socialización del Cristianismo (Parte I)


La Socialización es el proceso mediante el cual las personas aprenden e internalizan las normas y los valores que priman en la sociedad en la cual viven y los que hacen lo propio en la cultura específica que la misma ostenta. También se puede entenderla como el proceso de concientización que realiza el individuo acerca de la estructura social en la cual está inserto.
La Socialización, también designada como sociabilización es factible gracias a la acción de los conocidos como agentes sociales, que no son otros que las instituciones y las personas representativas que disponen de la capacidad especial de transmitir los elementos culturales apropiados. Entre estos agentes socializadores se destacan en primera instancia la familia y la escuela, aunque claro, no son los únicos, pero sí los que tienen un primero y formal rol de ejercer la socialización.
Después de definir el concepto de sociabilización, y la acción de los agentes sociales involucrados, podemos decir que la Iglesia de Cristo es un agente social con un rol importante en la socialización, con sus enseñanzas, dogmas y normas que guían a sus miembros a una participación diferente al común social de la cultura imperante o de la sociedad en la cual está inserto, además como agente de la evangelización de acuerdo al mandato recibido de su Maestro Jesús de Nazaret.
El cristianismo tiene un paradigma distinto e ineludible: Jesucristo y sus enseñanzas. Omitirlas seria extraviarse del camino por quien es señalado como la cabeza de la Iglesia: Jesús Cristo. (Juan 14:6). El propio Dios declaró a Moisés: “No se desvíen ni a la derecha ni a la izquierda. Sigan por el camino que el Señor su Dios les ha trazado, para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer” (Dt. 5:32,33).
En primer lugar, la sociabilización en el interior de la Iglesia es la Koinonia que manifiesta en todo su esplendor en el amor a Dios y en forma transversal a los hermanos de Fe dentro de la comunidad; la Koinonia como concepto teológico alude a la comunión eclesial y a los vínculos que ésta misma genera entre los miembros de la Iglesia y Dios, revelado en Jesucristo y actuante en la historia por medio del Espíritu Santo. La Koinonía, como tal, es un término propio de la doctrina cristiana para designar la participación de una misma fe y la comunión a que están sujetos todos los miembros de la cristiandad, manifestado en la camaradería y el compartir, todo dentro de los valores éticos y morales que impone ser un adorador de Dios en espíritu y verdad.
Las bases cristológicas: “Algo les digo también: si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en el cielo se la concederá. Pues allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18.19-20), la sociabilización de la iglesia está dada por el amor, el compartir, la armonía, la solidaridad, y todo aquello que tenga injerencia en la unidad del cuerpo de Cristo. Un ambiente deseable es describirlo como el salmista escribió “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1, Reina Valera Gómez)
En otras palabras, la sociabilización cristiana es la transmisión de la fe de Jesucristo, sus enseñanzas, dentro de la voluntad de Dios que se encuentra escrita en la Biblia, con el propósito de lograr la transformación de la persona en un ser espiritual que capte la voz de Dios desde su interior y se evidencie en su forma de vida en forma integral, con la capacidad de discernir entre el bien y el mal. Pero esta situación ideal de sociabilización en la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, ha sido truncada por las actitudes y formas de vida que han optado un gran porcentaje de los cristianos en especial desde los últimos siglos del segundo milenio.
Los factores que más han incididos entre otros:
1.             la evolución social económica de sus miembros, lo que ha conllevado a que las generaciones precederás tomen caminos bifurcados de fe.
2.             la adaptación a las costumbres imperantes por los quiebres o crisis de fe de los agentes transmisores primarios, lo que ha provocado el alejamiento de la fe esencial cristiana, en especial de las mujeres, hacia una fe sincrética o wicca, basada en un conjunto de diversas creencias paganas y prácticas de la secularización.
3.             la socialización laicista de la familia, adaptándose a la secularización  ideológica humanista.
4.             la estandarización del sistema educacional imperante o impuesto por el aparataje estatal notoriamente contrario a los valores profesantes del cristianismo primario.
5.             la institucionalización dogmática de las estructuras organizativas de las diversas Iglesia lo que ha traído consigo o el fundamentalismo religioso, o el liberalismo pragmático, lo que ha provocado una multiplicidad de tendencias, con un punto en común, una “cultura de la ausencia de Dios.
6.             la influencia de la “cultura humanista” dentro las generaciones actuales,  ha provocado que la sociabilización de los jóvenes este centrada en el hombre, trayendo consigo el individualismo, el personalismo, con todas las alteraciones que trae consigo el antropocentrismo.
7.             la escasez de los agentes pastorales conforme al corazón de Dios, lo que ha producido una desorientación espiritual y la descristianización primaria de la membresías, por lo consiguiente un aumento de los cristianos nominales, sin compromiso con el cuerpo de Cristo y sin vocación espiritual  para servir a Dios conforme a su voluntad. La escasez de las vocaciones pastorales no es sino un reflejo de la descristianización de las congregaciones.
Todos los factores enunciados y otros han provocado la ruptura de la sociabilización cristiana, dando lugar  a una aridez espiritual o en un comportamiento de disentimiento corrosivo, provocados por la acción de algunos errores doctrinales y prácticos, no suficientemente neutralizados por el liderazgo pastoral, debido a la falta de capacidad pastoral o de discernimiento espiritual.

