viernes, 15 de junio de 2012

La Misión del Espíritu Santo, según el Evangelio de San Juan

La sociedad actual: existe una gran desorientación por la confusión de roles y valores; por la  espiral de violencia que esta predominando en la convivencia social; por la desmoralización y la incapacidad de orientar la vida hacia objetivos perennes y no relativos. Dentro del Cuerpo de Cristo la ambivalencia de sentimientos ha socavado los cimientos de la fe en determinados sectores: fundamentalistas, conservadores, liberales, neoliberales, racionalistas, humanistas, teístas, pietistas, trinitarios.
Esta algarada de dogmas cristianos humanistas, muchas veces contrapuestos o encontrados, forman un caos de enseñanzas tan dispares que confunden a los fieles; en el tiempo se ha ido conformado una amalgama doctrinas diferentes a la legada por Jesús; ante esta situación es imprescindible que el creyente verdadero se deje guiar por un camino donde pueda adquirir un  conocimiento bíblico fundamentado en la Palabra de Dios y encuentre el sentido correcto para orientar su vida, sus pensamientos, su fe. La interrogante es ¿Cuál es el verdadero camino? ¿Dónde se encuentra la verdad? ¿Cual de todas es la verdadera?
Dios en su infinita omnisciencia previo esta situación, dando la solución desde la génesis del Cuerpo de Cristo: El Espíritu Santo. Su tarea o misión desde Pentecostés hasta que sea retirado antes de la manifestación del Anticristo, es guiar u orientar al convertido a la verdad.

Todos los cristianos de diferente índole lo mencionan, pero pocos en la realidad conocen al Espíritu Santo, son como Job con respecto a Dios “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5); una de las prioridades en el conocimiento de la verdad es conocerle y poder llegar a intimar con el enviado  por Dios en la presente era de la gracia. En este escrito analizaremos las diferentes relaciones que entabla el Espíritu Santo según el evangelio de San Juan para poder cumplir su misión en este periodo:

1.        Aspectos en la relación con el Padre:

a.        Cumplir la voluntad del Padre (Jn. 1:29-33), algunas cosas encomendadas al Espíritu Santo por Dios, fue dar conocer a Juan el Bautista quien era el Hijo de Dios y el atestiguamiento de Juan hecho a los Judíos lo consideraron valido. El Maestro fue asistido por el Espíritu desde el inicio de su vida y lo largo de toda su carrera terrenal, trazando una línea de distinción lo mas clara entre Cristo y todos los maestros humanos inspirados, estos tuvieron al Espíritu en grado limitado, más Dios entrego a Jesús su Espíritu abundantemente, la entera plenitud de la vida y el poder divino

b.        Guiar al creyente a una adoración verdadera (Jn. 4:23-24), el deseo del Altísimo es que los hombres le adoren verdaderamente conforme al Espíritu de Dios, o sea, entre el hombre y el Espíritu debe haber un complemento circunstancial perfecto en la adoración al Padre, el creyente debe tener la percepción espiritual altísima para lograr percibir lo que el Espíritu le esta entregando para que su adoración sea perfecta y el Espíritu Santo esta guiando y agradando al Padre a través de una adoración verdadera.

c.         Es enviado por el Padre (Jn. 14:26), a Juan el Bautista, para dar conocer al Profeta quien era el Hijo de Dios, es enviado a los discípulos como Espíritu de verdad, para morar, enseñar y recordar a los creyentes por voluntad del Padre en el nombre de Jesucristo, para que estos puedan enfrentar los acontecimientos futuros con un animo diferente, confortados por un poder inigualable al que pueden recurrir permanentemente para poder vencer cualquier tipo de potestad que enfrentaran.

d.        Procede del Padre (Juan 15:26), para dar testimonio de Jesús, así los discípulos puedan desarrollar en sus actividades futuras un testimonio eficaz a favor de las enseñanzas del Maestro, a los cuales ellos desde el principio fueron testigo, y por intermedio de él testificarían del único y sabio Dios.

2.        El apóstol Juan en su evangelio también nos da ha conocer algunos aspectos de su misión en relación al Hijo:

a.        Darlo a conocer (Juan 1:31 - 34), Juan el Bautista no conocía a Jesús, aunque tenían lazos sanguíneos que los unían, había venido bautizando en el Jordán con agua, con el propósito de que el Mesías fuera manifestado al pueblo de Israel, a través de una señal como de paloma Dios le dio a conocer al bautista quien era el Hijo de Dios y desde ese momento la predicación de Juan cambió, dando testimonio que Jesús era el Mesías esperado por Israel.

b.        Glorificarlo (Juan 16:14 - 15), la finalidad del Espíritu Santo es glorificar a Jesús, mostrar su gloria, tomar lo que es de él y darlo a conocer a sus discípulos, no en su persona propia, porque esto fue hecho por el Padre cuando esté lo exalto a su diestra, sino a los ojos y en la estimación de los hombres para que disciernan en la luz verdadera, lo que Cristo mismo es, de lo que enseñó e hizo en la tierra.

c.         Abundancia espiritual de Dios (Juan 3:34), la línea de distinción entre Jesús y todos los maestros humanos inspirados, se traza sin dejar el menor asomo de duda. Los maestros humanos tienen al espíritu en un grado limitado, tomando en cuenta las restricciones debida según los casos; más Dios no da al Cristo por medida o con restricción, esto significa la entera plenitud de la vida y el poder divino; "da", tiempo presente, señala la comunicación permanente del Espíritu por el padre al Hijo, de modo que se entiende un flujo constante de poder vivo entre el Hijo y el Padre.

d.        Dar testimonio de Jesús (Juan 15:26 - 27), el Espíritu al servicio de la verdad, entrega el testimonio veraz de Jesucristo, entregando al hombre una fuente poderosa de información indesmentible y una interpretación auténtica de lo que ha visto y oído, entre el Padre y el Hijo, para que sus discípulos tengan una actitud diferente con respecto a la fe en él.
 
