viernes, 29 de abril de 2011

Guerra espiritual, desde la perspectiva Paulina (II)

El pasaje bíblico donde iniciaremos la perspectiva paulina en el tema se cuenta entre los más conocidos de toda la Escritura y en él, el apóstol Pablo no escribe acerca de la demonización, sino de la guerra espiritual entre el poder del diablo y el de Dios en la vida de los creyentes.

La convicción de que Efesios 6 es el manual para la guerra espiritual victoriosa, como lo expone el movimiento guerra espiritual, no constituye algo nuevo en nuestra época. A lo largo de la historia de la iglesia, los creyentes, tanto teólogos como laicos, han buscado ayuda en este pasaje, principalmente en los momentos en que todos los poderes del infierno parecían haberse desatado contra ellos. Los padres de la iglesia mencionaban de continuo Efesios 6. Si hojeamos los índices de la Escritura en busca de los escritos de los padres prenicenos, nicenos y postnicenos, descubriremos cuán a menudo acudían a dichas palabras de Pablo. También los grandes teólogos puritanos comentaban con frecuencia este capítulo de Efesios.

En Efesios 6.10–20 Pablo concentra todas sus enseñanzas sobre el tema. Aquí tenemos la aplicación práctica de todo lo que el apóstol ha estado diciendo en Efesios hasta el momento, es parte decisiva de la parénesis a la que ha estado apuntando el resto de la carta. Pablo comienza su presentación con las palabras: La expresión «por lo demás» va seguida de tres imperativos: «fortaleceos» (v. 10); «vestíos» (v. 11); y «tomad» (v. 13), los dos últimos se refieren a la armadura de Dios. Destacan la necesidad de que el hombre de Dios necesita la ayuda divina para resistir los embates de Satanás; unidos a «por tanto», une la principal exhortación del versículo 14, en referencia global del versículo 12, que actúa como una explicación del carácter del adversario y no a modo de elemento central en el desarrollo de Efesios 6.10–20. El imperativo «estad firmes», v. 14, se puede considerar como la exhortación principal de este pasaje. El consejo de que adquieran fortaleza y capacitación divinas no lo ha dado el autor como un fin en sí mismo. Esa fortaleza es necesaria para un propósito particular: que el creyente sea capaz de estar firme contra las «potestades» malignas y pueda resistirlas con éxito (vv. 11, 13, 14). El «estad firmes» de este versículo se convierte por tanto en el mandamiento central del pasaje. El texto prosigue con los imperativo en participio “ciñendo”, “vistiendo”, “calzando” y “tomando” (14-16), unidos al verbo imperativo “tomad” (13) dependiendo principal pensamiento: “Estad, pues, firmes” (14)

Después de rogar a los creyentes que se fortalezcan en la fuerza y el poder del Señor poniéndose la armadura de Dios, Pablo presenta las razones en los versículos 11 y 12, dice que:

1. Necesitan «estar firmes contra las asechanzas del diablo» (v. 11d).

2. No se enfrentan a enemigos humanos (v. 12a).

3. Luchan contra una jerarquía seres sobrenaturales que han infiltrado por completo los cielos y ejercen gran control sobre la tierra (v. 12b).

El «estad firmes» del versículo 14 es una repetición de los dos anteriores (vv. 11b, 13b), y refuerza la idea de que es el mandato principal en torno al cual gira todo lo demás.

El planteamiento va dirigido contra el diablo y sus poderes (11, 12), como lo hace en forma similar en Efesios 4:27. El título que más emplea para referirse al diablo es «Satanás»; y también usa «el maligno» en el presente pasaje (v. 16) y en 2 Tesalonicenses 3.3. En 2 Corintios 11.3 lo llama «la serpiente», y «el dios de este siglo» en 2 Corintios 4.3, 4. Luego lo denomina «Belial» en 2 Corintios 6.15 y «el tentador» en 1 Tesalonicenses 3.5. Además, tenemos todos los términos de poder que identifican a los principados y potestades, y que incluirían también al diablo al ser éste el supremo principado.

Pero no sólo nos enfrentamos al diablo, sino que hemos de habérnoslas asimismo con sus asechanzas (6.11). «Asechanzas» es la traducción del término griego methodeía, que siempre se utiliza en sentido negativo en el Nuevo Testamento. Vine dice que significa: “[ … ] astucia, engaño (metá, después, hodós, lejos), ardid, estratagema; en Efesios 4.14 se traduce por «artimañas» (del error)[ … ] (con miras al) arte (singular) del engaño. La idea detrás de methodeía es el engaño.”

El versículo 12 es sin duda uno de los más notables de toda la Biblia sobre la guerra espiritual. Pablo dice que luchamos contra principados y potestades de alto rango y una maldad absoluta. «lucha» en griego es pále, un término que sólo aparece esta vez en el Nuevo Testamento. En Efesios 1.21, hizo una quíntuple clasificación de esos poderes: principado, autoridad, poder, señorío y nombre. A continuación, en el 4.8, se refirió a la «cautividad», es obvio que también un concepto de poder perverso. Luego, en Efesios 3.10, Pablo menciona a «los principados y potestades», y en el 4.27 habla por primera vez del diablo. Ahora, en Efesios 6, el apóstol reúne al diablo (v. 11), el maligno (v. 16) y los principados y potestades (v. 12). Por vez primera afirma de un modo claro lo que había estado diciendo tácitamente: que nuestra batalla contra el diablo no es contra él en persona o de forma individual sino sólo a través de los ataques que nos lanza por medio de los principados y potestades cósmicos malignos de alto rango. Por último, el apóstol dice que nos encontramos en guerra con las pneumatikà tês ponerías en toîs epouraníois, «(huestes) espirituales de maldad en las regiones celestes». Los creyentes tienen que estar preparados para enfrentarse a todas las fuerzas malignas en la batalla.

Después de describir la vestimenta de un soldado y su armadura, Pablo, relaciona la oración en el Espíritu y la preocupación constante hacia los demás creyentes y él mismo como medio de victoria en el evangelio, como el hincapié que hace en el versículo 10, “... fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.”

Pablo, en sus escritos considera que el cristiano se encuentra inmerso en una guerra espiritual, entre Dios y el Diablo y sus potestades, para eso, el hombre de Dios debe estar constantemente preparado y listo para enfrentar las asechanzas del enemigo en el día malo, para que cuando termine siga firme en la fe. Las armas para enfrentar esta lucha son: la verdad de Cristo, la justicia de Dios, el evangelio de la paz, la fe, la salvación, y la palabra de Dios, además de la oración, condiciones que el genuino cristiano debería tener en todo momento. Por lo tanto no es necesario de dar demasiado enfasis y adoctrinamiento a las personas para enfrentar al Diablo y sus potestades, principados, debido que es obligación de todo cristiano estar “Vestíos de toda armadura de Dios” en todo momento y lugar, desde los días de nuestro Señor Jesucristo hasta los actuales el cristianismo se encuentra en la “Operación Salvación” con la ayuda del Espíritu Santo, con la finalidad del que cree en Jesús sea salvo, y pueda entregársele las armas necesarias para que sea un victorioso en el Señor.

La cosmovisión de guerra espiritual se encuentra en la victoria de Jesucristo en la cruz, la seguridad del cristiano se encuentra en creer en Jesús, el fundamento de la fe se encuentra en la resurrección del ungido de Dios, la victoria del creyente se encuentra en permanecer en el constante conocimiento de Dios, para poder resistir al Diablo. Con Cristo somos más que victoriosos.