Juan Salgado Rioseco.

lunes, 1 de febrero de 2016

SER SOLIDARIO CON GENEROSIDAD CRISTIANA

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.” (Mateo 7:12). 

“Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. (Lucas 10:29-37) 

“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:40-45).

La solidaridad, es adhesión  o apoyo incondicional a causas o interese ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles; la palabra “solidaridad” evoca siempre el vínculo de asistencia recíproca en la necesidad, que une las personas entre ellas; también evoca los vínculos afectivos y morales que unen a una comunidad que pertenecemos. La solidaridad es sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda, protección, que cuando persigue una causa justo cambia el mundo, lo hace mejor, más habitable y más digno.
Para los cristianos significa, la ayuda en todos los campos: espiritual, pastoral, material, humano, cultural, especialmente en los momentos de necesidad y de dificultad.
Aunque el término de solidaridad no aparece en la Biblia, sin embargo está incluida en la palabra griega “ágape”.
La solidaridad es una exigencia que brota del amor de Dios (1 Juan 3:16-18; 4:19-21); es poner al servicio de los demás los dones recibidos (1 Pedro 4:10-11); es ayudarse mutuamente (Gálatas 6:2); ser solidarios con los demás es ser solidario con Cristo mismo (Mateo 25:40-45);  es esencialmente con los más necesitados (Marcos 10:44; Lucas 4:18; 1 Corintios 9:22; 2 Corintios 9:7-9); el Señor Jesús nos ha dado el ejemplo como ser solidario (Marcos 10:45; Juan 13:13.14).


La verdadera solidaridad es ayudar a alguien sin recibir nada a cambio y sin que nadie se entere. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado. La solidaridad se mueve solo por la convicción de justicia e igualdad.


En el libro de Santiago nos dice “La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.” (1:27 LBLA.), los integrantes de las diversas comunidades religiosas están cada vez menos interesada de las situaciones difíciles de sus hermanos en la fe y menos del prójimo en general; estamos viviendo un individualismo exacerbado por el consumismo y el ansia de poseer bienes de consumo de acuerdo a la moda imperante.
La vida cristiana es fe que se expresa en lo concreto, en lo real, y no de abstracciones o quimeras.
La solidaridad es una manera concreta de vivir el amor al que apunta la fe. No se trata de un sentimiento superficial por los males que aquejan a muchas personas, ni de una mera compasión, puramente exterior, sino es la expresión externa del amor de Dios que se cobija en nuestro corazón, produciendo el ineludible acto de solidaridad (amor ágape o fraternal) con el desposeído o el carente de las necesidades primarias de la sobrevivencia humana.
El amor fraternal de los verdaderos “discípulos de Cristo”, mueve a la eficaz acción solidaria, no solo voluntaria, sino exigida por las enseñanzas del propio Maestro Jesús “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” (Mateo 25:35-36 LBLA.).
Jesús nos enseña cómo ser solidario a través de la parábola del “Buen Samaritano” (Lucas 10:29-37), que es la evidencia de amar como Jesús, en cumplimiento del mandato “os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (Juan 13:34).
El Señor Jesús, es el paradigma para ser solidario, durante su ministerio terrenal, tuvo una gran preocupación de los enfermos (Mateo 14:14; 20:33-34; Marcos 1:40-42); se compadecía de las multitudes y les enseñaba (Marcos 6:34), además les daba de comer (Marcos. 8:2-8), que gran modelo tienen los que sirven a Jesús en espíritu y en verdad.
El fundamento de la solidaridad es la comunión (1 Corintios 12:25-27; Romanos. 14:7). La vivencia de la solidaridad no debe convertirse en una exigencia propia de circunstancias extraordinarias. La solidaridad comienza allí, en lo cotidiano, en las acciones ordinarias y comunes de la propia vida; en la casa, el colegio, la universidad, el trabajo, con aquellos que me rodean.
La solidaridad va de la mano con la generosidad, es un valor o rasgo de la personalidad caracterizado por ayudar a los demás de un modo honesto sin esperar obtener nada a cambio. La generosidad en las relaciones sociales se suele apreciar bastante y se considera como un rasgo de bondad entre las personas. 


La generosidad es una característica identificable del verdadero creyente. La palabra de Dios nos enseña: el que siembra generosamente, cosecharà generosidad (2 Corintios 9:6); el que es generoso alcanza plenitud (Isaías 32:8); todo los que Dios nos ha dado para administrar, debemos compartirlo con generosidad (1 Timoteo 6:18); la verdadera generosidad no es dar de lo que sobra, sino de lo que necesitamos (Marcos 12:42); la generosidad es un uso inteligente de los bienes (Proverbios 11;24.25).
Cuando la solidaridad se efectúa con generosidad, actuamos dentro del plan de Dios,  esta acción determina nuestro crecimiento y madurez espiritual; podemos decir que “nadie cosecha donde no siembra”, “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.” (Gálatas 6:7)
“En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos. Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él: que aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo”. (1 Jn. 3:16-20 NVI). 

