sábado, 25 de diciembre de 2010

Hacia una reorientación del ministerio pastoral pentecostal

Las múltiples y diversas comunidades pentecostales chilenas necesitan una reorientación en su propuesta evangelizadora a la sociedad del siglo XXI. Este nuevo planteamiento necesita urgente una impronta renovación en especial la forma de traspasar la sana enseñanza de Jesús.
En este campo la educación toma un lugar prominente, la cual debe ser abordada con responsabilidad y madurez cristiana debido a la inculturación en mayor o menor grado de las diferentes comunidades, agravado por la rapidez de los cambios sociales y culturales que la posesionan frente a continuas confrontaciones en el ámbito teológico como generacional, ante este cuadro se debe reformular un nuevo planteamiento pastoral fundamentado en una renovación teológica bíblica exenta de los dogmatismo tradicionales.
La renovación debe abarcar diversas aéreas entre ellas la forma de interpretación bíblica basada en una teología fundamentalista que genere condiciones de credibilidad de la fe en el contexto de una sociedad globalizada, influenciada bajo los aspectos que Jesús tenía en mente para su iglesia. Otra área, es la revelación escatológica, debe dejar el campo apocalíptico confrontacional excluyente para entregar un mensaje esperanzador de fe solo fundamentado en la segunda venida de Jesús y sus consecuencias en los fieles y dignos.
Además de renovar la visión de Iglesia, como centro de la fe y exponente del mensaje evangelistico del Reino de Dios, capaz de abordar los nuevos retos, exigencias sociales y culturales sin tranzar sus principios fundamentales de la fe en Cristo. Para ello debe asumirse todos los ministerios eclesiásticos y trabajar en un objetivo común, vitalizador y atrayente a las nuevas generaciones. En otras palabras debe efectuarse una conversión pastoral, centrada en la enseñanza bíblica, en la liturgia y en la adoración. Esta conversión pastoral debe ser capaz de abordar la tarea evangelistica misionera, en vez de una evangelización nominal, esta renovación daría paso a reactivar la función generadora de la iglesia que es la evangelización expansiva de acuerdo a los parámetros  o mandato de la comisión pastoral bíblica.
Si la iglesia del siglo XXI se sujeta al mandato original de la comisión pastoral, resaltaran algunas características que hicieron peculiar a la iglesia del primer siglo, como: fidelidad a la enseñanza de Jesús y no a los dogmas religiosos; un nuevo espíritu, influenciado por el rigor del servicio y por la madurez de entender el verdadero llamado ministerial, todo esto supeditado por la acción del Espíritu Santo; un respeto a todos los convertidos y un reconocimiento a sus ministerios sin acepciones ni formaciones de elites de poder.
Cuando seamos capaces de entender que todos los miembros que componen una comunidad que sirve a Cristo son iguales, obtendremos renovados ministerios, con nuevos objetivos y finalidades, superando el ministeriocentrico y la acción pastoral centrípeta, para abrirse a ministerios al servicio del Reino de Dios. Para lograr esto último, es urgente la formación inicial y permanente de los miembros pastorales que ocupan rangos de liderazgo, y una preocupación educativa sistemática a  los nuevos discípulos hasta transformarlo en enviados maduros y capaces de seguir la obra expandidora de la Iglesia.
La fase final de este proceso de renovación pastoral es lograr el trabajo integrado de una verdadera comunidad de comunidades, de modo de lograr el impacto social y cultural en nuestro tiempo.
Juan Salgado Rioseco

jueves, 23 de septiembre de 2010

Los cambios imperceptibles de la Historia en el Cristianismo

La mayoría de los creyentes evangélicos pentecostales, desconocen la historia de la iglesia desde su inicio, la evolución que ha tenido en el tiempo, y los grandes cambios imperceptibles que ha debido sortear a lo largo de estos dos milenios. Creen que ella es producto del esfuerzo cotidiano de su época y no fruto o consecuencias de sucesos ocurridos a lo largo de estos veinte siglos de vida. No avizoran que los grandes cambios de las sociedades interactivas modernas, han obligados a revaluar ciertos puntos históricos que en su oportunidad no fueron tomados en cuenta o no se le dio la trascendencia que ameritaba.
Se debe tener presente que las diferentes posturas teológicas desde el inicio, con sus pugnas, desacuerdos e imposiciones de los grupos más fuertes, son ahora parte de la forma que interpretamos la Biblia; lo que aseveramos hoy como incontrovertible e infalible, fue en otra época motivo de irreconciliables posturas, sangrientas desavenencias, y una profunda cisma.
La interpretación bíblica y la teología, en el contexto rabínico, utilizada por los judíos y judeocristianos de la primera mitad del siglo I, influenciaron en el comportamiento de los primeros cristianos. Lo podemos percibir en el libro de los Hechos de los Apóstoles y en algunos pasajes bíblicos de los escritores neotestamentarios. Su forma de interpretar las Escrituras tuvo sus inicios después de la crisis babilónica, en respuesta a la necesidad de educar al pueblo en la religión de sus padres, en la preservación de la Ley, la enseñanza discipular, y la administración de la ley posteriormente en el Sanedrín.
El derash procedimiento utilizado por los judíos en la antigüedad, basados en la exégesis y la hermenéutica, es la plenitud y la actualización del sentido bíblico, bajo el parámetro del rabinismo, sorprendentemente también utilizada por los cristianos primitivos, heredando está técnica los escritores del Nuevo Testamento, como lo demuestran sus respectivos escritos. En este sentido, el Antiguo Testamento tiene influencia en el cristiano con el estudio de la unicidad con el Nuevo Testamento, a la luz de la nueva enseñanza se puede decir que: “el Nuevo Testamento es un midrash del Antiguo Testamento”. Fiel exponente de esta línea de pensamiento es la carta a los hebreos, o como lo exegetas de todos lo tiempos dicen: “el Nuevo Testamento es el cumplimiento y culminación del Antiguo”.
A la luz de la visión del nuevo maestro, el cristianismo irrumpe del contexto judaico, con una nueva propuesta e interpretación de los sagrados escritos hebreos, que responderá a la necesidad espiritual de las personas de su tiempo, desarrollando un mensaje contextualizado y reorientando la piedad de los judíos hacia la verdadera práctica. Desde allí la importancia de saber cómo los judíos interpretaban las Escrituras, para poder entender y darle el sentido adecuado a las enseñanzas de Jesús.
El encuentro de las culturas hebreas y griega, no sucede con el proceso de evangelización de la nueva doctrina, sino es un largo periodo convivencia anterior, pero se acentúa en la transmisión de la nueva doctrina, la simpleza pietista hebrea, es influenciada y desarrollada por los aspectos filosóficos humanistas griegos. Esta amalgama se puede percibir en el cuarto evangelio, el platonismo siendo utilizado como medio de reinterpretación y propagación de la nueva fe, en las sociedades y pueblos de cultura helénica, en los escritos de Pablo encontramos la unión de ambas culturas como fiel exponente de los cambios de influencia de los nuevos convertidos.
La incipiente religión recibe beneficios del encuentro transcultural, los utiliza para su provecho, a la vez la van distanciando de su raíz primitiva, produciéndose un quiebre entre la comunidades noveles, tomando un giro cada una independiente de la otra, que posteriormente derivara en un cambio sistemático, paulatino en el campo de la teología y la enseñanza de la doctrina.
Es interesante conocer que al inicio de la Iglesia se componía de Judeos (nacidos en palestina) y Judíos de la Diáspora, (la mayoría descendientes de judíos expatriados, llamados helenistas), establecidos principalmente en Jerusalén, siendo su centro teológico. A mediados de siglo I las fuerzas entre judíos y gentiles se encontraban equilibradas, los centros teológicos eran Jerusalén y Antioquia. Al inicio del siglo II, Jerusalén había desaparecido, el 90% de los creyentes eran gentiles, la gran mayoría de cultura helénica que se esparcían por toda la cuenca Mediterránea, y sus incipientes centros teológicos eran:
a) Cartago en África, que da origen a toda la teología del mundo occidental. b) Alejandría en Egipto, centro intelectual del mundo Grecorromano y c) Antioquia en Asia, la más antigua, extraña y desconocida, heredera de la teología de Palestina y Asia Menor.
El cambio de los ejes teológicos y doctrinales en menos de un siglo trajo sus consecuencias en los siglos II, III y IV, en sus respectivas áreas de influencias, se ocasionaron las controversias doctrinales que llevaron a los apologistas a tener gran relevancia en los aspectos teológicos. Los más poderosos e influyentes primaron sobre las minorías, tanto sociales como étnicas, e imponiéndose posiblemente aspectos doctrinales que no eran acorde con la doctrina primitiva o al contexto teológico de la raíz hebrea – griega.
Los preceptos de la nueva fe, trajo consigo cambios insospechados a las estructuras mismas del imperio. La pasividad de los primeros años, se transformó en la agresividad descarnada de algunos periodos, donde los mártires tuvieron la ocasión de adaptarse o morir por la causa de su fe. El corroer paulatino y constante, a través de sus principios morales de la nueva religión, llevaron al gran cataclismo religioso del mundo antiguo, y el cambio radical del politeísmo al monoteísmo. Los cambios sociales aunque algunos duraron siglos, trajeron consecuencias que gravitaron el diario vivir del hombre y su contorno, fueron absorbiendo nuevas sociedades, nuevas culturas, en cada encuentro dan origen a nuevas posiciones que obligan a enfrentar cambios teológicos, por lo tanto a nuevas relecturas de las Escrituras.
Los grandes cambios obligan a revaluar otros puntos no tomados en cuenta anteriormente, debido que somos herederos de todo un proceso, obligando a desechar otras opciones, aunque validas pero intrascendentes para el momento y el contexto que se esta viviendo. En el siglo XVI, el cristianismo se concentraba en el continente Europeo, casi en su totalidad era de raza blanca, sus pocos misioneros salían de Roma y el protestantismo efectuaba su proselitismo principalmente dentro de las fronteras del viejo continente. Al inicio del siglo XX el 50% de los cristianos vivía en Europa y el resto se repartía en todo el mundo, el 80% eran de raza blanca, sus centros misioneros estaban en Londres y Nueva York. A fines del siglo XX, el 25% vive en Europa, dos tercios no son blancos, sus centros misioneros se encuentran en Corea, desde Puerto Rico salen misioneros a Nueva York, desde Latinoamérica viajan misioneros a Europa, África y Asia.
El siglo XX, empezó con una forma de interpretación bíblica, orientada en las sociedades del Atlántico Norte, al termino del siglo no sola una sino distintas formas de interpretación bíblica, orientada desde el Hemisferio Sur, que han obligado a reorientar la lectura bíblica al sentido de estas sociedades, a sus necesidades y complejidades. Desde el norte la lectura bíblica es orientada a la doctrina de la prosperidad, la guerra espiritual, el mesianismo; desde el sur la orientación camina tras de la justicia social, de la igualdad, los derechos del ser humano, la superación de la pobreza, y satisfacer el hambre, donde los profetas escritores siglo VIII a. C. cobran relevancia y sus escritos se contextualizan para las sociedades emergentes del tercer mundo.
Los cambios históricos y teológico que trajo consigo el cristianismo, desde su raíz hebrea y su influencia griega, obligó en su tiempo a reinterpretar las Escrituras Hebreas y orientarlas a las culturas de las nuevas sociedades que encontraba a su paso, pero su raíz cobra en los tiempos actuales importancia al revaluar los conceptos y volver al sentido primitivo o los principios de las enseñanzas de Jesús, en beneficio al nuevo hombre que se esta engendrando en estas sociedades, por la similitud de las condiciones sociales de ambos tiempos.
A lo largo de los veinte siglos de historia, el cristianismo se ha beneficiado de los encuentros transculturales, ha recibido influencias negativas e incluso nefasta, que han pasado imperceptibles, han sido asumidas como interpretaciones bíblicas valederas y muchas de ellas han tomado el valor de dogmas, lo que ha producido el divisionismo teológico, doctrinal y en muchos casos el quiebre de la comunión cristiana, lo que a dado fruto de enemigos irreconciliables; la historia de la historia nos obliga ha reconsiderar nuestras respectivas posiciones, y mirar en ella los sucesos históricos del pasado para reconsiderar nuestras posiciones actuales si tienen validez bíblica o solamente fundamentos culturales o tradicionalista.
Debemos mirar la historia, somos hijos de una sociedad y una cultura que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, enraizando costumbres y tradiciones, que nos han ido alejando de otras comunidades cristianas, muchas de ellas desconocidas. Imponiendo una verdad que no es tal verdad, una forma de vida bajo conceptos mal fundamentados y no considerando que es posible que aquellas comunidades se acercan más a la verdad original.
Los cambios imperceptibles han sucedido vertiginosamente en los últimos tiempos y seguirán sucediendo en los tiempos venideros, sin que nos demos cuenta, nos obligaran cada cierto tiempo a efectuar relecturas de las Escrituras a la luz de los nuevos tiempos, es por eso, que los cristianos deben conocer su historia, para que aquellos sucesos similares del pasado, nos sirvan como orientación, y nos lleven a la senda adecuada señalada por la verdadera doctrina de Cristo.
Juan Salgado Rioseco