Juan Salgado Rioseco



Guerra espiritual, desde la perspectiva Paulina (I)

Han surgido tendencias dentro del movimiento Protestante, que dan énfasis a una constante guerra entre las fuerzas del bien y las fuerzas demoniacas, lo han denominado Guerra Espiritual. La vehemencia de sus actuaciones, sus estereotipos, sus formas y estilo muy peculiares nos preguntamos: ¿Es Bíblico tal posición?, ¿Qué dice las Sagradas Escrituras sobre este tipo de manifestaciones o énfasis?


Es necesario dar respuesta bíblica a este tipo de fenómeno, debido a que un gran porcentaje de los creyentes sienten una atracción y han desviado su fe de los verdaderos fundamentos de la doctrina cristiana, en pos de posturas subjetivas. A través de las cartas pastorales de Paulo, en especial basado en Efesios capitulo Seis, trataremos de encontrar la verdadera perspectiva de la guerra espiritual bíblica, la que podremos cotejar con los postulados del movimiento Guerra Espiritual. Este estudio esta destinado para los creyentes que fundamentan su fe en la interpretación bíblica más correcta, de acuerdo a normas de exégesis aceptadas normalmente como la más adecuada. Con el objeto de tener la seguridad que la denominada guerra espiritual, como se presenta en la actualidad, no es más que un énfasis de ciertos pasajes bíblicos, sacados de contexto, cambiando el sentido de las Escrituras.

Aunque en nuestros días se escribe mucho acerca de la guerra espiritual, la Iglesia es aún básicamente ignorante del mundo de los espíritus, esta ignorancia resulta más pronunciada en los movimientos pentecostales, ya que ellos basan su fe, en la experiencia personal, basada en las manifestaciones del Espíritu Santo. La guerra espiritual se inicia con un supuesto: “el mundo espiritual es una cosmovisión que se encuentra en conflicto permanente entre las fuerzas del bien y del mal.” La definición operativa más elemental es: La cosmovisión tiene que ver con «las suposiciones básicas de uno en cuanto a la realidad». Donde las creencias y el comportamiento de las personas, en ese orden, están basados en sus cosmovisiones, sean o no conscientes de ello, siendo más explícito, cada individuo esta influenciado por el medio que se desempeña y por el acercamiento cultural o visión que tenga de las Escrituras o del naturalismo.

Las interrogantes que plantea el movimiento de guerra espiritual, para las que no hay respuestas adecuadas disponibles son: ¿Pueden estar endemoniados los verdaderos cristianos? Y en tal caso, ¿qué debemos hacer para liberarlos?. ¿Qué puede hacer Satanás, por medio de sus demonios (Efesios 6.10–20) contra los creyentes verdaderos? ¿Pueden ser dañados por los demonios? ¿Puede Satanás lastimar física, emocional e incluso espiritualmente a los cristianos? ¿Puede matarlos?. ¿Y qué de nuestras iglesias?, se preguntan. ¿Tienen capacidad los espíritus malos para infiltrarse hasta posiciones de autoridad y acabar con el fluir del Espíritu y con sus dones? ¿Pueden falsificar los dones del Espíritu Santo? ¿Cómo es posible reconocer y derribar tales fortalezas demoníacas?. ¿Cuál es el lugar del campo sobrenatural maligno en la evangelización? ¿Hay príncipes espirituales malvados de alto rango que gobiernan en ciertos territorios? ¿Pueden oprimir y controlar a los individuos, las comunidades, los pueblos e incluso las naciones hasta el punto de que la Palabra de Dios no eche raíces sino que sea rechazada o expulsada?.

Las premisas donde fundamentan sus enseñanzas son: “los líderes cristianos deben aprender de nuevo lo concerniente al mundo espiritual; reformular sus enseñanzas concernientes a la problemática entre el bien y el mal; y la batalla entre la verdad y el error fue una de las principales dimensiones de la guerra espiritual con la que se enfrentó Pablo a lo largo de todos sus años de ministerio, y subyace a toda crítica de aquellos que deforman el verdadero evangelio de gracia”. La dimensión de la guerra espiritual vista de una cosmovisión bíblica, la dividen principalmente en seis dimensiones que afectan a la guerra espiritual: una cosmovisión espiritual, la cosmovisión del teísmo, la revelación de la cosmovisión, la cosmovisión Trinitaria, la cosmovisión redentora y la cosmovisión de guerra espiritual

Existe un estado de conflicto cósmico-terrenal o guerra espiritual permanente. En términos filosóficos, en el universo existe un dualismo modificado. El reino de Dios y el reino sobrenatural maligno libran un feroz combate entre sí. El dualismo absoluto afirma que la verdadera realidad es eternamente dualista: que el bien y el mal siempre han existido y siempre existirán. El dualismo bíblico es un dualismo modificado: la realidad presente existe en un estado de dualismo, pero no fue así en un principio, ni lo será en el futuro. La opinión de la Escritura es: «En el principio… Dios… » Entonces no había mal, ni fuerza opositora, sólo Dios, y Él es bueno. Luego Dios creó seres morales, llamados ángeles, y los colocó en su reino. Aún no había dualismo. Ellos obedecían a su voluntad. Sin embargo, en algún momento del pasado secreto, tuvo lugar la rebelión dentro del reino angélico. El dualismo había nacido. El mal entró en el reino de Dios dividiéndolo en dos diferentes, el reino de Dios y el de Satanás. Esta es la visión, para ellos, que da la Biblia del lejano pasado, este sería el origen y el principio de la guerra espiritual.

Por medio de sus cartas, Pablo expone la mayor parte de las doctrinas principales que integran la fe cristiana; incluyendo las verdades acerca de la guerra espiritual en general y el mundo de los espíritus en particular. El apóstol escribe más acerca de los poderes sobrenaturales perversos y de la guerra con los espíritus malignos que ningún otro de los escritores del Nuevo Testamento.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Hacia una reorientación del ministerio pastoral pentecostal