Juan Salgado Rioseco

sábado, 2 de enero de 2016

Las Palabras de un servidor de Dios. (Parte III)

La conversación de un servidor de Dios.

"Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua." (Proverbios 31:26).
“Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.” (Proverbios 18:21. LBLA). 
La comunicación es la base de la convivencia, necesitamos intercambiar ideas, pensamientos y sentimientos a otras personas; nos relacionamos con personas por una multidiversidad de razones y propósitos, por eso, es de suma importancia saber expresarnos correctamente en el momento de comunicarnos.
En las interrelaciones y en el interactuar dentro de la sociedad, las palabras juegan un rol muy importante, a través de ellas logramos los objetivos trazados; nuestra forma de hablar, como nos expresamos, como nos damos a entender, como escuchamos, evidencian lo que somos y como somos.
En las palabras  del que sirve a Dios, debe reflejar o dar evidenciar de la obra de Dios en su vida, el libro de Proverbios (12:18) nos dice que, “hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina”, su hablar debe conducirse por la senda de la sabiduría, si se encuentra falto de ella, debe pedírsela a Dios (Santiago 1:5), para que se haga realidad lo que el proverbista escribió "Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua." (Proverbios 31:26).
Nuestras expresiones reflejan nuestro carácter, describen como somos y como es nuestra manera de pensar, cuales son nuestras actitudes  frente al hábitat en que nos desenvolvemos, nos indica el nivel de adoración y compromiso hacia el Altísimo (Hebreos 13:5). El apóstol Pablo escribe: “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario,que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición de quienes las escuchan.” (Efesios 4:29 NVI), por lo consiguiente  “No se dejen engañar: Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.” (1 Corintios 15:33), siempre tenemos que tener presente, en cada instante, las palabras del apóstol Mateo “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” (Mateo 12:36), debido a que “El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias.” (Proverbios 21:23).
Algunas consideraciones que debe tener en cuenta un servidor de Dios:
Llegar al necesitado, la angustiado con la palabra oportuna y a tiempo es provechoso, encontramos en el libro de los Proverbios 15:23, “Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!”;  Debemos tener presente el consejo del apostol Santiago (1:19 NVI). Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse;”, debido que “Si alguien se cree religioso pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada.” (Santiago 1:26 NVI).  Sin omitir el consejo del apóstol Pablo “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4;29). “Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.” (Proverbios 18:21 LBLA). 
Nunca hay que alabarse  a sí mismo, hay dejar que otros lo hagan. (Proverbios 27:2), la egolatría, es una admiración excesiva hacia la propia persona, de ambiciones personales y sentimientos egoístas, el apóstol Pablo a los hermanos de Filipos le aconsejaba “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.” (2:3 LBLA); la vanagloria es petulancia o presunción de un individuo respecto a sus acciones o al valor que se auto adjudica, el apóstol Pablo al respecto dice “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, enviándonos unos a otros.” (Gálatas 5:26), no se debe “…buscar la propia gloria…” (Proverbios 25:27b), “porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.” (2 Corintios 10:18). Hay una severa sentencia para el jactancioso “Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, y la lengua que habla jactanciosamente;” (Salmo 12:3).
Al emitir palabras hay que ser prudente debido que “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.” (Proverbios 10:19).  La prudencia es una virtud que lleva a alguien a desenvolverse de modo justo y adecuado. El servidor de Dios que tiene una actitud de prudencia en sus palabras, habla con sensatez, mesura, templanza, cautela o moderación; el apóstol Santiago (1:19)  aconsejaba “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;” porque si alguien se cree religioso pero no controla sus palabras, se engaña a sí mismo y su religión no vale nada  (1:26), “El que es entendido refrena sus palabras; el que es prudente controla sus impulsos.” (Proverbios 17:27), por lo tanto el servidor de Dios debe vigilar su boca (Proverbios 13:3), y meditar en sus respuestas (Proverbios 15:28). El corazón del servidor de Dios hace prudente su boca y añade gracia a sus labios. (Proverbio 16:23). 
No ser precipitado para hablar. (Proverbios 20:25; 29:20). El genuino adorador de Dios “…siempre piensa antes de hablar; dice lo correcto y vale la pena escucharlo.” (Proverbios 16:23). Salomón escribió: “El que ahorra palabras tiene sabiduría... Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio; El que cierra sus labios es entendido.” (Proverbios 17:27-28); cuando habla debe hacerlo en un momento de quietud “Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios.” (Eclesiastés 9:17). 
Hay que tener cuidado de la palabras con segunda intenciones. (Proverbios 7:5, 21; 26:28; 29:5), “Más vale ser reprendido con franqueza que ser amado en secreto. Más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa” (Proverbios 27:5-6), con el tiempo se aprecia más al que reprende que al que alaba (Proverbio 28:3).
Las palabras deben ser veraces, rectas y sinceras, “una respuesta sincera es como un beso en los labios.” (Proverbios 24:26 NVI).  A los justos los guía su honestidad (Proverbio 11:3), El que ama la pureza de corazón y tiene gracia al hablar tendrá por amigo al rey.” (Proverbio 22:11).  “El rey se complace en los labios honestos; aprecia a quien habla con la verdad.” (Proverbio 16:13). 
Tener la templanza de reaccionar con paz en los momentos de conflictos, saber moderar el carácter para enfrentar situaciones complicadas; la respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego. (Proverbio 15:1 NVI), debemos evitar las palabras ásperas o descomedidas;  un diálogo amistoso tiene mucho poder (Proverbio 25:15b), el hombre de Dios debe aplacar el furor (Proverbio 16:14).
Al hablar hay que hacer claro y preciso, sin ambigüedades, el apóstol Pablo escribía al respecto “Así sucede con ustedes. A menos que su lengua pronuncie palabras comprensibles, ¿cómo se sabrá lo que dicen? Será como si hablaran al aire.” (1 Corintios 14:9 NVI), “Pues si yo no sé el significado de las palabras, seré para el que habla un extranjero, y el que habla será un extranjero para mí.” (1 Corintios 14:11). 
Al entablar una comunicación, la actitud de un servidor de Dios, debe ser genuina,  “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.” (Hebreos 13:15-16).
Terminamos con las palabras del apóstol Pedro: “En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición.
Pues EL QUE QUIERE AMAR LA VIDA Y VER DÍAS BUENOS, REFRENE SU LENGUA DEL MAL Y SUS LABIOS NO HABLEN ENGAÑO.
APÁRTESE DEL MAL Y HAGA EL BIEN; BUSQUE LA PAZ Y SIGALA.
PORQUE LOS OJOS DEL SEÑOR ESTÁN SOBRE LOS JUSTOS, Y SUS OÍDOS ATENTOS A SUS ORACIONES; PERO EL ROSTRO DEL SEÑOR ESTA CONTRA LOS QUE HACEN EL MAL.
¿Y quién os podrá hacer daño si demostráis tener celo por lo bueno? (1 Pedro 3:8-13. LBLA). 