3.        El tercer evangelio también nos da ha conocer algunos aspectos de su misión en relación al creyente:

a.        Recibir la promesa del "otro Parakletos"  (Juan 14:16 - 17) la promesa de la venida del Espíritu Santo hecha en el Aposento Alto ante once de sus discípulos, tiene como requisito de amarle y guardad los mandamientos para que se haga efectiva a través del ruego de Jesús al Padre, este pasaje bíblico nos enseña que el templo propio para el Espíritu, es el corazón lleno de amor a él, que vive activamente para él y que esta dispuesto a cumplir la voluntad del Padre expresada en los mandamientos.

El Parakletos, término propio del Evangelio de Juan, pertenece  a un contexto jurídico y designa a quien viene en ayuda de otro, sobre todo en el curso de un proceso judicial. Jesús no promete "un Parakletos", sino a "otro", ¿existe otro?, el primer Parakletos, el que ha estado con los discípulos y los ha asistido hasta ese momento, es Jesús mismo.

Pero Jesús pronto iba a dejar a sus discípulos, para ir preparar un lugar donde pueda volver a reunirse con los que en él hayan creído, pero entretanto seguiría con ellos. ¿Cómo podía ser esto? A través del Consolador, el Espíritu mismo de Dios, vendría después que Jesús se marchase para cuidar y guiar a los discípulos. El otro Consolador enviado por el Padre se refiere a otro de la misma especie, la misma especie de Jesús, para dar testimonio de Jesús, es prometido como uno que ocuparía el lugar propio de Cristo en su ausencia, traería como misión de dar testimonio del Maestro y transmitir la plenitud de la verdad futura como germen de la gran bendición.

b.        Creer en Jesucristo para recibir la plenitud espiritual (Juan 7:37 -39), la proclamación de la prominencia a la persona de Cristo como la fuente de toda satisfacción anunciada en el Templo, simbolizados en los ríos de agua viva que correrán del interior del creyente, anuncian la gran promesa del Espíritu Santo para todo aquel que cree en Jesús como el Hijo de Dios, el Espíritu es quien, por su operación personal directa, abre esta fuente de aguas vivas en el espíritu humano, y por su presencia en el alma renovada asegura una corriente permanente de ellas han de recibir los que creen en él.

c.         Renace por el Espíritu (Juan 3:1-8), es imperioso que el creyente redifiqué su visión espiritual, mediante una revolución completa de su hombre interior, el nuevo nacimiento insinuado por Jesús a Nicodemo nos entrega las pautas necesarias para llevarlo a efecto, debe existir una completa purificación espiritual mediante la operación del Espíritu Santo, este acto de fe es la gran puerta visible de entrada al "reino de Dios", para participar y poseer la naturaleza espiritual que Dios nos da tan dadivosamente a los que creen en Cristo, logrando hacer realidad la sola obra del Espíritu Santo en el interior del hombre, efectuando en este una revolución fundamental y permanente en la manera de pensar, de sentir, y de obrar con referencia a las cosas espirituales.

d.        Recibe vida (Juan 6:60 - 65), en muchas ocasiones es difícil de aceptar la enseñanza de Cristo, encontramos dura la Palabra e insufrible, no lo sometemos a escuchar, ni soportamos que las evidencias de nuestro mal actuar queden al descubierto por la luz de la Palabra de Dios, las razones o factores que intervienen en nuestro interior o forma de vida son complejas, y en muchos casos ni el mismo creyente las puede explicar, en su interior lo carnal y lo espiritual es una sola fusión, dejándose llevar por una interacción de doctrinas tradicionalistas, liberales, humanas, racionalistas y conservadoras, formando en conjunto una amalgama de enseñanzas que se contradicen a los postulados bíblicos. Solo existe un camino para salir de esa situación, dejar que el Espíritu nos de vida en su sentido más alto, no en el más bajo nivel, debido a que lo carnal no sirve de nada, la obra del Espíritu Santo es entregar lo mejor al creyente, para que este pueda enmendar su vida a la excelencia espiritual, poder así interpretar y dar el sentido correcto a las palabras de Jesús.

e.        Recibe del Espíritu Santo el testimonio de Jesús (Juan 15:26 - 27), solo el Espíritu puede conducir a los creyentes hacia un verdadero fundamento, es en Jesús, es en su enseñanza  y en su vida entre nosotros adonde remite el testimonio del Espíritu. La misión del Espíritu, es presentar la gloria que desde pascua, refluye por anticipación sobre la vida terrena de Jesús

Sólo el Espíritu Santo puede conducir a la plenitud de la verdad, es en Jesús donde el testimonio del creyente se hace fuerte y se nutre de la fuerza emprendedora, para tomar las fuerzas necesarias y llevar adelante la comisión de testificar del Hijo de Dios a toda criatura, poder perdonar y remitir pecado, y alcanzar el coronamiento de la victoria que Dios a través del Hijo nos tiene.

