En el Evangelio de Juan está escrito: “Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. 15Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? 16Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. 17El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. 18El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.” (Jn. 7:14-18)
La predicación del Señor Jesús estaba constantemente dirigida hacia la enseñanza de la Palabra de Dios, en ese momento representada por la Ley de Moisés, los escritos de los profetas, y los Salmos, eran ellas sus fuentes, lo que Dios había hablado anteriormente a su pueblo a través de Moisés y los Profetas (He. 1:1). Los eruditos de las Escrituras de aquel tiempo, representados por la clase sacerdotal, escribas, y por las sectas religiosas de los saduceos y fariseos utilizaban las mismas fuentes, pero el sentido de ellas eran diferentes a las enseñanzas del nuevo Rabí, Jesús mismo alertó a los suyos sobre las doctrinas de los fariseos y de los saduceos (Mt. 16:12). Tenían una visión diferente a los principios de Dios, habían llegado a esa situación por factores externos, habían implementado un sistema gravoso de interpretación de la Ley, (Mt. 23:1-36; Lc. 11:46).
La palabra había quedado sin el espíritu guiador del Espíritu de Dios; la misma cultura había cambiado, ya no era la cultura simple basada en su religión, sino en un sincretismo de influencias: primero la tradición de sus padres; las costumbres traídas del exilio babilónico; la influencia de los griegos a través del Seleucidas y Tolomeos; las costumbres de los romanos; las de los judíos de la diáspora, repartidos por toda la cuenca del Mediterráneo, introducían en las costumbres de los judíos de Palestina hábitos diferentes a la idiosincrasia del pueblo de Dios.
El fruto de todos estos factores: “Una letra muerta y gravosa, era una religión sin el Espíritu vivificador de Jehová”, Pablo en Ro. 7:6 lo escribe así: “ Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”, la Iglesia primitiva también vivió un proceso similar, Pablo advirtió a los hermanos de Colosas a tener cuidado que nadie los engañara “por medio de filosofías y huecas sutilezas, según tradiciones de los hombre, conforme a los rudimentos del mundo”.(Col. 2:8)
Si analizamos la situación actual de la Iglesia de Cristo, y la comparamos con la época de Jesús, vamos encontrar varios puntos de coincidencia, muchas veces criticamos, bajo algunos aspectos bíblicos, el accionar de otros y nos hacemos competentes por nuestras propias capacidades o lugares de privilegios que hemos alcanzado y no por el fruto propio de las doctrinas de Cristo, Pablo bien lo decía en 2 Co. 3:5: “no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Muchas veces confundimos las enseñanzas de Jesús e imponemos dogmas de hombres, basado en las tradiciones y la cultura, el resultado de esta situación es el cáncer del divisionismo y de la critica sobre el obrar de otros, es la gangrena de estos tiempos, sometiéndonos “a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques.” (Col. 2:20, 21)
¿Porque esta situación? Simplemente al hombre le falta el verdadero conocimiento de Dios; su entendimiento no alcanza a visualizar los verdaderos planes de Dios; su comprensión es limitado por sus propios razonamientos; su proyecto de cristianismo es producto de sus debilidades, influenciados por su cultura, sus tradiciones, sus intereses personales; es de doble animo, “fluctuante, llevados por doquiera de todos viento de doctrina, por estratagema de hombres,” (Ef. 4:14). Ha mal interpretado la Palabra de Dios, su perspectiva de cristiano la ha empequeñecido, por la falta de dirección divina, por que en su interior no tiene las vivencias del espíritu de vida, en otras palabras es un hombre de Dios con proyectos en el valle de los huesos secos, es por eso, que Pablo instaba a los creyentes de su tiempo (Ef. 5:14) “Despiértate tú que duermes, y levántate tú que duermes y te alumbrará Cristo”.
El hombre que sigue su propia voluntad le falta el ingrediente del entendimiento, a igual que los discípulos: “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;... “(Lucas 24:45), y además de una vida genuina en el espíritu de vida (Ro. cap. 8), el apóstol Pablo instaba a los Efesios a ser sabios y no necios, a ser entendido y no insensatos (Ef. 5:15-17), de la voluntad del Señor.