Juan Salgado Rioseco

martes, 29 de diciembre de 2015

Las Palabras de un servidor de Dios. (Parte II)

Los frutos de la boca.
“Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas. Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios. Justas son todas las razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida. Todas ellas son rectas al que entiende, Y razonables a los que han hallado sabiduría.” (Proverbios 8:6-9). 
El fruto es producto o resultado obtenido, en este caso, de las palabras que brotan de nuestra boca. A través de las consecuencias de las palabras podemos saber si nuestros juicios son buenos o malos frutos (Mateo 7:16). 

Las Escrituras nos hablan de dos clases de frutos; “un árbol bueno no da fruto malo. Tampoco un árbol malo puede dar fruto bueno. El árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de espinos. Tampoco se cosechan uvas de las zarzas. El que es bueno lo es en su corazón y habla de lo que tiene allí, de igual manera el malo lo es en su corazón y habla de lo que tiene allí; porque las palabras revelan lo que hay en el corazón.” (Lucas 6:43-46. PDT), este texto bíblico marca la diferencia entre la boca del justo y del necio, “Del fruto de su boca el hombre comerá el bien; Mas el alma de los prevaricadores hallará el mal.” (Proverbios 13:2) 
Antes de hablar el justo se ha buscado la dirección de Dios (Salmos 52:15), está dispuesto a proclamar palabras de salvación todos los días ( Salmos 71:15); las palabras  que brotan de su boca esparcen ciencia (Proverbios 15:7); transmite sabiduría y emite juicio (Proverbios 10:31; Salmos 37:30); habla con entendimiento, lo que agrada (Proverbios 10:32; 16:22), para orientar a muchos lo que brinda alivio y consuelo (Proverbios 10:21a; 12:18b; 15:4a); porque son fuente de vida (Proverbios 10:11a; 13:14), de ellos salen enseñanzas justas y verdades, no hablan nada falso ni equivocado (Proverbios 8:6-8); al justo lo protegen sus labios (Proverbios 14:3b), sabe callar a su tiempo (Proverbios 10:19b), y la gente los escucha con gusto (Proverbio 15:2a).
En cambio las palabras que brotan de la boca de los necios lo atrapan (Proverbios 6:2), el perverso cae por su propia boca (Proverbios 12:13); los labios del necio traen contienda (Proverbios 18:6), su boca le provoca quebrantamiento para sí y sus labios son lazos para su alma (Proverbios 18:7), en su boca proliferan chismes (Proverbios 26:20-23; 18:8), el chismoso no es digno de confianza, la Palabra de Dios nos aconseja que no hay que buscar la amistad con el que habla demasiado (Proverbios 20:19) el Señor aconsejó al pueblo de Israel “No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el SEÑOR.” (Levítico 19:16 NVI); hablan sandeces, su boca rebosa de maldad (Proverbios 15:2b, 28); cuando hablan, se avecina el peligro. (Proverbios 10:14b). El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad. (Proverbios 13:3); El necio y rezongón va camino al desastre. (Proverbios 10:10b. NVI). “En la boca del necio está la vara de la soberbia;…”  (Proverbios 14:3a). 
El salmista se propuso “Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí.”  (Salmos 39:1) y angustiado clamaba “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.”    (Salmos 141:3). 
El consejo de Dios para los que emiten palabras necias “No permitas que tu boca te haga pecar, ni digas luego ante el mensajero de Dios[a] que lo hiciste sin querer. ¿Por qué ha de enojarse Dios por lo que dices, y destruir el fruto de tu trabajo? Más bien, entre tantos absurdos, pesadillas y palabrerías, muestra temor a Dios.” (Eclesiastés 5:6-7 NVI). 
El texto del evangelio de Lucas 6:43-46, nos habla de las diferencias en los beneficios o consecuencias resultantes de los “frutos de la boca”.
En primer lugar los beneficios de los “fruto de la boca”, para los que se proponen de hablar cosas excelentes y abrir  sus bocas para cosas rectas, debido que detesta la impiedad (Proverbios 8:6-7), y está consciente que los labios mentirosos son abominación a Dios.  (Proverbios 12:22a); el hombre se sacia del bien y de las actividades de las manos, (Proverbios 12:14), “Quien habla el bien, del bien se nutre,” (Proverbios 13:2a), “Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios.” (Proverbios 18:20), “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (Proverbios 18:21); palabra adecuada en el momento preciso es un tesoro (Proverbios 25:11), “El que da una respuesta honesta, es como si diera un beso.” (Proverbios 24:26).