f.          Recibe la guía del Espíritu Santo (Juan 16:12 - 15), a través del Espíritu Santo los discípulos estarían capacitados de recibir una revelación más completa, sin él sería demasiada carga de sobrellevar o soportar, investido del Espíritu de verdad, seríamos capaces de dejarnos guiar a la verdad del Padre y del Hijo, debido a que no habla por su propia cuenta, sino que transmite lo que oye y  hace saber las cosas que van a suceder: la naturaleza de su misión, la oposición a la que se enfrentarían y el resultado final de sus esfuerzos. El Espíritu Santo reveló verdades a los discípulos que ellos escribieron en los Evangelios, las Epístolas,  con los cuales posteriormente la Iglesia formo el canon del Nuevo Testamento

g.        Recibe la enseñanza del Espíritu Santo (Juan 14:25 -26), el Consolador prometido, enviado por el Padre en el nombre de Jesús, es decir con igual poder y autoridad divina para ayudar a recordar lo que él  les enseño. Esta gran promesa nos entrega la convicción de la validez plena de las Sagradas Escrituras, los discípulos fueron testigos de la vida y las enseñanzas de Jesús, y el Espíritu Santo los ayudó a recordar  y a dejar a la prosperidad un legado indesmentible que la Palabra de Dios es genuina y verdadera.

h.        Recibe la potestad a través del Espíritu Santo (Juan 20:21 - 23), en el principio Dios soplo aliento de vida al hombre, hizo que el hombre fuera diferente, entregándole una función, una potestad, una naturaleza diferente a los demás seres creados. Al final de su vida terrenal Jesús soplo aliento de vida espiritual sobre sus discípulos, un adelanto de lo que todos los creyentes experimentarían desde Pentecostés y por siempre. A través del soplo de Jesús, Dios imparte vida eterna y espiritual, con esta inspiración vino el poder para hacer la voluntad de Dios en la tierra.

Al escudriñar los pasajes bíblicos que se relacionan con el Espíritu Santo en el Evangelio de Juan, nos encontramos con la más notable de las promesas y enseñanza que Jesús nos lego, la que perdura por dos milenios y hace que el cuerpo de Cristo permanezca en acción.

El Espíritu Santo junto con los creyentes, siguen en la tarea de convencer de pecado a través de la verdad del Evangelio.

4.        El evangelio de Juan también nos entrega aspectos de la misión del Espíritu Santo en relación al mundo (Juan 16:4 - 11). Era necesario que Jesús ascendiera, para que pudiera el Espíritu Santo venir a cumplir su ministerio divino, para mostrar claramente a la gente del mundo quién es pecador, quién es inocente, y quién recibe el juicio de Dios.

a.        El Espíritu traerá a la conciencia el sentido de pecado, consumado en el rechazamiento de aquel que vino a "quitar el pecado del mundo"; solo el Espíritu Santo puede demostrar o revelar el pecado de la incredulidad.

b.        El Espíritu Santo da el sentido de alivio perfecto en la justicia del Siervo del Padre, ahora sacado del mundo que lo había despreciado, a aquel seno donde había morado desde la eternidad; después del día de Pentecostés y la realización de milagros en su nombre convenció a miles de judíos de que Jesús no sólo era justo, sino que también la única fuente celestial y el único camino de justicia.

c.         El Espíritu Santo da sentido a la emancipación de Satanás, el juicio de quien trae a los hombres la libertad de ser santos y la transformación de siervos del diablo a hijos e hijas del Señor Todopoderoso; la cruz constituyó una  demostración de la verdad de que el poder de Satanás sobre las vidas de los hombres había sido quebrantado y que había sido decretada su destrucción. Por su muerte, Cristo ha liberado a todos los hombres del dominio de Satanás, y queda librado ahora a ellos aceptar esa liberación o no, el Espíritu Santo convence a los hombres de que son verdaderamente libres (Juan 8:36).

La condición para recibir el Espíritu Santo es la fe en Cristo, el Padre quiere dar el Parakletos a petición de Jesús, pero el mundo es incapaz de recibir este don del Padre, porque no cree en Cristo.

El Espíritu es la presencia misma de Dios en nosotros y en todos los creyentes, que nos ayuda a vivir como Dios quiere y a edificar la iglesia de Cristo sobre la tierra, para que esta permanezca incorruptible hasta la venida del Esposo.

Jesús prometió que el Espíritu Santo vendría para mantenernos unido a él, así poder enfrentar y  funcionar bajo las presiones de la vida, a superar las desilusiones, los ataques y las tentaciones, a avanzar en el camino de la perfección, a edificarnos  en la obra de Dios, bajo la dirección y el poder del Espíritu Santo, fallaremos si tratamos de hacer el trabajo con nuestras fuerzas.

Jesús dijo a sus discípulos que el Espíritu sería el Parakletos, el Alentador, el Ayudador, el Consolador, el Defensor, que tomaría su lugar. Todo lo que Jesús era para sus discípulos. El Espíritu Santo sería cuando Jesús se fuera. El Espíritu haría en los discípulos lo que Señor en la carne sólo podía hacer por ellos.

Juan Salgado Rioseco

lunes, 11 de junio de 2012

El Discípulo y su Templo Espiritual


         Un discípulo no es meramente uno que aprende, sino un partidario; de ahí que se les mencione como imitadores de su maestro (Jn 8.31; 15.8.).
          El Discípulo de Jesús debe tener conciencia que es parte del Cuerpo de Jesucristo, (Ef. 1:22-23), e integrante de la iglesia de Cristo (Ef. 5:30). Jesús enseñó metafóricamente que su Cuerpo es un Templo (Jn. 2:19-21), como la principal piedra angular “en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Ef. 2:21), en este sentido metafórico se debe interpretar los pasajes relacionados a la iglesia y los creyentes como templo.