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Divorcio, donacion de organos ¿Que dicen Las Escrituras?

Problemáticas  contemporáneas que motivan una acción apologética, desde el punto de vista bíblico.

El mundo contemporáneo tiene diversos caminos para ver la vida y diversos parámetros para evaluar el comportamiento humano dentro de la sociedad, algunos yuxtapuesto el uno del otro. Lo que ha traído consigo una confrontación de intereses, en algunas oportunidades contrapuestas. Algunos de ellos frontalmente opositores a las enseñanzas cristianas bíblicas.

Voces apasionadas de diferentes punto de visión se han levantado, con variados matices, posturas que dentro de la globalización son legitimas e interesantes del punto de vista humanista, racional e intelectual, antagónicas desde la perspectiva religiosa, dogmática o bíblica.

Como conciliar los diferentes pensamientos, llegar a un consenso las distintas formas de vidas, a la vez efectuar una defensa a la fe cristiana, de acuerdo a sus principios más elementales y vitales de la enseñanza de Jesucristo.

Lo primero que podríamos señalar, es que hay que definir los puntos de encuentros y descubrir los divergentes. Sobre estos últimos, definir las posturas, las bases bíblicas, para efectuar una estrategia firme y saludable. No hay peor defensa, que una pésima estrategia sin antes tener el conocimiento recabado de los temas a defender.

Divorcio: Cumplir lo que Dios establece en su Palabra vs. La socializacion de un mundo agnostico.

Uno de los temas de mayor debate, es el divorcio vincular, analicemos la posición bíblica. "Creó Dios al ser humano... hombre y mujer los creó" (Gen. 1.27). La atracción entre los sexos es algo inherente del ser humano y la unión de ellos asegura la reproducción y la permanencia de la especie. Las Sagradas Escrituras explican que la mujer está tomada de la sustancia del hombre y que por este hecho está destinada a la unión con él. Cuando Dios presentó la mujer ante el hombre, esté exclamó: "Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Está será llamada mujer (isshá) porque del varón (ish) ha sido tomada" (Gen. 2.23). y el relato concluye con la constatación que hacíamos: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne" (Gen. 2.24).

Lo que el relato quiere decir es que Dios mismo estableció entre el hombre y la mujer una fuerza de atracción tan grande que rompe los vínculos que existen con los padres, incluso en esas sociedades patriarcales en que esos vínculos son tan fuertes: "deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer". Este pasaje bíblico afirma la monogamia y la permanencia del matrimonio.

Moisés había consentido que los hombres repudiaran a sus mujeres por cualquier causa (Dt.24.1, 3), No significa que Moisés fuera un proclive al divorcio, sino que hizo leyes para reglamentar una práctica que ya existía desenfrenadamente. Fue un paso que protegió el matrimonio más que antes, aunque hoy nos parece demasiado liberal en la Ley Mosaica. Jesucristo da la razón a tal situación en Mt. 19.7, 8 "Moisés les permitió divorciarse de su esposa porque sus corazones eran duros". Pero no fue así desde el principio".

Tiempo después el profeta Malaquías condena la práctica de abandonar a las esposas y tomar mujeres extranjeras más jóvenes (Mal. 2.14-16). Jesús mantiene la ordenanza original de Dios de lo que Dios ha unido, el hombre no tiene derecho a separarlo (Mc. 10.9), dando a entender que es pecado disolver el matrimonio, aunque la Biblia no enseña que sea del todo imposible disolverlo. Aunque tiene una norma de excepción: "por motivo de infidelidad conyugal".(Mt.19.9), aunque los evangelios de Marcos 10.1-12 y Lucas 16.18 no se menciona esa posibilidad. Los pasajes citados ilustran que el divorcio era un problema en los tiempos de Jesús, pero a la vez afirman que Dios desaprueba el divorcio en todo tiempo

El problema suscite en la variedad de criterios sobre el llamado «privilegio paulino» como base del divorcio. Primera de Corintios 7.10–16 trata del problema de un creyente casado con una incrédula y viceversa. Si el incrédulo abandona la casa, el creyente "no está sujeto a servidumbre" (1 Co 7.15). Varios comentaristas piensan que este abandono es motivo justo para un divorcio, y que la persona abandonada es libre para divorciarse y casarse de nuevo. Aunque otros toman estos mismos pasajes como una separación legal, la cual no permite otro matrimonio. Cualesquiera que sean las circunstancias, el divorcio es un asunto grave. Pero la Biblia no indica que sea pecado imperdonable.

Ante esta realidad bíblica, ¿cuál debe ser la posición del cristiano? Frente a la problemática del divorcio, a la violencia intrafamiliar, al abandono de los niños. Causales como la violación grave y reiterada de los deberes y obligaciones del matrimonio, socorro y fidelidad establecidos en el vínculo; atentar contra la vida del cónyuge, o de uno de los hijos; la conducta homosexual de uno de los componentes de la pareja, alcoholismo o drogadicción; el intento de prostituir a la pareja o a los hijos; y otros problemas que aquejan a los seres humanos en su convivencia de pareja.
¿Cómo debemos actuar con flexibilidad o inflexibilidad? ¿Con tolerancia o intolerancia? ¿Permanecer en un campo dogmático para relacionarse con el tema?. Creemos que es impropio e inadecuado, por múltiples factores sociales, culturales u otros.

La posición del creyente debe estar relacionada con el factor de compromiso real de la persona con la fe y la iglesia. La imposición no es adecuada, ni debe ser globalizada como dogma a toda una sociedad diversa. Aunque la posición debe ser aquella que nos pueda dar la estabilidad de preservar los principios reales del cristianismo dentro del amor que Jesús nos enseñara.

La intolerancia debe estar radicada en los procesos antinaturales de la vida y en aquellos que son anómalos como los matrimonios de homosexuales, o el intento de adoptar legalmente niños en parejas de homosexuales. La naturaleza debe conservar la pureza de la creación y no la deformación que hace de ella la depravación del hombre.

¿Es válido, a la luz del pensamiento cristiano, la donación de órganos? 

Es comprensible que ante la posibilidad de extender la vida y mejorar las condiciones de ella, se tenga que recurrir a un trasplante de órgano. A luz del pensamiento cristiano, es válida la posición de la persona afectada al recibir un órgano de otra persona; es válida la opción de algunas personas de desear que sus órganos sean donados después de su muerte.

Al considerar el sufrimiento que en algunos casos conlleva, el deterioro de la condición de vida. Se puede interpretar, que los pensamientos cristianos, avalan por mejorar las condiciones de vida de los que necesitan imperiosamente este mecanismo para sobrevivir. El mejor don de Dios es la vida, por lo tanto preservarla y mejorar sus condiciones es una obligación del creyente. Mientras todo se mantenga bajo los aspectos legales, y conductas éticas razonables, el cristianismo no puede oponerse a tal solución. Donde esta la oposición de los cristianos, en el manejo del lucro que hacen que grupos inescrupulosos acuden a medios ilícitos para proveer los órganos. El secuestro de seres inocentes, para arrancarles sus órganos o el asesinato de personas, para proveer el mercado de órganos, no es una opción que el cristianismo pueda avalar.

El don de la vida, debe ser preservado, bajo las cláusulas que Dios dio al hombre, por lo tanto, el hombre no tiene derecho a quitar la vida de otros seres, para ayudar a los necesitados a mejorar sus condiciones. La oposición del cristianismo no debe estar en la donación de los órganos como tal, sino en la forma que estos se consiguen, a la vez en el comercio que tras de ellos se han gestado.
No puede ser ético por mejorar las condiciones de aquellos que tienen los recursos de hacerlo, se tenga que utilizar medios ilícitos para proveerlos. La defensa de los valores y de la vida, debe ser los principios fundamentales del cristianismo.

¿Tiene validez el uso de la conciencia para no cumplir con algunos deberes cívicos? 

La problemática de cumplir con algunas disposiciones que el estado impone a sus ciudadanos, para algunos se torna complicado y va contra sus "principios" argumentan y aducen objeción de conciencia, ayudados por sectores proselitistas anarquistas o radicales. ¿Hasta dónde el hombre puede hacer valer sus principios de conciencia?

La sociedad entrega a sus componentes derechos y recursos, para que puedan desenvolverse adecuadamente dentro de las posibilidades; la seguridad, vías para desarrollar sus capacidades individuales; oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. Por el otro lado la persona individual, debe cumplir ciertas disposiciones para que la sociedad donde se encuentra involucrado se siga desarrollando y creciendo. Para lograrlo necesita seguridad, interior y exterior, a lo cual deben recurrir a cierto números de sus componentes para cumplir ese aspecto.

¿Puede algunos de sus componentes negarse a cumplir estos deberes? ¿Es válido recurrir la fragmentación de la enseñanza cristiana para fundamentar su posición? Jesús dijo: "dad al Cesar, lo que es del Cesar y Dios lo que es de Dios" (Lc. 20.25). De la misma enseñanza en su relación con los soldados romanos, nunca le increpó sobre su oficio y sino los incriminó a que cumplieran con honestidad sus deberes. Deduciendo el comportamiento de Jesús, no es que avalara la seguridad del estado, sino que reconocía en el estado ciertos derechos inalienables para hacer cumplir ciertas normas a sus ciudadanos.

El creyente debe ser amante a la paz, por naturaleza, debe conciliar las posiciones divergentes, y tratar de consensuar las situaciones peligrosas. Pero a la vez cumplir con los deberes que la sociedad le impone, no solo abusar de los derechos, sino con responsabilidad imponer su criterio en cumplimiento del deber cívico.