Las múltiples y diversas comunidades pentecostales chilenas necesitan una reorientación en su propuesta evangelizadora a la sociedad del siglo XXI. Este nuevo planteamiento necesita urgente una impronta renovación en especial la forma de traspasar la sana enseñanza de Jesús.
En este campo la educación toma un lugar prominente, la cual debe ser abordada con responsabilidad y madurez cristiana debido a la inculturación en mayor o menor grado de las diferentes comunidades, agravado por la rapidez de los cambios sociales y culturales que la posesionan frente a continuas confrontaciones en el ámbito teológico como generacional, ante este cuadro se debe reformular un nuevo planteamiento pastoral fundamentado en una renovación teológica bíblica exenta de los dogmatismo tradicionales.
La renovación debe abarcar diversas aéreas entre ellas la forma de interpretación bíblica basada en una teología fundamentalista que genere condiciones de credibilidad de la fe en el contexto de una sociedad globalizada, influenciada bajo los aspectos que Jesús tenía en mente para su iglesia. Otra área, es la revelación escatológica, debe dejar el campo apocalíptico confrontacional excluyente para entregar un mensaje esperanzador de fe solo fundamentado en la segunda venida de Jesús y sus consecuencias en los fieles y dignos.
Además de renovar la visión de Iglesia, como centro de la fe y exponente del mensaje evangelistico del Reino de Dios, capaz de abordar los nuevos retos, exigencias sociales y culturales sin tranzar sus principios fundamentales de la fe en Cristo. Para ello debe asumirse todos los ministerios eclesiásticos y trabajar en un objetivo común, vitalizador y atrayente a las nuevas generaciones. En otras palabras debe efectuarse una conversión pastoral, centrada en la enseñanza bíblica, en la liturgia y en la adoración. Esta conversión pastoral debe ser capaz de abordar la tarea evangelistica misionera, en vez de una evangelización nominal, esta renovación daría paso a reactivar la función generadora de la iglesia que es la evangelización expansiva de acuerdo a los parámetros  o mandato de la comisión pastoral bíblica.
Si la iglesia del siglo XXI se sujeta al mandato original de la comisión pastoral, resaltaran algunas características que hicieron peculiar a la iglesia del primer siglo, como: fidelidad a la enseñanza de Jesús y no a los dogmas religiosos; un nuevo espíritu, influenciado por el rigor del servicio y por la madurez de entender el verdadero llamado ministerial, todo esto supeditado por la acción del Espíritu Santo; un respeto a todos los convertidos y un reconocimiento a sus ministerios sin acepciones ni formaciones de elites de poder.
Cuando seamos capaces de entender que todos los miembros que componen una comunidad que sirve a Cristo son iguales, obtendremos renovados ministerios, con nuevos objetivos y finalidades, superando el ministeriocentrico y la acción pastoral centrípeta, para abrirse a ministerios al servicio del Reino de Dios. Para lograr esto último, es urgente la formación inicial y permanente de los miembros pastorales que ocupan rangos de liderazgo, y una preocupación educativa sistemática a  los nuevos discípulos hasta transformarlo en enviados maduros y capaces de seguir la obra expandidora de la Iglesia.
La fase final de este proceso de renovación pastoral es lograr el trabajo integrado de una verdadera comunidad de comunidades, de modo de lograr el impacto social y cultural en nuestro tiempo.
Juan Salgado Rioseco

jueves, 23 de septiembre de 2010

Los cambios imperceptibles de la Historia en el Cristianismo

La mayoría de los creyentes evangélicos pentecostales, desconocen la historia de la iglesia desde su inicio, la evolución que ha tenido en el tiempo, y los grandes cambios imperceptibles que ha debido sortear a lo largo de estos dos milenios. Creen que ella es producto del esfuerzo cotidiano de su época y no fruto o consecuencias de sucesos ocurridos a lo largo de estos veinte siglos de vida. No avizoran que los grandes cambios de las sociedades interactivas modernas, han obligados a revaluar ciertos puntos históricos que en su oportunidad no fueron tomados en cuenta o no se le dio la trascendencia que ameritaba.
Se debe tener presente que las diferentes posturas teológicas desde el inicio, con sus pugnas, desacuerdos e imposiciones de los grupos más fuertes, son ahora parte de la forma que interpretamos la Biblia; lo que aseveramos hoy como incontrovertible e infalible, fue en otra época motivo de irreconciliables posturas, sangrientas desavenencias, y una profunda cisma.
La interpretación bíblica y la teología, en el contexto rabínico, utilizada por los judíos y judeocristianos de la primera mitad del siglo I, influenciaron en el comportamiento de los primeros cristianos. Lo podemos percibir en el libro de los Hechos de los Apóstoles y en algunos pasajes bíblicos de los escritores neotestamentarios. Su forma de interpretar las Escrituras tuvo sus inicios después de la crisis babilónica, en respuesta a la necesidad de educar al pueblo en la religión de sus padres, en la preservación de la Ley, la enseñanza discipular, y la administración de la ley posteriormente en el Sanedrín.
El derash procedimiento utilizado por los judíos en la antigüedad, basados en la exégesis y la hermenéutica, es la plenitud y la actualización del sentido bíblico, bajo el parámetro del rabinismo, sorprendentemente también utilizada por los cristianos primitivos, heredando está técnica los escritores del Nuevo Testamento, como lo demuestran sus respectivos escritos. En este sentido, el Antiguo Testamento tiene influencia en el cristiano con el estudio de la unicidad con el Nuevo Testamento, a la luz de la nueva enseñanza se puede decir que: “el Nuevo Testamento es un midrash del Antiguo Testamento”. Fiel exponente de esta línea de pensamiento es la carta a los hebreos, o como lo exegetas de todos lo tiempos dicen: “el Nuevo Testamento es el cumplimiento y culminación del Antiguo”.
A la luz de la visión del nuevo maestro, el cristianismo irrumpe del contexto judaico, con una nueva propuesta e interpretación de los sagrados escritos hebreos, que responderá a la necesidad espiritual de las personas de su tiempo, desarrollando un mensaje contextualizado y reorientando la piedad de los judíos hacia la verdadera práctica. Desde allí la importancia de saber cómo los judíos interpretaban las Escrituras, para poder entender y darle el sentido adecuado a las enseñanzas de Jesús.
El encuentro de las culturas hebreas y griega, no sucede con el proceso de evangelización de la nueva doctrina, sino es un largo periodo convivencia anterior, pero se acentúa en la transmisión de la nueva doctrina, la simpleza pietista hebrea, es influenciada y desarrollada por los aspectos filosóficos humanistas griegos. Esta amalgama se puede percibir en el cuarto evangelio, el platonismo siendo utilizado como medio de reinterpretación y propagación de la nueva fe, en las sociedades y pueblos de cultura helénica, en los escritos de Pablo encontramos la unión de ambas culturas como fiel exponente de los cambios de influencia de los nuevos convertidos.
La incipiente religión recibe beneficios del encuentro transcultural, los utiliza para su provecho, a la vez la van distanciando de su raíz primitiva, produciéndose un quiebre entre la comunidades noveles, tomando un giro cada una independiente de la otra, que posteriormente derivara en un cambio sistemático, paulatino en el campo de la teología y la enseñanza de la doctrina.
Es interesante conocer que al inicio de la Iglesia se componía de Judeos (nacidos en palestina) y Judíos de la Diáspora, (la mayoría descendientes de judíos expatriados, llamados helenistas), establecidos principalmente en Jerusalén, siendo su centro teológico. A mediados de siglo I las fuerzas entre judíos y gentiles se encontraban equilibradas, los centros teológicos eran Jerusalén y Antioquia. Al inicio del siglo II, Jerusalén había desaparecido, el 90% de los creyentes eran gentiles, la gran mayoría de cultura helénica que se esparcían por toda la cuenca Mediterránea, y sus incipientes centros teológicos eran:
a) Cartago en África, que da origen a toda la teología del mundo occidental. b) Alejandría en Egipto, centro intelectual del mundo Grecorromano y c) Antioquia en Asia, la más antigua, extraña y desconocida, heredera de la teología de Palestina y Asia Menor.
El cambio de los ejes teológicos y doctrinales en menos de un siglo trajo sus consecuencias en los siglos II, III y IV, en sus respectivas áreas de influencias, se ocasionaron las controversias doctrinales que llevaron a los apologistas a tener gran relevancia en los aspectos teológicos. Los más poderosos e influyentes primaron sobre las minorías, tanto sociales como étnicas, e imponiéndose posiblemente aspectos doctrinales que no eran acorde con la doctrina primitiva o al contexto teológico de la raíz hebrea – griega.
Los preceptos de la nueva fe, trajo consigo cambios insospechados a las estructuras mismas del imperio. La pasividad de los primeros años, se transformó en la agresividad descarnada de algunos periodos, donde los mártires tuvieron la ocasión de adaptarse o morir por la causa de su fe. El corroer paulatino y constante, a través de sus principios morales de la nueva religión, llevaron al gran cataclismo religioso del mundo antiguo, y el cambio radical del politeísmo al monoteísmo. Los cambios sociales aunque algunos duraron siglos, trajeron consecuencias que gravitaron el diario vivir del hombre y su contorno, fueron absorbiendo nuevas sociedades, nuevas culturas, en cada encuentro dan origen a nuevas posiciones que obligan a enfrentar cambios teológicos, por lo tanto a nuevas relecturas de las Escrituras.
Los grandes cambios obligan a revaluar otros puntos no tomados en cuenta anteriormente, debido que somos herederos de todo un proceso, obligando a desechar otras opciones, aunque validas pero intrascendentes para el momento y el contexto que se esta viviendo. En el siglo XVI, el cristianismo se concentraba en el continente Europeo, casi en su totalidad era de raza blanca, sus pocos misioneros salían de Roma y el protestantismo efectuaba su proselitismo principalmente dentro de las fronteras del viejo continente. Al inicio del siglo XX el 50% de los cristianos vivía en Europa y el resto se repartía en todo el mundo, el 80% eran de raza blanca, sus centros misioneros estaban en Londres y Nueva York. A fines del siglo XX, el 25% vive en Europa, dos tercios no son blancos, sus centros misioneros se encuentran en Corea, desde Puerto Rico salen misioneros a Nueva York, desde Latinoamérica viajan misioneros a Europa, África y Asia.
El siglo XX, empezó con una forma de interpretación bíblica, orientada en las sociedades del Atlántico Norte, al termino del siglo no sola una sino distintas formas de interpretación bíblica, orientada desde el Hemisferio Sur, que han obligado a reorientar la lectura bíblica al sentido de estas sociedades, a sus necesidades y complejidades. Desde el norte la lectura bíblica es orientada a la doctrina de la prosperidad, la guerra espiritual, el mesianismo; desde el sur la orientación camina tras de la justicia social, de la igualdad, los derechos del ser humano, la superación de la pobreza, y satisfacer el hambre, donde los profetas escritores siglo VIII a. C. cobran relevancia y sus escritos se contextualizan para las sociedades emergentes del tercer mundo.
Los cambios históricos y teológico que trajo consigo el cristianismo, desde su raíz hebrea y su influencia griega, obligó en su tiempo a reinterpretar las Escrituras Hebreas y orientarlas a las culturas de las nuevas sociedades que encontraba a su paso, pero su raíz cobra en los tiempos actuales importancia al revaluar los conceptos y volver al sentido primitivo o los principios de las enseñanzas de Jesús, en beneficio al nuevo hombre que se esta engendrando en estas sociedades, por la similitud de las condiciones sociales de ambos tiempos.
A lo largo de los veinte siglos de historia, el cristianismo se ha beneficiado de los encuentros transculturales, ha recibido influencias negativas e incluso nefasta, que han pasado imperceptibles, han sido asumidas como interpretaciones bíblicas valederas y muchas de ellas han tomado el valor de dogmas, lo que ha producido el divisionismo teológico, doctrinal y en muchos casos el quiebre de la comunión cristiana, lo que a dado fruto de enemigos irreconciliables; la historia de la historia nos obliga ha reconsiderar nuestras respectivas posiciones, y mirar en ella los sucesos históricos del pasado para reconsiderar nuestras posiciones actuales si tienen validez bíblica o solamente fundamentos culturales o tradicionalista.
Debemos mirar la historia, somos hijos de una sociedad y una cultura que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, enraizando costumbres y tradiciones, que nos han ido alejando de otras comunidades cristianas, muchas de ellas desconocidas. Imponiendo una verdad que no es tal verdad, una forma de vida bajo conceptos mal fundamentados y no considerando que es posible que aquellas comunidades se acercan más a la verdad original.
Los cambios imperceptibles han sucedido vertiginosamente en los últimos tiempos y seguirán sucediendo en los tiempos venideros, sin que nos demos cuenta, nos obligaran cada cierto tiempo a efectuar relecturas de las Escrituras a la luz de los nuevos tiempos, es por eso, que los cristianos deben conocer su historia, para que aquellos sucesos similares del pasado, nos sirvan como orientación, y nos lleven a la senda adecuada señalada por la verdadera doctrina de Cristo.
Juan Salgado Rioseco