        

         Debido a lo anterior, las Escrituras hacen mención del Templo terrenal y el Templo espiritual en forma diferente, son muchos los creyentes que interpretan mal los textos sagrados en  relación al tema. Se debe tener en cuenta con respecto a las cartas de Pablo en especial la segunda carta de Tesalonicenses, aun existía el Templo de Jerusalén, es por eso, que el Apóstol tuvo el cuidado siempre mencionar cuando se refería al Templo espiritual o al material, en sus escritos.

         Tomando como referencia las palabras de Jesús en Juan 2:19-21: “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”,  el mismo Juan se encargó de clarificarlo que se refería al cuerpo de Jesús como Templo, lo mismo sucede con los escritos de Pablo, por lo tanto, la interpretación debe estar sujeta a la intencionalidad del mismo Apóstol, revisemos tos textos que se relacionan con el templo espiritual en el verdadero discípulo de Jesús:

1.     En 1 Corintios 3:16: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”.

2.     En 1 Corintios 3:17: “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

3.     En 1 Corintios 6.19: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”.

4.     En 2 Corintios 6:16: ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. “.

5.     En Efesios 2:20-22:edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Analizando los textos mencionados podemos deducir que

a.     El discípulo debe estar en cabal conocimiento que es Templo de Dios.

b.     En el discípulo mora el Espíritu de Dios.

c.      Si el discípulo destruye el Templo de Dios, Dios lo destruirá; debido a que el templo es santo.

d.      El discípulo debe tener la convicción de que es templo del Espíritu, él cual está en él, que lo tiene por Dios, que no es por voluntad de él, se ha unido al Señor, un espíritu es con él  (1 Co. 6:17)

e.       Entre el discípulo y Dios existe un vínculo inseparable de comunión, relación, intimidad y unión.

f.       El discípulo tiene la obligación moral de edificarse en el conocimiento de Dios, la doctrina de Jesucristo.

g.     El discípulo tiene la obligación de crecer para llegar a ser un templo santo en el Señor, morada de Dios en el espíritu.

El creyente genuino debe siempre de tener cuidado con el accionar de su vida personal, con respecto a sus hechos y sus dichos, a no cometer alguna imprudencia que lo margine de la familia de Dios, para eso debe seguir el camino de la perfección, como instaba el autor de la carta de Los Hebreos (6:1), o Pablo en 2 de Corintios (6:11).

El Espíritu Santo nos enseña y revela las cosas de Dios, solo aquellos “que han alcanzado madurez” (1 Co. 2:6) y han consagrado su vida a las cosas espirituales. Cristo perfecciona a los santos para los diferentes ministerios y edifica su cuerpo, hasta lograr la plenitud de Cristo. (Ef. 4:11-16) a los que son dignos a la vocación de su llamado (Ef. 4:1).

Por lo tanto, no debemos andar en la vanidad de nuestra propia mente, sino conforme a la renovación espiritual que hace el Espíritu en nuestras vidas, cuando nacemos para Cristo. Más bien, profesando la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo.

Juan Salgado Rioseco

viernes, 8 de junio de 2012

La senda antigua para el cristiano de Hoy…

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.” Jeremías 6:16

En este pasaje bíblico, Dios habla y amonesta a su pueblo a que caminen en las sendas antiguas, de acuerdo a sus mandamientos, preceptos y ordenanzas establecidas en la Ley de Moisés, pero en su obcecación el pueblo de Israel rehúsa hacerlo.

¿Cuál era la situación del pueblo de Israel en la época de Jeremías?

Gradualmente el pueblo había venido corrompiéndose delante de la presencia de Dios; la injusticia había confluido en violencia social, descomposición de la justicia, desviaciones en la vida espiritual, corrupción en la esfera política. Esta situación, similar a los tiempos de Noé, para Dios, la tierra estaba llena de maldad y violencia, pues toda la gente se había pervertido.

En esa época, vio Dios, que había tanta maldad en la tierra, le dijo a Noé: “He decidido terminar con toda la gente. Por su culpa hay mucha violencia en el mundo, así que voy a destruirlos a ellos y al mundo entero”. (Gn. 6:11-13). Estos habían sido desobedientes, cuando Dios esperaba con paciencia mientras se construía la arca, (1 Pe. 3:20), no perdonó al mundo antiguo, sino que mandó el diluvio, (2 Pe. 2:5). El medico griego Lucas (17:26-27) escribe de aquel tiempo: “Como pasó en los tiempos de Noé, así pasará también en los días en que regrese el Hijo del hombre. La gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en la arca, y llegó el diluvio y todos murieron”.

La intención del profeta Jeremías, era que el pueblo de Israel tomara conciencia de su estado frente a Dios, para eso, trae a sus mentes el tipo de maldad en que habían incurrido, insiste una y otra vez, denuncia la mentira, la violencia, la injusticia y la terquedad de corazón en cuyos males se encontraba la raíz de la desviación en el caminar con Dios, denuncia que la infidelidad estaba en ir en pos de dioses ajenos. Esta situación traería gravísimas consecuencias: la destrucción de Israel.

Jeremías, hace oír la voz de Dios, la inminencia del desastre, aun mas, con una claridad sorprendente predice abiertamente la destrucción del templo de Jerusalén (7:14). Sin embargo hay una salida, para evitar el caos, la desolación, la destrucción “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”. Pero el pueblo terco y obcecado contesto “No andaremos.”

Nuestro Jesucristo, también habla de una situación similar en los tiempos del profeta Isaías “Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí. De nada sirve que me rinda culto: sus enseñanzas son mandatos de hombres. Porque ustedes dejan el mandato de Dios para seguir las tradiciones de los hombres.