Lo que debe procurar la iglesia es la defensa de la igualdad de todos los miembros de la sociedad, la reciprocidad en cumplimiento de las obligaciones. Hacer que la sociedad sea justa y equitativa con todos sus miembros. Labor del creyente es impulsar a través de los principios de la fe, leyes justas y que sean cumplidas por todos sin excepción, no importando clases sociales, educacionales, étnicas, en cumplimiento que ante Dios no hay acepción de personas.
Juan Salgado Rioseco

martes, 17 de agosto de 2010

El accionar del Discípulo de Jesus

En varias oportunidades, diferentes comunidades religiosas se han visto envuelta en sucesos o acontecimientos que riñen con la ética y moral de la doctrina cristiana.
Al contemplar la reacción, las actitudes, caracteres, conductas, y reflexionar en los diferentes fenómenos observados, podemos deducir que ciertos sucesos no corresponden al ideal del comportamiento cristiano. Invariablemente pensamos que debe haber un cierto tipo de normas y ser acatadas obligatoriamente por dichos miembros, al no ser así, debería haber una sanción ejemplar para el infractor.
Tenemos el ejemplo bíblico de los primeros días de la iglesia de Jerusalén, después de Pentecostés; en Hechos 2:43-47; 4:32-35, se nos relata las diferentes actitudes que tomaron estos miembros en común como norma de vida, pero la actitud de Ananías y Safira (Hch. 5:1-11), discrepan y contradicen las normas que se habían impuestos, el cual les llevo a sufrir un castigo brutal como es la muerte, una sanción ejemplarizadora para el resto de los miembros de dicha comunidad.
Muchos en la actualidad ven en este episodio un modelo ideal para imponer normas de conductas al resto, sin hacer un analisis a conciencia de las circunstancias que rodearon el episodio bíblico y los efectos posteriores que trajeron consigo en el tiempo y actúan en pro de normalizar todos los aspectos de aquella comunidad en una forma legalista y rigurosa, tal situación tarde o temprano acabara con la organización misma, un ejemplo es Ginebra después de Juan Calvino.
Como actuar o reaccionar adecuadamente dentro de la ética cristiana y las normas morales que deben estar en el accionar de todo discípulo en lo personal y colectivo, como adentrarse en los sentimientos íntimos, en el aspecto de madurez espiritual, en la relación con el ambiente que los rodea o donde se desenvuelven cotidianamente, en su compenetración en la vida comunitaria, en el grado de afectividad que los une y su visión de cristianismo de acuerdo a su cultura.
La solución lógica, debería ser una moralidad que se desprendan de las enseñanzas de Jesús, tal comportamiento vendría siendo el ideal de la actitud de todo cristiano. Deduciendo esta lógica, las cualidades de las acciones humanas deberían estar en conformidad con los procedimientos de la moral cristiana, seguir ciertas reglas o normas de bien común que se desprendan especialmente de las enseñanzas de Jesús, y no tratar de moralizar el comportamiento de los miembros, es imperativo entonces que los participantes y profesantes del cristianismo actúen conforme a la moral cristiana mostrada por Jesús en su paso por la tierra y midan sus conductas bajo un parámetro moral y ejemplar: la vida de Jesús.
Pero este ideal no es la realidad dentro los miembros de una iglesia, dista mucho en llegar hacerlo, la gran mayoría de los convertidos tienen a veces actitudes indeseables y su comportamiento no se refleja con la fe que dice tener, es un sincretismo de pensamientos y en algunos casos una dicotomía de normas morales que rigen su accionar, ¿dónde está el problema de tal situación?, responder a esta pregunta es difícil, ya que en ella bifurcan en forma indolente muchos afluentes que hace imposible determinar cual corriente cristiana es más fiel a la realidad primitiva y esta acorde a los postulados de Jesús.
El objeto de este estudio es dar indicios de algunos factores que influencian en el carácter, actitudes y comportamiento del cristiano dentro de su comunidad.
Primeramente el factor más importante es la cultura. En la cultura de una persona confluyen aspectos tan diversos como la educación, la influencia del medio que los rodea, el lugar geográfico, la historia personal y comunitaria, que van generando costumbres y tradiciones que para su grupo es valido, pero para otros grupos es inapropiado. Uno de los problemas endémicos morales dentro de las diferentes comunidades religiosas cristianas es la relación en un plano de igualdad entre el hombre y la mujer, el apóstol Pablo escribió “no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”, (Gá 3:28), pero ese plano de igualdad queda absorbido por las tradiciones machista de cada sociedad, la discriminación de la mujer dentro de las iglesias van desde el trato discriminatorio, no dejarlas ocupar cargos de relevancia, criticarla por su forma de vestir o aún más no dejarlas hablar, ni enseñar, ¿tiene explicación ética tales actitudes?, ¿bajo que normas dirigen tales conductas?, ¿es moral seguir persistiendo en tales situaciones?, o el pensamiento y el actuar del hombre en este caso particular es amoral, imponiéndose una norma de conducta humana independiente del bien y mal moral cristiano, como este caso hay muchos en el accionar de la iglesia.
En segundo lugar es el comportamiento de los líderes de la comunidad. Estos enseñan, dirigen, aconsejan, preparan, a sus miembros para que ejerzan sus respectivos ministerios, se dice que “el alumno es el reflejo del maestro”, como “el hijo del padre”. Es moral que personas que tienen tan gran influencia lo ejerzan con tanta indolencia o displicencia, no preocupándose de lo que enseña sea conforme a la palabra Bíblica, bien interpretada y aplicada, es moral tener una conducta que no sea el ejemplo más apropiado de actitudes cristianas de un líder, (He. 13:7), que cuenta dará un líder que actuado inoficiosamente con su grey, actuando en forma contraria a lo que aconseja el escritor de los Hebreos “porque ellos velan por nuestras almas; como quienes han de dar cuenta; ...”, (He. 13:17), una comunidad es el reflejo de su líder. El líder deja sus huellas en su discípulo, en otra forma, el discípulo es la prolongación de las enseñanzas del maestro, como Gamaliel dejó sus huellas en Saulo de Tarso.
El tercer factor importante es la actitud personal de cada individuo para relacionarse con su grupo. En muchas oportunidades algunos miembros prevalecen en un criterio moralista para comportarse dentro de la comunidad, imponiendo a otros normas o reglas que están muy lejos de la realidad cristiana y sus enseñanzas, tratan de reformar las actitudes o costumbres de los demás, bajo criterios perniciosos, para adecuarlos a normas morales sin base, ni conocimiento de las enseñanzas de Jesús, y pareciera que su ministerio es moralizar en vez vivir y transmitir la verdad conforme a los planteamientos que hizo el Maestro. Tenemos varios ejemplos y advertencias al respecto de los lideres de la iglesia primitiva: el ejemplo de los Judaizantes del primer siglo, que obligo a la iglesia a tener su primer concilio en Jerusalén en el año 50, (Hechos 15:1-29) y trajeron tanto daño a la iglesia (Gá. 2:11-14). Algunos quisieron implantar otras enseñanzas (Co. 2:8, 16,18-23; 1 Tm. 1:3-7), lo que obligó al apóstol Pablo a advertir y aconsejar sobre esta situación (1 Tm. 5:3-5; 6:3-5; Ti. 3:9-11), también el apóstol Pedro advierte de estos peligro (2 Pe. 2:1-3, 12-15, 17-22) y el apóstol Juan también al respecto (1 Jn. 2:18-24) y agrega que es inmoral la imposición de un autoritarismo dictatorial dentro de la grey de Cristo (3 Jn.9-10), el apóstol Judas ardientemente exhortó de los peligros de este tipo de personas (vv. 3-4, 10-16, 18-19).
En cuarto lugar es el uso indebido del púlpito. Se ha abusado de la libertad y se ha actuado con demasiada secularización, lo que a desencadenado en un relajamiento moral y a la vez de no trazar bien la palabra de verdad, la moral cristiana se transmite a través de la exhortación de la Palabra de Dios, es por eso, el apóstol Pablo aconsejaba a Timoteo procurar diligentemente ser aprobado, que usa bien la palabra de verdad (2 Tm. 2:15), a tener cuidado de si mismo y de la doctrina y persistir en ello (1 Tm. 4:15, 16), pero la gran mayoría que interpretan los textos bíblicos, no lo hacen con diligencia, ni con la pulcritud que se debiera tener, ni tienen la preparación mínima necesaria para transmitir la verdad, la falla puede estar en el sistema o la organización, en la irresponsabilidad de los lideres en no ser idóneos en la conducción de la comunidad, o bien, en la indolencia y displicencia de la persona en no vivir su fe bajo los principios de la sana doctrina, para que sus hechos estén enmarcados por las normas morales cristianas de un verdadero servidor de Jesús.
El autor de Hebreos recalca la necesidad moral de todo discípulo de ir perfeccionándose en su caminar hacia las moradas celestiales, aquel que se detiene o no se deja instruir o a pesar de sus años de caminar en el evangelio no es capaz de dar fruto digno, es un inmaduro espiritual incapaz de discernir entre el bien y el mal (He. 5:11-14).
Otro elemento que incide es la familia. Como está constituía, su relación intrafamiliar, con sus familiares, como se integra e interactúa con los demás miembros de la comunidad. El fracaso de la estructura familiar trae consigo múltiples inconveniencias en lo personal como en lo colectivo, lo que hace perder el contenido fundamental del creyente. Una familia mal constituía, que se relaciona mal desde su seno familiar, su relación con los demás miembros estará en constante conflicto, su fruto espiritual será decadente, y su entrega disminuida potencialmente.
Habría que agregar otro elemento, los rasgos de la sociedad postmoderna que influyen y gravitan en la persona. El materialismo, consumismo, individualismo, han desviado los sentimientos y los valores morales del hombre, a los cuales los creyentes no están ajenos por que son hijos de su sociedad. La tendencia al hedonismo, la búsqueda del placer, del confort, de la vida fácil, han hecho olvidar al hombre de los paradigmas valoricos y morales, en especial de los espirituales, donde el fundamento de la fe cristiana va quedando a un lado Usando la idea del apóstol Pablo, los discípulos de Jesús están volviendo paulatinamente a los rudimentos del mundo (Gá. 4:9), hacerse esclavo de los antivalores, de la falta de madurez, sin moral, ni deseo de servir a Dios ni a su prójimo.
Para evitar consecuencias funestas es necesario la autoevaluación como individuo, para individualizar las debilidades y fortalezas personales, así estar posesionado estratégicamente para reaccionar a las conductas que se encuentren indoctas, indignas, deshonestas y dogmáticas; el apóstol Pedro aconseja al respecto en su segunda carta a los Corintios (1:5-10), el cristiano debe actuar consciente de sus fortalezas y debilidades, buscando siempre la perfección individual para así ayudar a edificar lo colectivo y comunitario en una forma más ecuánime, igualitaria y fructífera. (2 Co. 8:1 – 9:15).
A medida que nuestra madurez espiritual evoluciona hacia la perfección, la moral pareciera llegar a ser un asunto de vida interior. La que inconscientemente va generando la forma de vida adecuada, va reflejando exteriormente las actitudes, y conductas acordes a una ética cristiana plasmada de las enseñanzas de Jesús, donde la conciencia moral cristiana tiene mucho que decir.
El valor de la conciencia moral es importante, ella es la que nos da el sentido de que debemos obrar conforme a las tendencias altruistas que en nosotros mismos descubrimos a través de las enseñanzas del cristianismo bíblico y nos llevará a un deber moral. El siguiente sentimiento, que debería estar en todo discípulo, de cumplir obligatoriamente los aspectos esenciales de las enseñanzas de Jesús, de acuerdo al libre albedrío o libertad moral con respeto a la deidad. El discípulo es responsable ante su conciencia, de tener en si mismo el sentimiento de que tal acción depende de su voluntad y que, al realizarla, merecerá un gozó o un cargo de conciencia.
La moral cristiana bajo los principios de Jesús hace responsable al individuo, a ser consciente, libre, capaz de discernir entre el bien y el mal; entre las actitudes propias para un profesante o las de un inmaduro espiritual; a ser capaz evaluar las actitudes que tratan de entregar lo mejor y las que nefastamente influyen hacia la rigidez dogmática de una moralidad sin la base ética de la piedra angular del cristianismo, Jesús; entre la conductas edificadoras y las destructivas; entre un creyente plasmado de la ética cristiana y el que está dogmatizado por las costumbres y tradiciones moralizantes de su cultura.
Una de las herramientas básicas del discípulo de Jesús para actuar bajo los principios del cristianismo es el discernimiento moral. Está cualidad tiene cierta connaturalidad con la voluntad de Dios, fruto de una conversión genuina, de una aceptación íntima del amor de Dios y el cumplimiento del código moral más elevado que ha tenido la humanidad: los mandamientos de Dios (Mt. 22:37-40). Lo primero que debemos discernir es nuestra propia fe para actuar con moral (2 Co. 13:5), para poder servir con libertad y dar fruto de amor hacia el prójimo (Gá 6:2). Para penetrar en los misterios divinos se debe estar en una relación íntima con la deidad. Esa relación se edifica día tras día, cuando interactúan por una parte la misericordia y gracia divina, y por otra parte un hombre consciente, que discierne sus actos, y se guía, desde su interior, bajo parámetros morales elevados que lo llevan a actuar como un verdadero hombre de Dios, a pesar de las circunstancias que lo rodean y las implicancias que conllevan sus actos. Las consecuencias de nuestras decisiones serán el fruto si tenemos una real madurez espiritual o solo vivimos del emocionismo religioso. La palabra de Dios nos enseña el comportamiento de los fariseos en los tiempos de Jesús, hombres moralistas, apegados al legalismo, y a las tradiciones culturales de su tiempo. Desviaron el sentido de las enseñanzas de Dios, por imponer normas moralizantes humanas en vez de enseñar la verdadero sentido moral que Dios deseaba de los hombres.
Vivir conforme a la moral cristiana debe ser principal objetivo del discípulo. Para hacer realidad un cristianismo auténtico, practico y edificante. Bajo el alero de normas más elevadas que nos lleven con seguridad y certeza a la verdadera perfección. Así darse la oportunidad de alcanzar lo que nunca se ha visto, pero que se tiene la convicción de lograr, lo más excelso que el hombre puede tener: la vida eterna que ofrece el gran Maestro Jesús.
Un autentico discípulo de Jesús, es aquel que actúa conforme a sus enseñanzas, y no permite que ningún afluente o corriente turbulenta, ajenas a los principios, ya sea de aspecto personal o de doctrinas, le impidan una relación íntima, profunda con su Dios a través del gran Maestro, Jesucristo nuestro Señor.
Juan Salgado Rioseco