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Divorcio, donacion de organos ¿Que dicen Las Escrituras?

Problemáticas  contemporáneas que motivan una acción apologética, desde el punto de vista bíblico.

El mundo contemporáneo tiene diversos caminos para ver la vida y diversos parámetros para evaluar el comportamiento humano dentro de la sociedad, algunos yuxtapuesto el uno del otro. Lo que ha traído consigo una confrontación de intereses, en algunas oportunidades contrapuestas. Algunos de ellos frontalmente opositores a las enseñanzas cristianas bíblicas.

Voces apasionadas de diferentes punto de visión se han levantado, con variados matices, posturas que dentro de la globalización son legitimas e interesantes del punto de vista humanista, racional e intelectual, antagónicas desde la perspectiva religiosa, dogmática o bíblica.

Como conciliar los diferentes pensamientos, llegar a un consenso las distintas formas de vidas, a la vez efectuar una defensa a la fe cristiana, de acuerdo a sus principios más elementales y vitales de la enseñanza de Jesucristo.

Lo primero que podríamos señalar, es que hay que definir los puntos de encuentros y descubrir los divergentes. Sobre estos últimos, definir las posturas, las bases bíblicas, para efectuar una estrategia firme y saludable. No hay peor defensa, que una pésima estrategia sin antes tener el conocimiento recabado de los temas a defender.

Divorcio: Cumplir lo que Dios establece en su Palabra vs. La socializacion de un mundo agnostico.

Uno de los temas de mayor debate, es el divorcio vincular, analicemos la posición bíblica. "Creó Dios al ser humano... hombre y mujer los creó" (Gen. 1.27). La atracción entre los sexos es algo inherente del ser humano y la unión de ellos asegura la reproducción y la permanencia de la especie. Las Sagradas Escrituras explican que la mujer está tomada de la sustancia del hombre y que por este hecho está destinada a la unión con él. Cuando Dios presentó la mujer ante el hombre, esté exclamó: "Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Está será llamada mujer (isshá) porque del varón (ish) ha sido tomada" (Gen. 2.23). y el relato concluye con la constatación que hacíamos: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne" (Gen. 2.24).

Lo que el relato quiere decir es que Dios mismo estableció entre el hombre y la mujer una fuerza de atracción tan grande que rompe los vínculos que existen con los padres, incluso en esas sociedades patriarcales en que esos vínculos son tan fuertes: "deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer". Este pasaje bíblico afirma la monogamia y la permanencia del matrimonio.

Moisés había consentido que los hombres repudiaran a sus mujeres por cualquier causa (Dt.24.1, 3), No significa que Moisés fuera un proclive al divorcio, sino que hizo leyes para reglamentar una práctica que ya existía desenfrenadamente. Fue un paso que protegió el matrimonio más que antes, aunque hoy nos parece demasiado liberal en la Ley Mosaica. Jesucristo da la razón a tal situación en Mt. 19.7, 8 "Moisés les permitió divorciarse de su esposa porque sus corazones eran duros". Pero no fue así desde el principio".