Los “frutos de la boca” de los necios, traen funestas consecuencias, son fuentes de tristeza o desgracia,  “los labios del necio son su ruina; sus primeras palabras son necedades, y las últimas son terribles sandeces.” (Eclesiastés  10: 12-13);  su lengua mentirosa no permanece en el tiempo (Proverbios 12:19b). "Amontonar tesoros con lengua mentirosa es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte." (Proverbios 21:6); la boca de los necios escupe necedades (Proverbios 15:2b), se enredan en su propia boca, (Proverbios 12:13; 6:2), son lazos para su alma (Proverbios 18:17), sus dichos son ataduras (Proverbios 6:2), contiendas y quebrantamientos (Proverbio 18:6-7); el necio mucho habla, mucho yerra (Proverbios 10:19a). “Las palabras de los impíos son asechanzas para derramar sangre;…” (Proverbios 12:6a) 
La adquisición de riquezas a base de engaños es una esperanza fugaz, breve y puede resultar en un camino corto hacia la muerte,  “Amontonar tesoros con lengua mentirosa Es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte.” (Proverbios  21:6), el proverbista clamaba “Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Mantenme del pan necesario;” (Proverbio 30:8). 
Con su lengua alborotadora, "El perverso de corazón nunca hallará el bien, Y el que revuelve con su lengua caerá en el mal." (Proverbios 17:20).
La Palabra de Dios condena abiertamente y nos advierte del cuidado de confiar en las personas que practican el chisme (Comentario o noticia no verificada que circula entre la gente, generalmente de carácter negativo.), "El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua." (Proverbio 20:19). El apóstol Pablo aconsejaba sobre la viuda jóvenes “Además se acostumbran a estar ociosas y andar de casa en casa. Y no sólo se vuelven holgazanas sino también chismosas y entrometidas, hablando de lo que no deben.” (1 Timoteo 5:13 NVI).  Dentro de la Ley de Moisés, en la sección que trata de las relaciones sociales Dios advierte “No andarás chismeando entre tu pueblo…” (Levítico 19:16a), debido que “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” (Proverbio 16:28), porque “Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.” (Proverbios 26:22), Como escoria de plata echada sobre el tiesto. Son los labios lisonjeros y el corazón malo.”  (Proverbio 26:23),  el apóstol Pablo temía que entre hermanos de Corinto, hubieran chismosos “Porque temo que quizá cuando yo vaya, halle que no sois lo que deseo, y yo sea hallado por vosotros que no soy lo que deseáis; que quizá haya pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancia, desórdenes;” (2 Corintios 12:20 LBLA),  por consiguiente debemos evitar a las personas chismosas “Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda.” (Proverbio 26:20). El proverbista nos aconseja para vivir en forma quieta y reposadamente “Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la contienda, y cesará el pleito y la afrenta.” (Proverbio 22:10). El apóstol de los gentiles también aconsejaba al respecto, a los hermanos de Colosas (4:6) “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”; a la comunidad de Efesio (4:29), “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.
Con referencia al testigo falso, dentro de los mandamientos morales de la Ley, establece "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio" (Éxodo 20:16), además manda a “No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso.” (Éxodo 23:1), debido a que según el proverbista “el testigo falso hablará mentiras.” (Proverbio 14:5b; 6:19), engaña (Proverbio 12:17b), Un mazo, una espada, una aguda saeta, ¡eso es el falso testigo contra su amigo!” (Proverbio 25:18), por su acción no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá. (Proverbio 19:5, 9). 
“Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos.” (Proverbios 6:16-19). 
"La lengua falsa atormenta al que ha lastimado, Y la boca lisonjera hace resbalar." (Proverbios 26:28)
Juan Salgado Rioseco


viernes, 25 de diciembre de 2015

Las Palabras de un servidor de Dios. (Parte I)