viernes, 6 de agosto de 2010

La imperiosa necesidad en estos tiempos: "Oir la voz de Dios"

En el mundo de hoy se hace más imprescindible estar atento a la voz de Dios. Se está viendo un aumento de la falta de fe, la incredulidad y la apostasía dentro de las diferentes comunidades cristianas, a esto se agrega, los cambios valoricos que han permitidos la legalización del divorcio, el aborto, el apoyo de los aparatos estatales a favor de la fornicación y las relaciones ilícitas; el intento de legislar sobre la homosexualidad por sectores anticristianos, la paradoja es que siempre estos grupos han recibido el apoyo mayoritario de los votantes evangélicos.
Nuestra sociedad está en crisis crónica, una de las evidencias, es que nuestros legisladores están más preocupados de los temas anteriormente enunciados que legislar los intereses que realmente necesita el país y la otra, el aumento de la corrupción en todos los estratos sociales, incluso en los religiosos. Lo que conlleva a la adulteración de los valores para lograr los objetivos que se han impuesto. Con esta forma de vida, están corroyendo las bases tanto institucionales como sociales del país, el clamor del remanente que guarda la fidelidad a Dios es: ¿dónde está el pueblo que sirve a Dios? ¿Dónde ha quedado “Chile para Cristo?
El intento de legislar sobre las uniones homosexuales tratando de modificar el artículo 102 del Código Civil, que establece que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, según los argumentos de sus promotores, para profundizar una seuda democracia. Aun estos agentes de los antivalores van más allá, intentan introducir una enmienda al artículo 54 de la Ley 19.947, de manera que en la causal de divorcio por razones de homosexualidad, sólo sea aplicable "en el caso de un matrimonio entre un hombre y una mujer" y así se reconozca en Chile el matrimonio entre personas del mismo sexo celebrado en el extranjero, eliminándose la frase que concede este beneficio sólo a la unión "entre un hombre y una mujer". Según la normativa vigente, "el matrimonio civil es un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen actual e indisolublemente por toda la vida con el fin de vivir juntos, de procrear y de auxiliarse mutuamente". La propuesta busca cambiar los términos "hombre" y "mujer" por un contrato "entre dos personas", y eliminar la expresión "de procrear". Este es un intento de minar la institución básica y esencial de toda sociedad: La Familia. Lo que en el tiempo provocara la anarquía en las convivencias sociales insospechada y que nos llevara a sufrir el mismo destino de las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Este camino anárquico antivalorico se inicio cuando se termino con la diferencia entre hijos naturales y legítimos, legalizando los actos ilícitos fuera del matrimonio o prematrimoniales, en pro de una igualdad y equidad ante la ley, sin pensar el enorme daño moral que traería colateralmente, provocando el enjambre de leyes que le seguirían. Todo esto bajo la cobertura de los derechos humanos, y la protección de los grupos minoritarios en perjuicios de las grandes mayorías. La interrogante es ¿Dónde quedan los derechos del Dios como creador de los seres humanos? ¿Cuál es la voz de Dios en este debate?
La mayoría de los promotores de estas reformas son agnósticos (ateos), no reconocen a Dios, él los ha abandonado a sus perversos pensamientos, para que hagan lo que no deben hacer. A las personas que buscan placer fuera del ámbito natural de los seres humanos, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas, cambiando las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión. Parte de la sociedad los aplauden ocupando los medios comunicacionales que pertenecen a todos los que vivimos en este país y parte de los legisladores buscan darles el aspecto legal imponiendo con subterfugios y engaños los ideales antivaloricos de las personas que buscan a través de la antinaturaleza satisfacer sus bajos instintos en perjuicio de las grandes mayorías.
Lo que llama la atención es la pasividad con que un gran porcentaje de cristianos enfrentan estas situaciones, lo que evidencia, como los agentes del mal han atomizado las conciencias, haciendo creer que lo bueno es malo y lo malo es bueno. La Biblia dice que quien no comprende lo que Dios dice, "tiene el oído incircunciso".
La anarquía valoríca, aun la encontramos dentro de las diferentes comunidades cristiana e instalada en los que ministran en la casa del Altísimo. La voz de Dios se encuentra relegada por los intereses personales, lo que produce confusión. Se han desvirtuado los principios bíblicos por el modernismo, y se está obstaculizando el servicio a Dios por el servir al hombre. El sacar ventaja de las circunstancias, someter y sojuzgar a los pares prima ante de ministrar con fidelidad, parece ser la carta magna de los se aprovechan de esta ola antivalorica que ha penetrado a las diversas comunidades. El liberalismo, el personalismo, el nepotismo, la ambición de poder, el autoritarismo tipo Diotrefes, el amor al dinero y la falta de ética cristiana están destruyendo las bases de la Iglesia de Cristo; lo que ha traído como consecuencia el desprestigio y la falta de credibilidad de la voz de la Iglesia ante los diferentes representantes sociales, mostrando la incapacidad de mantener o promover sus valores esenciales. Ante tales circunstancias ¿Cuál es la voz de Dios para estos tiempos?, la Palabra de Dios nos enseña que este tipo de personas “Tienen tapados los oídos, y no pueden escuchar; se burlan de palabra de Dios, no les agrada. Todos, grandes y pequeños, piensan solo en ganancias deshonestas; todos cometen fraudes. Tratan por encima las heridas del pueblo; dicen que todo está bien, cuando todo está tan mal. No sienten vergüenza, ¡ya ni saben lo que es avergonzarse! Estos seudos ministros han seguido el camino de Caín, y se lanzado por lucro en el error de Balaam, y perecen en la contradicción de Coré. Caín, Balaam y Coré son ejemplos de que Dios castiga a los que siguen sus instintos desenfrenados y arrogantemente se oponen a Él. La sentencia del Eterno no se hace esperar en este tipo de problemas “Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio. Puesto que tú olvidas las enseñanzas de tu Dios, yo me olvidaré de tus descendientes.”
¿Cuál es el camino a seguir ante la anarquía y confusión valorica? Hacer la voluntad de Dios. Los que tienen oídos obstruidos a la voz de Dios no entienden lo que es la verdadera voluntad de Dios, ni se preocupan por obedecer su palabra, la cual les resulta vergonzosa y se mofan o ridiculizan a las personas que osan de argumentar su posición con algún principio bíblico. Muestran lo necio e imprudentes que son al tratar de silenciar la voz de Dios en estos tiempos, Dios les replica a través de las palabras de uno de los profetas ““Sordos, escuchad; ciegos, mirad y ved...Ha visto muchas cosas, pero no se fija en ellas; puede oír, pero no escucha.” “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: “De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”
Jesús mostró anticipadamente el destino de los sordos y ciegos con oídos incircuncisos, y los trata de contumaces por aferrarse al engaño y rehúsan en obedecer a Dios. ¿Cuál será el destino de los que rechazan la palabra de Dios? La destrucción, tal como fue Sodoma y Gomorra. Sin embargo, para aquellos que oyen la voz del Eterno y se atreven abrir la puerta, se les ofrece una comunión especial, para poder distinguir la voz del buen pastor, conocerle, seguirle y ser pertenencia de Él. El que es de Dios escucha las palabras de Dios, pero los que no escuchan su voz no son de Dios.
Todo aquel que es de la verdad, oye la voz del Maestro. Pero el que no reconoce así a Jesús, no tiene el Espíritu de Dios; al contrario, tiene el espíritu del Anticristo, estos son del mundo; por eso hablan de las cosas del mundo, sus obras son para agradar a los que participan de tales obras y los que son del mundo les escuchan. En cambio, los que son de Dios, conocen y escuchan la voluntad de Dios. En esto, pues, podemos conocer quién tiene el espíritu de la verdad y quién tiene el espíritu del engaño.
Juan Salgado Rioseco