Tiempo después el profeta Malaquías condena la práctica de abandonar a las esposas y tomar mujeres extranjeras más jóvenes (Mal. 2.14-16). Jesús mantiene la ordenanza original de Dios de lo que Dios ha unido, el hombre no tiene derecho a separarlo (Mc. 10.9), dando a entender que es pecado disolver el matrimonio, aunque la Biblia no enseña que sea del todo imposible disolverlo. Aunque tiene una norma de excepción: "por motivo de infidelidad conyugal".(Mt.19.9), aunque los evangelios de Marcos 10.1-12 y Lucas 16.18 no se menciona esa posibilidad. Los pasajes citados ilustran que el divorcio era un problema en los tiempos de Jesús, pero a la vez afirman que Dios desaprueba el divorcio en todo tiempo

El problema suscite en la variedad de criterios sobre el llamado «privilegio paulino» como base del divorcio. Primera de Corintios 7.10–16 trata del problema de un creyente casado con una incrédula y viceversa. Si el incrédulo abandona la casa, el creyente "no está sujeto a servidumbre" (1 Co 7.15). Varios comentaristas piensan que este abandono es motivo justo para un divorcio, y que la persona abandonada es libre para divorciarse y casarse de nuevo. Aunque otros toman estos mismos pasajes como una separación legal, la cual no permite otro matrimonio. Cualesquiera que sean las circunstancias, el divorcio es un asunto grave. Pero la Biblia no indica que sea pecado imperdonable.

Ante esta realidad bíblica, ¿cuál debe ser la posición del cristiano? Frente a la problemática del divorcio, a la violencia intrafamiliar, al abandono de los niños. Causales como la violación grave y reiterada de los deberes y obligaciones del matrimonio, socorro y fidelidad establecidos en el vínculo; atentar contra la vida del cónyuge, o de uno de los hijos; la conducta homosexual de uno de los componentes de la pareja, alcoholismo o drogadicción; el intento de prostituir a la pareja o a los hijos; y otros problemas que aquejan a los seres humanos en su convivencia de pareja.
¿Cómo debemos actuar con flexibilidad o inflexibilidad? ¿Con tolerancia o intolerancia? ¿Permanecer en un campo dogmático para relacionarse con el tema?. Creemos que es impropio e inadecuado, por múltiples factores sociales, culturales u otros.

La posición del creyente debe estar relacionada con el factor de compromiso real de la persona con la fe y la iglesia. La imposición no es adecuada, ni debe ser globalizada como dogma a toda una sociedad diversa. Aunque la posición debe ser aquella que nos pueda dar la estabilidad de preservar los principios reales del cristianismo dentro del amor que Jesús nos enseñara.

La intolerancia debe estar radicada en los procesos antinaturales de la vida y en aquellos que son anómalos como los matrimonios de homosexuales, o el intento de adoptar legalmente niños en parejas de homosexuales. La naturaleza debe conservar la pureza de la creación y no la deformación que hace de ella la depravación del hombre.

¿Es válido, a la luz del pensamiento cristiano, la donación de órganos? 

Es comprensible que ante la posibilidad de extender la vida y mejorar las condiciones de ella, se tenga que recurrir a un trasplante de órgano. A luz del pensamiento cristiano, es válida la posición de la persona afectada al recibir un órgano de otra persona; es válida la opción de algunas personas de desear que sus órganos sean donados después de su muerte.

Al considerar el sufrimiento que en algunos casos conlleva, el deterioro de la condición de vida. Se puede interpretar, que los pensamientos cristianos, avalan por mejorar las condiciones de vida de los que necesitan imperiosamente este mecanismo para sobrevivir. El mejor don de Dios es la vida, por lo tanto preservarla y mejorar sus condiciones es una obligación del creyente. Mientras todo se mantenga bajo los aspectos legales, y conductas éticas razonables, el cristianismo no puede oponerse a tal solución. Donde esta la oposición de los cristianos, en el manejo del lucro que hacen que grupos inescrupulosos acuden a medios ilícitos para proveer los órganos. El secuestro de seres inocentes, para arrancarles sus órganos o el asesinato de personas, para proveer el mercado de órganos, no es una opción que el cristianismo pueda avalar.

El don de la vida, debe ser preservado, bajo las cláusulas que Dios dio al hombre, por lo tanto, el hombre no tiene derecho a quitar la vida de otros seres, para ayudar a los necesitados a mejorar sus condiciones. La oposición del cristianismo no debe estar en la donación de los órganos como tal, sino en la forma que estos se consiguen, a la vez en el comercio que tras de ellos se han gestado.
No puede ser ético por mejorar las condiciones de aquellos que tienen los recursos de hacerlo, se tenga que utilizar medios ilícitos para proveerlos. La defensa de los valores y de la vida, debe ser los principios fundamentales del cristianismo.

¿Tiene validez el uso de la conciencia para no cumplir con algunos deberes cívicos? 

La problemática de cumplir con algunas disposiciones que el estado impone a sus ciudadanos, para algunos se torna complicado y va contra sus "principios" argumentan y aducen objeción de conciencia, ayudados por sectores proselitistas anarquistas o radicales. ¿Hasta dónde el hombre puede hacer valer sus principios de conciencia?

La sociedad entrega a sus componentes derechos y recursos, para que puedan desenvolverse adecuadamente dentro de las posibilidades; la seguridad, vías para desarrollar sus capacidades individuales; oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. Por el otro lado la persona individual, debe cumplir ciertas disposiciones para que la sociedad donde se encuentra involucrado se siga desarrollando y creciendo. Para lograrlo necesita seguridad, interior y exterior, a lo cual deben recurrir a cierto números de sus componentes para cumplir ese aspecto.

¿Puede algunos de sus componentes negarse a cumplir estos deberes? ¿Es válido recurrir la fragmentación de la enseñanza cristiana para fundamentar su posición? Jesús dijo: "dad al Cesar, lo que es del Cesar y Dios lo que es de Dios" (Lc. 20.25). De la misma enseñanza en su relación con los soldados romanos, nunca le increpó sobre su oficio y sino los incriminó a que cumplieran con honestidad sus deberes. Deduciendo el comportamiento de Jesús, no es que avalara la seguridad del estado, sino que reconocía en el estado ciertos derechos inalienables para hacer cumplir ciertas normas a sus ciudadanos.

El creyente debe ser amante a la paz, por naturaleza, debe conciliar las posiciones divergentes, y tratar de consensuar las situaciones peligrosas. Pero a la vez cumplir con los deberes que la sociedad le impone, no solo abusar de los derechos, sino con responsabilidad imponer su criterio en cumplimiento del deber cívico.