¿Qué tipo de palabra salen de tu boca?
 “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29. RV. 1909).
 “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.” (Santiago 1:26). 
La Biblia nos enseña que hay una relación estrecha entre las palabras que decimos y lo que nos sucede en la vida. Muchos de los acaecimientos son generados por las palabras que brotan de nuestra boca, provocando circunstancias positivas o situaciones funestas, con daños colaterales impredecibles. En tales circunstancias, es importante recordar las palabras del predicador de Israel “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” (Proverbios 21:23 RV 1960).
El hermano de nuestro Señor Jesús, Jacobo el primer dirigente de la iglesia de Jerusalén, nos deja una advertencia: “Todos fallamos mucho, pero el que no cometa errores en lo que dice ha llegado a la perfección y puede controlar todo su cuerpo. Nosotros ponemos el freno en la boca del caballo para que nos obedezca y así poder controlar todo su cuerpo. Con un pequeño timón los pilotos obligan a grandes barcos a ir a donde ellos quieren, aun en medio de fuertes vientos. De la misma manera, la lengua es una pequeña parte del cuerpo, pero presume de grandes cosas. Hasta un gran bosque puede incendiarse con una pequeña y débil llama de fuego. La lengua es como la chispa que prende el fuego. De todas las partes del cuerpo, la lengua es todo un mundo de maldad, contamina todo el cuerpo. La lengua incendia todo el curso de nuestra vida y sus llamas vienen del mismo infierno. Los hombres siempre han podido domar toda clase de animales salvajes, aves, reptiles y animales del mar. Pero ningún hombre puede domar su lengua. Es como un mal que no descansa y está llena de veneno mortal. Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre y con ella maldecimos a las personas que han sido creadas a imagen y semejanza de Dios.” (Santiago 3:2-9. Traducción parafraseada “Palabra de Dios para todos” {PDT}).
Podemos evidenciar lo que escribió el proverbistas  es vigente para todos los tiempos “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (Proverbios 18:21. RV 1960).  Con justa razón Pablo, el apóstol de los gentiles escribió: “No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”. (Efesios 4:29. LBLA), y en su carta a la comunidad de Colosas les aconsejo “Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada persona.” (Colosenses 4:6. LBLA). Gran parte de los conflictos que enfrentamos en nuestro diario vivir, es fruto de nuestras palabras; algunas veces somos imprudentes, sin pensar o reflexionar, emitimos juicios contraproducentes incluso hacia nosotros mismos, sin medir  las consecuencias o los daños que trae consigo, o se pueden producir, omitiendo el consejo del salmista quien escribió “La boca del justo profiere sabiduría y su lengua habla rectitud.…” (Salmos 37:30,31).
El seguidor de Cristo, en especial los que están por eminencia, debe estar dispuesto a comportarse u obrar con responsabilidad ante los dichos de su boca; teniendo presente, al emitir palabras, la actitud o los pensamientos del salmista “Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío.” (Salmos 19:14 NVI). El caminante de la fe en Cristo debe en todo momento debe esforzarse “por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación.” (Romanos 14:19. NVI), para eso, debe tener la actitud permanente que tenía el profeta Isaías “El Señor omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado. Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos.” (Isaías 50:4. NVI), con el propósito de cimentar un carácter genuino de un servidor de Dios y poder decir con convicción “El Señor omnipotente me ha abierto los oídos, y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás.”  (Isaías 50:5. NVI), además de sentir la satisfacción del proverbista “Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aun cuando es oportuna.” (Proverbios 15:23. NVI), por ese motivo, el predicador de Israel escribió “Llenas de gracia son las palabras de la boca del sabio, mientras que los labios del necio a él consumen.” (Eclesiastés 10:12. LBLA).