La visión del hombre es empequeñecida por la absurda ambición del poder absolutista, dictatorial, del autoritarismo, del dominio de las ideas y la permanente subyugación del más débil, la Biblia refleja esta situación en la Tercera carta de Juan en sus versículos 9-10.
La visión de Dios es el engrandecimiento del hombre a través de la glorificación de su Hijo, y del Espíritu libertador que el Creador entrega a aquellos que se esmeran de encontrar a través del conocimiento los grandes misterios encerrados en las Sagradas Escrituras: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres;...” (Juan 8:31-32).
Dios libera al hombre y revoluciona su vida bajo el contexto que el hombre es esclavo del pecado, y este lo mantiene atado al servilismo de dogmas, ritualismos, legalismos y reglas de interpretación contrarias al pensamiento de Dios. Conocer la verdad es conocer el amor de Dios que se revela en Jesús para salvar a los seres humanos, librándolos de la esclavitud del pecado (Gá 4:7). La libertad de Dios empieza cuando el hombre decide liberarse del oprobio que produce los dogmas institucionalizados, impuestos por hombres carentes de la visión de Dios, y la única arma eficaz para vencer aquellos muros es el conocimiento de la palabra de verdad, entonces el hombre predicador estará en condiciones de ser el verdadero dispensador de la palabra que Dios necesita para proseguir su obra. (2 Ti. 2:15).
Ritualismos, legalismos, normas, dogmas, postulados, estatutos rígidos de disciplina, sectarismo, es la contextualización moderna de los antiguos Fariseos, hoy como ayer perduran dentro de la Iglesia quistes que impiden la verdadera libertad de Cristo (Jn. 8:36), de una u otra forma las jerarquías eclesiásticas, las costumbres culturales, y la rutina convertida en tradiciones, han vuelto a colocar al hombre de Dios las esposas de la esclavitud, el apóstol de los gentiles aconsejaba a su discípulo Tito: “no atendiendo ... , ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad”, (Ti. 1:14), debemos presentarnos “como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir”(Ti. 2:7,8), del hombre de Dios, y como exhortaba a sus hermanos de Galacia: “Estad, pues, firme en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”, (Gá. 5:1), así debemos comportarnos los Hombres de Dios delante de la Palabra de Dios, que ninguna atadura nos impida usar bien la Palabra de verdad desde los púlpitos, “... de modo de que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”, la letra es la que el hombre impone por su sabiduría humana, que obliga al creyente volver a la esclavitud opresora de los pensamientos, de las actitudes, de la forma de llevar la vida personal, incluso de alimentarnos y vestirnos, que vigente se encuentra la pregunta de Pablo a los de Galacia “¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gá. 4:9); la letra del hombre da más importancia a la apariencia externa que a la libertad de Cristo que debe haber en nuestro interior, ¡Cristo nos hizo libre! Con el propósito de agradar “al prójimo en lo que es bueno, para edificación.” (Ro. 15:2).
El hombre de Dios ha perdido la visión y el camino en la enseñanza de la doctrina de Cristo Jesús, unos de los principales mandato entregados es “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;... “(Mateo 28:20); el hombre de Dios se encuentra en la disyuntiva de seguir por sendas que tarde o temprano lo llevaran al antagonismo con la misma Palabra de Dios, o reformular sus métodos y enfrentar los cambios radicales para volver a las sendas del Maestro, a ser sensato y entendido, comprobando lo que es agradable al Señor (Ef.5:10) y a renovar en el espíritu de su mente (Ef.5:24).
La oración permanente de Pablo era que el “amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor,” (Fil. 1:9), oraba por los Colosenses para que fueran llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia, ... creciendo en el conocimiento de Dios, ... hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo” (Col. 1:9,10; 2:2).