Lo que debe procurar la iglesia es la defensa de la igualdad de todos los miembros de la sociedad, la reciprocidad en cumplimiento de las obligaciones. Hacer que la sociedad sea justa y equitativa con todos sus miembros. Labor del creyente es impulsar a través de los principios de la fe, leyes justas y que sean cumplidas por todos sin excepción, no importando clases sociales, educacionales, étnicas, en cumplimiento que ante Dios no hay acepción de personas.
Juan Salgado Rioseco

martes, 17 de agosto de 2010

El accionar del Discípulo de Jesus

En varias oportunidades, diferentes comunidades religiosas se han visto envuelta en sucesos o acontecimientos que riñen con la ética y moral de la doctrina cristiana.
Al contemplar la reacción, las actitudes, caracteres, conductas, y reflexionar en los diferentes fenómenos observados, podemos deducir que ciertos sucesos no corresponden al ideal del comportamiento cristiano. Invariablemente pensamos que debe haber un cierto tipo de normas y ser acatadas obligatoriamente por dichos miembros, al no ser así, debería haber una sanción ejemplar para el infractor.
Tenemos el ejemplo bíblico de los primeros días de la iglesia de Jerusalén, después de Pentecostés; en Hechos 2:43-47; 4:32-35, se nos relata las diferentes actitudes que tomaron estos miembros en común como norma de vida, pero la actitud de Ananías y Safira (Hch. 5:1-11), discrepan y contradicen las normas que se habían impuestos, el cual les llevo a sufrir un castigo brutal como es la muerte, una sanción ejemplarizadora para el resto de los miembros de dicha comunidad.
Muchos en la actualidad ven en este episodio un modelo ideal para imponer normas de conductas al resto, sin hacer un analisis a conciencia de las circunstancias que rodearon el episodio bíblico y los efectos posteriores que trajeron consigo en el tiempo y actúan en pro de normalizar todos los aspectos de aquella comunidad en una forma legalista y rigurosa, tal situación tarde o temprano acabara con la organización misma, un ejemplo es Ginebra después de Juan Calvino.
Como actuar o reaccionar adecuadamente dentro de la ética cristiana y las normas morales que deben estar en el accionar de todo discípulo en lo personal y colectivo, como adentrarse en los sentimientos íntimos, en el aspecto de madurez espiritual, en la relación con el ambiente que los rodea o donde se desenvuelven cotidianamente, en su compenetración en la vida comunitaria, en el grado de afectividad que los une y su visión de cristianismo de acuerdo a su cultura.
La solución lógica, debería ser una moralidad que se desprendan de las enseñanzas de Jesús, tal comportamiento vendría siendo el ideal de la actitud de todo cristiano. Deduciendo esta lógica, las cualidades de las acciones humanas deberían estar en conformidad con los procedimientos de la moral cristiana, seguir ciertas reglas o normas de bien común que se desprendan especialmente de las enseñanzas de Jesús, y no tratar de moralizar el comportamiento de los miembros, es imperativo entonces que los participantes y profesantes del cristianismo actúen conforme a la moral cristiana mostrada por Jesús en su paso por la tierra y midan sus conductas bajo un parámetro moral y ejemplar: la vida de Jesús.
Pero este ideal no es la realidad dentro los miembros de una iglesia, dista mucho en llegar hacerlo, la gran mayoría de los convertidos tienen a veces actitudes indeseables y su comportamiento no se refleja con la fe que dice tener, es un sincretismo de pensamientos y en algunos casos una dicotomía de normas morales que rigen su accionar, ¿dónde está el problema de tal situación?, responder a esta pregunta es difícil, ya que en ella bifurcan en forma indolente muchos afluentes que hace imposible determinar cual corriente cristiana es más fiel a la realidad primitiva y esta acorde a los postulados de Jesús.
El objeto de este estudio es dar indicios de algunos factores que influencian en el carácter, actitudes y comportamiento del cristiano dentro de su comunidad.
Primeramente el factor más importante es la cultura. En la cultura de una persona confluyen aspectos tan diversos como la educación, la influencia del medio que los rodea, el lugar geográfico, la historia personal y comunitaria, que van generando costumbres y tradiciones que para su grupo es valido, pero para otros grupos es inapropiado. Uno de los problemas endémicos morales dentro de las diferentes comunidades religiosas cristianas es la relación en un plano de igualdad entre el hombre y la mujer, el apóstol Pablo escribió “no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”, (Gá 3:28), pero ese plano de igualdad queda absorbido por las tradiciones machista de cada sociedad, la discriminación de la mujer dentro de las iglesias van desde el trato discriminatorio, no dejarlas ocupar cargos de relevancia, criticarla por su forma de vestir o aún más no dejarlas hablar, ni enseñar, ¿tiene explicación ética tales actitudes?, ¿bajo que normas dirigen tales conductas?, ¿es moral seguir persistiendo en tales situaciones?, o el pensamiento y el actuar del hombre en este caso particular es amoral, imponiéndose una norma de conducta humana independiente del bien y mal moral cristiano, como este caso hay muchos en el accionar de la iglesia.
En segundo lugar es el comportamiento de los líderes de la comunidad. Estos enseñan, dirigen, aconsejan, preparan, a sus miembros para que ejerzan sus respectivos ministerios, se dice que “el alumno es el reflejo del maestro”, como “el hijo del padre”. Es moral que personas que tienen tan gran influencia lo ejerzan con tanta indolencia o displicencia, no preocupándose de lo que enseña sea conforme a la palabra Bíblica, bien interpretada y aplicada, es moral tener una conducta que no sea el ejemplo más apropiado de actitudes cristianas de un líder, (He. 13:7), que cuenta dará un líder que actuado inoficiosamente con su grey, actuando en forma contraria a lo que aconseja el escritor de los Hebreos “porque ellos velan por nuestras almas; como quienes han de dar cuenta; ...”, (He. 13:17), una comunidad es el reflejo de su líder. El líder deja sus huellas en su discípulo, en otra forma, el discípulo es la prolongación de las enseñanzas del maestro, como Gamaliel dejó sus huellas en Saulo de Tarso.
El tercer factor importante es la actitud personal de cada individuo para relacionarse con su grupo. En muchas oportunidades algunos miembros prevalecen en un criterio moralista para comportarse dentro de la comunidad, imponiendo a otros normas o reglas que están muy lejos de la realidad cristiana y sus enseñanzas, tratan de reformar las actitudes o costumbres de los demás, bajo criterios perniciosos, para adecuarlos a normas morales sin base, ni conocimiento de las enseñanzas de Jesús, y pareciera que su ministerio es moralizar en vez vivir y transmitir la verdad conforme a los planteamientos que hizo el Maestro. Tenemos varios ejemplos y advertencias al respecto de los lideres de la iglesia primitiva: el ejemplo de los Judaizantes del primer siglo, que obligo a la iglesia a tener su primer concilio en Jerusalén en el año 50, (Hechos 15:1-29) y trajeron tanto daño a la iglesia (Gá. 2:11-14). Algunos quisieron implantar otras enseñanzas (Co. 2:8, 16,18-23; 1 Tm. 1:3-7), lo que obligó al apóstol Pablo a advertir y aconsejar sobre esta situación (1 Tm. 5:3-5; 6:3-5; Ti. 3:9-11), también el apóstol Pedro advierte de estos peligro (2 Pe. 2:1-3, 12-15, 17-22) y el apóstol Juan también al respecto (1 Jn. 2:18-24) y agrega que es inmoral la imposición de un autoritarismo dictatorial dentro de la grey de Cristo (3 Jn.9-10), el apóstol Judas ardientemente exhortó de los peligros de este tipo de personas (vv. 3-4, 10-16, 18-19).