lunes, 19 de julio de 2010

El creyente bajo la doctrina de Dios o la voluntad Humana

En el Evangelio de Juan está escrito: “Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. 15Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? 16Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. 17El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. 18El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.” (Jn. 7:14-18)
La predicación del Señor Jesús estaba constantemente dirigida hacia la enseñanza de la Palabra de Dios, en ese momento representada por la Ley de Moisés, los escritos de los profetas, y los Salmos, eran ellas sus fuentes, lo que Dios había hablado anteriormente a su pueblo a través de Moisés y los Profetas (He. 1:1). Los eruditos de las Escrituras de aquel tiempo, representados por la clase sacerdotal, escribas, y por las sectas religiosas de los saduceos y fariseos utilizaban las mismas fuentes, pero el sentido de ellas eran diferentes a las enseñanzas del nuevo Rabí, Jesús mismo alertó a los suyos sobre las doctrinas de los fariseos y de los saduceos (Mt. 16:12). Tenían una visión diferente a los principios de Dios, habían llegado a esa situación por factores externos, habían implementado un sistema gravoso de interpretación de la Ley, (Mt. 23:1-36; Lc. 11:46).
La palabra había quedado sin el espíritu guiador del Espíritu de Dios; la misma cultura había cambiado, ya no era la cultura simple basada en su religión, sino en un sincretismo de influencias: primero la tradición de sus padres; las costumbres traídas del exilio babilónico; la influencia de los griegos a través del Seleucidas y Tolomeos; las costumbres de los romanos; las de los judíos de la diáspora, repartidos por toda la cuenca del Mediterráneo, introducían en las costumbres de los judíos de Palestina hábitos diferentes a la idiosincrasia del pueblo de Dios.
El fruto de todos estos factores: “Una letra muerta y gravosa, era una religión sin el Espíritu vivificador de Jehová”, Pablo en Ro. 7:6 lo escribe así: “ Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”, la Iglesia primitiva también vivió un proceso similar, Pablo advirtió a los hermanos de Colosas a tener cuidado que nadie los engañara “por medio de filosofías y huecas sutilezas, según tradiciones de los hombre, conforme a los rudimentos del mundo”.(Col. 2:8)
Si analizamos la situación actual de la Iglesia de Cristo, y la comparamos con la época de Jesús, vamos encontrar varios puntos de coincidencia, muchas veces criticamos, bajo algunos aspectos bíblicos, el accionar de otros y nos hacemos competentes por nuestras propias capacidades o lugares de privilegios que hemos alcanzado y no por el fruto propio de las doctrinas de Cristo, Pablo bien lo decía en 2 Co. 3:5: “no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Muchas veces confundimos las enseñanzas de Jesús e imponemos dogmas de hombres, basado en las tradiciones y la cultura, el resultado de esta situación es el cáncer del divisionismo y de la critica sobre el obrar de otros, es la gangrena de estos tiempos, sometiéndonos “a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques.” (Col. 2:20, 21)
¿Porque esta situación? Simplemente al hombre le falta el verdadero conocimiento de Dios; su entendimiento no alcanza a visualizar los verdaderos planes de Dios; su comprensión es limitado por sus propios razonamientos; su proyecto de cristianismo es producto de sus debilidades, influenciados por su cultura, sus tradiciones, sus intereses personales; es de doble animo, “fluctuante, llevados por doquiera de todos viento de doctrina, por estratagema de hombres,” (Ef. 4:14). Ha mal interpretado la Palabra de Dios, su perspectiva de cristiano la ha empequeñecido, por la falta de dirección divina, por que en su interior no tiene las vivencias del espíritu de vida, en otras palabras es un hombre de Dios con proyectos en el valle de los huesos secos, es por eso, que Pablo instaba a los creyentes de su tiempo (Ef. 5:14) “Despiértate tú que duermes, y levántate tú que duermes y te alumbrará Cristo”.
El hombre que sigue su propia voluntad le falta el ingrediente del entendimiento, a igual que los discípulos: “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;... “(Lucas 24:45), y además de una vida genuina en el espíritu de vida (Ro. cap. 8), el apóstol Pablo instaba a los Efesios a ser sabios y no necios, a ser entendido y no insensatos (Ef. 5:15-17), de la voluntad del Señor.
La visión del hombre es empequeñecida por la absurda ambición del poder absolutista, dictatorial, del autoritarismo, del dominio de las ideas y la permanente subyugación del más débil, la Biblia refleja esta situación en la Tercera carta de Juan en sus versículos 9-10.
La visión de Dios es el engrandecimiento del hombre a través de la glorificación de su Hijo, y del Espíritu libertador que el Creador entrega a aquellos que se esmeran de encontrar a través del conocimiento los grandes misterios encerrados en las Sagradas Escrituras: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres;...” (Juan 8:31-32).
Dios libera al hombre y revoluciona su vida bajo el contexto que el hombre es esclavo del pecado, y este lo mantiene atado al servilismo de dogmas, ritualismos, legalismos y reglas de interpretación contrarias al pensamiento de Dios. Conocer la verdad es conocer el amor de Dios que se revela en Jesús para salvar a los seres humanos, librándolos de la esclavitud del pecado (Gá 4:7). La libertad de Dios empieza cuando el hombre decide liberarse del oprobio que produce los dogmas institucionalizados, impuestos por hombres carentes de la visión de Dios, y la única arma eficaz para vencer aquellos muros es el conocimiento de la palabra de verdad, entonces el hombre predicador estará en condiciones de ser el verdadero dispensador de la palabra que Dios necesita para proseguir su obra. (2 Ti. 2:15).
Ritualismos, legalismos, normas, dogmas, postulados, estatutos rígidos de disciplina, sectarismo, es la contextualización moderna de los antiguos Fariseos, hoy como ayer perduran dentro de la Iglesia quistes que impiden la verdadera libertad de Cristo (Jn. 8:36), de una u otra forma las jerarquías eclesiásticas, las costumbres culturales, y la rutina convertida en tradiciones, han vuelto a colocar al hombre de Dios las esposas de la esclavitud, el apóstol de los gentiles aconsejaba a su discípulo Tito: “no atendiendo ... , ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad”, (Ti. 1:14), debemos presentarnos “como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir”(Ti. 2:7,8), del hombre de Dios, y como exhortaba a sus hermanos de Galacia: “Estad, pues, firme en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”, (Gá. 5:1), así debemos comportarnos los Hombres de Dios delante de la Palabra de Dios, que ninguna atadura nos impida usar bien la Palabra de verdad desde los púlpitos, “... de modo de que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”, la letra es la que el hombre impone por su sabiduría humana, que obliga al creyente volver a la esclavitud opresora de los pensamientos, de las actitudes, de la forma de llevar la vida personal, incluso de alimentarnos y vestirnos, que vigente se encuentra la pregunta de Pablo a los de Galacia “¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gá. 4:9); la letra del hombre da más importancia a la apariencia externa que a la libertad de Cristo que debe haber en nuestro interior, ¡Cristo nos hizo libre! Con el propósito de agradar “al prójimo en lo que es bueno, para edificación.” (Ro. 15:2).
El hombre de Dios ha perdido la visión y el camino en la enseñanza de la doctrina de Cristo Jesús, unos de los principales mandato entregados es “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;... “(Mateo 28:20); el hombre de Dios se encuentra en la disyuntiva de seguir por sendas que tarde o temprano lo llevaran al antagonismo con la misma Palabra de Dios, o reformular sus métodos y enfrentar los cambios radicales para volver a las sendas del Maestro, a ser sensato y entendido, comprobando lo que es agradable al Señor (Ef.5:10) y a renovar en el espíritu de su mente (Ef.5:24).
La oración permanente de Pablo era que el “amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor,” (Fil. 1:9), oraba por los Colosenses para que fueran llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia, ... creciendo en el conocimiento de Dios, ... hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo” (Col. 1:9,10; 2:2).
En que lugar se encuentra Ud, estimado lector: bajo la voluntad del humanismo racional, dogmático, tradicionalista, esclavo de los preceptos y normas impuestas por la sabiduría del hombre, sumido nuevamente en la esclavitud de los hombres; o en la voluntad de la Palabra de Dios, que edifica, crece, para morada de Dios en el espíritu, que es libre “12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;... 15... que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. ”. (Ef. 12-13, 15-16).

Juan Salgado Rioseco

jueves, 15 de julio de 2010

La Mujer, el literalismo y la tradición de Hoy

Existe un fenómeno de discriminación entre la relación hombre mujer en diferentes comunidades cristianas, en especial las que pertenecen al movimiento pentecostal, esta segregación femenina tiene como base algunos versículos de las cartas de Pablo, para muchos el líder indiscutido en la propagación del evangelio de Jesús, el gran emancipador de las normas retrógradas de su tiempo, para otros el opresor de las mujeres, machistas e intransigente en muchos aspectos.

Estamos obligados en la actualidad tomar como base los versículos Paulinos para disminuir los derechos de las creyentes femeninas e implementar normas o reglas que menoscaben su dignidad, tomando en cuenta que uno de los principios fundamentales enseñados en las diferentes comunidades es “para Dios no hay acepción de personas.”, que grado de injusticia cometamos con este tipo de actitud. (Col. 3:25)

¿Es moral seguir literalmente los consejos de Pablo con respecto a la mujer?, en una sociedad moderna donde los gritos libertarios de justicia, igualdad y equidad son el pregón de cada día, ¿es bíblico y justo el accionar de estas comunidades cristianas?, tenemos que nuestro código moral se desprende de las enseñanzas de Jesús, cualquiera actitud contraria a los principios éticos enseñados por el Maestro es inmoral, cualquiera imposición de normas que se quieran establecer deben sujetarse a los fundamentos del cristianismo. En este caso particular el ejemplo de Jesús en su relación con las mujeres nos enseña cuál debe ser la actitud que debe tomar el creyente al respecto, en el diario convivir de las respectivas Iglesias.

Pero la realidad difiere de los principios de Jesús, encontramos una contradicción entre su pensamiento y la de los creyentes. Él rompe el esquema tradicional que hasta ese momento sostenía la sociedad judía, en especial la de los maestros de ley; los creyentes hombres imponen la tradición, sus costumbres, sus pensamientos, prima su cultura ante del ejemplo dado por el mismo maestro; sus lideres o maestros obligan con sus dogmas, en ciertas circunstancias, al oprobio a este gran número de creyentes por tan solo ser mujer. Somos discípulos de Jesús, pero no estamos siendo guiados por los principios por él enseñado.

El gran pronunciamiento de Paulino escrito en Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, es la gran proclama de igualdad y justicia en una época donde la discriminación entre los sexos era aberrante a los ojos de Dios. Esto nos reafirma que para Dios no hay acepción de personas, todas están en estado de igualdad y derecho ante la presencia de él. Con esta fórmula Pablo insiste en que la Ley está superada; el rito de iniciación en la iglesia ya no es la circuncisión (en que sí hay distinción entre hombre y mujer). Esta libertad de acceso continúa la práctica histórica de Jesús conservada en los Evangelios, que dibujan un cuadro de plena amistad con toda clase de mujer, inclusive con prostitutas (Lc 7:36–50).