En que lugar se encuentra Ud, estimado lector: bajo la voluntad del humanismo racional, dogmático, tradicionalista, esclavo de los preceptos y normas impuestas por la sabiduría del hombre, sumido nuevamente en la esclavitud de los hombres; o en la voluntad de la Palabra de Dios, que edifica, crece, para morada de Dios en el espíritu, que es libre “12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;... 15... que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. ”. (Ef. 12-13, 15-16).
Juan Salgado Rioseco
lunes, 19 de julio de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
La Mujer, el literalismo y la tradición de Hoy
Existe un fenómeno de discriminación entre la relación hombre mujer en diferentes comunidades cristianas, en especial las que pertenecen al movimiento pentecostal, esta segregación femenina tiene como base algunos versículos de las cartas de Pablo, para muchos el líder indiscutido en la propagación del evangelio de Jesús, el gran emancipador de las normas retrógradas de su tiempo, para otros el opresor de las mujeres, machistas e intransigente en muchos aspectos.
Estamos obligados en la actualidad tomar como base los versículos Paulinos para disminuir los derechos de las creyentes femeninas e implementar normas o reglas que menoscaben su dignidad, tomando en cuenta que uno de los principios fundamentales enseñados en las diferentes comunidades es “para Dios no hay acepción de personas.”, que grado de injusticia cometamos con este tipo de actitud. (Col. 3:25)
¿Es moral seguir literalmente los consejos de Pablo con respecto a la mujer?, en una sociedad moderna donde los gritos libertarios de justicia, igualdad y equidad son el pregón de cada día, ¿es bíblico y justo el accionar de estas comunidades cristianas?, tenemos que nuestro código moral se desprende de las enseñanzas de Jesús, cualquiera actitud contraria a los principios éticos enseñados por el Maestro es inmoral, cualquiera imposición de normas que se quieran establecer deben sujetarse a los fundamentos del cristianismo. En este caso particular el ejemplo de Jesús en su relación con las mujeres nos enseña cuál debe ser la actitud que debe tomar el creyente al respecto, en el diario convivir de las respectivas Iglesias.
Pero la realidad difiere de los principios de Jesús, encontramos una contradicción entre su pensamiento y la de los creyentes. Él rompe el esquema tradicional que hasta ese momento sostenía la sociedad judía, en especial la de los maestros de ley; los creyentes hombres imponen la tradición, sus costumbres, sus pensamientos, prima su cultura ante del ejemplo dado por el mismo maestro; sus lideres o maestros obligan con sus dogmas, en ciertas circunstancias, al oprobio a este gran número de creyentes por tan solo ser mujer. Somos discípulos de Jesús, pero no estamos siendo guiados por los principios por él enseñado.
El gran pronunciamiento de Paulino escrito en Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, es la gran proclama de igualdad y justicia en una época donde la discriminación entre los sexos era aberrante a los ojos de Dios. Esto nos reafirma que para Dios no hay acepción de personas, todas están en estado de igualdad y derecho ante la presencia de él. Con esta fórmula Pablo insiste en que la Ley está superada; el rito de iniciación en la iglesia ya no es la circuncisión (en que sí hay distinción entre hombre y mujer). Esta libertad de acceso continúa la práctica histórica de Jesús conservada en los Evangelios, que dibujan un cuadro de plena amistad con toda clase de mujer, inclusive con prostitutas (Lc 7:36–50).
Pero que sucede en los escritos Paulinos, pareciera una contradicción con otros pasajes, o sale a relucir el machismo de la cultura judía de Pablo, o el apóstol está obligado por las circunstancias a ceder algo de este principio revolucionario en un bien común mayor para las nuevas comunidades de acuerdo a las costumbres y tradiciones de donde se estaban estableciendo. En 1 Co.14:34, 35 escribe Pablo “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”, nos encontramos con una de las prohibiciones tajante, que contradicen todo lo que pensamiento paulino inicial que venía esgrimiendo : “en Cristo no hay varón ni mujer” (Gál. 3:28), ¿Cómo conciliar estos versículos con los diferentes pasajes donde la mujer gozan de una libertad?. Cómo interpretar estos pasajes con el texto 11:5, donde el apóstol Pablo privilegia a la mujer respecto a orar y profetizar en público, cuando esto último está de acuerdo con la declaración de Pedro en Hch. 2:17-18, cuando cita al profeta Joel, siendo unas las declaraciones más importantes al inicio del cristianismo primitivo.