También les dijo:

—Para mantener sus propias tradiciones, ustedes pasan por alto el mandato de Dios.” (Mr. 7:6-9 DHH).

Como en los días de Noé, en los de Isaías y en los de Jeremías, el pueblo de Dios vive hoy en las mismas circunstancias: caminar alejados de Dios, hemos incubado la apostasía en la iglesia de Cristo, en vez de verdaderos discípulos estamos engendrando potenciales apostatas.

La advertencia de Jeremías resuena como un shofar de Dios diciendo: “Pongan atención a la señal de alarma.” “Párense en los caminos y miren, pregunten por los senderos antiguos, dónde está el mejor camino síganlo y encontrarán descanso.” Sin embargo la única respuesta que se escucha es “No queremos hacer caso.” “No, no queremos seguirlo.” “Sirvo a Dios a mi manera”.

Del remanente fiel de la iglesia de Cristo, a igual que el profeta Jeremías, se oye la voz de alarma, “Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo te alumbrará.” (Ef. 5:14) y el consejo paulino cobra vigencia “Examinen, pues, con mucho esmero su conducta. No anden como tontos, sino como hombres responsables”. (Ef. 5:15).

¿Cuál es la senda antigua para el cristiano de hoy?

Encontramos en varios pasajes bíblicos las directrices que nos sirven de guía para comprender cual es la verdadera senda de Dios:

1.            El testimonio de estar agradando a Dios, (He. 11:5), no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan. Este tipo de caminar agrada a Dios.

2.            Conocer el camino de Jesús, (Jn. 14:4-7), debemos regresar al camino que Jesucristo trazo, por que solo en el, hay vida, vida en abundancia.

3.            Imitar a Dios, de la forma que Cristo se comporto delante de la presencia del Padre, (Ef. 5:1-2), el apóstol Pablo incentivo a los hermanos de la Iglesia de Éfeso escribiéndoles: “Ustedes, como hijos amados de Dios, procuren imitarlo. Traten a todos con amor, de la misma manera que Cristo nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios”.

4.            Tener una conducta como corresponde a un pueblo santo, (Ef. 5:3-5), “Ustedes deben portarse como corresponde al pueblo santo: ni siquiera hablen de la inmoralidad sexual ni de ninguna otra clase de impureza o de avaricia. No digan indecencias ni tonterías ni vulgaridades, porque estas cosas no convienen; más bien alaben a Dios.  Pues tengan por cierto que quien comete inmoralidades sexuales, o hace cosas impuras, o se deja llevar por la avaricia (que es una especie de idolatría), no puede tener parte en el reino de Cristo y de Dios”. Debido a que sin la Santidad nadie vera Dios (He. 12:14).

5.            Procurar que a nadie le falte la gracia de Dios, (He. 12:15),  a fin de que ninguno sea como una planta de raíz amarga que hace daño y envenena a la gente.

6.            No despreciar lo sagrado, (He. 12:16), como Esaú, cuando quiso recibir la bendición de su padre, fue rechazado; y aunque lloró mucho, ya no hubo remedio para lo sucedido.

7.            No rechazar la disciplina de Dios, (He. 12:25), a aquellos que Dios les llamó la atención aquí en la tierra, no escaparon; mucho menos podremos escapar nosotros, si le damos la espalda al que nos llama la atención desde el cielo.

8.            Respetar el matrimonio y mantener la pureza de sus relaciones matrimoniales, (He. 13:4), porque Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio.

9.            No dejarse llevar por enseñanzas diferentes y extrañas, (He. 13:9).

10.       No olvidarse de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, (He. 13:16),  porque estos son los sacrificios que agradan a Dios.

11.       Hablar siempre de acuerdo con la sana enseñanza, (Tit. 2:1).

12.       Tener una completa dedicación en el servicio a Dios, (2 Ti. 2:4).

13.       Estar delante de Dios aprobado, (2 Ti. 2:15), como un hombre de valor comprobado.

14.       Buscar la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con todos los que con un corazón limpio invocan al Señor, (2 Ti. 2:22).

15.       Ser hacedores de la Palabra de Dios, (Stgo. 1:22, 25), la salvación induce al servicio de Dios.

16.       No hacer discriminaciones entre una persona y otra, (Stgo. 2:9), al hacerlo se comete pecado y son culpables ante la ley de Dios.

17.       Tener compasión de otros, (Stgo. 2:13), los que no tienen compasión serán también juzgados, pero los que han tenido compasión, saldrán victoriosos en la hora del juicio.

18.       La fe tiene debe estar relacionada con los hechos, (Stgo. 2:14), ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe, si sus hechos no lo demuestran? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta. Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe está muerta si no va acompañada de hechos.

19.       No hacerse amigo del mundo, (Stgo. 4:4), cualquiera que decide ser amigo del mundo, se vuelve enemigo de Dios.

20.       Humillarse delante del Señor, y él los enaltecerá, (Stgo. 4:10).

21.       Hacer la voluntad de Dios, (Mt. 7:21-23).

22.       Debe andar como El anduvo, (1 Jn. 2:6).

Estos y otros versículos de la Palabra de Dios, son las señaléticas que Dios nos ha dado para guiarnos a través de las sendas antiguas cristianas. Una gran parte de los creyentes confunden las antiguas formas de adorar a Dios basados en los usos y costumbres de la época en que ellos se convirtieron; otros, los que nuncan han sido discipulados, se les lmpone la tradicion como dogma invariable, con la verdadera senda antigua del cristianismo que enseño el Maestro, transmitieron los Apóstoles y propagaron los Padres de la Iglesia.