Pero que sucede en los escritos Paulinos, pareciera una contradicción con otros pasajes, o sale a relucir el machismo de la cultura judía de Pablo, o el apóstol está obligado por las circunstancias a ceder algo de este principio revolucionario en un bien común mayor para las nuevas comunidades de acuerdo a las costumbres y tradiciones de donde se estaban estableciendo. En 1 Co.14:34, 35 escribe Pablo “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”, nos encontramos con una de las prohibiciones tajante, que contradicen todo lo que pensamiento paulino inicial que venía esgrimiendo : “en Cristo no hay varón ni mujer” (Gál. 3:28), ¿Cómo conciliar estos versículos con los diferentes pasajes donde la mujer gozan de una libertad?. Cómo interpretar estos pasajes con el texto 11:5, donde el apóstol Pablo privilegia a la mujer respecto a orar y profetizar en público, cuando esto último está de acuerdo con la declaración de Pedro en Hch. 2:17-18, cuando cita al profeta Joel, siendo unas las declaraciones más importantes al inicio del cristianismo primitivo.

Cómo interpretar el párrafo de 1 Ti. 2:11, 12 “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” a la luz de Romanos cap. 16 donde saluda y agradece la labor ardua que han tenido varias mujeres: Priscila, María, Junias, a Pérsida, Trifena y a Trifosa, o con lo acaecido en Efeso con Apolos (Hch.18:26). En Fil. 4:2-3 Pablo menciona a Evodia y Sintique, “... combatieron juntamente conmigo en el evangelio...”, Pablo no las denomina ayudantes, sino mis colaboradoras, “synergoi”, utiliza el mismo lenguaje para designar a sus colaboradores femeninos y masculinos, indicando que la ayuda de la mujer en el ministerio de Pablo fue de un gran valor, en un trabajo hasta agotarse. ¿Qué motiva a Pablo a cambiar de actitud?, ¿bajo que normas morales se rige para irrumpir bruscamente con un pensamiento opuesto a su gran proclama?, tenemos primero que analizar cuales son las condiciones que presionan a Pablo para tomar tal actitud y la prioridades que tiene en el momento de escribir cada párrafo mencionado. La mayor preocupación de Pablo era alcanzar al máximo de personas para el evangelio, no mirando sus nacionalidades o cultura, para él el tiempo era vital, su obsesionado pensamiento de que la segunda venida de Cristo era pronto, le hizo actuar con impulsividad, y muchas de las tendencias igualitarias entre ambos sexos no eran apropiadas en ciertas regiones, tanto en la vida interna de la comunidades, como con su relación externa con los gentiles no convertidos. Pablo tuvo que ceder en beneficio a la evangelización, solicitando a las creyentes mujeres adaptación a su medio, para que no interfirieran con sus planes de expansión de la obra de Jesús.

Analizando las situaciones específicas de cada iglesia instaurada por el apóstol Pablo, se puede entender las presiones a las que estaba sujeto y sus actitudes cuando se le relaciona con su estrategia pastoral, con su forma de implantar iglesias y de relacionarse con la sociedad del Imperio, a la vez en el escrupuloso cuidado que hacía sobre la iglesias establecidas por él. El apóstol Pablo con su visión de cristianismo universal, radicaliza en su tiempo la posición de la mujer y sus alternativas de desarrollarse a igualdad de condiciones con el hombre. Pablo plantea en las nuevas comunidades, la igualdad de los sexos y admite funciones de liderazgo a las mujeres, pero a la vez enfrenta la crítica interna de los grupos conservadores, y externa de una sociedad patriarcal que ve poner en peligro las costumbres y tradiciones, a lo cual Pablo pide a las creyentes mujeres prudencia y que no hagan ostentación de su libertad con un comportamiento externo que plantea graves problemas a la comunidad en su vida interna y su relación con la sociedad, solicitando flexibilidad y sumisión a determinadas normas patriarcales. Pero a la vez discierne sobre los peligros que aquejan a las incipientes comunidades, en especial de las herejías que circulaban en ese tiempo al cual muchas mujeres retransmitían (2 Ti. 3:6), lo cual con ímpetu característico de Pablo (Hch.15:38, 39; Gá 2:11-13) defiende con su llamado de atención en 1 Ti. 2:11-15, no podemos tomar como regla generalizada está situación, sería inapropiado imponer una norma moral de conducta de un suceso correctivo para esa comunidad en particular e implantarlo en las comunidades de las sociedades actuales.

Teniendo en vista las prioridades inmediatas de Pablo, podemos deducir la temporalidad de sus consejos y el alcance local de ellos, por lo tanto, tomar los escritos de Pablo como principios eternos o mandamientos perennes, nos puede llevar a errar el camino y extraviarnos de la senda de las enseñanzas de Jesús, lo que nos lleva a una segunda deducción, que el literalismo actual basado en los versículos paulinos que nos llevan al menoscabo de la mujer es indigno para los tiempos actuales y la cultura social moderna. El gran pronunciamiento de Paulo sigue vigente con toda propiedad “no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”, (Gá. 3:28), con el alcance que solo las escrituras sagradas le dan donde “para Dios no hay acepción de personas”.

El mover de Pablo era poder alcanzar con el evangelio a todas las naciones, etnias, estratos sociales, con igualdad de derechos entre ambos sexos, sin ninguna restricción, fue su bandera de lucha especialmente en el concilio del año 50 en Jerusalén, los actuales cristianos no tenemos el derecho moral de tomar aquellos versículos discordantes con la analogía del pensamiento paulino para hacer doctrina o imponer normas que reduzcan a un trato discriminatorio a las creyentes femeninas.

Nuestras conciencias morales deben estar relacionadas en el buen discernimiento para poder trazar bien la palabra de Dios, y actuar conforme al conocimiento bíblico idóneo, en vez de menoscabar la digna de nuestro prójimo femenino, debemos ayudarle en oportunidades para que crezca y se desarrolle en su ministerio al cual Dios la ha llamado. Solo Dios tiene la autoridad de restringir cada creyente su ministerio, solo Dios puede imponer normas.

En el concepto machista patriarcal, el hombre era un déspota y la mujer un objeto más de sus enseres, en la mutualidad de la enseñanza de Cristo, cada uno se complementa en el otro, en Cristo son una sola carne, en Dios no hay acepción de personas. El problema de la posición de la mujer en las distintas y diferentes iglesias actuales no se puede solucionar, siguiendo literalismo del ambiguo pensamiento Paulino de las cartas pastorales, se debe tener en cuenta la analogía de las Escrituras, y tener presente la actitud de Jesús y la de Pablo hacia las mujeres.

Mediante una minuciosa reconstrucción teológica y exegética, las mujeres deben penetrar una vez más el escenario central que ocupaban en la historia temprana del cristianismo.[1]

Debemos respetar los parámetros bíblicos al respecto:

1. La igualdad del hombre y de la mujer en Cristo (Gá. 3:28);

2. Como la diferenciación del hombre y de la mujer, tomar en cuenta las costumbres, cultura y tradiciones del lugar donde esta establecida una comunidad local;

3. La unidad del cuerpo de Cristo es un factor importante, el apóstol Pablo le dedica más espacio que a ninguna otra directriz (Ro. 12:5; 14:9; 1 Co. 1:10; Gá. 3:28; Ef. 2:14; 4:3; Fil. 2:1-4; Col 3:12-15...), los litigios por dogmas instaurados por tradiciones culturales no deben poner en riesgo la unidad, los conservadores deben reconocer los cambios, el cristianismo mismo revolucionó la sociedad en sus inicios, produjo cambios impensables para su época, nadie en la actualidad se preocupa que Pablo dijo para su época “no hay esclavo ni libre”, condición que ha sido abolida en las mayorías de las sociedades modernas. Lo liberales deben acatar las condiciones imperantes en las mayorías para no producir cambios que deriven en un cisma en las comunidades.

4. La complementariedad de los sexos debe ser una vía adecuada en el trabajo de las iglesias locales, debido que tanto el hombre como la mujer son seres individuales, con sus características propias de cada sexo y persona. Con una visión distinta para enfocar los problemas.

5. La libertad de la mujer en Cristo siempre debe mantenerse suficientemente a la vanguardia de un tiempo y una cultura particulares para poder seguirle llamando “liberación” y, sin embargo, no tocando y alterando ese contexto a la luz del diseño de la consumación.

La complejidad de la época del cristianismo primitivo les hizo actuar y tomar posiciones a veces antagónicas a la posición de Jesús, como lo demuestra el proceso de canonización tanto de las Cartas Pastorales como el evangelio de Marcos. No es posible admitir ambas tradiciones y su unidad eventual, sin reconocer la tensión existente entre ellas, no es posible obviar el proceso que impuso la institucionalización y la patriarcalización de la Iglesia, en desmedro de los grupos disidentes de la época, en especial la posición de la mujer

La Iglesia está llamada contribuir en la promoción humana y cristiana de la mujer ayudándole así a salir de situaciones de marginación en que puede encontrarse y capacitándose para su misión en la comunidad eclesial y del mundo.[2]

Juan Salgado Rioseco
[1] H. M. C. Nuevo Diccionario de Teología. p. 926.
[2] Mifsud, Tony. Op. Cit.74.

viernes, 11 de junio de 2010

La Apostasia

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;” (1 Timoteo 4:1)
Las evidencias de la apostasía en la mayoría de las comunidades cristianas en el inicio del tercer milenio son innegables. El síndrome de la apostasía se manifiesta de diversas formas: la vida frívola de los cristianos; la insensibilidad hacia la santidad de Dios; la naturalidad con que se practica el pecado; el desprecio declarado hacia la sana doctrina; la introducción en la iglesia de cuanto estilo de adoración extravagante y ridículo que va surgiendo; desprecio al conocimiento bíblico y la capacitación ministerial, de ahí, la eliminación de la Escuela Bíblica o Dominicales; la marcada indiferencia hacia la Palabra de Dios; el materialismo de las iglesias, ministros y miembros; las competencias para ver quién tiene la iglesia más grande.
El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por el testimonio de los creyentes; el número alarmante de ministros que caen en adulterio, que se divorcian, y que siguen inamovibles en sus púlpitos; el concepto tan bajo que el mundo secular tiene de las iglesias, de los ministros y de los cristianos; los estilos de adoración sensuales de parte de músicos, vocalistas y cantantes nómadas; el protagonismo y señorío que muchos pastores tienen sobre las iglesias; el nepotismo que hace de las iglesias una empresa familiar; la facilidad con que las personas se hacen cristianas, se bautizan y se hacen miembros de las iglesias; la sustitución de la Biblia por la psicología y el humanismo; el relativismo con que se cumplen los principios más esenciales del cristianismo, ha llevado a declarar lo malo bueno y lo bueno malo.
Con esta situación se ha cumplido lo que se encuentra escrito en la Palabra de Dios: “Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.” (Ro 2:24).
La apostasía es un pecado conducente a la muerte y queda más allá de la responsabilidad de las oraciones de los creyentes (1 Jn. 5:16). El apostata es una persona que profesa ser un verdadero creyente, pero en realidad nunca ha sido regenerado, por lo que, es imposible restaurarlo, por cuanto crucifica para sí al Hijo de Dios, y lo expone a publico ignominia. (He. 6:6)
La semilla de la apostasía estaba ya instalada dentro de las comunidades del siglo I:
1. El apóstol Pablo, les advirtió a los ancianos de Éfeso (Hch. 20:29-30).
2. El apóstol Juan escribió contra los infiltrados en la Iglesia. (1 Jn. 2:18-19).
3. Pablo en 2 Ts. 2:2-4, indica que habrá un tiempo de gran apostasía, antes de la manifestación del Señor.
4. El escritor de Hebreos, nos indica de una apostasía individual (He. 3:12; 10:26, 28).
El apóstol de los gentiles predice la apostasía, cuando le escribe a su discípulo y colaborador (1 Ti. 4:1-5): Algunos apostataran de la fe, escuchando a espíritu engañadores (En sentido figurado denunciando a los falsos maestros), escuchando a doctrinas de demonios, o sea, doctrinas inspiradas por demonios, o que tienen su origen en el mundo demoniaco.
Una de los primeros indicios de la apostasía en las comunidades es la “Hipocresía”, esta denota la idea de “llevar una máscara”, los apostatas siempre tratan de ocultar su verdadera identidad; se disfrazan empleando términos bíblicos y aparentando una seuda espiritualidad; no solo son hipócritas, sino que son mentirosos, sus enseñanzas no se ajustan a la verdad de la Palabra de Dios
Otro de los indicios es tener “cauteriza la conciencia”, sabiendo que están en pecado, y han pecado abiertamente contra la ley de Dios no tienen la mas mínima reacción de arrepentimiento, sus conciencias se han vuelto insensible a las consecuencias del pecado, y se han endurecido al temor de Jehová.
Pero la mayor evidencia de la apostasía que ha invadido a las diversas comunidades cristianas en la actualidad son las “Doctrinas de Demonios”, ellas se manifiestan de la siguiente forma:
1. “Prohibirán casarse”, esto es contra la Palabra de Dios, el mismo Dios instituyo el matrimonio.
a. Algunos prohíben casarse a su casta sacerdotal y a las mujeres al servicio de Dios.
b. Algunos promueven la poligamia, como Ciencia Cristiana y algunas ramas de la Iglesia de Jesucristo de los últimos días.
c. Se desprecia el vínculo matrimonial, en pos de manipulación de vínculos impíos e ilegítimos con sus pretendidas afinidades espirituales.
2. “abstención de alimentos” (Col. 2:20-23; Mr. 7:18-19), omitiendo deliberadamente la enseñanza del Maestro al respecto.