Cómo interpretar el párrafo de 1 Ti. 2:11, 12 “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” a la luz de Romanos cap. 16 donde saluda y agradece la labor ardua que han tenido varias mujeres: Priscila, María, Junias, a Pérsida, Trifena y a Trifosa, o con lo acaecido en Efeso con Apolos (Hch.18:26). En Fil. 4:2-3 Pablo menciona a Evodia y Sintique, “... combatieron juntamente conmigo en el evangelio...”, Pablo no las denomina ayudantes, sino mis colaboradoras, “synergoi”, utiliza el mismo lenguaje para designar a sus colaboradores femeninos y masculinos, indicando que la ayuda de la mujer en el ministerio de Pablo fue de un gran valor, en un trabajo hasta agotarse. ¿Qué motiva a Pablo a cambiar de actitud?, ¿bajo que normas morales se rige para irrumpir bruscamente con un pensamiento opuesto a su gran proclama?, tenemos primero que analizar cuales son las condiciones que presionan a Pablo para tomar tal actitud y la prioridades que tiene en el momento de escribir cada párrafo mencionado. La mayor preocupación de Pablo era alcanzar al máximo de personas para el evangelio, no mirando sus nacionalidades o cultura, para él el tiempo era vital, su obsesionado pensamiento de que la segunda venida de Cristo era pronto, le hizo actuar con impulsividad, y muchas de las tendencias igualitarias entre ambos sexos no eran apropiadas en ciertas regiones, tanto en la vida interna de la comunidades, como con su relación externa con los gentiles no convertidos. Pablo tuvo que ceder en beneficio a la evangelización, solicitando a las creyentes mujeres adaptación a su medio, para que no interfirieran con sus planes de expansión de la obra de Jesús.
Analizando las situaciones específicas de cada iglesia instaurada por el apóstol Pablo, se puede entender las presiones a las que estaba sujeto y sus actitudes cuando se le relaciona con su estrategia pastoral, con su forma de implantar iglesias y de relacionarse con la sociedad del Imperio, a la vez en el escrupuloso cuidado que hacía sobre la iglesias establecidas por él. El apóstol Pablo con su visión de cristianismo universal, radicaliza en su tiempo la posición de la mujer y sus alternativas de desarrollarse a igualdad de condiciones con el hombre. Pablo plantea en las nuevas comunidades, la igualdad de los sexos y admite funciones de liderazgo a las mujeres, pero a la vez enfrenta la crítica interna de los grupos conservadores, y externa de una sociedad patriarcal que ve poner en peligro las costumbres y tradiciones, a lo cual Pablo pide a las creyentes mujeres prudencia y que no hagan ostentación de su libertad con un comportamiento externo que plantea graves problemas a la comunidad en su vida interna y su relación con la sociedad, solicitando flexibilidad y sumisión a determinadas normas patriarcales. Pero a la vez discierne sobre los peligros que aquejan a las incipientes comunidades, en especial de las herejías que circulaban en ese tiempo al cual muchas mujeres retransmitían (2 Ti. 3:6), lo cual con ímpetu característico de Pablo (Hch.15:38, 39; Gá 2:11-13) defiende con su llamado de atención en 1 Ti. 2:11-15, no podemos tomar como regla generalizada está situación, sería inapropiado imponer una norma moral de conducta de un suceso correctivo para esa comunidad en particular e implantarlo en las comunidades de las sociedades actuales.
Teniendo en vista las prioridades inmediatas de Pablo, podemos deducir la temporalidad de sus consejos y el alcance local de ellos, por lo tanto, tomar los escritos de Pablo como principios eternos o mandamientos perennes, nos puede llevar a errar el camino y extraviarnos de la senda de las enseñanzas de Jesús, lo que nos lleva a una segunda deducción, que el literalismo actual basado en los versículos paulinos que nos llevan al menoscabo de la mujer es indigno para los tiempos actuales y la cultura social moderna. El gran pronunciamiento de Paulo sigue vigente con toda propiedad “no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, (Gá. 3:28), con el alcance que solo las escrituras sagradas le dan donde “para Dios no hay acepción de personas”.