En cuarto lugar es el uso indebido del púlpito. Se ha abusado de la libertad y se ha actuado con demasiada secularización, lo que a desencadenado en un relajamiento moral y a la vez de no trazar bien la palabra de verdad, la moral cristiana se transmite a través de la exhortación de la Palabra de Dios, es por eso, el apóstol Pablo aconsejaba a Timoteo procurar diligentemente ser aprobado, que usa bien la palabra de verdad (2 Tm. 2:15), a tener cuidado de si mismo y de la doctrina y persistir en ello (1 Tm. 4:15, 16), pero la gran mayoría que interpretan los textos bíblicos, no lo hacen con diligencia, ni con la pulcritud que se debiera tener, ni tienen la preparación mínima necesaria para transmitir la verdad, la falla puede estar en el sistema o la organización, en la irresponsabilidad de los lideres en no ser idóneos en la conducción de la comunidad, o bien, en la indolencia y displicencia de la persona en no vivir su fe bajo los principios de la sana doctrina, para que sus hechos estén enmarcados por las normas morales cristianas de un verdadero servidor de Jesús.
El autor de Hebreos recalca la necesidad moral de todo discípulo de ir perfeccionándose en su caminar hacia las moradas celestiales, aquel que se detiene o no se deja instruir o a pesar de sus años de caminar en el evangelio no es capaz de dar fruto digno, es un inmaduro espiritual incapaz de discernir entre el bien y el mal (He. 5:11-14).
Otro elemento que incide es la familia. Como está constituía, su relación intrafamiliar, con sus familiares, como se integra e interactúa con los demás miembros de la comunidad. El fracaso de la estructura familiar trae consigo múltiples inconveniencias en lo personal como en lo colectivo, lo que hace perder el contenido fundamental del creyente. Una familia mal constituía, que se relaciona mal desde su seno familiar, su relación con los demás miembros estará en constante conflicto, su fruto espiritual será decadente, y su entrega disminuida potencialmente.
Habría que agregar otro elemento, los rasgos de la sociedad postmoderna que influyen y gravitan en la persona. El materialismo, consumismo, individualismo, han desviado los sentimientos y los valores morales del hombre, a los cuales los creyentes no están ajenos por que son hijos de su sociedad. La tendencia al hedonismo, la búsqueda del placer, del confort, de la vida fácil, han hecho olvidar al hombre de los paradigmas valoricos y morales, en especial de los espirituales, donde el fundamento de la fe cristiana va quedando a un lado Usando la idea del apóstol Pablo, los discípulos de Jesús están volviendo paulatinamente a los rudimentos del mundo (Gá. 4:9), hacerse esclavo de los antivalores, de la falta de madurez, sin moral, ni deseo de servir a Dios ni a su prójimo.
Para evitar consecuencias funestas es necesario la autoevaluación como individuo, para individualizar las debilidades y fortalezas personales, así estar posesionado estratégicamente para reaccionar a las conductas que se encuentren indoctas, indignas, deshonestas y dogmáticas; el apóstol Pedro aconseja al respecto en su segunda carta a los Corintios (1:5-10), el cristiano debe actuar consciente de sus fortalezas y debilidades, buscando siempre la perfección individual para así ayudar a edificar lo colectivo y comunitario en una forma más ecuánime, igualitaria y fructífera. (2 Co. 8:1 – 9:15).
A medida que nuestra madurez espiritual evoluciona hacia la perfección, la moral pareciera llegar a ser un asunto de vida interior. La que inconscientemente va generando la forma de vida adecuada, va reflejando exteriormente las actitudes, y conductas acordes a una ética cristiana plasmada de las enseñanzas de Jesús, donde la conciencia moral cristiana tiene mucho que decir.
El valor de la conciencia moral es importante, ella es la que nos da el sentido de que debemos obrar conforme a las tendencias altruistas que en nosotros mismos descubrimos a través de las enseñanzas del cristianismo bíblico y nos llevará a un deber moral. El siguiente sentimiento, que debería estar en todo discípulo, de cumplir obligatoriamente los aspectos esenciales de las enseñanzas de Jesús, de acuerdo al libre albedrío o libertad moral con respeto a la deidad. El discípulo es responsable ante su conciencia, de tener en si mismo el sentimiento de que tal acción depende de su voluntad y que, al realizarla, merecerá un gozó o un cargo de conciencia.
La moral cristiana bajo los principios de Jesús hace responsable al individuo, a ser consciente, libre, capaz de discernir entre el bien y el mal; entre las actitudes propias para un profesante o las de un inmaduro espiritual; a ser capaz evaluar las actitudes que tratan de entregar lo mejor y las que nefastamente influyen hacia la rigidez dogmática de una moralidad sin la base ética de la piedra angular del cristianismo, Jesús; entre la conductas edificadoras y las destructivas; entre un creyente plasmado de la ética cristiana y el que está dogmatizado por las costumbres y tradiciones moralizantes de su cultura.
Una de las herramientas básicas del discípulo de Jesús para actuar bajo los principios del cristianismo es el discernimiento moral. Está cualidad tiene cierta connaturalidad con la voluntad de Dios, fruto de una conversión genuina, de una aceptación íntima del amor de Dios y el cumplimiento del código moral más elevado que ha tenido la humanidad: los mandamientos de Dios (Mt. 22:37-40). Lo primero que debemos discernir es nuestra propia fe para actuar con moral (2 Co. 13:5), para poder servir con libertad y dar fruto de amor hacia el prójimo (Gá 6:2). Para penetrar en los misterios divinos se debe estar en una relación íntima con la deidad. Esa relación se edifica día tras día, cuando interactúan por una parte la misericordia y gracia divina, y por otra parte un hombre consciente, que discierne sus actos, y se guía, desde su interior, bajo parámetros morales elevados que lo llevan a actuar como un verdadero hombre de Dios, a pesar de las circunstancias que lo rodean y las implicancias que conllevan sus actos. Las consecuencias de nuestras decisiones serán el fruto si tenemos una real madurez espiritual o solo vivimos del emocionismo religioso. La palabra de Dios nos enseña el comportamiento de los fariseos en los tiempos de Jesús, hombres moralistas, apegados al legalismo, y a las tradiciones culturales de su tiempo. Desviaron el sentido de las enseñanzas de Dios, por imponer normas moralizantes humanas en vez de enseñar la verdadero sentido moral que Dios deseaba de los hombres.
Vivir conforme a la moral cristiana debe ser principal objetivo del discípulo. Para hacer realidad un cristianismo auténtico, practico y edificante. Bajo el alero de normas más elevadas que nos lleven con seguridad y certeza a la verdadera perfección. Así darse la oportunidad de alcanzar lo que nunca se ha visto, pero que se tiene la convicción de lograr, lo más excelso que el hombre puede tener: la vida eterna que ofrece el gran Maestro Jesús.
Un autentico discípulo de Jesús, es aquel que actúa conforme a sus enseñanzas, y no permite que ningún afluente o corriente turbulenta, ajenas a los principios, ya sea de aspecto personal o de doctrinas, le impidan una relación íntima, profunda con su Dios a través del gran Maestro, Jesucristo nuestro Señor.
Juan Salgado Rioseco