EL ACCIONAR DE LOS APOSTATAS
En las Sagradas Escrituras, encontramos dos pasajes bíblicos fundamentales que nos advierten de estos renegados de la fe, ellos son Judas 3-16; 2 Pedro 2:1-22. Estos pasajes bíblicos nos entregan una pauta detallada de estos individuos que entraron con artificio a la comunión cristiana para satisfacer sus apetititos personales:
Entran encubiertamente a las comunidades cristianas, para engañar y destruir.
Son impíos, nunca se arrepiente ni menos se convierten.
Convierten en libertinaje la gracia.
Niegan a Dios y a Jesucristo.
Mancillan la carne.
No respetan y rechazan la autoridad, blasfemando contra de las potestades superiores.
Blasfeman de cuantas cosas no conocen, la que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.
Introducen herejías destructoras en forma subrepticia.
Siguen sus propias disoluciones.
Son avaros, manipulan la fe de los indoctos, para le beneficio pecuniario personal.
Siguen los deseos de la carne, alimentando sus concupiscencias de manera ilícita e inmunda.
Son atrevidos y contumaces.
Hablan mal de las cosas que no entienden.
Se toman libertades que no les corresponde.
Son manchas en los ágapes.
Son nubes sin agua y empujadas por la tormenta.
Son autodidactas, adaptando las Escrituras a su convivencia
Son arboles otoñales, sin frutos, desarraigados.
Son fieras olas del mar.
Estrellas errantes.
Murmuradores y querellosos.
Andan en sus propios deseos.
Hablan cosas infladas.
Aduladores y a la vez burladores.
Tienen por delicia de gozar de deleites cada día.
Son inmundicias y manchas.
Se recrean en sus errores.
Ojos llenos de adulterio.
No se sacian de pecar.
Seducen a las almas inconstantes.
Tienen el corazón habituado a la codicia.
Han dejado el camino recto.
Se han extraviado del camino.
Fuentes sin agua.
Andan según sus malvados caminos.
Causan divisiones
Sensuales.
No tienen el espíritu.


El camino de los apostatas
“¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.” (Judas 11).
1. “el camino de Caín”, básicamente es el rechazo de la salvación, mediante de una víctima sacrificial (Gn. 4), es un intento de aplacar a Dios mediante esfuerzos humanos. La confianza en los esfuerzos humanos conduce a odiar los objetos de la gracia, este odio conduce a su vez a la persecución o incluso al asesinato. (1 Jn. 3:15).
2. “el error de Baalan”, es el deseo de enriquecerse, transformando el servicio de Dios en un negocio. Baalan profesaba ser profeta de Dios, pero era codicioso y estaba dispuesto a prostituir s u don profético por dinero (Nm. 22:15-19). En cinco ocasiones Balac intento que Baalan maldijera a Israel, pero fue refrenado por Dios, no pudo maldecir al Pueblo de Dios, las palabras de maldición se convirtieron en una bendición. Sin embargo, los madianitas lograron seducir al pueblo de Dios mediante ardides y engaños (Nm. 25:18).
3. “la rebelión de Coré”, junto con Datan y Abiran, Coré se rebeló contra el liderazgo de Moisés y Aarón, quiso invadir el oficio sacerdotal (Nm. 16). Dios mostro su desagrado contra la rebelión; contra aquellos que él ha establecido como sus representantes.

El destino de los apostatas
“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. “ (Hebreos 6:4-6)
Este pasaje se ha interpretado de varias maneras:
(1) Que un creyente puede perder su salvación y que si eso es cierto, sería imposible recuperar su salvación (vers. 6).
(2) Estas son personas que profesan creer, pero en verdad no son salvos.
(3) Es una hipótesis que no ha ocurrido (vers. 9), y por eso el autor les exhorta constantemente (cp. 2:1–4; 3:7–4:13; 5:11–6:20; 10:13–13:17).
(4) Estos son creyentes hebreos, que por causa de la persecución y sufrimiento (10:32–34; 12:4) están en peligro de regresar al judaísmo para evitar esa persecución. Al hacer esto están en peligro de caer bajo el juicio de Dios y su disciplina (6:7–8; 10:29–30; 12:5–13). Los puntos 3 y 4 están relacionados.

El castigo de los apostatas
“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.
El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.
¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?
Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.
¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (He. 10:26-31)

Este párrafo es una seria advertencia contra aquellos que osan renegar la fe en forma deliberada, en forma lapidaria el autor del libro de los Hebreos nos dice que es “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”, estas personas de antemano:
1. Han sido destinados a la condenación (Jud. 4).
2. Atraen sobre si mismo destrucción (2 Pe. 2:1).
3. Para ellos la condenación no se tarda (2 Pe. 2:3).
4. Su perdición no se duerme (2 Pe. 2:3).
5. Perecen en su propia perdición (2 Pe. 2:12).
6. La más densa oscuridad esta reservados para ellos (2 Pe. 2:17; Jud. 13).
7. Son esclavos de la corrupción (2 Pe. 2:19).
8. Serán castigados en el día del juicio (2 Pe. 2:9)

Dios y los apostatas
“Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.” (Deut. 4:24). “He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová.”
(Jer. 23:2).
1. A los incrédulos, Dios los destruye (Jud. 5), a pesar de las promesas (He. 3:16-19), Dios guarda a los que en El creen (Nm. 14:24, 30).
2. A los que se rebelan, Dios los castiga (Jud. 6; 2 Pe. 2:4).
3. A los inmorales y pervertidos, Dios los condena (Jud. 7; 2 Pe. 2:6).
4. A los de conductas indignas, Dios los extirpa con fuego (2 Pe. 2:6)
5. A los que pecan y se corrompen, Dios los castiga (2 Pe. 2:5).
6. A los contumaces y tercos, atesoran ira en el día de la ira y la manifestación del juicio de Dios (Ro. 2:5)

Los santos y la apostasía
“Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. “
(2 Ti 1:14)

1. Conocer la Palabra de Dios (Jud. 17; 2 Pe. 1:8)
Así nos advierte:
a. El apóstol Pablo en su ministerio. (Hch. 20:29, 30; Ga 1:7; 1 Ti. 4:1-5; 2 Ti. 3:1-9).
b. El apóstol Pedro. (2 Pe. 2:1-22; 3:1-4).
c. El apóstol Juan. (1 Jn. 2:18, 19)
d. …sabe el Señor librar de tentación a los piadosos,… 2 Pe 2:9
2. Procurando hacer firme la vocación y elección (2 Pe. 1:10, 11)
3. Mantenerse cerca y en comunión con el Señor
a. Edificarse sobre la santísima Fe y Orando en el Espíritu Santo. (Jud. 20).
b. Conservarse en el amor de Dios. (Jud. 21).
c. Guardarse para su segunda venida. (jud. 21; 2 Pe. 3:14).
4. No dejarse llevar por doctrinas diversas y extrañas. (He. 13:9a).
5. Velar por nosotros mismos (2 Jn. 7, 8).
6. No dejarse arrastrar por el error de los inicuos (2 Pe. 3:17)
7. Crecer en la gracia y el conocimiento (2 Pe. 3:18)
8. Apartarse de toda iniquidad. (2 Ti. 2:19)

La acción de los santos contra la apostasía
1. A los que están en la encrucijada de la apostasía, CONVENCERLES. (Jud. 22)
2. A los que están al borde de la apostasía, SALVARLOS. (Jud. 23)
3. A los que persisten en la apostasía, TENED MISERICORDIA. (Jud. 23)
4. A los que enseñan la apostasía, NO TENER COMUNION CON ELLOS. (2 Jn. 10, 11)

La acción de Dios contra la apostasía
“…y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente,…” (2 Pe 2:6)
“Es él que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos.” (Pro 2:8)
5. Es poderoso para salvar. (He. 7:25)
6. Es poderoso para confirmar. (Ro. 16:25)
7. Es poderoso para socorrer. (He. 2:18)
8. Es poderoso para someter. (Fil. 3:21)
9. Es poderoso para guardar a sus escogidos. (2 Ti. 1:12)
10. Es poderoso para guardarlos sin caída y sin mancha. (Jud. 24)
11. Es poderoso para hacer muchísimo mas de lo que pedimos o pensamos. (Ef. 3:20)
Resistiendo la apostasía.
“Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.” (2 Ts. 2:15).
Para no ser un APOSTATA debemos:
1. Arrepentirnos y convertirnos de todo corazón.
2. Hacer la voluntad del Padre. (Mt. 7:21)
3. Regresar a los principios Bíblicos. (Ef. 4:13)
4. Dejar ser niños fluctuantes. (Ef. 4:14)
5. Atender con diligencia las cosas de Dios. (He. 2:1)
6. Dejar la incredulidad. (He. 3:12)
7. Permanecer en temor. (He. 4:1; 12:15)
8. Procurar entrar en el reposo de Dios. (He. 4:11)
9. Abandonar todo lo que no se encuentra en la Biblia.
10. Apartarse de toda iniquidad. (2 Ti. 2:19).
11. No dejarse de engañar. (Col. 2:8).
12. No perder la confianza. (He. 10:35)
13. No retroceder. (He. 10:38, 39)
14. No desechar a Jesucristo. (He. 12:24-25)
15. No dejarse llevar por doctrinas extrañas. (He. 13:9)