El mover de Pablo era poder alcanzar con el evangelio a todas las naciones, etnias, estratos sociales, con igualdad de derechos entre ambos sexos, sin ninguna restricción, fue su bandera de lucha especialmente en el concilio del año 50 en Jerusalén, los actuales cristianos no tenemos el derecho moral de tomar aquellos versículos discordantes con la analogía del pensamiento paulino para hacer doctrina o imponer normas que reduzcan a un trato discriminatorio a las creyentes femeninas.
Nuestras conciencias morales deben estar relacionadas en el buen discernimiento para poder trazar bien la palabra de Dios, y actuar conforme al conocimiento bíblico idóneo, en vez de menoscabar la digna de nuestro prójimo femenino, debemos ayudarle en oportunidades para que crezca y se desarrolle en su ministerio al cual Dios la ha llamado. Solo Dios tiene la autoridad de restringir cada creyente su ministerio, solo Dios puede imponer normas.
En el concepto machista patriarcal, el hombre era un déspota y la mujer un objeto más de sus enseres, en la mutualidad de la enseñanza de Cristo, cada uno se complementa en el otro, en Cristo son una sola carne, en Dios no hay acepción de personas. El problema de la posición de la mujer en las distintas y diferentes iglesias actuales no se puede solucionar, siguiendo literalismo del ambiguo pensamiento Paulino de las cartas pastorales, se debe tener en cuenta la analogía de las Escrituras, y tener presente la actitud de Jesús y la de Pablo hacia las mujeres.
Mediante una minuciosa reconstrucción teológica y exegética, las mujeres deben penetrar una vez más el escenario central que ocupaban en la historia temprana del cristianismo.[1]
Debemos respetar los parámetros bíblicos al respecto:
1. La igualdad del hombre y de la mujer en Cristo (Gá. 3:28);
2. Como la diferenciación del hombre y de la mujer, tomar en cuenta las costumbres, cultura y tradiciones del lugar donde esta establecida una comunidad local;
3. La unidad del cuerpo de Cristo es un factor importante, el apóstol Pablo le dedica más espacio que a ninguna otra directriz (Ro. 12:5; 14:9; 1 Co. 1:10; Gá. 3:28; Ef. 2:14; 4:3; Fil. 2:1-4; Col 3:12-15...), los litigios por dogmas instaurados por tradiciones culturales no deben poner en riesgo la unidad, los conservadores deben reconocer los cambios, el cristianismo mismo revolucionó la sociedad en sus inicios, produjo cambios impensables para su época, nadie en la actualidad se preocupa que Pablo dijo para su época “no hay esclavo ni libre”, condición que ha sido abolida en las mayorías de las sociedades modernas. Lo liberales deben acatar las condiciones imperantes en las mayorías para no producir cambios que deriven en un cisma en las comunidades.
4. La complementariedad de los sexos debe ser una vía adecuada en el trabajo de las iglesias locales, debido que tanto el hombre como la mujer son seres individuales, con sus características propias de cada sexo y persona. Con una visión distinta para enfocar los problemas.
5. La libertad de la mujer en Cristo siempre debe mantenerse suficientemente a la vanguardia de un tiempo y una cultura particulares para poder seguirle llamando “liberación” y, sin embargo, no tocando y alterando ese contexto a la luz del diseño de la consumación.
La complejidad de la época del cristianismo primitivo les hizo actuar y tomar posiciones a veces antagónicas a la posición de Jesús, como lo demuestra el proceso de canonización tanto de las Cartas Pastorales como el evangelio de Marcos. No es posible admitir ambas tradiciones y su unidad eventual, sin reconocer la tensión existente entre ellas, no es posible obviar el proceso que impuso la institucionalización y la patriarcalización de la Iglesia, en desmedro de los grupos disidentes de la época, en especial la posición de la mujer
La Iglesia está llamada contribuir en la promoción humana y cristiana de la mujer ayudándole así a salir de situaciones de marginación en que puede encontrarse y capacitándose para su misión en la comunidad eclesial y del mundo.[2]
[2] Mifsud, Tony. Op. Cit.74.