Desde el inicio de la formalización del cristianismo sufrió la acomodación de sus normas a las situaciones imperantes y posteriormente la adaptación de sus preceptos a las circunstancias institucionales influenciados por el creciente poder y privilegios que fue adquiriendo en ciertos lugares geográficos. Lo que trajo como consecuencia el paulatino abandono de la senda antigua del cristianismo a los largo de estos 21 siglos de existencia.

Los genuinos adoradores de Dios y fieles discípulos de Cristo, tienen el deber y la responsabilidad de orientar su fe, y acciones a lo que Jesús estableció; de disciplinar su conducta de acuerdo a los mandamientos que ordeno el Maestro.

Juan Salgado Rioseco




sábado, 2 de junio de 2012

" y vosotros sois testigos "

"... y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo".  (Mateo 28:20).

Esta promesa fue dada a los testigos de la vida de Jesucristo, quienes serían los primeros componentes de su Iglesia Universal, (Hch. 1:13-15; 2:1-4). Lo relevante de esto, es que, Cristo mismo es quien se compromete a no separarse nunca de sus testigos.

Pero, ¿porqué Jesucristo estaría por siempre con ellos?, ¿a que se debe esta promesa alentadora? El propósito de estas palabras de Jesús nace de una orden que él les habría dado: "Id y haced discípulos a todos las naciones, bautizándolos en el nombre del padre, y del hijo, y del espíritu santo enseñándoles que guarden todos las cosas que os he mandado", (Mateo 28:19-20).

Primeramente debemos decir que “testigo” lo define la Real Academia de la Lengua Española como “Persona que está presente en un acto o en una acción, especialmente la que habla en un juicio para explicar los hechos que ha presenciado.” De su raíz hebrea “'ed”,  traducida al griego como “mártus o mártur”, de las cuales deriva la palabra española "mártir". Denota a uno que puede certificar o certifica aquello que ha visto u oído, o conoce.

Por lo tanto, los apóstoles eran testigos de la resurrección y del evangelio, y daban su testimonio con seguridad (Hch. 1:8; 2:32; 3:15; 10:39; 1 R 5:1; cf Lc. 24:48; etc.). Se llamó y se preparó especialmente a Pablo para que fuera Testigo de Cristo (Hch. 22:14, 15; 26:12-16). De Jesús se dice que es "el Testigo fiel y verdadero" (Ap. 3:14; cf 1:5). En ciertas circunstancias el gr. mártus llegó a tener el significado de "mártir", y ése es el sentido que tiene la palabra "testigo" en Hch. 22:20 y Ap. 2:13 en la RVR. En Ap. 17:6 ha sido traducida por "mártir". Las Escrituras menciona “una nube de testigos”, de aquellos mencionados en el cap. 11 de Hebreos, aquellos cuyas vidas y acciones dieron testimonio del valor y efecto de la fe, y cuya fe queda registrada en la Escritura. (1 Pe. 5:1).

Lo que Jesús deseaba de sus testigos, era un desafío mundial, lo pedía con autoridad, pues los había preparado para esta gran comisión.

¿Cómo planeó el Señor que esto se cumpliese?

Primero elige hombres, (Marcos 3:13; Lucas 6:12-13), luego, los hace "testigos" de su evangelio el cual es descrito como poderoso en la carta de Pablo a los Romanos (Ro. 1:16). Ciertamente Jesús reveló a sus discípulos un poder que luego ellos obtendrían, recordemos algunos episodios en donde Jesús muestra su poder:

1.       Sana a un leproso.  (Mr. 1:40-45; Lc. 5:12-16; Mt. 8:1-4).

2.       Sana al siervo de un centurión.  (Mt. 8:5-13; Lc. 7:1-10).

3.       Sana a la suegra de Pedro.  (Mt. 8:14-17; Mr. 1:19-34).

4.       Calma la tempestad.  (Mr. 4:35-41; Lc. 8:22-25).

5.       Da vista a dos ciegos.  (Mt. 9:27-31).

6.       Hace hablar a un mudo.  (Mt. 9:32-34).

7.       Anda sobre el mar.  (Mt. 14:22-33; Mr. 6:45-52; Lc. 6:15-21).

8.       Alimenta a cinco mil personas.  (Mt. 14:13-21; Mr. 6:30-44; Jn. 6:1-14).

9.       Alimenta a cuatro mil personas.  (Mt. 15:32-39; Mr. 8:1-10).

10.  Muestra su gloria en la transfiguración a Pedro, Jacobo y Juan .  (Mt. 17:1-9; Mr. 9:2-13; Lc. 9:28-36).

11.  Sana a un paralítico.  (Mt. 9:1-8; Mr. 2:1-12, Lc. 5:17-26)

12.  Sana a un endemoniado.  (Mt. 8:28-34; Mr. 5:1-20; Lc.8:26-39).

13.  Resucita a la hija de Jairo.  (Mt. 9:18-26; Mr. 5:21-43; Lc. 8:40-56).

14.  Resucita al hijo de la viuda de Nain.  (Lc. 7:11-17).

15.  Al tercer día de su muerte resucita.  (Mt. 28:1-10; Mr. 16:1-8; Lc. 24:1-12; Jn. 20:1-10).

Estas  son algunas de las señales y prodigios más relevantes de los cuales fueron testigos presenciales los discípulos de Jesucristo. Es más aún, antes de su ascensión reafirmando que su presencia sería permanente les dice: "... y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán". (Mr. 17-18).