Estamos viviendo un panorama de confusión, engaño, un periodo de malversación de la fe. Lo que parece ser la verdad, descubrimos que no lo es, y al revés, lo que parece increíble, aquello es la verdad. La sociedad actual de ha ido degradando y en esa degradación ha arrastrado a un gran porcentaje de los miembros de las diferente y diversas comunidades cristianos, con el perjuicio del descredito de la Iglesia de Cristo.
La gran parte de las membrecías se han atomizado, en muchos casos se complacen de recibir las prebendas de un mundo secular lleno de relativismo, descuidando una salvación tan grande que nos ofrece Dios a través de su Hijo Jesús.
Es necesario de Dios y no dejarnos de influir por la globalización, el relativismo, el sincretismo que pretenden cambiarla esencia misma de la fe en Cristo y su obra.

viernes, 14 de mayo de 2010

Una mirada analítica del Pentecostalismo Chileno y su proyección en el siglo XXI

En el análisis macro de a fines del siglo XX del movimiento pentecostal chileno, se constata una distancia entre su identidad evangélica carismática nacional y su institucionalización con fuertes influencias externas, que marcan un proceso de desestabilización religiosa pentecostal entre los clásicos o históricos y las tendencias liberales o neopentecostales.
El pentecostalismo inicia un proceso de posesión en la sociedad chilena desde la década del setenta del siglo XX, ocupando aéreas omitidas por las generaciones anteriores; alcanzando estratos impensables en las décadas antecesoras; y la interutilización del medio político de la época, en medio de una heterogénea vocería comunicacional, con marcada influencia de organismos interdenominacionales. Lo que desemboca en una compleja lucha por la igualdad jurídica religiosa, culminando en Octubre de 1999 con la promulgación de la Ley Nº 19.638, que establece las “Normas sobre la Constitución Jurídica de las Iglesias y Organizaciones Religiosas”, no vamos a debatir las implicancias positivas o negativas que ha tenido la instauración de esta Ley en el mundo pentecostal y sus efectos colaterales de aceleramiento del proceso desintegrador del liderazgo pentecostal, en pro de organismos conducidos más bien por caudillajes que por una genuina representación pentecostal.
La falta de definición del liderazgo, de un ente unificador, una vocería comunicacional común, ha impedido asumir las nuevas y desafiantes responsabilidades para el pentecostalismo frente a la sociedad chilena, desde el logro de la igualdad jurídica religiosa se nota una carencia de conducción representativa carismática que aglutine la diversidad pentecostal; más bien han aflorado un personalismo exacerbado por los intereses económicos – políticos; han sido subyugado los principios fundamentales del movimiento pentecostal en pro de un reconocimiento social humanista cristiano, desatendiéndose de su comisión pastoral bíblica.
Para enfrentar la segunda década del siglo XXI, se necesita imperiosamente una reflexión bíblico-teológica que permita profundizar la comprensión del sentido y propósito del ministerio evangelizador del pentecostalismo; rescatar la visión bíblica del servicio o diaconía cristiana; pragmatizar las metodologías para que el trabajo no seas desgastador ni estresante; desdogmatizar las normas incrustadas culturalmente en el devenir de las diversas comunidades en pro del crecimiento cualitativo y cuantitativo de las membrecías pentecostales; contextualizar el mensaje del reino de Dios a la sociedad de hoy, para que este sea efectivo ante las necesidades imperantes; enfatizar el conocimiento bíblico, generalizado y no exclusivista; restaurar el espiritu de negación y sacrificio, en pos de la gloria de Dios en medio de una sociedad agnóstica, corrupta e inmoral.
Para enfrentar las próximas décadas del siglo XXI, se debe aminorar el impacto de los riesgos potenciales en el desarrollo del movimiento Pentecostal, algunos de ellos son:
(1) La actitud acrítica frente al crecimiento numérico de la iglesia y su propuesta de relación directa entre crecimiento y poder del Espíritu. Si esta actitud persevera, se seguirá alcanzando multitudes sin conseguir impactar en la sociedad.
(2) La fuerte estratificación organizacional y la determinación del poder, acompañado de manipulación, caudillismo y rigidez.
(3) El desequilibrio entre su énfasis en los dones y en el poder del Espíritu y la carencia de reflexión social y ética.
(4) El discurso doctrinal y teológico ingenuamente fundamentalista.
(5) La marcada diferencia entre lo sacro y lo secular, entre el mundo divino y el mundo satánico, entre la historia de Dios y la historia del mundo, entre el cielo y la tierra, entre el alma y el cuerpo.
(6) La crítica hacia los creyentes no pentecostales y su desprecio a otras formas de vivir la fe cristiana; en otras palabras, su exclusivismo espiritual.
(7) El alto nivel de expectativas en un Dios mágico, que provee el milagro, expulsa el demonio y produce éxtasis inigualables. Esta expectativa contrasta con los niveles de decepción y culpa cuando el portento no se produce.
(8) La escasa argumentación teológica, exposición exegética y sistemática de la Biblia, en la que se privilegia una hermenéutica pneumática, sobre una gramático-histórica-teológica. Su énfasis desproporcionado en algunos temas de la fe, como la demonología, o la glosolalia, u otro de carácter especial.
(9) Su misticismo que promueve, muchas veces sin intención, el viejo animismo, el chamanismo santificado y la proliferación de prácticas exóticas.
(10) La fragmentación de las diversas comunidades, es antagónica a la oración sacerdotal del Maestro (Jn.17:21)
(11) La transformación del Mensaje Pentecostal en pro de satisfacer las necesidades sociales humanistas.
(12) La desnaturalización de la autoridad de su liderazgo, por el cambio de sus intereses.
(13) La tergiversación de la Palabra de Dios, por el pragmatismo superficial de una Hermenéutica superficial.
(14) La escasa argumentación teológica y exposición exegética de los Mensajes.
(15) Un nominalismo adherente en vez de convertidos a Cristo, producto de un discipulado autodidáctico, debido a que la comunidad no ha asumido responsabilidad educadora evangelizadora.
(16) La profundización de conflictos entre un polo ortodoxo, fundamentalista y conservador esencialmente dogmático y otro renovador, liberal, que se aleja de esa herencia y se involucra al relativismo pragmático.
Además, de afianzar las riquezas potenciales del movimiento Pentecostal que lo llevaron en un siglo a posesionarse y consolidarse en la sociedad chilena, ellas son:
(1) Su dinámica evangelizadora y misionera.
(2) La asimilación de la cultura popular dentro de su liturgia, (de manera específica dentro del pentecostalismo clásico; no tanto en los sectores llamados neopentecostales o carismáticos)
(3) La práctica del sacerdocio universal de todo creyente, que facilita la participación ministerial de los llamados laicos.
(4) Su interés por la oración y la lectura devocional de las Escrituras.
(5) La mantención del culto pentecostal clásico como celebración gloriosa, gozosa y entusiasta.
(6) Su profundo interés en el Espíritu Santo unido a una piedad centrada en Jesús.
¿Cuál debe ser la identidad común que cobije la diversidad evangélica pentecostal del siglo XXI? Antes de definir la identidad debemos reflexionar sobre varios temas pendientes:
(1) la influencia que tienen las nuevas corrientes de espiritualidad provenientes de culturas ajenas de la idiosincrasia chilena.
(2) la dirección que están tomando los cambios en el liderazgo evangélico.
(3) el daño que está produciendo los seudos liderazgo caudillistas.
(4) el impacto que trae consigo los movimientos neo-pentecostales, con su énfasis en la guerra espiritual, la prosperidad, y el modelo celular de misión.
(5) el uso y abuso de los medios de comunicación masiva (radio y televisión), que está más orientado a la manipulación de sus oyentes, que ha ser un complemento de la obra evangelizadora.
(6) los nuevos ministerios que trasplantan una visión diferente y en gran parte opuesta a la cultura pentecostal chilena.
(7) y la difusión de una nueva himnología y estilo de alabanza, que busca más la popularidad y el éxito económico que la genuina adoración a Dios.
La identidad pentecostal del siglo XXI no debe olvidarse de sus raíces originarias, debe mantener la diferencia, y en oposición a toda tendencia que haga peligrar los principios fundamentales del cristianismo; mantener una actitud resistente a la globalización gnóstica postmoderna; definir con precisión teológica, eclesiástica, ética y moral la vorágines de cambios, modas, estilos, visiones conceptuales, etc.; erradicar los dogmas apartheid de las diferentes congregaciones en pro de un fin común; pronunciamiento preciso a los temas emergentes o “valóricos” de la sociedad chilena; anular la improvisación y el neofitismo sobre los temas en debate; transmitir en forma sostenible en el tiempo y sistemática la educación bíblica; detener y abolir la segmentación comunitaria; preparar y capacitarlos líderes del futuro en pro de una leal e integradora comunión ecuménica; hacer un esfuerzo real de mantener atractivo el mensaje del reino de Dios dentro de los parámetros bíblicos.
El movimiento Pentecostal para enfrentar las siguientes nueve décadas del siglo XXI debe imperiosamente rectificar sus procedimientos, metodologías, dogmas a fin de que su proyección sea tan eficaz como el siglo anterior. Para eso debe:
(1) Enmendar los errores, despojando los descreimientos de las altas autoridades, para consolidar el Movimiento y así evitar futuros Cismas.
(2) Priorizar la fidelidad a la Iglesia de Cristo, antes que grupos congregacionales.
(3) Instaurar el sistema bíblico en su Organización, Administración, Ministerios, Liderazgo, Finanzas.
(4) No despojar los carismas del Espíritu Santo.
(5) Llevar a cabo una política en educación, con fundamentos bíblicos, con maestro idóneos, previamente preparados y capacitados.
(6) Profesionalizar los liderazgos.
(7) Reconocer y respetar el sacerdocio universal, de los convertidos a Cristo.
(8) Reconocer e instaurar los Ministerios Bíblicos, para que efectúen un trabajo integrador en medio del Cuerpo de Cristo.
(9) Volver a las raíces del Pentecostalismo: La SANTIDAD.
(10) Reconocer que Jesucristo es la CABEZA de la Iglesia y NO los Hombres.
(11) El lugar de las mujeres dentro de las funciones pastorales y del liderazgo en general.
Todo análisis de proyección del Pentecostalismo debe tener en cuenta que existen diferencias importantes entre los diversos sectores del movimiento. El pentecostalismo es multifacético, en él se da un alto grado de diversidad. Unos son los pentecostales clásicos o criollos, otros que tienen sus raíces en comunidades extranjeras; unos son los neopentecostales, otros los movimientos sincréticos de apariencia Pentecostal-evangélica. Esas diferencias son producto de orden doctrinal, carismático, vivencial, cultural, pero también social, ideológico, político. Sus dinámicas sociales son distintas, como también lo son sus condiciones y estratificaciones dentro de la sociedad.
Al proyectar el movimiento Pentecostal al siglo XXI, el segundo siglo de existencia, más que tratar de obtener lugares de privilegios, se debe tener en cuenta en forma prioritaria el espíritu de los hombres de Galilea para expandir el reino de Dios hasta los confines más remotos y volver a la esencia del mensaje del reino. Además de restaurar el gobierno de la Iglesia a su único Líder: Jesucristo.
Juan Salgado Rioseco

Dios Santo y el Pecado (Parte VII)

El Servidor de Dios no debe quebrantar la Ley del Eterno y Santo para ser victorioso en la lucha contra el pecado. “ Ahora bien, ¿debe...