Estamos obligados en la actualidad tomar como base los versículos Paulinos para disminuir los derechos de las creyentes femeninas e implementar normas o reglas que menoscaben su dignidad, tomando en cuenta que uno de los principios fundamentales enseñados en las diferentes comunidades es “para Dios no hay acepción de personas.”, que grado de injusticia cometamos con este tipo de actitud. (Col. 3:25)
¿Es moral seguir literalmente los consejos de Pablo con respecto a la mujer?, en una sociedad moderna donde los gritos libertarios de justicia, igualdad y equidad son el pregón de cada día, ¿es bíblico y justo el accionar de estas comunidades cristianas?, tenemos que nuestro código moral se desprende de las enseñanzas de Jesús, cualquiera actitud contraria a los principios éticos enseñados por el Maestro es inmoral, cualquiera imposición de normas que se quieran establecer deben sujetarse a los fundamentos del cristianismo. En este caso particular el ejemplo de Jesús en su relación con las mujeres nos enseña cuál debe ser la actitud que debe tomar el creyente al respecto, en el diario convivir de las respectivas Iglesias.
Pero la realidad difiere de los principios de Jesús, encontramos una contradicción entre su pensamiento y la de los creyentes. Él rompe el esquema tradicional que hasta ese momento sostenía la sociedad judía, en especial la de los maestros de ley; los creyentes hombres imponen la tradición, sus costumbres, sus pensamientos, prima su cultura ante del ejemplo dado por el mismo maestro; sus lideres o maestros obligan con sus dogmas, en ciertas circunstancias, al oprobio a este gran número de creyentes por tan solo ser mujer. Somos discípulos de Jesús, pero no estamos siendo guiados por los principios por él enseñado.
El gran pronunciamiento de Paulino escrito en Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, es la gran proclama de igualdad y justicia en una época donde la discriminación entre los sexos era aberrante a los ojos de Dios. Esto nos reafirma que para Dios no hay acepción de personas, todas están en estado de igualdad y derecho ante la presencia de él. Con esta fórmula Pablo insiste en que la Ley está superada; el rito de iniciación en la iglesia ya no es la circuncisión (en que sí hay distinción entre hombre y mujer). Esta libertad de acceso continúa la práctica histórica de Jesús conservada en los Evangelios, que dibujan un cuadro de plena amistad con toda clase de mujer, inclusive con prostitutas (Lc 7:36–50).
Pero que sucede en los escritos Paulinos, pareciera una contradicción con otros pasajes, o sale a relucir el machismo de la cultura judía de Pablo, o el apóstol está obligado por las circunstancias a ceder algo de este principio revolucionario en un bien común mayor para las nuevas comunidades de acuerdo a las costumbres y tradiciones de donde se estaban estableciendo. En 1 Co.14:34, 35 escribe Pablo “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”, nos encontramos con una de las prohibiciones tajante, que contradicen todo lo que pensamiento paulino inicial que venía esgrimiendo : “en Cristo no hay varón ni mujer” (Gál. 3:28), ¿Cómo conciliar estos versículos con los diferentes pasajes donde la mujer gozan de una libertad?. Cómo interpretar estos pasajes con el texto 11:5, donde el apóstol Pablo privilegia a la mujer respecto a orar y profetizar en público, cuando esto último está de acuerdo con la declaración de Pedro en Hch. 2:17-18, cuando cita al profeta Joel, siendo unas las declaraciones más importantes al inicio del cristianismo primitivo.