“La gente reconoce que el que piensa sabiamente es inteligente; convence mejor el que elige cuidadosamente sus palabras. La sabiduría trae verdadera vida a los que la aprecian, pero los tontos sólo aprenden a ser más tontos. Un hombre sabio siempre piensa antes de hablar; dice lo correcto y vale la pena escucharlo. Las palabras amables son como la miel: se aceptan con gusto y son buenas para la salud.” (Proverbios 16:21-24. PDT). Las palabras del adorador en Espíritu y verdad deben  ser como “…aguas profundas, arroyo de aguas vivas, fuente de sabiduría.” (Proverbios 18:4), en contraste con las palabras del necio que le traen grandes complicaciones, como está escrito en el libro de Proverbios: “Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña. La boca del necio es su perdición; sus labios son para él una trampa mortal.” (Proverbios 18:6-8. NVI), por lo consiguiente, el siervo de Cristo Jesús, al emitir palabras deben hacerlo con un propósito conforme a la enseñanza bíblica, “Porque mi boca hablará verdad, Y la impiedad abominan mis labios.” (Proverbios 8:7).
Las palabras controlan nuestras vidas y nos guían por los senderos de la vida cotidiana,  nuestra forma de hablar  nos alimentará, determina la vida y la muerte, es por eso, que debemos erradicar nuestra mal manera de hablar, a veces descomedida, imprudente, no respetando los sentimientos y la vida de quienes lo rodean, poniéndolas constantemente en riego como consecuencia de nuestro accionar intempestivo y poco responsable; con un comportamiento no correcto como hijos de Dios, debiendo sufrir por no medir nuestras palabras. (Proverbios 18:20-21). Debemos ser prudentes, actuar con moderación, templanza, cautela y sensatez a la hora de actuar y el hablar. La Biblia dice: Todo hombre prudente procede con sabiduría; Mas el necio manifestará necedad.” (Proverbios 13:16).
El varón de Dios debe tener presente que  “la lengua que brinda consuelo es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu.”  (Proverbios 15:4  NVI), esto sucede porque el corazón del justo medita sus respuestas. (Proverbios 15:28), debido a que el justo de corazón es prudente, y la dulzura de sus palabras aumenta la persuasión; su entendimiento (Facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. Capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad.), es fuente de vida para él. Producto a que ha enseñado a su boca y tiene como habito añadir persuasión a sus labios. El resultado “Panal de miel son los dichos suaves; Suavidad al alma y medicina para los huesos.” (Proverbios 16:21-24). En contraposición el actuar del insensato, el proverbista se pregunta “¿De qué le sirve al necio poseer dinero? ¿Podrá adquirir sabiduría si le faltan sesos?” (Proverbios 17:16. NVI). 
Los seguidores de Jesucristo debemos ser consecuentes (Que actúa en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa.) con nuestra fe, y coherente en nuestra manera de vivir las enseñanzas de Jesús con nuestras labores diarias: “En toda labor hay fruto; Mas las vanas palabras de los labios empobrecen.” (Proverbios 14:23). La Palabra de Dios nos enseña que a veces es necesario guardar silencio que hablar. (Proverbios 30:32). En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, más el que refrena sus labios es prudente. La lengua del justo es plata escogida, pero el corazón de los impíos es poca cosa. Los labios del justo apacientan a muchos, pero los necios mueren por falta de entendimiento.” (Proverbios 10:19-21. LBLA). 
“Unos callan y parecen sabios, a y otros, de tanto hablar, se hacen odiosos. Unos callan porque no saben qué decir, y otros callan esperando el momento oportuno. El sabio guarda silencio hasta el momento preciso, pero el necio es inoportuno. El que habla demasiado se hace antipático, y el que abusa de su autoridad se hace odioso.” (Eclesiástico 20:5-8 {Libro deuterocanonico, llamado Libro de Sirácides}).
Hay que pedirle a Dios nos llene de sabiduría (Santiago 1:5), mansedumbre, templanza y amor, para que las palabras que salgan de nuestra boca sean de bendición, así evitar que nuestros dichos causen problemas o sufrimientos innecesarios. Nuestro paradigma debe ser siempre nuestro Maestro Jesús, quien dijo de sí mismo “Aprended de mí, que manso humilde de corazón”, (Mateo 11:29). Otro ejemplo lo tenemos del Predicador de Israel “Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.” (Eclesiastés 12:10-11). 