Habiendo visto tantas maravillas y siendo receptores de tan grandes promesas no es raro entonces que Jesucristo les diga: "... y vosotros sois testigos de estas cosas". (Lc. 24:48). Pero para ser verdaderos testigos les faltaba el sello de sus testimonios, es así que nuestro Señor da su última promesa, donde condensa todas las anteriores:

"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra". (Hch. 1:8), y habiendo dicho estas cosas, fue alzado, y le recibió una  nube que le ocultó de sus ojos".

Al haber analizado la vida de nuestro Señor Jesucristo y el nacimiento de su Iglesia, pareciera que estas promesas sólo hubiesen sido dadas a ellos, sin embargo, habiendo transcurridos dos milenios de estos acontecimientos, Jesús nos recuerda por su palabra:
"... y he aquí estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo. Amén" (Mt. 28:20).

¿Qué significa ser testigo de Jesús? Como el apóstol Juan escribió: Les escribimos a ustedes acerca de aquello que ya existía desde el principio, de lo que hemos oído y de lo que hemos visto con nuestros propios ojos. Porque lo hemos visto y lo hemos tocado con nuestras manos. Se trata de la Palabra de vida.”(1Jn. 1.1) o como esta escrito en Hechos 22:15 “Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.”

Ser testigo de Jesús, es aquel que ha "visto, oído y tocado" un hecho o acontecimiento de la acción de Dios entre los hombres, y lo da a conocer o lo transmite para que otros seres humanos lo conozcan y se acerquen a él. En efecto, no hemos sacado de fábulas o de teorías inventadas lo que les hemos enseñado sobre el poder y la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor. Con nuestros propios ojos hemos contemplado su majestad (2 Pe. 1:16).

Ser testigos de Jesús, en nuestros días, significa ser un cristiano auténtico, no sólo de palabra, sino cristianos activos e íntegros, que se preocupan por conocer cada vez más a Jesús, por comunicarse con El y por poner en práctica sus enseñanzas sirviendo a los demás. Jesús solicita a sus testigos ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Que esa luz debe brillar delante de los hombres para que, viendo, glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos, porque sus testigos están en el mundo pero no son del mundo. El que se considera testigo de Jesús debe serlo en y con la Iglesia de Cristo, ser testigos de Jesús envuelve una vida de compromiso y obediencia al dador de la vida.

¿Qué están haciendo los testigos de Jesús?

Sabemos que su palabra permanece inmutable a los tiempos, pero los pensamientos de los hombres son fluctuantes, generando cambios culturales, algunos en forma radical, otros evolucionan hacia laicacismó relativista, otros son adaptacionista del post modernismo de la sociedad o se acomodan a las tendencias sociales para no ser discriminado de su ambiente social, algunos se encuentran interposicionados en un pluralismo secular social, basados en un pragmatismo de vida incoherente a los postulados cristianos; estas formas de vida soterran de una u otra forma los fundamentos y principios del testigo de Jesús, como consecuencia de esta diversidad y permisividad valórica, falsos testigos se han infiltrado en la Iglesia de Cristo, propagando sus falsas doctrinas con artimañas de demonios y fabulas de hombre, dañándola, muchos siguen su vida viciosa, y por causa de ellos se habla mal del camino de la verdad, generando una tendencia promiscua valórica que conlleva una imagen de apostasía desde el interior de la misma iglesia de Cristo.

Sin embargo, no todo es tinieblas, a pesar de las distorsiones o desviaciones que los hombres han efectuado a la Iglesia de Cristo, existe un remanente fiel, obediente y comprometido con la causa de Jesucristo, libre de la fatiga o el cansancio, de la desilusión o la desesperanza; que mantienen vida la llama del Espíritu que les renueva la alegría de vivir conforme a la fe y la esperanza del día de su glorificación; se aferran a la fe porque solo Jesús tiene las palabras de vida eterna, y se mantienen aprobados delante de la presencia de Dios, sabiendo que él es el santo de Dios.

Confirman su creencia en el día a día, la que les da fuerzas para defender la fe en Cristo; cada uno de ellos son verdaderos atalayas, paladines, fieles defensores de la causa de Jesús, que con pasión siguen ensanchando las estacas de la iglesia de Cristo, teniendo el  vigor para confesar con firmeza que aun la acción de Jesucristo entre los hombres permanece inalterable, llamando al hombre al reconcilio con Dios a través de Jesús, para salvar sus almas de la condenación perpetua.

Ser testigo de Jesús es seguir colaborando en la santificación del mundo y actuando como apóstoles comisionados e investido de su poder allí donde vivimos y trabajamos.

Ser testigo de Jesús es solo mirarlo a El por sobre todas las dificultades, manteniendo viva la esperanza que un día lo veremos manifestarse, escuchando su voz diciendo que en lo poco fuiste fiel y en lo mucho te pondré.

Juan Salgado Rioseco.

viernes, 1 de junio de 2012

Aprobado, como obrero, al servicio de Dios

En la carta pastoral del apóstol Pablo a su discípulo e hijo de la fe Timoteo encontramos la siguiente recomendación: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” (2 Ti. 2:15).

En primer lugar, definiremos las dos palabras importantes en este texto “obrero” y “aprobado”.
a.     Obrero, palabra que viene del Griego “ERGATEN”; persona que trabaja en un oficio (profesión), y que realiza las cosas del mejor modo posible, no con mediocridad. 

b.     Aprobado, del griego “DOKIMON”, admitido o aceptado después de ser puesto a prueba pasando a ser excelente o sobresaliente. 

c.      Ser puesto a prueba, se deriva de la palabra griega “DOKIMAZÖ”, probar una cosa para saber si vale la pena o no, es decir; examinar, evaluar, escudriñar a la persona en su  carácter o personalidad. 