Cómo interpretar el párrafo de 1 Ti. 2:11, 12 “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” a la luz de Romanos cap. 16 donde saluda y agradece la labor ardua que han tenido varias mujeres: Priscila, María, Junias, a Pérsida, Trifena y a Trifosa, o con lo acaecido en Efeso con Apolos (Hch.18:26). En Fil. 4:2-3 Pablo menciona a Evodia y Sintique, “... combatieron juntamente conmigo en el evangelio...”, Pablo no las denomina ayudantes, sino mis colaboradoras, “synergoi”, utiliza el mismo lenguaje para designar a sus colaboradores femeninos y masculinos, indicando que la ayuda de la mujer en el ministerio de Pablo fue de un gran valor, en un trabajo hasta agotarse. ¿Qué motiva a Pablo a cambiar de actitud?, ¿bajo que normas morales se rige para irrumpir bruscamente con un pensamiento opuesto a su gran proclama?, tenemos primero que analizar cuales son las condiciones que presionan a Pablo para tomar tal actitud y la prioridades que tiene en el momento de escribir cada párrafo mencionado. La mayor preocupación de Pablo era alcanzar al máximo de personas para el evangelio, no mirando sus nacionalidades o cultura, para él el tiempo era vital, su obsesionado pensamiento de que la segunda venida de Cristo era pronto, le hizo actuar con impulsividad, y muchas de las tendencias igualitarias entre ambos sexos no eran apropiadas en ciertas regiones, tanto en la vida interna de la comunidades, como con su relación externa con los gentiles no convertidos. Pablo tuvo que ceder en beneficio a la evangelización, solicitando a las creyentes mujeres adaptación a su medio, para que no interfirieran con sus planes de expansión de la obra de Jesús.
Analizando las situaciones específicas de cada iglesia instaurada por el apóstol Pablo, se puede entender las presiones a las que estaba sujeto y sus actitudes cuando se le relaciona con su estrategia pastoral, con su forma de implantar iglesias y de relacionarse con la sociedad del Imperio, a la vez en el escrupuloso cuidado que hacía sobre la iglesias establecidas por él. El apóstol Pablo con su visión de cristianismo universal, radicaliza en su tiempo la posición de la mujer y sus alternativas de desarrollarse a igualdad de condiciones con el hombre. Pablo plantea en las nuevas comunidades, la igualdad de los sexos y admite funciones de liderazgo a las mujeres, pero a la vez enfrenta la crítica interna de los grupos conservadores, y externa de una sociedad patriarcal que ve poner en peligro las costumbres y tradiciones, a lo cual Pablo pide a las creyentes mujeres prudencia y que no hagan ostentación de su libertad con un comportamiento externo que plantea graves problemas a la comunidad en su vida interna y su relación con la sociedad, solicitando flexibilidad y sumisión a determinadas normas patriarcales. Pero a la vez discierne sobre los peligros que aquejan a las incipientes comunidades, en especial de las herejías que circulaban en ese tiempo al cual muchas mujeres retransmitían (2 Ti. 3:6), lo cual con ímpetu característico de Pablo (Hch.15:38, 39; Gá 2:11-13) defiende con su llamado de atención en 1 Ti. 2:11-15, no podemos tomar como regla generalizada está situación, sería inapropiado imponer una norma moral de conducta de un suceso correctivo para esa comunidad en particular e implantarlo en las comunidades de las sociedades actuales.
Teniendo en vista las prioridades inmediatas de Pablo, podemos deducir la temporalidad de sus consejos y el alcance local de ellos, por lo tanto, tomar los escritos de Pablo como principios eternos o mandamientos perennes, nos puede llevar a errar el camino y extraviarnos de la senda de las enseñanzas de Jesús, lo que nos lleva a una segunda deducción, que el literalismo actual basado en los versículos paulinos que nos llevan al menoscabo de la mujer es indigno para los tiempos actuales y la cultura social moderna. El gran pronunciamiento de Paulo sigue vigente con toda propiedad “no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, (Gá. 3:28), con el alcance que solo las escrituras sagradas le dan donde “para Dios no hay acepción de personas”.