Juan Salgado Rioseco

viernes, 11 de diciembre de 2015

La Edificación del Cuerpo de Cristo (Parte IV)

¿Cuáles deben ser nuestras acciones para edificar la Iglesia de Jesucristo?

Antes de analizar o evaluar el tipo de acciones que podemos emprender para edificar la Iglesia de Jesucristo, debemos saber el significado de “discernir”, según las palabras griegas, discernir es la habilidad de distinguir o separar con el fin de investigar y examinar exhaustivamente. El discernimiento es considerado un rasgo de espiritualidad y madurez (1 Corintios 2:14,15). El escritor de Hebreos explica que las personas son maduras “por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:4).
Debemos discernir, en su definición más simple, el discernimiento es la habilidad de poder decidir entre la verdad y el error, lo bueno y lo malo. El discernimiento es el proceso de hacer distinciones cuidadosas en nuestra mente sobre la verdad. En otras palabras, la habilidad de pensar con discernimiento es sinónimo a la habilidad de pensar bíblicamente. Para poder tener buenos resultados en los procesos de discernimiento que nos vemos implicados, nuestra base debe estar fundamentada en la Palabra de Dios.
Por lo consiguiente, debemos entrar en un proceso de discernimiento con respecto a nuestras acciones donde está involucrada la edificación de la Iglesia de Jesucristo. ¿Qué es prioritario la edificación de templos o la iglesia de Jesucristo? La iglesia del Señor Jesucristo se edifica en vidas transformadas por su obra redentora, en logro de la madurez espiritual de sus miembros, en la capacidad que estos asuman con responsabilidad sus deberes como servidores de Cristo, tengan la eficacia de expandir el reino de los cielos de acuerdo a la voluntad de Dios.
Sin embargo la realidad en las diversas comunidades cristianas, se puede contactar que un gran porcentaje de sus miembros son meros espectadores, sin responsabilidad espiritual, sin identidad de siervos de Jesucristo, sin capacidad de asumir tareas espirituales debido a que sus cimientos no son sólidos, duermen en la indiferencia religiosa, legalista, dogmáticas; sus líderes están más abocados en buscar títulos lisonjeros (Job 32:21 SRV) que realizar acciones donde debe comprometerse un genuino siervo de Dios. (Romanos 12:1-2; 2 Corintios 3:5; Filipenses 2:3-4;  1 Pedro 5:5-6).
La palabra de Dios nos da las directrices por donde procesar nuestras acciones en la edificación de la Iglesia de Jesucristo:  
1.    Edificar sobre el fundamento apostólico (Efesios 2:19-21), el fundamento de Dios está firme. (2 Timoteo 2:19),  la base de todo ya está construida y nadie puede construir otra porque esa base es Jesucristo. (1 Corintios 3:11).
2.    Discipular a los recién convertidos (Mateo 28:19), el verdadero discípulo de Jesús es aquel que permanece en su Palabra. (Juan 8:31) y es  idóneos para enseñar también a otros (2 Timoteo 2.2), en cumplimiento al mandato dado por nuestro Maestro Jesús (Mateo 28:20).
3.    Perfeccionar a los Santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo (Efesios 4:12, 13), el N.T. enseña que el creyente es perfecto y que se halla en el proceso de ser perfeccionado (Filipenses 1:6; 3:12, 15; Hebreos 10:1; 11:40; 12:23; Santiago 1:4), a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. (Colosenses 1:28).
4.    Fomentar una relación fraternal entre los santos (Romanos 15:2), para la ayuda mutua (Efesios 4:16, 29; Romanos 12:13), negándose a sí mismo. (1 Corintios 10:24). El salmista en 133:1 escribió “Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía.”, una de las características del amor fraternal es la armonía.
5.    Instar a buscar dones espirituales (1 Corintios 14:12), porque cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común (1Corintios 12:7), deseando ardientemente los mejores dones. (1 Corintios 12:31; 14:12).  La iglesia fue edificada sobre la base del poder de Dios (1 Corintios 2:1-5) manifestándose dentro de su pueblo; lo que demostró que Jesús vivía y estaba presente (Juan 15:5; 14:20).
6.    Ejercitar los dones espirituales (1 Corintios 14: 4, 5, 26), no descuidando el don espiritual. (1 Ti 4:14), avivando el don de Dios. (2 Timoteo 1:6).
7.    Evitar el legalismo religioso (1 Timoteo 1:4), no cargar a la gente con reglas más difíciles de lo que ellos pueden cumplir (Mateo 23:2-4; Lucas 11:46), evitando las discusiones profanas e inútiles, y los argumentos de la falsa ciencia. (1 Timoteo 6:20).
8.    Promover el amor que edifica a la iglesia (1 Corintios 8:1), es mandado por Jesús, y es el distintivo de los verdaderos discípulos. (Juan 13:33-34), si los hermanos se aman unos a otros, se hacen el bien entre ellos, la iglesia se edifica (1 Pedro 1:22).
9.    Cultivar la Koinonia en la iglesia (Hechos 2:42; 4:32), animando actitudes individuales que contribuyan a la unidad y edificación (Efesios 4:1-3), impulsando los valores de respeto, consideración y fraternidad (Filipenses  2:1-4), fomentando la comunión, el compañerismo, (Hechos 2:44-46; 4:32). no haciendo acepción de personas (Colosenses 3:1), hablando positivamente de la iglesia y de sus miembros (Filipenses 2:14).
10. Servir a nuestros hermanos en la fe  con los talentos que el Señor nos ha dado (1 Pedro 4:11), con orden. (1 Corintios 14:26, 40), promoviendo todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación. (Romanos 14:19).
11. Reconocer a quienes trabajan y dirigen en esta forma, edifica a la iglesia, y es señal de edificación. (madurez, crecimiento) (1 Tesalonicenses 5:12-13), ponerse a disposición de aquellos que se han dedicado a servir a los creyentes (1 Corintios 16:15-16), expresar reconocimiento (1 Corintios 16:17-18).
12. Hacer realidad las prácticas que son fundamentales en el Reino de Dios (Mateo 25:42-45), la actitud debe ser como la de Cristo Jesús. (Filipenses 2:5), lo más importante es ser siervo de los demás (Mateo 23:11), demostrando así que somos ejemplo viviente de la enseñanza de Jesús.
13. Los santos en Cristo necesitan crecer en Cristo (Hebreos 5:12),  para presentar defensa de la fe. (1 Pedro 3:15), hasta que estemos todos unidos en lo que creemos. (Efesios 4:13), creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pedro 3:18). 
Estas y otras acciones debemos tener en cuenta al edificar la iglesia de Jesucristo, tener cuidado de que tanto el fundamento, como la calidad de los discípulos sean aprobados delante de la presencia de Dios. Que nuestras acciones sean los que Dios estipula para así recibir la aprobación divina. Todas nuestras acciones deben estar orientadas a desarrollar el crecimiento espiritual en forma integrada. Promover el crecimiento espiritual de la iglesia a través de la edificación mutua. Así lograremos una edificación saludable de la Iglesia de Jesucristo
La iglesia crece, cuando todos sus componentes cumplen con lo estipulado por Dios a través de las Escritura, lo hacen con responsabilidad y dedicación en el lugar para lo cual fue llamado.
Algunas consideraciones para que prospere la obra de una iglesia:
1) Deben despertar los dormidos.
2) Cada uno debe ocupar su lugar de acción de acuerdo a su capacitación dada por el Espíritu Santo.
3) Actuar como un siervo de Dios.
4) Tener un espíritu de servicio, para engrandecer la obra de Cristo.

Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...