 En otras palabras Pablo le estaba pidiendo a Timoteo “haz bien tu trabajo encomendado, no con mediocridad, con maestría en la enseñanza de la Palabra de Dios, para que pueda ser aceptado como sobresaliente, en la prueba de Dios.”
Hermoso consejo del apóstol de los gentiles a su fiel hijo en la fe, que valedera aplicación para los colaboradores e hijos de Dios del presente. Cotejando el texto en otras traducciones bíblicas encontramos lo siguiente:
 “Trata de que Dios pueda contar contigo; sé como obrero irreprensible, experto en el manejo de la palabra de la verdad.” (Biblia Latinoamericana 1995).
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza correctamente la palabra de la verdad.” (Biblia Textual 3ra. Edición 2010).
“Haz todo lo posible por presentarte delante de Dios como un hombre de valor comprobado, como un trabajador que no tiene de qué avergonzarse, que enseña debidamente el mensaje de la verdad.” (Dios habla hoy)
“Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad.” (Nueva versión Internacional).

Work hard so you can present yourself to God and receive his approval. Trabaja duro para que puedas presentarte a Dios y recibir su aprobación. Be a good worker, one who does not need to be ashamed and who correctly explains the word of truth. Ser un buen trabajador, aquel que no tiene por qué avergonzarse, que explica correctamente la palabra de verdad.” (Nueva Traducción Viviente, 2007)
El análisis de cada uno de estos textos expuestos nos encontramos con ideas planteadas por estos traductores, nos hacen comprender mejor el consejo del apóstol de los gentiles a su fiel colaborador, en ese entonces anciano de la iglesia de Éfeso, cumplimiento una tarea encomendada.
“Trata de que Dios pueda contar contigo, por tu labor comprobada, siendo un obrero de limpia conciencia, experto en el manejo de la palabra de verdad, que la interpreta y la enseña en forma recta y correcta.”  Que exquisito consejo, ocurrido en la década de los sesenta del primer siglo, que salió de un hombre que estaba en las postrimerías de su vida hacia uno de sus mas fieles colaboradores.
Este consejo no ha perdido validez, hoy al inicio de la segunda década del tercer milenio del cristianismo cobra una vital importancia. La situación de la Iglesia de Cristo, se ha ido complicando por efecto de que sus líderes no están a la altura de su digno cargo, por ende, la conducción que realizan en sus respectivas congregaciones es insuficiente o mediocre, que la mayoría de ellas no pasan la prueba de Dios o no son probas de estar delante de su presencia.
Las personas que concurren a una iglesia determinada, solo esperan recibir algo digno a su situación de parte de Dios, sin embargo, las limitaciones de los seudos conductores de la fe, obstruyen el propósito de Dios, desviando la fe de muchos hacia caminos de muerte.

¿Qué se espera de los ministros o los que están al servicio del evangelio de Cristo?

Que sean aprobados por Dios, en referencia a su elección, persona, obra y la transmisión verdadera de la Palabra de verdad.
Que la gracia de Dios este en ellos, fieles en el Señor, que el fuego de Dios arda en ellos, que efectúen su labor con limpia conciencia, que tengan preocupación por las almas en contra sus interese personales y que siempre sus acciones estén fundamentadas o dirigidas por la voluntad de Dios.  
Que el deber del ministro o del que esta al servicio de Cristo sea  el estudio, la exposición y la aplicación de las Escrituras.
Que sea ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.
Que no descuide el don que capacita su llamado o ministerio.
Que su vida personal debe ser tan pura como su doctrina. Ambos fueron hechos el uno para el otro. Si el siervo del Señor no cuida de sí mismo, su doctrina será incoherente y confusa. La influencia de Dios puede apartarse de una persona por descuido, y nuestras mentes pueden perder la intensidad de su llamado.
Que los propósitos de Dios tienen que estar estrechamente atados a sus mentes y corazones.
Que cuando predica la palabra de verdad, debe presentarla a la congregación, procurando con mucha diligencia llevarla con honestidad, fidelidad, moralidad, respeto, dignidad, y sobre todo con pureza de corazón.
Que demuestra su lealtad adorando al único y verdadero Dios, con sus acciones.
Que ande en el camino de la perfección, para que puedan servir con integridad. 

Estas cualidades deberían estar en todos los ministros o servidores de Dios, ya que son imprescindibles en la conducción de la iglesia de Cristo, se evitarían la gran mayoría de los males que la afectan; hoy más que nunca, la iglesia de Cristo necesita ministros o servidores auténticos, competentes, no de costumbres religiosas o elegidos por tradiciones humanas bajo intereses personales, celoso en guardar su testimonio, útil al Señor, fiel administrador de la multiforme gracia de Dios.
Un buen ministro de Dios, debe estar aprobado para corregir las desviaciones, evitar los engaños, impedir las manipulaciones de la fe  y oponerse a la apostasía, con las armas que Dios ha señalado, nutrido con las palabras de la fe, en proceso continuo y de la buena doctrina. Sus fuerzas deben estar orientadas de sacar del error a sus membresías, la única forma de salir victorioso es que permanentemente se ejerciten en la piedad, aun mas, siendo modelo espiritual de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

El Señor Jesucristo, por su gracia, hizo a sus ministros competentesde un Nuevo Pacto, no de oficio, ni de letra, sino de Espiritu, para servir diligentemente a su iglesia con integridad de corazon y fe.
Juan Salgado Rioseco.

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...