El mover de Pablo era poder alcanzar con el evangelio a todas las naciones, etnias, estratos sociales, con igualdad de derechos entre ambos sexos, sin ninguna restricción, fue su bandera de lucha especialmente en el concilio del año 50 en Jerusalén, los actuales cristianos no tenemos el derecho moral de tomar aquellos versículos discordantes con la analogía del pensamiento paulino para hacer doctrina o imponer normas que reduzcan a un trato discriminatorio a las creyentes femeninas.
Nuestras conciencias morales deben estar relacionadas en el buen discernimiento para poder trazar bien la palabra de Dios, y actuar conforme al conocimiento bíblico idóneo, en vez de menoscabar la digna de nuestro prójimo femenino, debemos ayudarle en oportunidades para que crezca y se desarrolle en su ministerio al cual Dios la ha llamado. Solo Dios tiene la autoridad de restringir cada creyente su ministerio, solo Dios puede imponer normas.
En el concepto machista patriarcal, el hombre era un déspota y la mujer un objeto más de sus enseres, en la mutualidad de la enseñanza de Cristo, cada uno se complementa en el otro, en Cristo son una sola carne, en Dios no hay acepción de personas. El problema de la posición de la mujer en las distintas y diferentes iglesias actuales no se puede solucionar, siguiendo literalismo del ambiguo pensamiento Paulino de las cartas pastorales, se debe tener en cuenta la analogía de las Escrituras, y tener presente la actitud de Jesús y la de Pablo hacia las mujeres.
Mediante una minuciosa reconstrucción teológica y exegética, las mujeres deben penetrar una vez más el escenario central que ocupaban en la historia temprana del cristianismo.[1]
Debemos respetar los parámetros bíblicos al respecto:
1. La igualdad del hombre y de la mujer en Cristo (Gá. 3:28);
2. Como la diferenciación del hombre y de la mujer, tomar en cuenta las costumbres, cultura y tradiciones del lugar donde esta establecida una comunidad local;
3. La unidad del cuerpo de Cristo es un factor importante, el apóstol Pablo le dedica más espacio que a ninguna otra directriz (Ro. 12:5; 14:9; 1 Co. 1:10; Gá. 3:28; Ef. 2:14; 4:3; Fil. 2:1-4; Col 3:12-15...), los litigios por dogmas instaurados por tradiciones culturales no deben poner en riesgo la unidad, los conservadores deben reconocer los cambios, el cristianismo mismo revolucionó la sociedad en sus inicios, produjo cambios impensables para su época, nadie en la actualidad se preocupa que Pablo dijo para su época “no hay esclavo ni libre”, condición que ha sido abolida en las mayorías de las sociedades modernas. Lo liberales deben acatar las condiciones imperantes en las mayorías para no producir cambios que deriven en un cisma en las comunidades.
4. La complementariedad de los sexos debe ser una vía adecuada en el trabajo de las iglesias locales, debido que tanto el hombre como la mujer son seres individuales, con sus características propias de cada sexo y persona. Con una visión distinta para enfocar los problemas.
5. La libertad de la mujer en Cristo siempre debe mantenerse suficientemente a la vanguardia de un tiempo y una cultura particulares para poder seguirle llamando “liberación” y, sin embargo, no tocando y alterando ese contexto a la luz del diseño de la consumación.
La complejidad de la época del cristianismo primitivo les hizo actuar y tomar posiciones a veces antagónicas a la posición de Jesús, como lo demuestra el proceso de canonización tanto de las Cartas Pastorales como el evangelio de Marcos. No es posible admitir ambas tradiciones y su unidad eventual, sin reconocer la tensión existente entre ellas, no es posible obviar el proceso que impuso la institucionalización y la patriarcalización de la Iglesia, en desmedro de los grupos disidentes de la época, en especial la posición de la mujer
La Iglesia está llamada contribuir en la promoción humana y cristiana de la mujer ayudándole así a salir de situaciones de marginación en que puede encontrarse y capacitándose para su misión en la comunidad eclesial y del mundo.[2]
Juan Salgado Rioseco
[1] H. M. C. Nuevo Diccionario de Teología. p. 926.[2] Mifsud, Tony. Op. Cit.74.
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