viernes, 6 de agosto de 2010

La imperiosa necesidad en estos tiempos: "Oir la voz de Dios"

En el mundo de hoy se hace más imprescindible estar atento a la voz de Dios. Se está viendo un aumento de la falta de fe, la incredulidad y la apostasía dentro de las diferentes comunidades cristianas, a esto se agrega, los cambios valoricos que han permitidos la legalización del divorcio, el aborto, el apoyo de los aparatos estatales a favor de la fornicación y las relaciones ilícitas; el intento de legislar sobre la homosexualidad por sectores anticristianos, la paradoja es que siempre estos grupos han recibido el apoyo mayoritario de los votantes evangélicos.
Nuestra sociedad está en crisis crónica, una de las evidencias, es que nuestros legisladores están más preocupados de los temas anteriormente enunciados que legislar los intereses que realmente necesita el país y la otra, el aumento de la corrupción en todos los estratos sociales, incluso en los religiosos. Lo que conlleva a la adulteración de los valores para lograr los objetivos que se han impuesto. Con esta forma de vida, están corroyendo las bases tanto institucionales como sociales del país, el clamor del remanente que guarda la fidelidad a Dios es: ¿dónde está el pueblo que sirve a Dios? ¿Dónde ha quedado “Chile para Cristo?
El intento de legislar sobre las uniones homosexuales tratando de modificar el artículo 102 del Código Civil, que establece que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, según los argumentos de sus promotores, para profundizar una seuda democracia. Aun estos agentes de los antivalores van más allá, intentan introducir una enmienda al artículo 54 de la Ley 19.947, de manera que en la causal de divorcio por razones de homosexualidad, sólo sea aplicable "en el caso de un matrimonio entre un hombre y una mujer" y así se reconozca en Chile el matrimonio entre personas del mismo sexo celebrado en el extranjero, eliminándose la frase que concede este beneficio sólo a la unión "entre un hombre y una mujer". Según la normativa vigente, "el matrimonio civil es un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen actual e indisolublemente por toda la vida con el fin de vivir juntos, de procrear y de auxiliarse mutuamente". La propuesta busca cambiar los términos "hombre" y "mujer" por un contrato "entre dos personas", y eliminar la expresión "de procrear". Este es un intento de minar la institución básica y esencial de toda sociedad: La Familia. Lo que en el tiempo provocara la anarquía en las convivencias sociales insospechada y que nos llevara a sufrir el mismo destino de las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Este camino anárquico antivalorico se inicio cuando se termino con la diferencia entre hijos naturales y legítimos, legalizando los actos ilícitos fuera del matrimonio o prematrimoniales, en pro de una igualdad y equidad ante la ley, sin pensar el enorme daño moral que traería colateralmente, provocando el enjambre de leyes que le seguirían. Todo esto bajo la cobertura de los derechos humanos, y la protección de los grupos minoritarios en perjuicios de las grandes mayorías. La interrogante es ¿Dónde quedan los derechos del Dios como creador de los seres humanos? ¿Cuál es la voz de Dios en este debate?
La mayoría de los promotores de estas reformas son agnósticos (ateos), no reconocen a Dios, él los ha abandonado a sus perversos pensamientos, para que hagan lo que no deben hacer. A las personas que buscan placer fuera del ámbito natural de los seres humanos, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas, cambiando las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión. Parte de la sociedad los aplauden ocupando los medios comunicacionales que pertenecen a todos los que vivimos en este país y parte de los legisladores buscan darles el aspecto legal imponiendo con subterfugios y engaños los ideales antivaloricos de las personas que buscan a través de la antinaturaleza satisfacer sus bajos instintos en perjuicio de las grandes mayorías.
Lo que llama la atención es la pasividad con que un gran porcentaje de cristianos enfrentan estas situaciones, lo que evidencia, como los agentes del mal han atomizado las conciencias, haciendo creer que lo bueno es malo y lo malo es bueno. La Biblia dice que quien no comprende lo que Dios dice, "tiene el oído incircunciso".
La anarquía valoríca, aun la encontramos dentro de las diferentes comunidades cristiana e instalada en los que ministran en la casa del Altísimo. La voz de Dios se encuentra relegada por los intereses personales, lo que produce confusión. Se han desvirtuado los principios bíblicos por el modernismo, y se está obstaculizando el servicio a Dios por el servir al hombre. El sacar ventaja de las circunstancias, someter y sojuzgar a los pares prima ante de ministrar con fidelidad, parece ser la carta magna de los se aprovechan de esta ola antivalorica que ha penetrado a las diversas comunidades. El liberalismo, el personalismo, el nepotismo, la ambición de poder, el autoritarismo tipo Diotrefes, el amor al dinero y la falta de ética cristiana están destruyendo las bases de la Iglesia de Cristo; lo que ha traído como consecuencia el desprestigio y la falta de credibilidad de la voz de la Iglesia ante los diferentes representantes sociales, mostrando la incapacidad de mantener o promover sus valores esenciales. Ante tales circunstancias ¿Cuál es la voz de Dios para estos tiempos?, la Palabra de Dios nos enseña que este tipo de personas “Tienen tapados los oídos, y no pueden escuchar; se burlan de palabra de Dios, no les agrada. Todos, grandes y pequeños, piensan solo en ganancias deshonestas; todos cometen fraudes. Tratan por encima las heridas del pueblo; dicen que todo está bien, cuando todo está tan mal. No sienten vergüenza, ¡ya ni saben lo que es avergonzarse! Estos seudos ministros han seguido el camino de Caín, y se lanzado por lucro en el error de Balaam, y perecen en la contradicción de Coré. Caín, Balaam y Coré son ejemplos de que Dios castiga a los que siguen sus instintos desenfrenados y arrogantemente se oponen a Él. La sentencia del Eterno no se hace esperar en este tipo de problemas “Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio. Puesto que tú olvidas las enseñanzas de tu Dios, yo me olvidaré de tus descendientes.”
¿Cuál es el camino a seguir ante la anarquía y confusión valorica? Hacer la voluntad de Dios. Los que tienen oídos obstruidos a la voz de Dios no entienden lo que es la verdadera voluntad de Dios, ni se preocupan por obedecer su palabra, la cual les resulta vergonzosa y se mofan o ridiculizan a las personas que osan de argumentar su posición con algún principio bíblico. Muestran lo necio e imprudentes que son al tratar de silenciar la voz de Dios en estos tiempos, Dios les replica a través de las palabras de uno de los profetas ““Sordos, escuchad; ciegos, mirad y ved...Ha visto muchas cosas, pero no se fija en ellas; puede oír, pero no escucha.” “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: “De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”
Jesús mostró anticipadamente el destino de los sordos y ciegos con oídos incircuncisos, y los trata de contumaces por aferrarse al engaño y rehúsan en obedecer a Dios. ¿Cuál será el destino de los que rechazan la palabra de Dios? La destrucción, tal como fue Sodoma y Gomorra. Sin embargo, para aquellos que oyen la voz del Eterno y se atreven abrir la puerta, se les ofrece una comunión especial, para poder distinguir la voz del buen pastor, conocerle, seguirle y ser pertenencia de Él. El que es de Dios escucha las palabras de Dios, pero los que no escuchan su voz no son de Dios.
Todo aquel que es de la verdad, oye la voz del Maestro. Pero el que no reconoce así a Jesús, no tiene el Espíritu de Dios; al contrario, tiene el espíritu del Anticristo, estos son del mundo; por eso hablan de las cosas del mundo, sus obras son para agradar a los que participan de tales obras y los que son del mundo les escuchan. En cambio, los que son de Dios, conocen y escuchan la voluntad de Dios. En esto, pues, podemos conocer quién tiene el espíritu de la verdad y quién tiene el espíritu del engaño.
Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...